Correo de Europa: España vira al centro

Estamos asistiendo en todo el hemisferio occidental a una reconcentración conservadora, a una eclosión del populismo que bebe en las fuentes de la más desaforada y recalcitrante derecha. Como ha destacado el politólogo español Josep Ramoneda, la potente globalización que se ha impuesto en las últimas dos décadas, combinada con las consecuencias perversas de la […]

Texto de 17/01/17

Estamos asistiendo en todo el hemisferio occidental a una reconcentración conservadora, a una eclosión del populismo que bebe en las fuentes de la más desaforada y recalcitrante derecha. Como ha destacado el politólogo español Josep Ramoneda, la potente globalización que se ha impuesto en las últimas dos décadas, combinada con las consecuencias perversas de la […]

Estamos asistiendo en todo el hemisferio occidental a una reconcentración conservadora, a una eclosión del populismo que bebe en las fuentes de la más desaforada y recalcitrante derecha. Como ha destacado el politólogo español Josep Ramoneda, la potente globalización que se ha impuesto en las últimas dos décadas, combinada con las consecuencias perversas de la gran crisis económica y financiera 2008-2014, ha arrasado primero los últimos vestigios del comunismo, después la socialdemocracia que ha creado los estados de bienestar europeos tras la Segunda Guerra Mundial y que ahora amenaza seriamente al liberalismo dominante, extrayendo de él los elementos compasivos, sociales, que pulían sus aristas más desagradables. El Brexit representa la derrota de la derecha liberal (Cameron) y de la socialdemocracia (Corbyn) a manos de un populismo ultraconservador y reaccionario (Farage-Nuttall). La victoria de Trump en los Estados Unidos es no sólo la derrota del tibio progresismo de los demócratas estadounidenses, sino también la imposición del vector más ultramontano del Partido Republicano, con ribetes claramente populistas e incluso fascistas (el racismo más o menos explícito no merece otro apelativo).

El caso italiano es distinto: Matteo Renzi ha intentado llevar a cabo una reforma a fondo del régimen establecido por la Constitución de 1948, cuyo principal empeño fue establecer los mecanismos internos de control que impidieran el surgimiento de un nuevo Mussolini, y para conseguirlo se ha enfrentado con todas las fuerzas políticas, salvo una parte del Partido Democrático —una evolución del viejo Partido Comunista Italiano— que lo ha apoyado… La reforma no ha prosperado, pero aunque el populismo italiano y europeo ha querido apropiarse de su derrota, es evidente que Renzi, que ha recibido casi el 40% de los votos, no es un valor amortizado. En cualquier caso, el centro izquierda italiano queda momentáneamente desactivado.

Los demás presagios en Europa no son tampoco aperturistas: en Francia, François Fillon, que representa a la derecha democrática más dura, ha vencido de forma muy clara a Lionel Jospin, que se ubica más bien en el centro político. Y todo indica que las elecciones presidenciales del año que viene se dirimirán en segunda vuelta entre el propio Fillon y la representante del Frente Nacional, Marine Le Pen, ya que los socialistas, muy divididos y sumamente desgastados tras el desastroso mandato de Hollande, quedarán excluidos.

En Alemania, es del todo probable que Merkel consiga revalidar la cancillería, pese a los embates extremistas de la AfD (Alternativa para Alemania), y aunque no se descarta que haya de mantener la gran coalición con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), todo indica que se convertirá en la líder occidental de referencia. En un contexto en el que la izquierda habría sido materialmente borrada, al menos en lo que concierne a los países “grandes”.

En este contexto, España aparece en una posición singular: después de una legislatura dominada por la derecha del Partido Popular, que ha podido actuar a su antojo gracias a la potente mayoría absoluta de que disfrutaba, esta formación política ha logrado mantener el poder gracias a una mayoría minoritaria que le obliga a toda clase de consensos con la oposición. La reforma educativa del ministro Wert, la reforma laboral ultraliberal de Báñez y la Ley de Seguridad del Estado de Fernández Díaz, que eran los principales espolones del conservadurismo rampante, van a ser inexorablemente biselados y modulados, al tiempo que se incrementarán significativamente el gasto social y el esfuerzo redistributivo gracias a la influencia de las demás formaciones de más a babor que habrán de participar en los inexorables acuerdos.

Si la legislatura prospera y se desarrolla hasta su término (algo que no es aún seguro puesto que el presidente del Gobierno, Rajoy, puede tirar la toalla a partir del próximo mes de mayo, cuando se cumpla un año desde la anterior disolución de las cámaras legislativas, si ve que no puede gobernar en las actuales condiciones), este país podría ubicarse en una posición notablemente centrada en medio de la inclinación general hacia el conservadurismo… La normalización plena tendría entonces lugar con la recuperación del PSOE tras su última crisis, una hipótesis todavía muy incierta, y con el confinamiento de la formación populista “Unidos Podemos” (resultado de la integración de Podemos con Izquierda Unida) en el nicho que siempre ha ocupado Izquierda Unida si Pablo Iglesias se sale con la suya y termina acallando a su ala derecha que predica la apuesta por la transversalidad, en línea con los postulados del populista argentino Laclau. Si se cumplen estos pronósticos, España podría salir de la crisis siendo un país centrado, el más avanzado socialmente de la Unión Europea. Lo cual, con el PP en el poder, sería una verdadera paradoja. EstePaís

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Antonio Papell, periodista y analista político español, es autor de El futuro de la socialdemocracia (Akal, Madrid, 2012) <@Apapell>.

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