Carta editorial

La semilla fructificó más allá de cualquier previsión, enfrentando siempre los retos de cada momento.

Texto de 01/06/20

La semilla fructificó más allá de cualquier previsión, enfrentando siempre los retos de cada momento.

La vida cambia. Durante la convulsa elección de 1988, un grupo de mexicanos de diferentes posiciones y convicciones políticas, decidimos impulsar la demoscopia, los estudios de opinión pública, las inexistentes encuestas, como uno de los requisitos y pilares de toda democracia. Se publicaron un par de estudios, pero inmediatamente los medios tradicionales se cerraron a difundir más materiales. Algunos nos tildaron de subversivos por publicar estadística. 

Con una nueva encuesta en el bolsillo —y sin la posibilidad de publicarla— este grupo de mexicanos convencidos de la necesidad de mayor apertura democrática decidió crear una publicación propia, con muchos dueños pero sin un gran dueño, independiente, plural y centrada en los datos duros como piedra de toque obligada para la opinión o reflexión: Este País. Tendencias y opiniones. Así nació, hace casi tres décadas, un mensuario como carta de presentación de una línea intelectual novedosa en México. 

Sus fundadores fueron Adolfo Aguilar Zíncer† , Enrique Alduncin Abitia, Miguel Basáñez Ebergenyi, Jorge Castañeda Gutman, Santiago Creel Miranda, Guillermo Chao Ebergenyi, Cassio Luiselli Fernández, Lorenzo Meyer Cossío, Carlos Monsiváis Aceves† , Carlos Payán Velver, Federico Reyes Heroles, Luis Rubio Freidberg, Josúe Sáenz Treviño† y Jesús Silva Herzog† . 

En poco tiempo, Este País se convirtió en la casa de encuestadores y expertos en prospectiva, todo tipo de académicos y pensadores que comprendieron el viraje epistemológico propuesto: primero leer los hechos y sólo después reflexionar sobre ellos. Este País creó un andamiaje de gobernanza muy particular: 350 accionistas de voto pleno, con solamente un voto —uno y sólo uno—, severas restricciones a los accionistas preferentes que no votan; un Consejo de Administración real que se reúne una vez al mes; normas de rotación dentro del Consejo que nos ha llevado a tener ocho presidentes, 98 consejeros y seis directores designados por el propio Consejo. El número de articulistas creció notablemente —hemos publicado a miles de autores con decenas de miles de textos; algunas de las mejores plumas de México y el mundo han aparecido en nuestras páginas— y secciones como la cultural y la ambiental atrajeron a nuevos lectores. La semilla fructificó más allá de cualquier previsión, enfrentando siempre los retos de cada momento. 

En este contexto es que, desde hace algún tiempo, entre los consejeros, ha rondado la idea —dolorosa idea, apasionante idea— de transitar a la era digital y es así como se ha acordado un renacimiento del proyecto cultural Este País, asentado ahora en la Fundación Este País, creada hace casi 20 años. El reto hoy es aún mayor, signo de los tiempos intensos que vivimos: mantener el patrimonio de una línea editorial plural e independiente, formada durante tres décadas; incorporar nuevas formas de reflexión virtual en todos los formatos; brindar espacios a todas las generaciones montados en la agilidad de la era digital; seguir la discusión, medir y proponer para mejorar, acompañarla con mayor intensidad y utilizando al máximo las fantásticas opciones digitales. No decimos adiós al papel de manera definitiva, porque resulta imprescindible para muchos y permite diversas formas de expresión, pero sí lo reservaremos para grandes ocasiones. 

En poco tiempo, Este País se convirtió en la casa de encuestadores y expertos en prospectiva, todo tipo de académicos y pensadores que comprendieron el viraje epistemológico propuesto: primero leer los hechos y sólo después reflexionar sobre ellos.

Este es un número doble obligado por las circunstancias; llegamos a mayo con la pandemia en la puerta y a junio con varias preocupaciones, pero logramos una edición más de Este País. Contribuyeron a ella personas sin las que esto no habría sido posible: Armando López y Claudia Benítez se hicieron buen cargo de una edición que planearon con esmero y cuidado; Roberto Anaya cuidó un diseño innovador y dedicado; Argelia Cruz vigiló las operaciones cotidianas, incluso a la distancia; Héctor Ortega dio seguimiento a lo que ocurría con los ejemplares y las suscripciones, aún cuando todo resultaba adverso para que lo hiciera; Martín Osorio llevó personalmente revistas a su destino —con todas las medidas de seguridad— cuando la distribución falló; Silvia Cruz cuidó de la gente y las plantas, siempre con ahínco y cariño; Martha Reyes ayudó a navegar con tino, buen juicio y buen talante todas las finanzas, desde que esta empresa inició; Andrés Padilla encontró aliados para la versión en papel y una voz para las redes sociales y Karen Villeda logró crear algo más que un espejo para las páginas de Este País en su versión en línea. Para todos ellos valgan estas líneas como un reconocimiento y un auténtico agradecimiento. Nada de lo que se ha hecho en las últimas décadas desaparece, apenas se transforma en un espacio distinto, quizás más grande y tal vez menos tangible, pero presente y lleno de posibilidades.

Este es un número doble obligado por las circunstancias; llegamos a mayo con la pandemia en la puerta y a junio con varias preocupaciones, pero logramos una edición más de Este País.

Los invitamos a acompañarnos en esta nueva etapa y a que ésta sea una compañía activa, a que nos sugieran cambios y líneas de trabajo. Este País siempre ha sido una casa abierta a todo tipo de reflexiones. Abrimos nuevas puertas y ventanas y los invitamos a visitarnos para seguir charlando. EP

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