Lo que sí podemos hacer: Una labor que dignifica

Esta organización busca la integración social de personas con síndrome de Down por medio de proyectos que trascienden y las ayudan a alcanzar la autosuficiencia.

Texto de 23/03/16

Esta organización busca la integración social de personas con síndrome de Down por medio de proyectos que trascienden y las ayudan a alcanzar la autosuficiencia.

Lo que sí podemos hacer: Una labor que dignifica  

Por mucho tiempo no supe a qué me quería dedicar profesionalmente. Trabajé un tiempo en la iniciativa privada, en un periódico y en un banco. Según yo, lo disfrutaba, pero como el resto de la gente en mi mundo, odiaba los lunes y agradecía los viernes. Sentía que me cansaba mucho, y decidí tomar unos meses de descanso. Finalmente, busqué de nuevo trabajo, confieso que con bajas expectativas, y tuve una entrevista en la Fundación John Langdon Down, A. C., que se dedica a brindar atención educativa, médica y psicológica a personas con síndrome de Down y a sus familias, en su mayoría de escasos recursos económicos.

Realmente me encantó el lugar y su gente, y sentir que la jerarquía de valores que regía era distinta a las que había conocido. Ese día, estando ahí, el lema que le da sentido a su causa —“Todo ser humano tiene derecho a ser feliz”— llamó poderosamente mi atención. También conocí a su presidenta fundadora, la maestra Sylvia García Escamilla, quien hasta ese momento llevaba 40 años de trabajar ininterrumpidamente en construir y hacer crecer esa causa y ese lugar.

Sin estar del todo convencida pero sabiendo que buscaba un mundo diferente al que conocía, acepté la invitación que me hizo la Fundación y empecé a trabajar ahí. De eso hace ya cuatro años.

Una de las cualidades más destacables de quienes nacen con síndrome de Down es su gran calidez humana. Realmente me hicieron sentir bienvenida entonces, y años después lo siguen haciendo cada día. Cuando entendí la trascendencia de la Fundación para tantas personas, mi vida profesional cobró sentido. Inmediatamente se volvió mucho más satisfactorio dedicarme de tiempo completo a una causa abocada a gente con la que estoy en contacto diario.

En la Fundación trabajamos todos los días con una ambiciosa misión: “Promover los derechos humanos, la dignidad y el potencial de las personas con síndrome de Down, mejorando su calidad de vida”. Para tener un mayor alcance, anualmente capacitamos a mil 500 profesionales de la salud y la educación en todo el país. Buscamos que con nuestro esfuerzo las personas con este síndrome logren alcanzar su mayor potencial dignamente y obtengan autonomía personal. Contamos con dos exitosos modelos que cumplen su cometido de integración tanto social como laboral y que han aportado ejemplos de gran satisfacción, como el de nuestro querido Rubén, quien, después de que su madre falleciera, se volvió autosuficiente y ahora vive y viaja solo por la ciudad.

Otro ejemplo es la cadena de cafeterías Tres 21 Arte-Café, en la que los alimentos son preparados por alumnos que, además, participan en la atención al público, cumpliendo con normas de la más alta calidad.

Un ejemplo más es la Escuela Mexicana de Arte Down que, mediante la formación artística, logra promover la integración social, reafirmando la identidad y elevando la autoestima de nuestros artistas. Además de encausar su talento, brinda los medios para una expresión plástica con resultados tan elevados en calidad estética que se han montado ya exposiciones en foros de 43 ciudades de América, Asia y Europa, entre ellos el Museo Zentrum Paul Klee en Suiza. De hecho, actualmente se exhibe la muestra Miradas del Alma en el Instituto Cervantes de Múnich, Alemania.

No hay mayor reconocimiento a nuestro trabajo que cuando nuestros niños y jóvenes nos hacen partícipes de sus pensamientos, de su corazón y de sus logros, cuando nos comparten con alegría que la Fundación es su vida; que disfrutan convivir con sus amigos, pintar, cocinar y ser ellos mismos. Día a día me maravilla su capacidad de crear, disfrutar y esforzarse por lograr sus metas. Nunca imaginé que aportarían tanto sentido a mi vida. Lo que obtenemos de ellos es, por mucho, más espléndido que lo que nosotros podemos ofrecerles, pues ellos nos enseñan el valor real de la vida.

Su calidez humana y su profunda sensibilidad artística nos dejan ver que sus almas son tan descomunalmente grandes que nos hace sentir muy pequeños a su lado, pero agradecidos y honrados de trabajar por su causa.

El trabajo es demandante porque enfrentamos muchos retos, tanto en el día a día como a futuro. Profesionalmente me siento plena. Ahora veo los fines de semana como un natural descanso y no como un ansiado refugio de la vida laboral.

Con la certeza de que esta plenitud no es una cuestión individual —pues soy testigo de un patrón que se repite con frecuencia en el talentoso equipo de la institución—, invito a los lectores a encontrar la inmensa satisfacción de trascender haciendo algo que genere un impacto positivo en la vida de otros.

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PILAR MOSTALAC es directora general de la Fundación John Langdon Down, A. C.

DOPSA, S.A. DE C.V
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