Observatorio electoral EUA: Las alternativas demócratas ante la pandemia

Desde enero pasado, ante la falta de respuesta por la llegada de la pandemia del COVID-19, el escenario en Estados Unidos cambió toda realidad conocida. Hoy se presenta una situación nunca antes vista: una caída de 7% en la economía y 33 millones de desempleados, que serán muchos más en diciembre. Ni siquiera durante la depresión de los años treinta se conoció situación similar, que profundizará aún más la crisis sanitaria. Se trata del país con mayor número de muertos y las muy probables recaídas durante el verano —pero sobre todo en otoño— no ayudarán en nada a su recuperación. En este contexto se darán las elecciones del próximo noviembre. ¿Qué sigue en el proceso electoral?

Texto de 03/06/20

Desde enero pasado, ante la falta de respuesta por la llegada de la pandemia del COVID-19, el escenario en Estados Unidos cambió toda realidad conocida. Hoy se presenta una situación nunca antes vista: una caída de 7% en la economía y 33 millones de desempleados, que serán muchos más en diciembre. Ni siquiera durante la depresión de los años treinta se conoció situación similar, que profundizará aún más la crisis sanitaria. Se trata del país con mayor número de muertos y las muy probables recaídas durante el verano —pero sobre todo en otoño— no ayudarán en nada a su recuperación. En este contexto se darán las elecciones del próximo noviembre. ¿Qué sigue en el proceso electoral?

Si las elecciones fueran el día de hoy, todas las encuestas favorecen al demócrata Joe Biden con una ventaja de entre seis y ocho puntos. No obstante, todas se refieren al voto popular. Recordemos que en la elección de 2016 Hillary Clinton ganó por tres millones de electores el voto popular, pero perdió la presidencia por el Colegio Electoral. Haciendo un cálculo, de nuevo al día de hoy, Donald Trump obtendría 249 votos y Biden 248. Perdería por un voto electoral. ¿A qué me refiero con esto? 

A pesar de la recesión económica y de la pandemia, Trump tiene todavía una base sólida de votantes. Tan sólo los estados de Arizona, Pennsylvania y Wisconsin, que lo favorecieron en 2016, le representarían hoy 41 votos electorales. Su base electoral, aún vigente, se conforma esencialmente por blancos, cristianos, conservadores, evangélicos, personas de la clase trabajadora y sin educación. Los estados rurales son mayoritariamente republicanos. Los estados del medio oeste, suroeste y, muy probablemente, los del sur y los del oeste, están todavía con él: Florida, Iowa, Ohio, North Carolina, Nevada y Michigan. Además, en este momento sería posible que estados como Minnesota y New Hampshire —también de trabajadores— hoy se fueran con Trump, aunque votaron por los demócratas hace cuatro años. Por otra parte, los republicanos tradicionales formalmente siguen hasta ahora con él. Para algunos de ellos, la forma en que los medios han tratado el tema sanitario ha buscado exclusivamente desprestigiar al presidente. Pero otros empiezan a cuestionarlo.

Biden, por su parte, enfrenta retos muy fuertes. Su personalidad no le ayuda; su tono de voz tampoco. Le cuesta mucho trabajo conectar con la gente. Adicionalmente, ante muchos votantes —particularmente de la izquierda demócrata— él representa al sistema que los ha perjudicado por décadas. Todas estas características, entre otras, son las que impidieron que Clinton fuera la presidente. Ante cuestiones personales, a Biden se le sigue criticando por varias de las acciones de su hijo Hunter. No sólo se mantiene el tema de su participación en las empresas energéticas de Ucrania, ahora también se habla de cómo aprovechó el tiempo en que su padre fue vicepresidente, durante las administraciones de Barack Obama, para hacer grandes negocios con China. Así, se critica a Biden por un tráfico de influencias que se le revierte, por errores de cálculo de su hijo que hoy pueden afectarle enormemente. 

A esto se suman las acusaciones de acoso sexual publicadas la última semana de abril. Aunque hasta ahora se trata de un solo caso, recordemos que Biden no es Trump, a quien le perdonaron todo. Los demócratas están muy enojados con él y se ha hablado de que posiblemente no llegue a la convención de julio. Hay quienes han propagado el nombre de otros candidatos que lo sustituyan: desde el mismo Andrew Cuomo, gobernador de New York —por el buen manejo que ha hecho de la crisis sanitaria en su estado—, hasta el rumor de que Clinton está lista para retomar la candidatura. Dicho sea de paso, esta última opción sería un grave error para los demócratas; sería una historia ya vista. Hasta ahora, Cuomo ha dicho que no le interesa.

En el caso del apoyo de Sanders y Warren, tampoco queda claro hasta qué punto será real. Los votantes progresistas y de izquierda son fieles a sus principios; si Biden presenta un plan de gobierno como lo prometió a Sanders —con propuestas en extremo liberales—, corre el riesgo de perder el voto moderado y conservador de su partido. Por otra parte, no cuenta con las horas en medios que aprovecha muy bien Trump desde la Casa Blanca para hacer campaña. A esta desventaja se suma el encierro provocado por la pandemia, donde el candidato demócrata se ha convertido en un candidato virtual. En fin, Biden no la tiene fácil con el electorado estadounidense; puede hacer muchas cosas, pero no queda claro por qué él, el partido, los congresistas y los demócratas en general podrían mantener un sordo silencio que los lleve a perder de nuevo la presidencia. Urge una presencia contundente de otra naturaleza. Urge un cambio de estrategia. A continuación propongo algunas ideas que se podrían instrumentar. 

La crisis económica, la caída del crecimiento en 7% y los 33 millones de desempleados requieren de una gran propuesta de alivio para obtener una salida a esta situación. Un proyecto sólido de esta naturaleza le permitiría al candidato demócrata acercarse a la clase trabajadora y sin educación. Durante los siguientes dos trimestres, ellos verán cada vez más lastimada su realidad, por lo que Biden les puede ofrecer una luz ante las carencias que serán cada vez más profundas hasta el 3 de noviembre, día de las elecciones. 

Su estrategia de comunicación requiere de un cambio drástico, con mucho mayor dinamismo: mensajes cortos con frases atractivas que respondan a problemas vitales. Urge dar respuestas que se escuchen. Aunque sea complicado el cambio, es inminente que conecte con la gente, que lo sientan cerca. Tiene que atrapar a las personas más lastimadas y la situación es idónea, a pesar de que esa parte del electorado estuvo con Trump en 2016. En esa elección, el mago de las redes sociales fue Trump, ahora los demócratas tienen que darle la vuelta y se están tardando. 

El manejo de la crisis de la pandemia por parte del presidente ha sido desastroso. Biden tiene ahí otro instrumento que hasta ahora ha utilizado muy prudentemente. Se requiere de gran agresividad y, si no aprovecha el momento, puede quedar fuera de la contienda. La carencia de hospitales y su improvisación, la falta de recursos sanitarios y el número de muertes han revelado una vulnerabilidad social que en otras circunstancias nunca habríamos conocido. Las respuestas y los mensajes de Trump han sido vergonzosos. Es sustancial respetar el dolor, pero estratégicamente y con inteligencia; el demócrata tiene que aprovechar este recurso. Al presidente lo que menos le importa es su desafortunado manejo de la crisis sanitaria. Él ya está en campaña y esa es su prioridad. Sabe que si no se abre la economía como lo propone, puede perder la reelección. Sin embargo, evitar la recaída en el número de enfermos y muertes, en todo el territorio estadounidense, es otra herramienta de Biden: ¡que la utilice! Urge que los demócratas cuenten con el voto electoral. El trabajo de acercamiento y convencimiento es de todos: candidato, congresistas, funcionarios y miembros del partido. Puede ser una estrategia hormiga, desgastante en este momento, pero se requiere hacerla. Sin los miembros del Colegio Electoral de su lado, perderán con seguridad. Hasta aquí algunas ideas para comentar que el escenario es incierto como nunca antes. El resultado de noviembre dependerá del trabajo que hagan o dejen de hacer los demócratas. La XXI reelección es evitable. El tablero está claro y urge mover las fichas. EP

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