Lo que sí podemos hacer. El talento de los jóvenes al servicio de la educación

Mi primera experiencia en el terreno social fue trabajando con inmigrantes indocumentados en la ciudad de Nueva York. En esos días mi perspectiva giraba en torno a ser una alta ejecutiva trabajando en un organismo internacional; sin embargo, esa vivencia marcó mi vida y cambió de manera definitiva mi trayectoria profesional. Desde entonces me he […]

Texto de 24/09/16

Mi primera experiencia en el terreno social fue trabajando con inmigrantes indocumentados en la ciudad de Nueva York. En esos días mi perspectiva giraba en torno a ser una alta ejecutiva trabajando en un organismo internacional; sin embargo, esa vivencia marcó mi vida y cambió de manera definitiva mi trayectoria profesional. Desde entonces me he […]

Lo que sí podemos hacer

Mi primera experiencia en el terreno social fue trabajando con inmigrantes indocumentados en la ciudad de Nueva York. En esos días mi perspectiva giraba en torno a ser una alta ejecutiva trabajando en un organismo internacional; sin embargo, esa vivencia marcó mi vida y cambió de manera definitiva mi trayectoria profesional. Desde entonces me he involucrado en temas relacionados con la educación y mi gran preocupación se ha centrado en contestar con acciones a las preguntas: ¿cuál es el mejor camino para tener un impacto contundente en la vida de los estudiantes con los que tengo contacto? y ¿cómo proveerles de una educación de mayor calidad?

Hace cinco años, cuando fundé Enseña por México (www.ensenapormexico.org) junto con un grupo de emprendedores sociales, nunca imaginé que se iba a convertir en el proyecto más fascinante y retador en el que haya estado envuelta. En ese momento teníamos todos los argumentos en contra, y aún hoy me sorprendo preguntándome ¿cómo hemos logrado llegar hasta aquí?

No es difícil entender por qué un enorme grupo de mexicanos solemos ver el vaso medio vacío; los medios de comunicación nos proveen de noticias poco alentadoras, y a este tenor, la oposición a la reforma educativa ha ocupado las portadas de periódicos. Las manifestaciones y los paros de maestros se han vuelto parte de la cotidianidad del país.

Es entendible sentirse desalentado ante esta situación. Sin embargo, he encontrado grandes héroes anónimos: maestros, directores de escuelas, gente involucrada en la política educativa y miembros de organizaciones de la sociedad civil que todos los días luchan por mejorar el llamado “sistema educativo”, un monstruo de mil cabezas que muchos observan con desprecio, pero del que la mayoría de nosotros formamos parte y tenemos corresponsabilidad como estudiantes, maestros o padres de familia.

Por esto y más, fundamos Enseña por México, una organización sin fines de lucro comprometida con el cambio social y el combate al rezago educativo. Desde 2011 formamos parte de la red internacional Teach For All, presente en 40 países. Seleccionamos a jóvenes con perfil de excelencia y liderazgo transformacional, a quienes denominamos pem (Profesional de Enseña por México) y que durante dos años participan de tiempo completo en un programa de liderazgo como agentes de cambio, dando clases en escuelas que se encuentran en comunidades vulnerables.

En Enseña por México rechazamos la idea de que los niños y jóvenes mexicanos están condenados a permanecer en condiciones de vulnerabilidad por haber nacido en un entorno que genera pocas oportunidades de desarrollo y un bajo acceso a una educación de calidad. Confiamos en la capacidad de los jóvenes mexicanos y apostamos por ellos, con la convicción de que es posible un cambio y que poner el talento de la juventud al servicio de la educación es la mejor inversión social.

Es así que en los últimos cuatro años, un ejército de 350 jóvenes, en nueve estados del país, ha tenido un impacto en más de 40 mil estudiantes en 182 escuelas, proponiendo alternativas de mejora continua en la educación. De este ejército, esperamos que una vez que sus integrantes terminen su participación dentro del programa, se realicen como profesionales destacados, ciudadanos ejemplares y líderes transformacionales que conecten con su entorno y su comunidad.

Para dar un ejemplo: Ángel tiene siete años y estudia en una escuela multigrado en la Sierra Negra de Puebla. En un intento por convencer a una posible donante para que nos apoyara, la más convencida fui yo. Trataba de contener las lágrimas cuando Alejandra (la mamá de Ángel), junto con otro grupo de señoras de la comunidad, me pedían con vehemencia que Indira, la pem, se quedara un año más en esa comunidad. “Ángel llevaba cinco años en la escuela y no había aprendido ni a leer ni a escribir”, me decía Alejandra. “Ahora hasta convive con sus compañeros”. Indira, quien es pedagoga, diagnosticó a Ángel con autismo y trabajó con él durante dos años con la firme convicción de que aprendiera a leer y a escribir.

Hace unas semanas, mientras participaba en la graduación de la segunda generación del programa, una persona me preguntó “¿por qué crees en Enseña por México?”. La pregunta me tomó por sorpresa. Rápidamente contesté: “porque la educación es la llave que abre la puerta a un mundo de oportunidades. Porque en Enseña por México tenemos una visión de cambio sistémico a corto y largo plazo. Porque la educación me brindó opciones que han dado rumbo a mi vida y que conforman una gran parte de quien soy”.

Puedo decir con orgullo que me siento honrada de ser parte de una causa en la que creo. Sirva pues este espacio para reconocer a aquellos que sí hacen lo que les toca, y para invitar al lector a sumarse a la causa de la educación en el ámbito de acción que esté más a su alcance: invirtiendo recursos económicos, su tiempo o su talento en instituciones serias y comprometidas con mejorar la educación del país.

Pilar Castellanos Lozano es cofundadora y vicepresidenta de Enseña por México.

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