Novela gráfica: 1 + 1 = 3

En memoria de Uno Héctor Germán Oesterheld Homo sapiens es la única especie del reino animal que llegada la edad adulta sigue tomando leche y leyendo cómics. ¿Qué dirían los demás animales si tuvieran conciencia? El rey, el tirano del planeta, se comporta como un nene. Por suerte las bestias carecen de conciencia, quizás por eso […]

Texto de 23/10/18

En memoria de Uno Héctor Germán Oesterheld Homo sapiens es la única especie del reino animal que llegada la edad adulta sigue tomando leche y leyendo cómics. ¿Qué dirían los demás animales si tuvieran conciencia? El rey, el tirano del planeta, se comporta como un nene. Por suerte las bestias carecen de conciencia, quizás por eso […]

En memoria de

Uno

Héctor Germán Oesterheld

Homo sapiens es la única especie del reino animal que llegada la edad adulta sigue tomando leche y leyendo cómics. ¿Qué dirían los demás animales si tuvieran conciencia? El rey, el tirano del planeta, se comporta como un nene. Por suerte las bestias carecen de conciencia, quizás por eso cuando crecen ya no toman leche, por eso nunca han leído un cómic. El párrafo anterior es una idea-texto: una situación compleja atrapada en un mundo de palabras. En el mundo de palabras puede suceder cualquier cosa, por lo tanto, una vez instalada la idea-texto en nuestra cabeza, tiene que ser sometida a revisiones técnicas que dirán si se trata de ficción o realidad, si es verdad o mentira, si es lógica o absurda, si es aceptable o inaceptable. Una idea-texto siempre es cuestionada, el mundo de las ideas-texto es un mundo crítico, venga en forma de novela o de manual de instrucciones.

Ahora, imagine el lector el mismo párrafo traducido al idioma de las novelas gráficas:

Cuadro 1: Un cocodrilo acecha en el agua. Texto 1: Homo sapiens es la única especie del reino animal…

Cuadro 2: El cocodrilo atrapa con sus fauces un animal indefenso. Texto 2: …que llegada la edad adulta sigue tomando leche y leyendo cómics.

Cuadro 3: El cocodrilo arrastra a su presa río adentro (se trata de un dibujo dentro de un recuadro de cómic). Texto 3: …¿Qué dirían los demás animales si tuvieran conciencia?

Cuadro 4: El cómic del cocodrilo está dentro de una hoja que, a su vez, está sobre la mesa de trabajo de un dibujante de cómics. Texto 4: …El rey, el tirano del planeta, se comporta como un nene.

Cuadro 5: La mano del dibujante va en busca de un vaso de leche que está en la mesita de junto. Texto 5: …Por suerte las bestias carecen de conciencia.

Cuadro 6: Vemos el dibujo del cocodrilo y los próximos recuadros en blanco, a la espera del siguiente dibujo. Texto 6: …quizás por eso cuando crecen ya no toman leche, por eso nunca han leído un cómic.

El texto-dibujo nos toma por asalto, imprime de inmediato una huella en la mente. Todavía no sabemos qué cuando el dibujo despliega frente a nosotros el cómo. Vamos en busca del texto que aguarda en el recuadro. Pero el texto complica las cosas: no habla de cocodrilos; habla de vasos con leche y cómics. El texto y el dibujo no convergen, y en ese choque, en ese encuentro (en contra), aparece una idea más grande: que somos una especie que se liberó de los límites impuestos por la naturaleza. ¿Pero dónde está esa idea? El dibujo muestra una escena cotidiana: un día de trabajo de un dibujante. El texto dice que el ser humano es el único animal que de grande sigue tomando leche y leyendo cómics. El motivo “fuera de los límites de la naturaleza” no se lee, no se ve. Surge, aparece, se manifiesta gracias a la secuencia, al zoom out, y entonces aparece el milagro: 1+1 = 3. La superación de la mente crítica, el advenimiento de la lectura sintética.

Dos

Siempre ha habido novela gráfica: los jeroglíficos egipcios, los códices precolombinos, los murales mexicanos. En Roma, la columna de Trajano: un relato de guerra de ciento cincuenta y cinco escenas con más de dos mil personajes en bajorrelieve. En la Edad Media, la Biblia pauperum (la Biblia de los pobres), una versión popular del texto sagrado: alambicada, con viñetas y parlamentos, el primer cómic de la historia. La lista es larga porque el arte secuencial nos acompaña desde los tiempos de la cueva de Altamira. Actualmente se llama novela gráfica y esto no se debe a un editor audaz o a un crítico creativo, sino a un dibujante: Will Eisner (1917-2005), uno de los máximos exponentes del cómic a nivel mundial que tiene el mérito de haber sacado al cómic estadounidense de su confinamiento infantil-adolescente. Entre las décadas de los treinta y los cincuenta se dedicó a la historieta de aventura culminando una exitosa carrera con la creación de The Spirit (1940-1952), un detective enmascarado, sin poderes sobrenaturales, que marcó época. Reconocido y exitoso, dejó de dibujar para dedicarse al negocio editorial. También hizo teoría, dio clases y escribió dos libros fundamentales: El cómic y el arte secuencial (1985) y La narración gráfica (1996). A los sesenta años, después de la pérdida de su única hija, víctima de leucemia, Eisner retomó el lápiz y publicó el título Contrato con Dios (1978), cuatro relatos ejecutados con esmero, historias chiquitas, llenas de dolor, obra penetrante de un hombre en el cenit de su capacidad creativa. Era evidente que un libro así no tenía nada que hacer en las estanterías de las tiendas de comic books pletóricas de superhéroes. Por otra parte, las librerías tradicionales no vendían historietas (era como juntar a Batman con Tolstói). Fue entonces que Eisner acuñó el término novela gráfica y de un plumazo despejó el camino.

Tres

La Real Academia Española (RAE) dice que literatura es ‘el arte de la expresión verbal’, e implica textos hablados, cantados o escritos. El dibujo no se menciona, por lo tanto la novela gráfica no sería literatura. En el principio es el verbo, no el dibujo. En muchas librerías piensan así y por eso la novela gráfica comparte la sección con libros de fantasía y juegos de rol. Hace poco, en un programa de televisión sobre literatura dedicado a la novela gráfica, el conductor, intelectual desconocedor del género, terminó mostrando clásicos en versión cómic: El libro de la selvaMemorias del subsueloEn busca del tiempo perdidoMacbeth, ejercicios ilustrativos que no tienen nada que ver con las nuevas formas del discurso narrativo y fluir de conciencia que la novela gráfica ha explorado y desarrollado. La misma novela no fue considerada literatura hasta bien entrado el siglo XVIII, tampoco lo fueron el teatro y la balada (impensable el Premio Nobel para Bob Dylan). Roland Barthes enfocó mejor el asunto cuando dijo que literatura tiene que ver con escrituras, no con textos. Una escritura es un ‘sistema de representación gráfica de un idioma’, definición que abre de par en par las puertas de la literatura al nuevo género. Literatura dibujada, la denominó correctamente un teórico argentino, pero no tuvo resonancia. Una vez superado este primer obstáculo, faltaba todavía que el gremio asumiera la nueva identidad. Porque más de un dibujante reconocido ha expresado en foros y artículos que la idea de llamar novela a un libro de cómics es un acto pretencioso, que incluso trasluce un complejo de inferioridad del dibujante frente al novelista. Las maneras de llamarse son sólo maneras. Incluso hay tele-novelas. Pero fue el propio mundo de la novela el que se encargó de darle estatus de colega a la novela gráfica cuando, en 1992, Maus, de Art Spiegelman, obtuvo el Premio Pulitzer. Cómic seriado entre 1980 y 1991 en la revista RAW, punta de lanza del cómic underground estadounidense, Maus es un relato dentro de otro relato en el que un superviviente del holocausto nazi le cuenta a su hijo, un dibujante de cómics, cómo logró sobrevivir. Los nazis aparecen representados como gatos, los judíos, como ratones, y el impacto fue mundial. Diría la RAE que una golondrina no hace verano. Una no, pero dos sí: otra novela gráfica, Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo, de Chris Ware, ganó The Guardian First Book Award en 2001, el mayor premio literario del Reino Unido. Recopilación de un cómic seriado entre 1995 y el 2000, explora los vericuetos de un sujeto solitario y trastornado. Los medios narrativos son al mismo tiempo clásicos y vanguardistas: el dibujo se convierte en texto (en signo), y el texto, mediante la combinación de tipografías, termina por convertirse en dibujo. Leer dejó de ser una actividad y pasó a ser una experiencia.

Cuatro

Veintiún años antes de la aparición de la primera novela gráfica sobre la faz de las librerías, en Argentina ya se había producido el fenómeno. El 4 de septiembre de 1957, la revista Hora Cero publicó las primeras tres planas de El Eternauta, con guión de Héctor Germán Oesterheld (1919-1977) y dibujos de Francisco Solano López (1928- 2011). Para los argentinos ése es el Día de la Historieta. El Eternauta es la historia de una anticipación: mientras trabaja de noche, un guionista de historietas ve aparecer frente a sí a Juan Salvo, El Eternauta, un sujeto que viaja a lo largo del tiempo buscando a su mujer y a su hija. Juan es argentino, viene del futuro, y le cuenta que en seis años más Buenos Aires sufrirá una invasión extraterrestre y será azotada por una nevada mortífera que dará paso a sucesivas catástrofes.

Pero las invasiones extraterrestres sucedían en Estados Unidos, no en Sudamérica; el planteamiento volteaba las cosas, como cuando invertimos un mapa y, por un momento, vemos América del Sur donde estaba América del Norte. Hay perplejidad porque “no nos consideramos capaces de ser protagonistas”, opinaba Oesterheld.

El impacto que produjo Buenos Aires plasmada como escenario de un Apocalipsis de “primer mundo” marcó a varias generaciones de argentinos (el verismo y contraluz de Solano López deslumbran). Impresionó también al mundo, volviéndose un clásico en Europa. En 2015 se hizo una edición para Estados Unidos que obtuvo tres nominaciones a los Premios Eisner, resultando ganadora en la categoría de Mejor colección. El Eternauta es un entramado de fuerzas oscuras que manipulan especies y seres humanos para obtener sus fines. Como hay ambición desmedida y terror, como cualquiera puede ser víctima, como el propio Oesterheld fue politizando cada vez más las nuevas versiones, al final resultó la metáfora demasiado exacta de una Argentina oprimida bajo el yugo de la dictadura.

A mediados de los setenta, Solano López se exilió. Oesterheld, capaz de protagonismo, se quedó y luchó desde la clandestinidad. Sus cuatro hijas fueron secuestradas, torturadas y asesinadas. Luego la brutalidad cayó sobre él: fue detenido, fue desaparecido. Ironía y tragedia: al igual que su personaje, terminó siendo un fantasma cósmico, a la deriva, buscando su familia. A él está dedicado este artículo.

Cero

Si tiene poca o ninguna información sobre novelas gráficas y se encuentra en una librería, pregunte en primer lugar por Ciudad de cristal, traducción gráfica de la novela de Paul Auster, guión de Paul Karasik y dibujos de David Mazzucchelli (Batman: Year One), una obra maestra. Pregunte también por Persépolis, de Marjane Satrapi, autobiografía sutil, trazo impecable, la adolescencia enfrentada al fundamentalismo (hay una versión cinematográfica); Watchmen, guión de Alan Moore, dibujos de Dave Gibbons, según su propio autor, “un Moby Dick de superhéroes”, requiere varias lecturas, no es santo de mi devoción; del mismo autor: V for Vendetta, dibujos de David Lloyd, ucronía y distopía en una Inglaterra dominada por el fascismo. La máscara que representa al conspirador inglés Guy Fawkes se ha vuelto icono de los antisistémicos; Blacksad, novela gráfica de Juan Díaz Canales, dibujos de Juanjo Guarnido, un mundo zoomorfo después de la Segunda Guerra Mundial, dotado de un dibujo preciosista, dinámico y alegre; Arrugas, de Paco Roca, la vida al interior de un geriátrico y el drama del Alzheimer. Relato pausado y envolvente; Sin City, de Frank Miller (mismo autor de la célebre 300), novela gráfica oscura y sádica como ninguna (excepto la misma 300). El blanco y negro es antes y después de Sin City. No hay personajes centrales, la ciudad es el megapersonaje. EP

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