Drama en series: Better Call Saul: la serie después de la serie

Se llama spin-off a la serie que se desprende del material original de otra serie y que se desarrolla aparte. No es una originalidad del siglo XX: ya Balzac había hecho el spin-off de más de un personaje en La comedia humana, y ni qué decir del teatro griego; sin embargo, en la era de las telecomunicaciones, se considera como […]

Texto de 22/09/17

Se llama spin-off a la serie que se desprende del material original de otra serie y que se desarrolla aparte. No es una originalidad del siglo XX: ya Balzac había hecho el spin-off de más de un personaje en La comedia humana, y ni qué decir del teatro griego; sin embargo, en la era de las telecomunicaciones, se considera como […]



Drama en series: Better Call Saul:  la serie después de la serie

Se llama spin-off a la serie que se desprende del material original de otra serie y que se desarrolla aparte. No es una originalidad del siglo XX: ya Balzac había hecho el spin-off de más de un personaje en La comedia humana, y ni qué decir del teatro griego; sin embargo, en la era de las telecomunicaciones, se considera como el primer spin-off de la historia a un programa de radio estadounidense del año 1941: The Great Gildersleeve, cuyo protagonista fue personaje de reparto en otra serie radiofónica de la época: Fibber McGee and Molly.

En la historia de la televisión hay varios casos, algunos célebres: Frasier deriva de CheersMelrose Place es continuación de un episodio de Beverly Hills, 90210Major Crimes procede de The CloserPrivate Practice proviene de Grey’s Anatomy, y un largo etcétera. Se trata de una regla dorada: quien a buen éxito se arrima, buen éxito cobija (aunque sea menor). Incluso hubo una serie que salió de una serie que, a su vez, salió de otra serie: Better Call Saul (AMC, 2015).

Better Call Saul es el capítulo 8 de la temporada 2 de Breaking Bad (AMC, 2008-2013), serie que, a su vez, salió del capítulo 2 de la temporada 6 de Los expedientes secretos X (FOX, 1993-2002).1 El artífice de este triple salto serial es Vince Gilligan (Virginia, 1967). Cuando estudiaba en la prestigiosa escuela de cine de la Universidad de Nueva York ganó el concurso de guion del estado de Virginia; entre los miembros del jurado había un productor de cine que, fascinado con su talento, lo conectó con los productores de Los expedientes secretos X. Le encargaron un episodio que quedó incluido en la segunda temporada, y a partir de entonces el guionista ya no tuvo tregua: escribió veintiséis episodios, se hizo cargo de la producción ejecutiva de un total de ciento veintiocho y extrajo del capítulo “Drive” la idea para Breaking Bad: la historia de un tipo agradable que se vuelve desagradable, incluso el actor que lo interpreta: Bryan Cranston. El éxito fue arrollador: Breaking Bad pasó a ser una de las mejores series de todos los tiempos. Una vez entregado el último episodio de la última temporada, Vince, por primera vez en veinte años, se detuvo. Fue un momento difícil. No se atrevía a realizar nada nuevo. No era el bloqueo del artista que se queda en blanco o del que lo ha hecho todo. El miedo de Vince consistía en no poder conseguir un éxito como el que había obtenido con Breaking Bad. Sin embargo, pensó que si un spin-off lo había llevado lejos, otro spin-off tendría que llevarlo aún más lejos. Elegir al personaje/situación no fue difícil: Breaking Bad es una galería de malos muy malos, y en ese contexto brilló por su presencia el pícaro pilluelo, abogado dispuesto a todo, James “Jimmy” McGill, del episodio 8 de la segunda temporada: “Better Call Saul”. Como el personaje fue creación del guionista Peter Gould (Nueva York, 1965), éste aparece compartiendo créditos junto a Vince.

La vida de Peter tuvo un ritmo opuesto a la de Vince: entró al Sarah Lawrence College en Nueva York, universidad dedicada a preparar a gente de lento aprendizaje con sistemas de tutorías especializadas en el área de las humanidades. Así, poco a poco, llegó a obtener la licenciatura en Literatura Inglesa. Ocho años más tarde conquistó un segundo título como cineasta en la University of Southern California (en la costa opuesta a la de Vince). Luego, le tomó cuatro años que un guion suyo, coescrito, llegara a la pantalla grande, y otros seis para llegar a dirigir su propia película (Meeting Daddy, 2000). El encuentro con Vince Gilligan y la incorporación al equipo de Breaking Bad significaron un vuelco en su vida, que de lenta pasó a vertiginosa: fue editor ejecutivo de la serie, escribió once episodios, dirigió dos y dio pie al spin-off que, hasta la fecha, lleva tres temporadas, éxito de críticas, buen número de fans y varios premios. Como si fuera poco, en 2012 Peter escribió el guion Too Big to Fail, adaptación de un ensayo sobre la crisis financiera del 2008, con el que ganó un Writers Guild Award.

El dúo dinámico formado por Gilligan y Gould tuvo que resolver un asunto de alto riesgo: si acaso Breaking Bad sería el punto de llegada (precuela) o el punto de partida (secuela) de la historia de Jimmy McGill. Es peligroso contar la historia de un personaje secundario antes de la historia principal. Cuando David Lynch hizo la versión cinematográfica de Twin Peaks, contó la vida de Laura Palmer antes de ser asesinada, olvidando al verdadero protagonista, el agente Cooper.2 Lynch creyó demasiado en su propia ficción, no se dio cuenta de que la pregunta ¿qué pasó con Laura Palmer? sólo tenía sentido si la hacía el agente Cooper; por sí misma valía poco y la precuela fue un fracaso.

No basta con darle un espacio propio a un personaje secundario para convertirlo en protagonista. El personaje que nace secundario lleva a cuestas, y a todas partes, la pesada carga de pertenecer a otra historia, no sólo en un sentido anecdótico, sino orgánico, porque viene de otro cuerpo, regido por un principio dramático que no está centrado en él. En Breaking Bad el principio dramático que da cuerpo a la historia viene en el mismo título y se puede formular así: una persona buena se vuelve mala; es un “traje” que le queda como anillo al dedo al atormentado profesor de química Walter White, pero no al imprudente abogado sin escrúpulos Jimmy McGill. Mientras compadecemos al profesor White, nos reímos del abogado McGill. Porque uno es el protagonista y el otro, un personaje secundario, un satélite del principio dramático. La Luna tiene la misma forma que la Tierra, pero eso no le basta para convertirse en planeta. La imprudencia, rasgo esencial de Jimmy, despierta simpatía, pero no compasión, y un personaje que no despierta compasión no da el ancho para ser protagonista. Compasión significa sufrir juntos. Es un sentimiento de tristeza ante el dolor del otro, unido al deseo de ver aliviado ese dolor. El dolor del profesor White es su frustración profunda, un sentimiento de inferioridad consigo mismo, un ser humano derrotado que descubre que puede ser más de lo que es y sale a buscarlo. El dolor del abogado McGill consiste en la misma frustración (la Luna es tan redonda como la Tierra), pero su sentimiento de inferioridad no es consigo mismo; se trata de un complejo de inferioridad frente al hermano mayor, abogado exitoso. Lo que empuja al profesor White es (inicialmente) luminoso: el sentimiento de que puede ser más; en cambio, lo que empuja a McGill es oscuro: el resentimiento hacia los demás. Por supuesto, Peter y Vince intentaron hacerlo protagónico (compasivo): Jimmy es un abogado de oficio, ayuda a gente que no tiene dinero para pagar los servicios de uno, defiende a personas culpables, y aun así lo hace con pasión; su oficina/hogar está en la trastienda de una estética en un centro comercial; para inspirar confianza imita, con candor, los gestos y el vestuario de un abogado protagonista de una célebre serie de los ochenta, Matlock; busca con desesperación clientes y casos que lo saquen de la pobreza. Hasta aquí resulta tan patético (en el sentido de pathos, ‘sufrimiento’) como el planteamiento de Breaking Bad; sin embargo, lo que es complejidad en el profesor White (un auténtico protagonista), es más bien complicación en la historia del abogado McGill (un auténtico personaje secundario).

Desde muy joven Jimmy se dedicaba a estafar y timar gente. Cuando termina en la cárcel, su hermano mayor (brillante abogado, socio fundador de un inmenso corporativo jurídico) lo saca de ahí para ponerlo a trabajar en el humillante puesto de mensajero de su corporativo. Entonces Jimmy hace algo heroico: obtiene el título de abogado por correspondencia luego de años de secreto esfuerzo. El hermano, celoso, se niega a darle un lugar en el corporativo, lo que genera el resentimiento de Jimmy. La necesidad de revancha (al igual que en Breaking Bad) pasa a ser el motivo del personaje principal. Pero no es lo mismo la revancha del profesor White que la del abogado McGill; el primero es un caso de redención, mientras que el segundo es de reincidencia (el término legal resulta oportuno): en Breaking Bad, Jimmy McGill es un mentiroso y un provocador.3 En Better Call Saul, la gesta heroica de la obtención del título parece hacer de él un protagonista con todas las de la ley; sin embargo, esto dura tan sólo un breve flashback, después del cual volvemos a ver al manipulador, provocador y estafador que tiene que ser, porque así lo prescribe Breaking Bad. McGill no fue diseñado para grandes transformaciones, pero sí para grandes aventuras, que abundan. Tiene motivo y meta, pero carece de dilema (así como de escrúpulos), lo que permite llevarlo a cualquier lugar y situación; es un personaje sin historia que puede entrar en cualquier historia. Lo declara él mismo en el episodio 11 de la temporada 3 de Breaking Bad, cuando, hablando con Walter sobre qué negocio sería el idóneo para lavar dinero, declara: “Cualquier historia puede funcionar si uno se esfuerza en hacerla funcionar”.

El hecho de que Jimmy McGill no cumpla a cabalidad el rol de protagonista no significa que Better Call Saul carezca de protagonista; no resulta ser Jimmy, pero sí otro personaje de Breaking Bad: el viejo sicario Mike Ehrmantraut, que en la precuela empieza como policía retirado, lado opuesto al del criminal en el que terminará convirtiéndose. El drama de Mike es una suerte de Hamlet al revés: un padre que venga el asesinato del hijo policía. Es el elemento tanático que le faltaba a Better Call Saul para ser a imagen y semejanza de la serie-madre. Pero también este enroque resulta menor, porque no es lo mismo esconder un crimen que esconder un cáncer. La doble vida del profesor Walter White tiene dimensiones mucho más profundas y emotivas que la de Mike Ehrmantraut, que en lugar de honrar el sacrificio del hijo o vivir atormentado por el ejemplo de honestidad que le dio (Mike era un policía corrupto), se entrega a la idea de que la vida no tiene sentido y toma el camino del crimen, sin el quiebre interior constante que en Breaking Bad vive el profesor White al convertirse en malo. Pero la serie no se llama Better Call Mike, lo cual hace que Ehrmantraut cumpla un rol inusual, algo que no se había visto antes: el de protagonista secundario.

Si Better Call Saul es extraña se debe en no poca medida al influjo de Bob Odenkirk (Illinois, 1962), quien interpreta a Jimmy McGill. Antes que actor, Odenkirk es escritor (y uno bueno), en particular de un género vital para la televisión: el sketch. Fue guionista de Saturday Night Live (donde no actuó) entre los ochenta y los noventa, obteniendo varios premios por su trabajo. Antes de aparecer en Breaking Bad, dirigió tres películas. Su humor favorito es el absurdo/fársico, al estilo de la serie Monty Python’s Flying Circus (bbc, 1969-1974), que vio desde niño y que lo marcaría para toda la vida. Better Call Saul está impregnada de humor “pythonesco”, pero mantiene las formas del drama duro con episodios de una hora, dilatación del tiempo, poco uso de la música, indudable virtuosismo. El primer episodio fue el más visto en la historia de la televisión con siete millones de espectadores, pero a lo largo de las tres temporadas que lleva, varios han desertado. Better Make Something New.  ~

1. Ver “Breaking Bad o el arte de la fuga”, Este País, núm. 306, octubre de 2016, pp. 22-23.

2. Ver “De Twin Peaks a Twin Towers”, Este País, núm. 305, septiembre de 2016, pp. 18-19.

3. Jimmy inventa el nombre Saul Goodman para que la gente piense que es judío y porque suena como “it’s all good, man”.



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