Falacia de equívoco y falacia de falso dilema

“¿Hay una crisis de feminicidios? No, de hecho, el 88% de asesinatos es hacia hombres; obviamente, el 12% restante es hacia mujeres”. Este argumento apareció en una nota publicada algunos días después de la confirmación del asesinato de Mara Castilla. En el razonamiento hay dos falacias: una, la de equívoco, y otra, la de falso […]

Texto de 22/11/17

“¿Hay una crisis de feminicidios? No, de hecho, el 88% de asesinatos es hacia hombres; obviamente, el 12% restante es hacia mujeres”. Este argumento apareció en una nota publicada algunos días después de la confirmación del asesinato de Mara Castilla. En el razonamiento hay dos falacias: una, la de equívoco, y otra, la de falso […]

¿Hay una crisis de feminicidios? No, de hecho, el 88% de asesinatos es hacia hombres; obviamente, el 12% restante es hacia mujeres”. Este argumento apareció en una nota publicada algunos días después de la confirmación del asesinato de Mara Castilla. En el razonamiento hay dos falacias: una, la de equívoco, y otra, la de falso dilema. La primera consiste en aprovechar la ambigüedad de significado de un término y utilizarlo en un argumento primero con una connotación y luego con otra. Hay mejores ejemplos de este tipo de falacia en los que el ingenio hace que una misma palabra sea utilizada con dos significados. Por ejemplo, usar el término “bueno” primero como caracterización de un nivel de destreza superior y luego como una descripción moral: “Todos los matemáticos son personas. Juan es un buen matemático, por tanto, Juan es una buena persona”.

En el primer ejemplo mencionado, la falacia de equívoco se da al confundir el término “feminicidio” con el término “homicidio”. A la persona que intentó hacer pasar este equívoco es necesario aclararle que no es lo mismo hablar de asesinatos de mujeres por razón de su sexo, que hablar de homicidios en general, por algo se acuñó el término “feminicidio”. Equipararlos es intentar engañar haciendo uso de una falta de claridad en los términos, o denotar una falta de familiaridad con el diccionario.

Por otro lado, en el argumento se puede ver la falacia del falso dilema. Ésta presenta una disyuntiva cuando no existe tal. En el razonamiento presentado, se pide que se le reste gravedad al tema de feminicidios tomando en cuenta que una mayor cantidad de personas asesinadas en el país son hombres. Siguiendo el razonamiento se intenta establecer un dilema entre dar mayor importancia a los asesinatos por cuestiones de género, por un lado y, por el otro, dar mayor importancia a los homicidios de hombres de acuerdo con la mayor prevalencia de estos últimos.

Tal disyuntiva es falsa porque una disyuntiva exige que una de las opciones sea elegida para probar una conclusión. Sin embargo, no existe una primacía de importancia de asesinatos. Se puede estar preocupado e indignado por ambos fenómenos sin que sean mutuamente excluyentes. En este argumento se intenta restar importancia tanto a la gravedad de la violencia en contra de las mujeres, como a la necesidad de diferenciar ambos fenómenos debido a los elementos que los hacen tan distintos. La violencia es un fenómeno que debe estudiarse minuciosamente dando cuenta de los distintos factores que permiten su perpetuación y su incremento.

Con respecto a la violencia contra las mujeres hay varios elementos que muestran la necesidad de diferenciarla para dar soluciones más adecuadas a su combate. La cercanía y grado de familiaridad de la persona que comete la violencia contra nosotras, el lugar donde acontece, las formas que adquiere esta violencia. Intentar reducir el problema a una disyuntiva entre mayor número de homicidios deja de lado una cadena de factores que diferencian ambos fenómenos.

Es doloroso escribir sobre un tema tan importante que no deja de ser noticia cada mes con un nuevo caso. Seguiremos enterándonos de feminicidios, y para nosotras cada uno de ellos representa una perturbadora confirmación: que en México, nuestro país, no estamos seguras, que nuestra existencia puede llegar a ser percibida como un simple objeto a ser desechado al antojo de otra persona.  EP

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