Identidades subterráneas: El Mapa sonoro y la identidad cultural

A lo largo de la célebre novela corta de Pacheco, Las batallas en el desierto, hay una pieza musical que continuamente transporta al protagonista a su infancia y a su primer amor. La letra de dicha canción, “Obsesión”, se cita constantemente, y el lector, de forma inusitada, tiene una conexión sonora con el pasado a partir […]

Texto de 29/03/19

A lo largo de la célebre novela corta de Pacheco, Las batallas en el desierto, hay una pieza musical que continuamente transporta al protagonista a su infancia y a su primer amor. La letra de dicha canción, “Obsesión”, se cita constantemente, y el lector, de forma inusitada, tiene una conexión sonora con el pasado a partir […]



A lo largo de la célebre novela corta de Pacheco, Las batallas en el desierto, hay una pieza musical que continuamente transporta al protagonista a su infancia y a su primer amor. La letra de dicha canción, “Obsesión”, se cita constantemente, y el lector, de forma inusitada, tiene una conexión sonora con el pasado a partir del silencio. Además, con la descripción de los camiones de redilas y los paseos callejeros, se genera en su mente un universo de sonidos de la ciudad a mediados del siglo XX.

De manera similar, la cinta Roma, de Cuarón, nos transporta a través del sonido —además de la imagen y la narrativa— a la Ciudad de México de los años setenta: desde los vendedores ambulantes y las bandas callejeras, hasta los saltos y ladridos del perro “El Borras”. Estos sonidos que pueden llevarnos a construir utopías o distopías por medio de la memoria, la nostalgia y una buena parte de imaginación, son algo de sumo interés.

Lo destaco en el contexto del Mapa sonoro de México que, junto con la Fonoteca Nacional que lo alberga, cumplió una década el año pasado: inició impulsado por Lidia Camacho, Tito Rivas y Perla Rodríguez, entre otros, como una plataforma física inspirada en un mapa sonoro de Galicia, pionero en su tipo, creado por el colectivo Escoitar.org. El Mapa sonoro de México ha ido evolucionando, desde su génesis física en sala de exposición, hasta su plataforma virtual, colaborativa. Esto último es muy importante, y es aquello que lo conecta con la memoria, la nostalgia y la creación de utopías en la mente, a la manera de Roma y Las batallas en el desierto.

Cualquier persona puede acceder a esta plataforma y escuchar los sonidos que puedan detonar esa nostalgia: merolicos, cantos de aves, ambientes naturales y urbanos, música y diálogos, son algunos de los bloques sonoros que contribuyen a edificar estos mundos en la mente de los escuchas. A su vez, cualquiera puede contribuir a esta creación de mundos imaginarios grabando y subiendo el sonido del entorno de la cotidianidad de su tiempo.

Echando mano del extenso acervo de la Fonoteca, en el Mapa sonoro se han podido ir reconstruyendo pequeños pedazos del pasado a través de extractos de grabaciones de campo, programas de radio, entrevistas y algunos otros registros sonoros. Sin embargo, es de este siglo XXI del que la mayor parte de los sonidos cotidianos se están recabando, gracias a la ayuda de fonografistas espontáneos que deciden compartir esos momentos sonoros únicos capturados con grabadoras de campo, equipos portátiles o incluso teléfonos celulares.

Pese a sus diez años de edad, cabe señalar que el Mapa sonoro permaneció estancado por un tiempo, con algunos problemas técnicos propios de la obsolescencia tecnológica; pero a finales de 2018 fue reactivado. Desde entonces, se ha logrado actualizar la plataforma, de tal modo que ahora es más sencillo subir un audio desde un dispositivo móvil, al tiempo que se ha facilitado enormemente el proceso de ubicar en el mapa los audios: años atrás se trataba de añadir las coordenadas exactas del sitio al que el sonido estaba ligado; en cambio, ahora se puede hacer con un simple clic derecho o un tap prolongado en la ubicación deseada.

Desde el punto de vista tecnológico, aún queda camino por recorrer: se tiene que lograr una mejor distinción de los sonidos, a través de códigos de color y diseños específicos, para así poder crear múltiples filtros por ubicación, fecha y tipo de sonido, así como conseguir que los audios sean mucho más sencillos de compartir en redes sociales. Ésa es una de las misiones prioritarias del Mapa en la actualidad.

La Ley de Memoria Oral Histórica de la Ciudad de México, discutida por el Congreso de la capital, puede ayudar a impulsar el Mapa sonoro como ese catalizador de la memoria colectiva y la nostalgia que permita a los ciudadanos conocer su urbe en la inmensa diversidad cultural que representa: lograr que verdaderos conocedores de sus barrios y colonias salgan a la calle a grabar su entorno, seleccionar los sonidos más emblemáticos y subirlos al Mapa. Asimismo, lograr un rescate de la enorme cantidad de grabaciones de campo, profesionales e informales, que a lo largo de décadas deben haber realizado fonografistas por toda la ciudad; que al ingresar al Mapa, quien sea pueda buscar la calle donde vivió durante su infancia, revivir ese México perdido a través de la memoria sonora y conectarlo con su presente, con miras al futuro. Con ello no sólo se tenderán puentes temporales, sino también culturales y sociales. Podremos comprender cabalmente a la metrópoli en su diversidad sociocultural con el paso de los años, fomentar la tolerancia y el entendimiento y, a partir de esa memoria, construir un futuro mejor. EP



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