El desafío Trump: Peña Nieto y Trump: la primera escaramuza

Desde la perspectiva de los medios, los conflictos entre Donald Trump y sus opositores, dentro y fuera de Estados Unidos, corresponden menos a la sociedad del espectáculo, aunque tenga su dosis, y más a las contiendas deportivas. ¿Las razones? No escasea el show pero lo que predomina es la rivalidad. Los locutores no son imparciales, aunque nunca […]

Texto de 17/03/17

Desde la perspectiva de los medios, los conflictos entre Donald Trump y sus opositores, dentro y fuera de Estados Unidos, corresponden menos a la sociedad del espectáculo, aunque tenga su dosis, y más a las contiendas deportivas. ¿Las razones? No escasea el show pero lo que predomina es la rivalidad. Los locutores no son imparciales, aunque nunca […]

Desde la perspectiva de los medios, los conflictos entre Donald Trump y sus opositores, dentro y fuera de Estados Unidos, corresponden menos a la sociedad del espectáculo, aunque tenga su dosis, y más a las contiendas deportivas. ¿Las razones? No escasea el show pero lo que predomina es la rivalidad. Los locutores no son imparciales, aunque nunca lo son en general, pero ante Trump parecen más los animadores de las porras en pro y en contra. No es lo mismo un juego de la selección nacional narrado por Fernando Marcos que por Christian Martinoli, como tampoco una crisis diplomática ocasionada por Trump a la luz de Fox o de CNN. Para colmo, el ciudadano, la sociedad civil, las redes sociales, y los “sectores” político o empresarial, no son más los testigos de los sucesos sino el jugador número 12, que asume su papel de hincha y grita “puto” o “@POTUS” según la ocasión.

El análisis se ha vuelto lo de menos, e incluso el medio ya tampoco es necesariamente el mensaje. Lo que importa es el mensaje, y si el medio se desmarca de la línea editorial, por llamarla de alguna manera, a la que tiene acostumbrados a sus lectores o televidentes, le lanzan jitomatazos, lo abuchean y no lo retuitea, o lo retuitea en mal plan, lo cual es muy grave, durante los 15 minutos que dure el trending topic. Lo mismo los hinchas anti Trump vitorearán cuanta crítica figure en The New York Times o en una cadena latina de televisión de los Estados Unidos, que ignorarán sin más de los mismos medios aquello que los incomode. Para el análisis político, esta fidelidad sin tregua a las creencias propias disfrazadas de certezas a costa de la realidad es la condena al confinamiento en lo que se desea sea la realidad. En una creciente falta de contacto con la misma.

Para ilustrarlo, acudo a la primera escaramuza que Trump, como presidente de Estados Unidos, tuvo con un jefe de Estado de otro país, que resultó ser el nuestro. En su nivel más bajo de aceptación, a sugerencia de su todavía secretario de Hacienda, Luis Videgaray, Enrique Peña Nieto invita el 31 de agosto de 2016 a Trump a una reunión en Los Pinos. En el video de la conferencia de prensa, Peña Nieto dedica la mayor parte de su intervención a defender el TLCAN, a los mexicanos en Estados Unidos, a la lucha común contra el narcotráfico, y a la construcción de puentes. Los dos, Peña Nieto y Trump, se muestran respetuosos uno del otro durante sus intervenciones ante la prensa. Luego Trump, de vuelta en Arizona, lo venadea, pues así es y todavía estaba en campaña, e insiste en que México pagará el muro. La prensa nacional desuella al presidente de México, lo acusa de no haberse opuesto al muro fronterizo, y Carlos Marín, director editorial de Milenio, le reclama en entrevista por qué no le mentó la madre, exigencia que comparten las fuerzas vivas de la nación. Trump gana las elecciones, para sorpresa de la perra brava de los demócratas y de la humanidad, que sólo leían los medios afines a Hillary Clinton y no los medios del otro bando, e inician, ni modo, las gestiones para la reunión bilateral.

El 11 de enero de 2017, en la reunión con embajadores en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), de vuelta Videgaray en el gabinete como titular de ésta, Peña Nieto ratifica su agenda integral a negociarse, dándole énfasis a la defensa de los intereses de México. Sobre el mentado muro dice que México, “por supuesto”, no lo pagará. El lunes 23 de enero, ante líderes empresariales y sindicales, de las cámaras de diputados y senadores, la clase política y los medios de comunicación, difunde su pronunciamiento en materia de relaciones exteriores, refrenda lo dicho en las dos pasadas ocasiones y enlista sus diez objetivos ante la contigencia bilateral: otra vez no al muro, libre comercio CD-EU-MX, acuerdos que beneficien los salarios de los mexicanos, combate al ingreso ilegal de armas y el dinero de procedencia ilícita, defensa de los derechos de los migrantes y libre flujo de las remesas, y una larga y tardía carta a Santa Claus. Sigue así la prensa nacional pitorreándose del Ejecutivo. Lo cierto es que a lo largo de seis meses, en su estilo que no es el de un avezado polemista, y con la expresión de cansancio que se acrecienta cada vez más en su rostro, Peña Nieto había hecho su deslinde.

Informo que no estoy defendiéndolo, faltaba más: no hay cómo ayudarlo a estas alturas. No obstante sus mensajes, que se escuchan cada vez menos en México por cuestiones de percepción o por lo que gusten o manden sus asesores, sí llegaron a Trump. El miércoles 25 de enero, seis días antes del viaje de Peña Nieto a Washington, planeado para el 31, Trump responde: firma el decreto para la construcción del muro e insiste en que México lo pagará. Lo hace en el contexto de la llegada de los secretarios de Relaciones Exteriores y Economía a Estados Unidos para planchar la visita. Es decir, los recibe dándoles con la plancha en la cabeza. El gesto es descortés, no le pidamos peras al olmo, y coloca a Peña Nieto, si viaja a la Casa Blanca, en el preámbulo de una humillación pública a nivel internacional. Lo que le y nos faltaba.

Peña Nieto sube la noche del 25 un video a YouTube: “lamento y repruebo la decisión de Estados Unidos”, “como he dicho una y otra vez México no pagará el muro”, “México ofrece y exige respeto”, y avisa que seguirá en las consultas con la Conago y con el Senado para tomar la decisión. De vuelta, la respuesta es considerada tibia por la prensa y la opinión nacional. Incluso también al principio la percibí de ese modo, aunque alcanzaba a notar que lo que buscaba era salir a informar de la cancelación con el apoyo de todos los gobernadores, para lo que sirviera. Las frases más relevantes de su mensaje son las más duras que recuerde de un presidente mexicano a uno de Estados Unidos en los últimos sexenios. No se le entiende de esa manera en México pero sí lo entiende Trump, quien en la mañana del 26 avisa que si México no paga el muro lo mejor será cancelar la reunión. Peña Nieto, poco después, tuitea que ya avisó a la Casa Blanca que no asistirá.

Los encabezados de la prensa nacional no son fieles a los dichos. Trump no habla del “muro” sino del “badly needed wall”. No dice “I should”, “I will have”, “I must”, “I shall have to cancel” la reunión, sino “it would be better to cancel”. Peña Nieto tampoco dice “I will not go” ni “I will cancel”, sino “I will not attend”. Entre tantos jaloneos, todavía siguen sin mentarse la madre. En tanto, el registro mediático en los medios internacionales que consulté (El PaísABCThe New York Timesusa TodayDaily NewsLiberationLe MondeRepubblica) es contundente: México le puso un alto a Trump. Las discretas, pero palpables expresiones de simpatía, ante el hecho insólito de que México le pusiera un alto a Estados Unidos, por parte de algunos jefes de Estado y alcaldes de ciudades europeas, fueron igualmente unánimes. Increíble lo que pudo un tuit y que ni años de “Marca México” ha logrado por la imagen del país, aunque fuera por unas horas. En México, otra vez, se le dió poco realce.

¿Esto cambia las cosas para México, mejora la imagen de Peña Nieto y nos coloca en una posición de más fuerza? Por supuesto que no, pero eso fue lo que pasó. Trump persiste en el muro, instrumenta medidas antiinmigrantes contra México y siete países de mayoría musulmana, y aplicará con seguridad impuestos a las exportaciones hacia Estados Unidos y a las remesas. En la lucha contra el narcotráfico no es previsible que imponga restricciones a la venta de armas, porque no lo cree necesario, y si así fuera, no lo va a dejar la industria armamentista. Lo que no logró fue acelerar las conversaciones sobre el TLCAN, que iniciarán hasta junio y culminarían tentativamente a finales del 2017, para cuando tendríamos, en el mejor de los casos, un acuerdo comercial bilateral descafeinado y proteccionista hasta donde se lo permitan a Trump las industrias estadounidenses que se benefician con la apertura, y que no son unas cuantas, y acabaremos refugiándonos en las reglas del GATT y la OMC. México, en tanto, refuerza sus consulados y deberá tomar decisiones prácticas y viables sobre el resto de los temas, sin alimentar demasiadas ilusiones.

Paradójicamente, es más probable que los jefes de Estado de naciones en condiciones de menos desventaja ante Estados Unidos hayan tomado nota de que darle la vuelta a la estrategia bravucona de Trump puede darles más dividendos, porque de que éste va a comenzar a toparse con pared, no hay que dudarlo. No se puede andar de presidente de Estados Unidos como si fuera el jefe de personal de una de sus empresas. Esa discreta victoria diplomática, en fin, duró poco y no hará verano, pero quedará para la historia el comentario con el que Lawrence O’Donnell sintetizó la escaramuza en MSNBC: “Peña Nieto 1-Trump 0”. Si al final le sacamos un empate, y nos vamos a penales, habrá que darse por bien servidos. Total, ahí siempre perdemos, pero ya estamos acostumbrados. EstePaís

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GERARDO OCHOA SANDY fue agregado cultural en Praga, Lima y Toronto. Es autor de Política cultural: ¿Qué hacer? y 80 años: Las batallas culturales del Fondo, entre otros libros .

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