
Uno de los tantos lastres que sigue arrastrando el país pese al proceso de democratización es el de las élites económicas. No solo han acrecentado su poder: lo han legitimado y lo ostentan. Son protagonistas de una cultura del privilegio que, merced a la corrupción y la impunidad, agrava problemas como la desigualdad y la discriminación. La figura que encarna esta suerte de régimen moral es la del mirrey, al que Ricardo Raphael define como “el sujeto que mayor privilegio obtuvo con el cambio de época”. Su libro Mirreynato: La otra desigualdad (Temas de hoy, México, 2014) analiza a fondo este fenómeno.