Imaginar para resistir: de zapatistas, monstruos, diosas y otras criaturas intergalácticas

El arte, se ha dicho sobre todo en el último siglo, lejos de darnos una relectura del mundo —reflexiones de sus acontecimientos o testimonios de sus males— es una forma de resistencia capaz de fracturar la racionalización y el orden impuestos por la cultura.

Texto de 08/12/20

El arte, se ha dicho sobre todo en el último siglo, lejos de darnos una relectura del mundo —reflexiones de sus acontecimientos o testimonios de sus males— es una forma de resistencia capaz de fracturar la racionalización y el orden impuestos por la cultura.

Son las artes (y no la política)

quienes muestranla posibilidad de otro mundo.

Subcomandante Galeano

¿Qué por qué hablamos de indígenas?

Porque si en este país no se habla de indígenas, 

no se está hablando de nada. 

Marichuy, la Vocera

La luna, nuestra luna azteca, se creócuando Huitzilopochtli, dios de la guerra, decapitó a su hermana y con un movimiento lanzó su cabeza al firmamento. Lo hizo en un acto de amor, lo hizo para que su madre, Coatlicue, durmiera siempre tranquila y pudiera vigilaresa cabeza por las noches, la cabeza de su hija, Coyolxauhqui, quien había intentado matarla: matar a su propia madre.

Cuando Huitzilopochtli hubo lanzado la cabeza, empujó lo que quedaba de su hermana por el monte. La leyenda cuenta que mientras caía, Coyolxauhqui fue perdiendo brazos y piernas hasta quedar desmembrada al pie de la montaña. El mito fundacional de nuestra luna azteca se parece mucho a una historia de terror. Nuestra luna es condena, nuestra luna es venganza y castigo.

Yo prefiero otra historia de cómo nació esta monstrua desmembrada. Una que tiene lugar en el año de 1978, cuando un grupo de trabajadores de Luz y Fuerza, hoy Comisión Federal de Electricidad, cavando cerca de la Catedral Metropolitana, se topó con un monolito colosal. Ahí, en la oscuridad que sólo puede dar el subsuelo y no sin temor, apuntaron linternas para darle sentido al enorme pedestal recién encontrado. Horrorizados iluminaron la figura de Coyolxauhqui, y entonces las ruinas de un templo y los vestigios de una ciudad enterrada, México-Tenochtitlán, fueron desvelados. Desde los escombros y la oscuridad nació la diosa de los cascabeles.

A pesar de estar roto, no es un cuerpo sin facultades. Coyolxauhqui, desde el poder de su monstruosidad, puede romper el suelo —un suelo colonial—y abrir paso a la memoria sin importar cuánto terror y confusión pueda causar la visión clara de nuestro pasado. Y ahora, cuando reina el caos y el desorden, es necesario repensar las narrativas, repensarnos. 

Después de estesurgimiento, Coyolxauhqui inspiró la frase: “¡Tírese, exprópiese, rómpase y que surja el pasado mexicano!”, del presidente José López Portillo, que días después del descubrimiento fue de pipa y guante a conocer a “la diosa descuartizada”. ¡Mira! —grita Coyolxauhqui tras la destrucción de los cimientos—, ¡miren!, ¡miremos las entrañas! 

El arte, se ha dicho sobre todo en el último siglo, lejos de darnos una relectura del mundo —reflexiones de sus acontecimientos o testimonios de sus males— es una forma de resistencia capaz de fracturar la racionalización y el orden impuestos por la cultura. En su lenguaje fuera del lenguaje, es la única fuerza capaz de oponerse aldevenir del mundo que hemos construido.

“Cuando se gaste el tiempo, los dos hemos de quedarnos […] y entrar en el tiempo verdadero convertidos en uno solo”, le dice Laura a Nacha en “La culpa es de los Tlaxcaltecas”, de Elena Garro. Lo dice en espera de que se unan los siglos y su presente criollo por fin se fusione con su ser de mujer indígena. El cuento termina cuando Laura regresa a presenciar la noche de la derrota de Tenochtitlán, mientras Nacha, en alguna cocina del presente, limpia la sangre de la ventana que dejó su señora, y “espanta a los coyotes que entraron en su siglo que acaba de gastarse en ese instante”.

El “tiempo verdadero”, como lo llama Garro, es un tiempo fuera de lo lineal que permite la simultaneidad de varios mundos. Al defender la posibilidad de innumerables tiempos, el arte posibilita que el presente, el pasado y el futuro se sitúen en un mismo espacio. Su fuerza destructiva genera nuevos imaginarios y distintas narrativas de un mismo origen, y, así, nuevas narrativas para un futuro. En “La culpa es de los Tlaxcaltecas”no existe el consuelo, la guerra es guerra y la sangre mancha el vestido de Laura inclusive en el recuerdo, pero sí hay esperanza: la esperanza de vivir en el tiempo verdadero, un tiempo sin engaño y, por ello, lejos de la locura del olvido. 

“La imaginación es una pulsión que pone en marcha el movimiento hacia el lugar de lo desconocido.”

La imaginación, detonadora de cualquier obra creativa y distinta a la ensoñación, no es simplemente un medio para escapar de la dura vida, es la fuerza generadora del mundo imaginado, una pulsión que pone en marcha el movimiento hacia el lugar de lo desconocido. Ir allá, salir del mapa, perder, ver hacia el otro lado, ver al otro, “abajo y a la izquierda”, como dicen los zapatistas, es la invitación del arte, un empujón hacia otros modos, no sólo de pensar o de mirar, sino de existir.

Es innegable, por ello, el derecho de toda consciencia a imaginar; nuestro mundo de hoy y nuestro mundo de mañana dependen de la defensa de este derecho. “Ora sí ya me salí del mundo”, nos dice el niño perdido cuando se topa con las pirámides teotihuacanas en otro cuento de Elena Garro. “¡Sálgase del mundo!” —nos suplica Garro—, “para que fuera del mapa consensuado encuentre pirámides de otro tiempo”.[i]

En el capítulo “Monsi en la luna”, de Modernidad y ciencia ficciónen México, la teórica Itala Schmelz explora la relación de Monsiváis con la ciencia ficción, su profundo interés y pasión por el género y las innumerables páginas que dedicó al análisis, la investigación y la producción de programas de radio y televisión que difundieran a sus autores en la literatura y en el cine, como el ensayo “Los contemporáneos del porvenir”, adaptado a guión de radio. Resulta natural pensar en la ciencia ficción como el lugar óptimo para imaginar otros mundos y, sobre todo, futuros; sin embargo, explica Schmelz, Monsiváis “advierte, además, su potencial como vehículo ideológico [para atacar] al imperialismo cultural”.

En Latinoamérica, poseedora por derecho histórico de mundos otros, del cosmos y sus misterios, la ciencia ficción cuenta con poderes fuera de lo ordinario: no sólo posibilita la existencia de distintos lugares, humores, cuerpos, vidas, convivencias y órdenes, sino también el reapropiarse de los futuros que habían sido monopolizado por los gringosen lo años sesenta y setenta, cuando la obsesión por llegar a la luna sólo se saciaba con ciencia ficción, e ir en contra del mandato sociocultural de Estados Unidos. 

En “Monsi en la luna” Schmelz, a partir de un cuento de Max Aub, nos relata una “rebelión de serpientesprehispánicas” y cómo“parten de México hacia Estados Unidoseinvaden los dinners, un texto que busca reivindicar la diversidad cultural y de creencias”; u otra historia, la única en donde Latinoamérica se apodera del mundo repitiendo sin cesar una frase llena de nostalgia: “Gracias por esas noches que nunca nunca podré olvidar”, que provocan el “enloquecimiento colectivo y en ello trae momentos de paz a la humanidad”. 

El futuro es de todos, no es suficiente “la lluvia permanente de ojos saltones carentes de inteligencia”, o las historias casi “ridículas por falta de imaginación, o los futuros pesimistas de la science-fiction capitalista”, dice Monsiváis. El futuro es de todos y vive en la imaginación colmada de historia y no en las estadísticas y las proyecciones económicas, políticas y sociales. Schmelz termina su análisis señalando que, como prueba de ello, fue Cantinflas y no un científico quien en nuestro país narró el significativo momento histórico de la llegada de Estados Unidos a la Luna. Comenta al respecto:

“[…] ‘echar relajo’ no es un acto políticamente inocente, sino que lo impulsa un afán de disidencia, en el que se expresa una contrariedad ante lo establecido, […] pone en acción herramientas semióticas muy poderosas: la parodia, la ironía, el doble sentido, los juegos de palabras, capaces, en el orden de lo simbólico… mediante la carcajada sarcástica, de poner en crisis la verdad del valor impuesto, en este caso, la idea de los norteamericanos como los conquistadores del Universo.”[ii]

En 1996 el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) celebró su primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad. En su Comunicado al Planeta Tierra (“o lo que queda de él”), que se parecía mucho a un extracto de un cuento de ciencia ficción, se invitaba “a todas las formas sensibles de vida de otros planetas en la galaxia para pensar juntos en modos de resistencia creativa contra el sometimiento cultural. Pensar en un “mundo donde quepan todos los mundos” es la máxima zapatista y en ello defienden el derecho de imaginar, el derecho a la esperanza y, sobre todo, a concebir el derrumbe de lo construido. 

Cuando se piensa en un futuro fuera del orden político se piensa en un futuro lejos de la idea de progreso y de desarrollo, un futuro cimbrado en la memoria y con los pies plantados en el pasado, uno que no niega lo que hay en el presente, sus males ni sus bondades. 

Y por si pensábamos que nada tenía que ver con la invención de mundos y ficciones, en la invitación al encuentrose defendía el derecho al placer, al deleite, a la diferencia, al trabajo libre, a la pereza, al plagio agradecido y generoso:“¡Y un escenario especial para los hermosos sonidos de la música que sea música y que alegre los corazones!”.Se invitaba, además, “a todos los instrumentos naturales que suenen bien. ¡De las pintas al ciberespacio! […] ¡Ah! Y no olvidar la conservación de la naturaleza que sin ella se cancelan los futuros”.

Durante la noche del Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan en el 2018, convocado por la comunidad de mujeres zapatistas, vimos aparecer, de un segundo a otro, un mar de pequeñas luces. En pleno campamento de miles de tiendas de colores, y enaquella oscuridadque sólo existe en la sierra de Chiapas, cada una de las revolucionarias sostenía una vela en la mano con solemnidad, pero no sin un gran sentido de teatralidad, porque este grupo entiende el poder de la acción conjunta. 

Rodeadas de cientosde velas encendidases palpableel sentido tangible de la colectividad, del nosotras, “de nuestras voces: hoy mi palabra va a estar revuelta porque en ella estamos todas. Hoy somos muchas pero como si fuéramos una sola”,nos decían en la ceremonia de inauguración.

Para el zapatismo no existe una diferencia entre el arte y la lucha: “Larga y hermosa vida a todas las lenguas del mundo pues suyas son los puentes entre la poesía y la revolución”.Se concibe a sí mismo desde el artey desde múltiples formas de creación y de ficción. Ejemplo de ello lo encontramos en sus comunicados, llenos de ironía y alegría, pero también de fantasía: “el gran teatro y sus pequeños teatros” para ejemplificar a la máquina del capitalismo; los murales comunitarios, que como dicen en su invitación al Encuentro Intercontinental, son para recordar que las paredes no sólo oyen, también hablan. Los bordados son universos oníricos arbolados con caritas-maíz y cuerpo de caracol que resuenan la consigna zapatista, caminar al paso del más lentoEl subcomandante Galeano afirma en uno de sus comunicados:

“Para el zapatismo no existe una diferencia entre el arte y la lucha.”

“Son las artesquienescavan en lo más profundo del ser humano y rescatan su esencia. Como si el mundo siguiera siendo el mismo, pero por ellas y con ellas pudiéramos encontrar la posibilidad humana entre tantos engranajes, tuercas y resortes rechinando con mal humor. A diferencia de la política, el arte entonces no trata de reajustar o arreglar la máquina. Hace, en cambio, algo más subversivo e inquietante: muestra la posibilidad de otro mundo”.[iii]

La invitación del Primer Encuentro Intergaláctico termina dando una instrucción muy clara: Hecho lo anterior doble con cuidado la invitación y hágase usted un gracioso gorrito, regálelo a una niña o póngaselo en la cabeza y sueñe y sueñe lo que más le guste. El arte, fuerza de resistencia capaz de concebir un tiempo donde caben tiempos y un mundo donde caben mundos, nos alienta a imaginar y, en una era como la nuestra, con su exceso de información, falsa y no falsa, vale la pena dejar de informarse y documentarse y atender al llamado. EP


[i]Garro, Elena, “El niño perdido”, Andamos huyendo Lola, México, D.F. Joaquín Mortiz, 1980.

[ii]Schmelz Itala, “Monsi en la Luna”, Modernidad y ciencia ficción en México, Editorial RM, próxima publicación.

[iii]https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/02/28/las-artes-las-ciencias-los-pueblos-originarios-y-los-sotanos-del-mundo/

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