Ponte Nuevo León

Ana Elena Mallet nos lleva de la mano por un recorrido a la Sultana del Norte, semillero inagotable de arte y diseño.

Texto de 22/09/21

Ana Elena Mallet nos lleva de la mano por un recorrido a la Sultana del Norte, semillero inagotable de arte y diseño.

“Monterrey está con madre”, fue la frase que se quedó en mi cabeza, luego de una reciente visita a la Sultana del Norte tras años de no ir y muchos meses de pandemia.  

La invitación a una conferencia fue el pretexto. Pensé que a nadie le interesaría mi rollo sobre “Por qué el diseño importa” (y más luego de la pandemia), pero ambas noches tuvimos casi auditorio lleno en modo presencial (había pocos lugares, debo decir). Y menciono el pretexto porque en el fondo tenía una agenda escondida que en tres días intensos me propuse a cumplir. Primero la idea era coincidir con Jorge Diego Etienne para desarrollar caminos para una exposición sobre los diez años de su estudio que estamos trabajando para el año que viene. Jorge Diego era mi virtual anfitrión y a quien había pedido que me armara visitas para ver estudios, restaurantes, tiendas, diseñadores y proyectos que pudieran ser de interés para mis investigaciones y para tomar el pulso de la ciudad más emprendedora del país. 

En las últimas dos décadas, las teorías del Design Thinking, el emprendedurismo y el desarrollo de negocios con metodologías de diseño han sido parte del crecimiento en Monterrey.  Entre 2015 y 2016 trabajé con el arquitecto Alejandro Hernández Gálvez una exposición que se tituló Regional. Cosas y casos de Monterrey, que buscó brindar un panorama del estado de la arquitectura y el diseño en la zona. Para aquellos años ya era evidente que el Branding al estilo norteamericano, había impactado el desarrollo de nuevos negocios. Agencias y estudios de diseño como Menosunocerouno, Cadena y asociados, Anagrama, Face y Savvy Studio, armaban conceptos de negocios desde cero: si el emprendedor quería arrancar por ejemplo, una taquería, la agencia se encargaba no sólo del logotipo, la imagen, los colores y la publicidad, sino que desarrollaba el concepto, el plan de negocios, conseguía el chef, desarrollaba, y probaba, las recetas y de pasada se encargaba del lanzamiento y las relaciones públicas los primeros meses. El resultado eran conceptos bien hipsters, muy bien diseñados, con playlists bien armados, buenos tragos -a veces- y muy buena imagen y mucha vibra de diseño. En esta visita, buscaba entender si aquella corriente que entonces era tan evidente seguía vigente y cuáles eran sus derivaciones actuales.  Debo decir que luego de intensos días de trabajo con Jorge Diego Etienne y su equipo de trabajo, su papel como anfitrión y guía fue inmejorable. No sólo me armó un itinerario intenso e interesante, sino que me puso al corriente de quien se había separado de tal estudio y ahora se había asociado con alguien más para hacer esta agencia nueva y abrir un bar, un restaurante, una tienda de muffins, una panadería con café de autor, una quesería familiar, una boutique de  patinetas, un bar de viniles y otro de vinos naturales (concepto que parece lo de hoy, muy a mi pesar, ya que los vinos naturales mal hechos me dan la pero migraña del mundo. No digo que todos estén mal hechos, pero casi). Y así decenas de conceptos más, la mayor parte de ellos en San Pedro Garza García, apelando al poder adquisitivo de la clase media regiomontana en ese venturoso municipio. 

Me impresionó el paisaje que no recuerdo que se hubiera impuesto en mi memoria en otros viajes. Quizá sería la limpieza del ambiente luego de meses de pandemia, pero las montañas parecían más cerca que nunca y la Sierra Madre y el Cerro de la Silla más imponentes. 

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), ahora bajo el mando de Taiyana Pimentel está en gran momento. La exposición de Mario García Torres permitía entender cómo Monterrey, su cultura y su espíritu, influenciaron a una generación de artistas que hoy está en las listas internacionales, como García Torres , y que con una muestra de media carrera, vuelve al terruño, al lugar donde estudió y se descubrió como artista,  a dialogar con el pasado y a tratar de proyectarse hacia el futuro. Una muestra inteligente bien producida y sin duda una inspiración para los artistas jóvenes de la región. 

Visité dos galerías interesantísimas que bien pudieran estar en Berlín u otras de las grandes capitales del arte contemporáneo: Peana Projects y Colector, ambas en espacios muy adecuados y bien diseñados y con programas curatoriales muy bien planteados. 

Nuevos edificios de Star Architects como Tadao Ando, Richard Meyer, Cesar Pelli y los mexicanos Michel Rojkind y ahora Tatiana Bilbao se levantan en el horizonte de la ciudad. Monterrey se percibe más cosmopolita que nunca y su espíritu creativo local, impulsado en mucho por el Tec de Monterrey y universidades como el CEDIM (Centro de Estudios Superiores de Diseño de Monterrey)  o la UDEM (Universidad de Monterrey), vibra y se hace presente.

Cené una noche en Pangea del chef Guillermo González Beristaín y fui feliz y agradecida. Calidad y servicio impecable, sala llena, aun en pandemia, y clientes felices en un nuevo enclave inmobiliario -bonito y bien conceptualizado- que lleva por nombre Arboleda. 

La última noche fue la gran cereza en el pastel. Jorge Diego me llevó al estudio de Toy Selectah, músico, productor, ideólogo, personaje indispensable en la escena cultural mexicana contemporánea que tiene un nuevo proyecto que implica el ordenamiento de su archivo musical: una discoteca de miles de volúmenes, donde pueden rastrearse los sonidos de sus proyectos, sus intereses y curiosidades en horas y horas de alucinantes ritmos.  Al mando del proyecto del archivo Toy Selectah está Jorge G. Balleza, sin duda uno de los mejores encuentros de este viaje. Jorge y su hermano Oscar, se han enfrascado en una serie de proyectos que buscan, mapear, analizar y compartir la cultura contemporánea del Noreste: artesanías, música, tradiciones, entre otras disciplinas, todo trabajado a través de la metodología del diseño social. Creando plataformas de documentación como Sabotaje media y Campo semántico, han comenzado a mostrarle a otras poblaciones del noreste, la importancia y los alcances de la cultura popular contemporánea de la zona. 

Tomando como punto de partida el archivo de Toy, Jorge y Oscar Balleza se adentraron en las raíces de la cumbia regia y diseñaron lo que ahora es un mapa, que traza la llegada de la Cumbia colombiana a Nuevo León, el paciente cero digamos, el disco esencial que comienza el viaje y sus derivaciones e influencias, el diálogo con los sonideros, sus ires y venires rítmicos,  hasta llegar a lo que hoy conocemos como la Cumbia rebajada. Sin muchas chelas, sino con pura plática apasionante, nos dieron las tres de la mañana en ese estudio de Tampiquito. La presencia etérea de Celso Piña y su Cumbia sobre el río sonaba en las bocinas mientras yo trataba de entender las derivas de estos creativos, que emocionados, me develaron la historia de un movimiento musical que hoy está ya asociado con la moda, el diseño gráfico, la fotografía y el arte.  “Los caminos de la Colombia Regia” es un investigación concienzuda y conmovedora que está permitiendo a una generación compartir sus raíces culturales, sus creencias y la cultura popular de una tierra que muchos intelectuales describieron como “árida y sin chiste” y otros que se atrevían repetir dichos populares como aquel que decía “la cultura muere donde empieza la carne asada”. Este viaje me permitió finalmente darme cuenta que hoy hay ya una generación que valora la carne asada, los encuentros entre carta blancas, las cumbias rebajadas, los pantalones de cholos, los restaurantes hipsters y de diseño,  los bares de vinos naturales, y las cupcakerias como parte de una cultura del noreste, híbrida, bilingüe, viva, activa, cambiante y actual. EP

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