Escala obligada: La otra migración

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha catapultado una nueva corriente de migración en el hemisferio norte de América. Se trata de otra migración ilegal. Es la gente que llegó a Estados Unidos en busca de asilo o trabajo, y que sabe que tarde o temprano será deportada del país por la […]

Texto de 22/09/17

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha catapultado una nueva corriente de migración en el hemisferio norte de América. Se trata de otra migración ilegal. Es la gente que llegó a Estados Unidos en busca de asilo o trabajo, y que sabe que tarde o temprano será deportada del país por la […]



Escala obligada: La otra migración

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha catapultado una nueva corriente de migración en el hemisferio norte de América. Se trata de otra migración ilegal. Es la gente que llegó a Estados Unidos en busca de asilo o trabajo, y que sabe que tarde o temprano será deportada del país por la nueva administración. Por eso huyen a Canadá.

Las autoridades canadienses, habituadas a recibir los flujos de expulsados por la guerra en Siria, ahora se enfrentan a los que huyen de la administración de Trump. Son emigrantes de Haití, Ghana y Somalia, que saben que su estancia en Estados Unidos (EU) peligra. Unos estuvieron detenidos. Otros sobrevivieron en el interior del país con trabajos temporales. Otros más se acogieron a políticas humanitarias que pronto serán enterradas. Y todos comparten con los emigrantes mexicanos el hecho de ser ilegales.

El nuevo flujo de migrantes no llega a los aeropuertos. Salen de los estados de Nueva York, Minnesota, Vermont y Maine, cruzan la frontera a pie y llegan como ilegales a Canadá. Ahora están en Winnipeg y Quebec. Algunos salieron huyendo de las carnicerías que hay en Somalia, llegaron en barcos destartalados a San Diego y se escondieron en Minneapolis. Cruzaron la frontera a campo traviesa y llegaron a Emerson, un poblado de granjeros canadienses que abrieron las puertas del congreso local para darles refugio. Después de días de camino, tuvieron sus primeros alimentos.

En el invierno, las condiciones para emigrar se vuelven más duras. “Ellos no cruzan en los puntos donde hay aduanas y oficiales de inmigración —declaró Rita Chahal, oficial del Consejo de Inmigración de Manitoba—; ellos caminan y caminan a través de los llanos con la nieve arriba de las rodillas. En Europa vemos que los refugiados llegan en botes a través del Mediterráneo; aquí llegan cruzando praderas con lodo y nieve durante millas y millas”.1

Las cifras están lejos de ser apabullantes, pero resultan significativas. En el 2016, más de 7 mil refugiados ingresaron por tierra a Canadá para pedir asilo, según las autoridades fronterizas. Pero de acuerdo con la agencia Reuters, otros 2 mil ingresaron de manera irregular durante el mismo año. ¿Y por qué prefieren la ilegalidad? Resulta que existe un tratado de cooperación fronteriza entre Canadá y EU que señala que el asilo político deberá ser otorgado en el primer país que pisen los solicitantes, y que el otro país ya no podrá darles asilo.

Algunos, con más ignorancia que determinación, se hicieron célebres. Dos ghaneses, que se encontraron por casualidad en una estación de autobuses en Minneapolis, decidieron sumar esfuerzos y sus escasos recursos para cruzar la frontera. Pero era invierno. En Ghana jamás hay nieve. Juntos caminaron kilómetros muchas veces con la nieve a la cintura, y al ser encontrados por un camionero de Canadá fueron atendidos de emergencia. Ambos, por el frío, perdieron casi la totalidad de los dedos.

Su caso se convirtió en una leyenda de los tiempos modernos en Canadá. Uno de ellos, llamado Seidu Mohammed, era un joven jugador de futbol soccer. Además es gay. Y también musulmán. Una combinación nada promisoria en Ghana, porque en ese país del occidente africano encarcelan a los homosexuales y discriminan a los musulmanes. De manera que Mohammed solicitó asilo en EU, pero las autoridades se lo negaron. Entonces decidió emigrar hacia el norte. Y en la estación de autobuses de Minneapolis se encontró con Razak Iyal, ghanés, como él, pero con una historia muy distinta. Iyal era mayor que él. Casado y con hijos. Pero huía de una dispu­ta familiar en un país donde éstas se resuelven a navajazos. Sus hermanos se habían apoderado de sus propiedades y al verse en peligro, se lanzó por mar hacia EU. En ese país se encontró con la novedad de que Trump había reducido la cuota nacional para recibir asilados y pensó que ya no tendría cabida. Entonces, para evitar el regreso a EU por la aplicación del acuerdo vigente, decidió cruzar la frontera como ilegal. En Minnesota encontró a un compañero de ruta. Ambos se dieron ánimo, y cruzaron la frontera helada en la víspera de navidad. No contaron con la nieve.

Al ser rescatados, la pareja de ghaneses parecía feliz. Mohamed tenía los motivos suficientes para ser considerado un perseguido en su tierra —gay y musulmán—, y su pronóstico de obtener asilo era muy favorable. Iyal no tenía la acreditación de persecución comprobada —los líos familiares no llenan el requisito—, pero el haber pasado las noches con un hombre gay lo arrojó a la misma categoría, y pasó a ser también un perseguido en su patria. Con todo y esposa.

Ahora el mayor flujo de emigrantes se encuentra en Montreal. Son los haitianos que llegaron a EU como refugiados del terremoto del 2010, y que han sido amenazados por Trump con ser deportados. En esa condición existen cerca de 60 mil personas. Muchos de ellos —se calcula que 6 mil 360 hasta el mes de julio— han cruzado la frontera ilegalmente, y al llegar a Montreal las autoridades han abierto las puertas del estadio olímpico para darles refugio. Entre las gradas han improvisado camas, puestos de comida, hasta servicio de internet.2

Para las autoridades la carga súbita de refugiados se ha convertido en una emergencia, ya que en agosto el número de ilegales se incrementó hasta los 300 al día. Denis Coderre, alcalde de Montreal, hizo un llamado de auxilio a la federación porque, a pesar de que se han abierto nuevos espacios como albergues, la provincia sola no puede resolver aisladamente el problema. Necesita el auxilio del país entero.3

Para las organizaciones sociales de Canadá, el tema se ha convertido en una bandera. Para empezar, ha surgido un movimiento que pretende poner fin al tratado de asilo firmado de manera conjunta con EU. En Ottawa, una multitud desfiló frente a la embajada de Estados Unidos para dar por terminado los acuerdos. Alex Neve, miembro de Amnistía Internacional en Canadá, afirmó que “Es una ficción pensar que EU es un país seguro para dar asilo a quien lo busca”, y en una carta abierta al ministro de Inmigración, las secciones de Amnistía Internacional de los dos países sostienen que “la situación ha llegado a ser tan volátil, tan impredecible y marcada por la falta de respeto a los derechos humanos, que seguir viendo a EU como un país digno para el asilo sería absolutamente insostenible”.4

Otra variante de este nuevo flujo de migrantes, sugerida por algunos medios y agrupaciones, sería la de contemplar —atónitos— una estampida de ciudadanos estadounidenses que llegase a Canadá como refugiados del gobierno de Donald Trump.5 El año pasado un ciudadano negro tocó las puertas del asilo en Canadá porque fue víctima de la brutalidad policiaca, pero le fue negado debido a que su petición respondía más a las condiciones de racismo que a las de persecución política. Otros casos se refieren a los que se rebelan contra la obligación de ir a la guerra como carne de cañón de intereses que les son ajenos. Dos casos de este tipo se refieren a las guerras de Irak y Afganistán, pero ninguno de ellos llenó los requisitos para considerarse refugiados o candidatos al asilo.

El problema en ambos casos —y otros— es que la legislación internacional es muy estricta para dar asilo a los perseguidos. Si un ciudadano es objeto de maltrato en un estado de la Unión Americana —en Georgia o Alabama, por ejemplo—, pero al trasladarse a California el maltrato desaparece, la legislación internacional de asilo no aplica. Tampoco procede con la disidencia política frente a algún gobierno si no se demuestra una persecución individualizada. No se puede pedir asilo, por ejemplo, si algún ciudadano está en contra del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. O de Trump, volviendo al tema.

Para las autoridades de EU, la migración ilegal de su país hacia Canadá es un asunto que no les preocupa en absoluto, pero para las canadienses el tema es una contradicción de nuestro tiempo. Hay que dar ayuda humanitaria, asilo o simple refugio a las personas que están fuera de la ley.

O hay que cambiar la ley. EstePaís

NOTAS

1 <https://www.theguardian.com/world/2017/feb/07/us-refugees-canada-border-trump-travel-ban>.

2 <http://www.cbc.ca/news/canada/montreal/olympic-stadium-houses-asylum-seekers-1.4231808>.

3<http://nationalpost.com/news/news-pmn/canada-news-pmn/montreal-opens-another-temporary-shelter-for-asylum-seekers/wcm/ef5af2f3-18ee-48d9-ae36-e3cd3478930b>.

4 <https://www.theguardian.com/world/2017/feb/07/us-refugees-canada-border-trump-travel-ban>.

5 <https://www.vice.com/en_ca/article/ava9wk/could-americans-claim-refugee-status-in-canada-due-to-the-trump-presidency>.



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