La relación con Estados Unidos: Riesgos y oportunidades para México

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022. En este texto, Francisco Suárez Dávila explora los riesgos y las oportunidades para México dentro de la relación con EUA.

Texto de 05/01/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022. En este texto, Francisco Suárez Dávila explora los riesgos y las oportunidades para México dentro de la relación con EUA.

México requiere una nueva estrategia para impulsar una recuperación sustentable y un desarrollo incluyente de largo plazo. Y, sin duda, para ello debe considerarse el entorno internacional, principalmente el desempeño de Estados Unidos.

Con frecuencia se subestima la importancia que tiene el entorno internacional, que lo mismo puede impulsar que descarrilar los esfuerzos y las políticas nacionales. Esto es más cierto ahora que la pandemia de covid-19 provoca cambios sistémicos trascendentales. Como ejemplo, en el proceso frágil de recuperación de México, han influido dos factores: 1) las políticas expansionistas de Joseph R. Biden, que atraen e impulsan nuestras exportaciones y las remesas, y 2) la evolución de las políticas que prevalezcan en Estados Unidos y sus resultados son muy importantes, pero no el único elemento en el escenario

¿Qué factores externos vislumbramos que deben tomarse en cuenta en nuestra estrategia de desarrollo? Los organismos internacionales se han mostrado optimistas de que el mundo va en un proceso de recuperación para 2021 y 2022, aunque desigual entre países y dentro de ellos, y frágil. Para Estados Unidos, se estima un crecimiento de alrededor de 6% en 2021, con ligera estimación a la baja, y 4% para 2022.

La pandemia se ha moderado en su impacto en algunos países, pero dista de ser controlada a nivel internacional y puede haber repuntes. Mucho depende de una amplia y eficaz distribución de la vacunación, que incluya también a los países más pobres. Tomará tiempo la superación de sus efectos sociales.

El crecimiento se ve amenazado por una posible crisis energética de grandes proporciones: escasez de petróleo y gas, alza de precios y gran impacto sobre los precios de energía eléctrica. Basta con observar el caso de Europa, particularmente el de España. Esto ocurre cuando México quiere emprender una reforma eléctrica que agudizará nuestras actuales deficiencias y una brecha entre generación y demanda en una economía en recuperación, lo que puede provocar apagones y parálisis sectorial o regional. Su discusión provocará más polarización política y puede provocar cuantiosas demandas por arbitrajes internacionales, y cancelar la inversión privada sin la cual no hay crecimiento.

La otra es una grave crisis de suministros, como los semiconductores en el sector automotriz y los cuellos de botella en el transporte marítimo, lo que afecta a las cadenas de producción y fractura el comercio mundial. Esto está provocando presiones inflacionarias, que todavía se ven transitorias, pero Estados Unidos sufre ya una inflación de 6%. Si esto perdura, puede orillar a la Reserva Federal a introducir cambios restrictivos en la política monetaria, frenando la inyección de liquidez y aumentando la tasa de interés. Esto provocará turbulencias en los mercados financieros, serios efectos sobre las economías emergentes endeudadas, y afecta los tipos de cambio, incluyendo al peso.

Biden está teniendo serios problemas con el Congreso, incluso con legisladores de su propio partido, además de que perdió el estado de Virginia. No ha podido lograr que se apruebe su Ley de Reconciliación Presupuestal para Reconstruir Mejor a Estados Unidos, con iniciativas sociales y ambientales, que ya se redujo de 3.5 billones a 1.75 billones de dólares. La ley implica controvertidos aumentos de impuestos, como sobretasas de 3% y 5%, así como sobreingresos superiores a 10 millones y 25 millones de dólares. Afortunadamente ya se aprobó la ley bipartidista sobre infraestructura, que nos favorece.

El movimiento mundial, auspiciado por el G-20 y la Cumbre de Glasgow, para enfrentar los serios retos del cambio climático, puede estimular una dinámica reorientación de las economías con grandes programas de inversión en energías verdes. Lamentablemente, aquí vamos a contracorriente del mundo y podemos ser objeto de sanciones.

La pandemia misma ha inducido cambios hacia la educación, la economía digital y mejoras en el sector salud, que evidenciaron serias deficiencias y pueden ser ahora motores de crecimiento. México no está preparado.

Finalmente, la economía estadounidense, con su rápido crecimiento, ha dado muestras de escasez de mano de obra. Ello abre la posibilidad de acuerdos laborales en el contexto del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Además, se puede aprovechar la convocatoria de Biden a que la región de Norteamérica pueda reestructurarse para competir con China. La Cumbre de Líderes de América del Norte ofrece estas oportunidades.

En suma, los elementos negativos, que pueden pesar sobre México, son problemas mundiales en materia energética, fractura de cadenas de suministros y una inflación alta y sostenida, que provoque medidas contraccionistas de la Reserva Federal. México puede, por otra parte, beneficiarse de la aprobación de los programas expansionistas de Biden: la escasez de mano de obra en Estados Unidos, y la convocatoria de Biden a conformar una región más competitiva en Norteamérica. Las transformaciones en economía digital y la transición hacia energías renovables representan oportunidades que no estamos aprovechando. EP

Documento completo: Desafíos para la política exterior de México en 2022
Desafios-para-la-politica-exterior-de-Mexico-en-2022_03

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