Los valores cambiantes

En los últimos 25 años, la sociedad mexicana ha cambiado varias de sus prioridades y valores. Algunas creencias y actitudes persisten, pero el cambio valórico ha sido notable. Así lo indica la serie de la Encuesta Mundial de Valores (WVS, por sus siglas en inglés), que se ha hecho en el país en seis ocasiones desde principios de los años ochenta. En este artículo se discuten los resultados de algunas de las preguntas realizadas en las rondas de 1990, 1996, 2000, 2005 y 2012: casi dos décadas y media de registro sobre lo que valoran y creen los mexicanos.

Texto de 23/04/16

En los últimos 25 años, la sociedad mexicana ha cambiado varias de sus prioridades y valores. Algunas creencias y actitudes persisten, pero el cambio valórico ha sido notable. Así lo indica la serie de la Encuesta Mundial de Valores (WVS, por sus siglas en inglés), que se ha hecho en el país en seis ocasiones desde principios de los años ochenta. En este artículo se discuten los resultados de algunas de las preguntas realizadas en las rondas de 1990, 1996, 2000, 2005 y 2012: casi dos décadas y media de registro sobre lo que valoran y creen los mexicanos.

La segunda ronda de la wvs se hizo en México en 1990. La coordinó Miguel Basáñez, quien unos años antes había echado a andar una operación de encuestas sociales y políticas en el país. La encuesta comenzó a diseminarse con un gran impulso a partir de 1991, precisamente en las páginas de la entonces recién fundada revista Este País: Tendencias y Opiniones, un espacio abierto, entre otras cosas, a la publicación, análisis y discusión de la opinión pública y de las encuestas que la articulan. Los primeros números, depositarios de los resultados de la wvs, contaron con el atinado comentario de varios observadores. Carlos Fuentes, por ejemplo, discutía las cifras sobre el nacionalismo, captado por preguntas sobre el orgullo nacional que sienten los mexicanos.

¿Cómo se ha transformado ese nacionalismo que comentó Fuentes en las primeras páginas de esta revista? ¿Cómo han cambiado otros indicadores desde entonces? ¿Qué nos dicen acerca de la evolución de la sociedad mexicana, que se ha visto reflejada en ese espejo de la Encuesta Mundial de Valores?

Las prioridades

La familia ha sido y continúa siendo lo más importante para los mexicanos. Pareciera el refugio de todo lo demás, el círculo íntimo de confianza en un mundo en el que se tiende a desconfiar de casi todo. La jerarquía de la familia no tiene comparación, es unánime. Desde hace década y media, por lo menos el 95% de los mexicanos ha dicho que la familia es muy importante en sus vidas. Motor, inspiración, razón de ser, cualquiera que sea su motivo, la familia está en primer lugar.

Pero el trabajo no se queda lejos, y su importancia ha crecido más notablemente en los últimos años. El 87% de los mexicanos le daba mucha importancia al trabajo en 2012, 20 puntos por arriba de 1990, cuando se registró 67%. Pero el trabajo tiene vínculos claros con la familia: es el soporte, la base, la ventana de oportunidad. También muestra que el apoyo (y acaso la presión) familiar pesa e influye en el esfuerzo individual y laboral del mexicano. Por ello el individuo lo valora, no solo porque le da sustento, sino también porque alimenta su autoestima, mide su productividad, guía sus esfuerzos y lo entrelaza con la familia. En 2012, el 50% de los mexicanos encuestados afirmó estar muy de acuerdo con la frase “Una de mis metas en la vida es que mis padres se sientan orgullosos de mí”. Sumados a los que estaban algo de acuerdo, la cifra se eleva a 94 por ciento.

En tercer lugar, después de la familia y el trabajo, se ha colado el ocio. El tiempo libre era una prioridad para apenas 28% de los mexicanos en 1990. En 2012, el 59% ya lo consideraba como muy importante en su vida, quedando simbólicamente por arriba (por un punto) de la desplazada religión. Esta revalorización del tiempo libre tiene implicaciones significativas. El tiempo libre se vincula con la calidad de vida, el placer, el descanso, la contemplación. Para el trabajador, el tiempo libre significa, por supuesto, menos tiempo de trabajo y más de ocio, con el potencial de redefinir las relaciones familiares, sociales e individuales. El estereotipo del “flojo” también se altera. La importancia del tiempo libre va de la mano de un mayor sentido de libertad y una mayor satisfacción con la vida, es decir, con un yo más libre y más feliz. En 1990, apenas el 16% de los entrevistados dijo sentirse con plena libertad en su vida (eligiendo la opción de 10 en una escala del 1 al 10). En 2000, ese sentimiento de libertad había crecido a 41%. Para 2012 crecería aún más, a 50%. Por otro lado, la satisfacción con la vida también aumentó notablemente de 1990 a 2000, de 17 a 42%, casi en la misma proporción que el sentimiento de libertad, como si se movieran juntas. No obstante, a diferencia de la libertad, la satisfacción con la vida permaneció estable hacia 2012, en 43 por ciento.

La religión es de las prioridades que aumentó en importancia después de 1990, pero volvió a bajar en años recientes: en 2012, era muy importante para 58% de los mexicanos. Contrasta que los mexicanos dan más importancia a Dios en sus vidas, pero menos importancia a la religión. Al igual que la libertad, Dios y la espiritualidad se han vuelto más importantes y más individuales. En 2012, 65% de los entrevistados dijo que Dios es muy importante en su vida (categoría 10 en la escala antes mencionada). Por otro lado, 65% dijo que la Virgen de Guadalupe es muy importante en su vida. Ambos por arriba de la religión, la institución, la comunidad o la dimensión que el tema religioso evoque.

La asistencia a la iglesia no ha variado mucho; sin embargo: en 1990 el 49% de los entrevistados dijo asistir a servicios religiosos por lo menos una vez a la semana. En 2012, esto mismo lo afirmó el 46%. No obstante, también en 2012 el 73% de los consultados dijo que hace oraciones o rezos con frecuencia: varias veces a la semana 13%, una vez al día 39% y varias veces al día 21%. La fe persiste.

La importancia de los amigos creció un poco al inicio del periodo, pero prácticamente nada desde el año 2000. Los amigos representan los vínculos sociales, pero hay que recordar que la mexicana es una sociedad altamente desconfiada. Incluso, la confianza en los demás ha venido cayendo encuesta tras encuesta, como ya se reportó en este mismo espacio hace unos meses. La confianza interpersonal o generalizada, como la denominan los sociólogos, se desplomó de 33 a 21% entre 1990 y 2000, y hasta 12% en 2012. La desconfianza de la sociedad mexicana se ha expandido. Esto la previene de construir lazos sociales más allá de su círculo íntimo. Los datos sobre los amigos revelan que incluso ellos no siempre forman parte de dicho círculo de confianza. Los amigos son medianamente importantes, no son una prioridad para la mayoría de los mexicanos.

Finalmente, la política es una prioridad para apenas 17% de los mexicanos, y así lo ha sido desde mediados de los años noventa. No ha variado mucho, pocos le dan importancia. Nuestra cultura cívica no se ha politizado, quizá tampoco se ha vuelto más participativa. Pero sí ha mantenido e incluso intensificado su componente afectivo. El nacionalismo se ha expandido. El porcentaje de mexicanos que se sienten muy orgullosos de su nacionalidad era de 56% en 1990, cuando Fuentes comentó la encuesta de ese año. Hacia 2000, la proporción aumentó a 79%, y hacia 2012, a 84%. El nacionalismo al alza refleja un creciente sentido de pertenencia e identificación nacional, pero también una mayor estima y afecto por el país. Los expertos argumentan que esta explosión nacionalista puede deberse a la globalización, a la mayor exposición de los mexicanos a lo extranjero y a las incertidumbres que eso genera a la identidad. Como argumenta Eric Hobsbawm, el nacionalismo “es la fuerza de los sentimientos que hacen que grupos de ‘nosotros’ nos demos a nosotros mismos una identidad ‘étnica/lingüística’ frente a los extranjeros y amenazadores ‘ellos’”.1 En una sociedad desconfiada, el nacionalismo parece tenderse como uno de los únicos puentes de comunidad. Cualquiera que sea la causa, el aumento del nacionalismo en el país es uno de los cambios valóricos notables y con implicaciones políticas importantes, aunque la política no lo sea.

La cultura cívica

Además del componente nacionalista unificador, la cultura cívica se caracteriza por otros aspectos que no han cambiado en la dirección esperada en el país. Esta y otras encuestas documentan una erosión de la legitimidad institucional, registran pocos cambios en la desarticulación social y en el bajo nivel de asociacionismo, y señalan las carencias en la organización social. Esta y otras encuestas dan fe de la insatisfacción con la democracia y con el sistema político, de la desconfianza en los gobernantes y del bajo sentido de representación política. También dejan registro de la persistencia del desapego a la legalidad y la comparativamente alta permisividad a la corrupción.

No obstante, más de la mitad de los ciudadanos considera muy importante vivir en un país que sea gobernado democráticamente. Si bien la evaluación de la democracia resulta insuficiente, la demanda por esta es mayoritaria. En 2005 el 58% de los entrevistados se ubicó en el 10 de una escala de 10 puntos, reflejando el alto grado de importancia que se da a la democracia. En 2012, el 55% hizo lo propio. En ambos años, apenas 18% calificó con 10 a la democracia mexicana, es decir, consideró que el sistema es completamente democrático. La demanda democrática es alta, la oferta es baja. Cerrar la brecha entre ellas en la dirección de la demanda es uno de los grandes pendientes de esta sociedad.

La breve lectura de estos datos es que la sociedad mexicana va cambiando de manera rápida, que sus creencias y valores más profundos no son inmutables. Y esos cambios nos delinean la posible trayectoria de la sociedad hacia los años que vienen. Por lo pronto, la emv ha sido el telescopio social que nos permite ver cómo, en las últimas décadas, hemos o no hemos cambiado en nuestra manera de pensar, en nuestro universo de valores. 

1 Eric J. Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780, Crítica, Barcelona, 2000.

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Alejandro Moreno es profesor de Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y vicepresidente de la Asociación de la Encuesta Mundial de Valores (WVSA).

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