Identidades subterráneas: El engaño de Kanye West

El 24 de junio de 2016 fue publicado el videoclip de la canción “Famous”, del rapero estadounidense Kanye West. Haciendo una suerte de réplica de la pintura Sleep (2008) de Vincent Desiderio, el video muestra a doce personas desnudas en una cama en un sueño descrito por los medios estadounidenses como “poscoital”. Sólo que, a diferencia de […]

Texto de 17/06/17

El 24 de junio de 2016 fue publicado el videoclip de la canción “Famous”, del rapero estadounidense Kanye West. Haciendo una suerte de réplica de la pintura Sleep (2008) de Vincent Desiderio, el video muestra a doce personas desnudas en una cama en un sueño descrito por los medios estadounidenses como “poscoital”. Sólo que, a diferencia de […]



El 24 de junio de 2016 fue publicado el videoclip de la canción “Famous”, del rapero estadounidense Kanye West. Haciendo una suerte de réplica de la pintura Sleep (2008) de Vincent Desiderio, el video muestra a doce personas desnudas en una cama en un sueño descrito por los medios estadounidenses como “poscoital”. Sólo que, a diferencia de la pintura, aquí se trata de figuras de cera representando al cantante y su esposa, Kim Kardashian, junto con algunas celebridades, como las cantantes Rihanna y Taylor Swift, los políticos George Bush y Donald Trump, y el actor Bill Cosby, entre otros. El cantante declaró que el video y la canción son una reflexión respecto a la fama, dejando de lado algo evidente: que el hecho de ilustrar desnudos a personajes célebres causa una polémica que se transforma en millones de dólares en ventas; cabe mencionar que todos los personajes tienen alguna relación con el rapero y su esposa: amigos, enemigos o exparejas.

Desde esa perspectiva, el video es, más que una reflexión sobre la fama, una oda egocéntrica del rapero, que en más de una ocasión se ha comparado a sí mismo con genios artísticos de la talla de Picasso. Narcisismo que, desde luego, se acompaña de la intolerancia de West hacia la crítica: uno de sus más célebres berrinches fue contra Jimmy Kimmel, quien hizo una mofa de su entrevista con Zane Lowe para la bbc, donde afirmaba ser “la mayor estrella del rock en el mundo”; West recriminó a Kimmel vía Twitter por parodiar lo que él consideraba ser el primer trabajo periodístico honesto en muchos años. Aún más extrema fue su reacción en una entrevista con Sway, en la que declaró: “Soy Warhol, soy el artista número uno más impactante de nuestra generación, soy Shakespeare reencarnado”, y continuó, “entonces, ¿quién va a venir a invertir en mí, o van a marginarme hasta que se pierda mi momento?”. Sway le preguntó por qué no utiliza sus propios recursos para no depender de terceros, a lo que recibió una respuesta colérica a gritos: “¡Tú no tienes las respuestas, man, tú no tienes las respuestas, Sway!”.

Kanye West performing at Lollapalooza Chile on April 3, 2011 in Santiago, Chile.

Rodrigo Ferrari, Wikipedia Commons

Después de eso, el cantante aseguró que su fracaso económico en un aventurado negocio de ropa no se debió a su incapacidad como empresario o diseñador de moda, sino que fue producto del racismo inherente y de las disparidades que conlleva el capitalismo global; estas críticas, aunque ciertas y certeras, son un lugar común que más que hacer mella en el sistema le han ganado admiradores en The New York Times y The Guardian, entre otros medios, que tienen una fe ciega en su labor.

Pero en el contexto de West, estas críticas adquieren un halo de hipocresía. Por ejemplo, el video arriba mencionado se vende como un trabajo con el arte en primer plano, cuando el objetivo es el de generar dinero a través de la polémica: este tipo de temas genera enormes cantidades de menciones en redes sociales, que en la actualidad se traducen casi directamente en dinero.

El rapero pregona que sus ideas conducen a la emancipación social, como deja ver en una de sus series de tuits más divertidas: “Quiero ayudarle al mundo y necesito ayudarle. Soy un artista y me preocupa la humanidad. Sí, soy rico y puedo comprar pieles y casas para mi familia […] pero necesito acceso a más dinero para poder traer más ideas hermosas al mundo”. Sin embargo, los grandes ganones con sus ideas no son los oprimidos por el sistema, sino él mismo y el servicio de streaming, Tidal, donde el trabajo de West se estrena en exclusiva. Dicho servicio pertenece a Jay-Z, amigo de West y esposo de Beyoncé. Entre West, Kardashian, Beyoncé y Jay-Z se tiene entonces a cuatro de las personas que moldean el gusto popular estadounidense. Comandan un coto de poder que más que buscar frenar el capitalismo global, saca enorme provecho de él. Kanye West actúa como si fuera un artista independiente sin recursos que requiere de un mecenas que le permita expresar libremente su “genialidad”, cuando su capacidad económica le da una independencia que no tiene el 99% de los artistas del planeta.

“Famous” es, pues, más bien la expresión idónea de lo que Mario Vargas Llosa considera como banalización del arte en su ensayo “La civilización del espectáculo”: “la trivialización y adocenamiento de la vida cultural, donde cierto facilismo formal y la superficialidad de los contenidos de los productos culturales se justificaban en razón del propósito cívico de llegar al mayor número de usuarios. La cantidad a expensas de la calidad. […] el arte light da la impresión cómoda al lector, y al espectador, de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con el mínimo esfuerzo intelectual”.  ~



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