Llámalo como quieras, pero lo que hay que hacer no es nada nuevo

Un especialista de enfermedades torácicas escribe sobre el coronavirus. La indicación es fácil: si puedes, quédate en casa. Un pequeño acto así puede salvarte a ti y mejorar más pronto la vida de todos.

Texto de 17/04/20

Un especialista de enfermedades torácicas escribe sobre el coronavirus. La indicación es fácil: si puedes, quédate en casa. Un pequeño acto así puede salvarte a ti y mejorar más pronto la vida de todos.

La pandemia que estamos viviendo ha trastocado nuestro día a día de una manera que sólo hace poco hubiera sido inimaginable. Ni los médicos, como un servidor, que estamos acostumbrados a tratar la tragedia humana del paciente y su familia cuando de tratar un cáncer se trata, hemos vivido días tan duros como estas últimas semanas. Las facilidades en las telecomunicaciones nos hacen testigos de los hechos en cualquier parte del mundo en tiempo real, de tal suerte que podemos estar viendo cómo se hace una prueba rápida en Corea del Sur y, a la vez, cómo están enterrando a sus muertos en Lombardía. Sin duda la manera de vivir esta situación es inédita; más que por suerte, gracias al trabajo de la generación de nuestros padres y abuelos vivimos un mundo en relativa paz, donde muchos de los millones de vecinos que hoy habitamos el planeta podemos convivir.

Los medios de comunicación, tanto digitales como la prensa tradicional, se han encargado de informarnos puntualmente de las medidas que se han de tomar para poder controlar esta pandemia, y prácticamente nadie que viva en una gran ciudad es desconocedor de la gran mayoría de recomendaciones: confinamiento en casa, guardar las distancias, lavarse las manos, etcétera… y todo eso está muy bien pero, sin duda, nada de lo que hay que hacer representa inventar nada nuevo, nada que no haya tenido utilidad y éxito en otros tiempos.

Casos de grandes crisis humanitarias se han presentado en repetidas ocasiones, algunas de ellas hace no tanto tiempo. Recordemos simplemente los terremotos en México de 1985 o el de 2017 o las epidemias de Ébola en el centro de África en la última décadas. Y han sido distintos liderazgos, solidaridad, empeño y comprensión de la población, lo que ha hecho posible superarlas. Recordemos aquí en México cómo la ciudadanía se lanzó a la calle a asistir a miles de personas que lo perdieron todo durante los terremotos, dando casa, cobijo o comida de manera desinteresada.

El 20 de enero de 1961, quienes asistieron al discurso tras la victoria de partido demócrata en las elecciones generales de Estados Unidos, presenciaron uno de los más grandes discursos que se hayan escuchado de la voz de John F. Kennedy, que dejó para la historia, la taladradora frase: “Compatriota: no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”. Esta frase hizo que se cimbrara el sentir de una nación completa, al hacer al público consciente de que no todo lo que le pasa a un pueblo se debe, para bien o para mal, a sus gobiernos, sino que son los gobernados quienes deben de modificar sus actitudes para crear cambios de fondo en la sociedad. Y, ¿por qué traigo a cuento esta frase? Sencillamente por la situación actual de la pandemia.

Los políticos, sean del color que sean y en cualquier país, intentan capitalizar políticamente crisis de envergaduras gigantes como la que estamos viviendo, y los gobernados intentan culpar de todas sus tragedias y miserias a los gobiernos; sin duda, creo que esto es una conducta equivocada en ambos sentidos. Los que gobiernan y los que están en la oposición deben de cerrar filas ante los desafíos para bien de sus gobernados —y los gobernados poner su granito de arena para contribuir a la mejoría de la situación.

Con esto último me refiero a la poca conciencia cívica que hemos presenciando cuando a la población se le solicitó aislamiento y cuarentena y veíamos  gente en la calle, fiestas y reuniones. Por desgracia, la pandemia se ha instalado de lleno en el país y ahora la población está obligada a guardar más días de cuarentena.

Cuando las instalaciones sanitarias sean insuficientes y toquen a nuestros seres queridos o a nosotros mismos, entonces pensaremos en lo poco que ha hecho el gobierno para ayudarnos, en los escasos medios hospitalarios de atención, en las pocas ayudas fiscales y subvenciones, pero no pensaremos en los errores propios cometidos al no haber hecho algo por nuestra propia gente, nuestra familia y, por tanto, por nuestro país: al haber incumplido una regla de convivencia cívica tan simple como quedarse en casa. Debemos tomar ejemplo de otras naciones donde no hicieron caso o lo hicieron tarde (como los casos europeos de España a Italia, como Estados Unidos).

También quiero enviar un reconocimiento a todos aquellos que contribuyen diariamente con su trabajo y esfuerzo a  que la ciudadanía y nuestro sistema de vida no colapse, me refiero en particular a aquellos que no pueden guardar el confinamiento y que lo hacen por servicio a los demás. Claro y visible ejemplo de esto somos los trabajadores de la salud. Tengo que decir que mucha gente reconoce nuestra labor y nos alienta a seguir con ella, pero no estamos solos. Nosotros no somos los únicos que hacemos posible esta resistencia (insisto que no presenciamos nada nuevo, en otras crisis de diversas índoles se ha presentado la solidaridad de los pueblos).

Mi reconocimiento va, por ejemplo, a los camioneros que transportan mercancías y alimentos a diferentes partes del país para que los ciudadanos puedan disfrutar de los víveres necesarios, de la gente que trabaja en mercados y supermercados, cajeras, acomodadores, almacenistas, limpiadores… Aunque su labor en ocasiones pasa desapercibida, es básica para el correcto funcionamiento del establecimiento. Choferes del transporte público, gente del servicio de limpieza de la ciudad, y muchos más. Hay mucha gente que no para y a la que debes de reconocer porque ellos hacen posible que tú te puedas quedar en casa. Recordemos la historia y pensemos en Hugh Dowding, el oficial británico que dirigió el Mando de Caza de la Fuerza Aérea Real (RAF), a principios de la Segunda Guerra Mundial, cuando ocupaba el cargo de mariscal en jefe del aire. Gracias a su liderazgo en una de las primeras batallas, el rumbo de la Segunda Guerra Mundial tomaría un giro diferente. En parte por su labor, el mismísimo sir Winston Churchill dejaría una de las más grandes frases para la historia: “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”. Quiero crear conciencia en ti, a fin de que pienses nuevamente que para que tú estés en casa, hay muchas personas que se juegan la vida y desempeñan una función social imprescindible a fin de que nuestro modelo de sociedad no sucumba.

Hemos hablado hasta ahora de gobiernos, gobernados, profesionales que pasan inadvertidos… Pero no nos olvidemos de la esencia de este mensaje: con el apoyo y solidaridad de todos se logrará salir de esta crisis. Debemos comprender que cada uno de nosotros somos y debemos de ser parte de la solución de la crisis, que hay que pensar no sólo en uno mismo y los seres más queridos, sino también en los demás, en esos desconocidos que forman parte de la maquinaria social a la que pertenecemos todos y a los que ayudaremos haciendo algo tan sencillo guardarnos en casa, si podemos. Sirve a tu sociedad, sirve a tu país: será la mejor manera en la que te estarás sirviendo a ti mismo. EP

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