Registro | Apuntes madrileños: sobre Paco Graco, La Fábrica y el futuro de Madrid

En la columna Registro, Pablo Íñigo Argüelles escribe sobre el mundo que observa, pero sobre todo de fotografía y todo lo que implica.

Texto de 27/03/24

En la columna Registro, Pablo Íñigo Argüelles escribe sobre el mundo que observa, pero sobre todo de fotografía y todo lo que implica.

Tiempo de lectura: 3 minutos
No va a quedar nada de todo esto

La piel de Madrid está hecha de fachadas y ventanas que lloran con el sol. También de letras de todas formas y colores: algunas están incrustadas en los edificios; otras suspendidas en el aire (hechas con irresistible plástico termoformado); otras, rotuladas sobre paredes, se resisten a desaparecer.

María y yo reconocemos en ellas el propósito de este viaje relámpago y es así como la ciudad empieza una conversación que nosotros respondemos fotografiando cada anuncio: bar alimentación modas escuela de artes copias de planos garaje taberna vinos y aguardientes libros de ocasión segunda mano raciones… y podríamos seguir: los rótulos y anuncios de Madrid son un verso libre.

Irónicamente, justo el día que llegamos, cerró la exposición No va a quedar nada de todo esto, en el Palacio de Cibeles, que mostró durante cuatro meses más de 150 rótulos y anuncios de negocios desaparecidos de Madrid.

La muestra, que puso sobre el mapa el riesgo en el que se encuentra el patrimonio gráfico de las grandes ciudades, fue organizada por el colectivo Paco Graco, una iniciativa que rescata, protege y restaura rótulos y anuncios de negocios en peligro de extinción. Como siempre, llegamos tarde a todo.

Lugares que fueron agua

Madrid tiene una relación muy especial con la fotografía: La Fábrica —quizá la organización privada que más promueva la fotografía en España y cuyo sello editorial posee uno de los catálogos más extensos— tiene en su librería de la calle De la Verónica una impresionante selección de fotolibros que, además de inspirar nuestras más profundas obsesiones, deja muy claro que la fotografía será impresa y en forma de libro (o no será). Ahí encontramos el último libro de la mexicana Yvonne Venegas, El lápiz de la naturaleza, editado por RM y también Easy easy rider, de nuestra colega Helena Goñi.

Además, La Fábrica organiza desde 2018 el Madrid Design Festival, que llena la ciudad de exposiciones y actividades que abarcan todas la disciplinas. Gracias a ello, pudimos conocer el trabajo del diseñador (pre)industrial Miguel Milá, en una extensa muestra dispuesta en las entrañas de la Plaza de Colón, que abarca desde sus lámparas y muebles más famosos, hasta un espantamoscas que hizo por encargo de su esposa. 

El último día, una visita de rigor: no recuerdo una exposición que me haya gustado más de lo que me gusta la Sala del Canal de Isabel II, una especie de edificio cónico que se puede recorrer en espiral. Hubo una vez que aquella torre de ladrillo, que aparece de pronto mientras uno camina por la Calle de Santa Engracia, estuvo llena de agua y abastecía a todo el barrio de Chamberí.

Hoy, mientras admiramos un retrato que Jordi Socías le hizo a Susan Sontag, parte de la retrospectiva de este fotógrafo catalán quien este año cumple cincuenta años de carrera, pienso en cuando todo esto era agua.

María Prieto
Una queja del futuro

Nunca se puede hablar de Madrid sin ser ligeramente pretencioso: lo que pasa es que Madrid está siendo y dejando de ser al mismo tiempo. Dentro de poco, su homogeneización será tan evidente como la que ahora sufren barrios enteros de otras ciudades como Nueva York o CDMX: rentas altísimas, cafés estériles de paredes muy blancas con menús en inglés, “mercados locales” sin comercio local, viejos aparadores de negocios familiares que ahora alojan franquicias (pero que mantienen la fachada como haciéndole un favor al barrio), turismo enajenado, multitudes desinteresadas.

Y creo que no es una crítica (al menos no hacia los madrileños), más bien se trata de una extraña nostalgia que desemboca en una queja personal: Madrid, como todo, está cambiando, y si ese cambio significa la  idealización de una imagen que es igual a la del resto de las capitales, no hay a quién culpar, sino a nosotros y a estos felices años 20 que nos inventamos después de la pandemia. Mientras tanto, Madrid es. Todavía. EP

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