Lo que sí podemos hacer: El ciudadano de a pie y su contribución

Lo que nos convierte en verdaderos ciudadanos es nuestra participación activa y positiva en los asuntos públicos. ¿Cómo medir esa participación?

Texto de 22/02/16

Lo que nos convierte en verdaderos ciudadanos es nuestra participación activa y positiva en los asuntos públicos. ¿Cómo medir esa participación?

A mis amigos de Huella Ciudadana

En la década de los noventa tuve la oportunidad de trabajar en Estados Unidos. Recuerdo que el primer lunes que me presenté en la oficina algunos colegas me preguntaron cómo había pasado el fin de semana. Les contesté que había ido al cine y luego a comer a un restaurante con mi esposa y mis hijas. Por cortesía, les hice la misma pregunta. Su respuesta me llamó la atención: algunos me dijeron que habían participado en alguna carrera de beneficencia, mientras que otros habían colocado una banca en el parque en memoria de una persona recién fallecida. El lunes siguiente, la pregunta fue la misma: “¿Qué hiciste el fin de semana?”. Mi respuesta fue similar. Esta vez, además, había visitado un museo con mi familia. Por su parte, algunos de mis colegas habían trabajado en la construcción de una cabaña para gente de escasos recursos, otros habían colaborado en la kermés de la escuela para recaudar fondos y unos más habían participado en las actividades de la iglesia local. Para el tercer lunes entendí la dinámica y tuve que buscar labores de participación cívica: la cultura local nos empujaba a mí y a mi familia en esa dirección.

En Estados Unidos, el país más rico del mundo, el 85% de la sociedad participa en al menos una organización con fines cívicos. En México, menos del 15% lo hace. Me parece irónico que en Estados Unidos, un país rico, la gente participe y se involucre. Uno podría pensar que ya no hay necesidad: las instituciones, las empresas, el Gobierno y la economía se hacen cargo. Lejos de ello, esa sociedad participa, y muy activamente. Quizás en alguna medida por eso son ricos, aunque también hay razones históricas, fundacionales y culturales que explican dichos niveles.

No es el caso en nuestro país. La participación ciudadana no está en nuestro ADN. Hemos crecido bajo la idea de que “mientras yo y mi familia estemos bien, lo que suceda a mi alrededor no es de mi incumbencia”. Que no nos quepa duda: hoy, el país requiere muchas cosas para mejorar, entre ellas y de manera fundamental, incrementar nuestra participación ciudadana.

Hace cierto tiempo, reuní a un grupo de  personas que no se conocían entre sí para dedicar tiempo, fines de semana, intelecto, recursos externos y económicos a desarrollar una herramienta a la que bautizamos Huella Ciudadana1 —concepto inspirado en la conocida y sistematizada Huella Personal de Carbono. La idea era muy sencilla: medir el “nivel de ciudadanía” del encuestado mediante reactivos cuya respuesta era un simple  o no. Identificamos seis rubros —identidad nacional, derechos humanos, participación social, medio ambiente, política y valores ciudadanos— y nos repartimos el trabajo de definir los reactivos (esto es, las preguntas).

Un ejemplo, en política. Primera pregunta: ¿Cuentas con credencial de elector? Segunda pregunta: Si contestaste afirmativamente, ¿votaste en las últimas elecciones? Si contestaste que sí, ¿buscas activamente estar informado sobre temas políticos del país? Siguientes reactivos: ¿Conoces el nombre del representante de tu distrito? ¿Sabes cuál es su plataforma electoral? ¿Perteneces a alguna organización que busque influir en la vida política?

Evidentemente, los reactivos iban complicándose y cada uno mostraba mayor compromiso ciudadano. Ejemplos en otros rubros: ¿Buscas ahorrar energía y agua con acciones específicas? ¿Escuchas con respeto y de pie el himno nacional cuando lo interpretan? ¿Participas regularmente en las juntas de condóminos? ¿Realizas alguna actividad orientada a crear conciencia social? ¿Conoces al menos tres de tus derechos y sus correspondientes responsabilidades?

Al final de este trabajo, probamos la herramienta entre nosotros y muchos más. En la escala que se determinó, el buen ciudadano era la excepción. Muchos habíamos perdido la credencial de elector sin reponerla, o habíamos dado alguna “mordida” en los últimos 12 meses. Nos llevamos una sorpresa grande: estábamos lejos de ser tan buenos ciudadanos como originalmente pensábamos. Con sus honrosas excepciones, claro está.

El equipo de trabajo no se ha vuelto a reunir desde que terminamos el proyecto. Fue una muy grata experiencia. Nos divertimos, aprendimos, aportamos y, sobre todo, nos concientizamos sobre la importancia de la participación ciudadana y lo que sí podemos hacer. Me gustaría pensar que, gracias a este ejercicio, los integrantes del equipo son aún más conscientes de su aportación a la sociedad.

Hace años, en Estados Unidos, mis colegas me preguntaban: “¿Qué hiciste el fin de semana?”. Hoy busco aportar, aunque sea un poco. Lo que hago no cambia las bajas estadísticas de participación, me queda claro. No encabezo una OSC, no tengo el valor de enfrentarme al sistema, ni le he dedicado la vida a una causa, a diferencia de los autores que a lo largo de esta columna han contado su historia de participación ciudadana. Sin embargo, esto es lo que sí puedo hacer, y estoy convencido de que suma. Te invito a sumar. 

1 Huella Ciudadana es propiedad de Más Ciudadanía, organización dedicada a fomentar la participación ciudadana.

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EDMUNDO VALLEJO VENEGAS es profesor de Política de Empresa en el IPADE y consejero de la revista Este País.

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