Mozart: los últimos 10 años de un genio

Nadie puede negar el genio invaluable de Mozart en la música, por ello cualquier intento por hablar de él no puede dejar de lado su vida, el contexto en el que se desarrolló. Eso es lo que logra Luis Gutiérrez Ruvalcaba en su libro Un hombre que era música. Mozart en Viena. Este texto de José Luis Barros es, más que una reseña, una invitación para experimentar la lectura y la música.

Texto de 28/10/21

Nadie puede negar el genio invaluable de Mozart en la música, por ello cualquier intento por hablar de él no puede dejar de lado su vida, el contexto en el que se desarrolló. Eso es lo que logra Luis Gutiérrez Ruvalcaba en su libro Un hombre que era música. Mozart en Viena. Este texto de José Luis Barros es, más que una reseña, una invitación para experimentar la lectura y la música.

Luis Gutiérrez Ruvalcaba

Un hombre que era música. Mozart en Viena

Edición propia, Ciudad de México

Septiembre de 2021  

224 pp.

Uno se pregunta cómo conocen los estudiantes de música o los melómanos de habla hispana la vida de Bach sin la biografía de Philip Spitta; la de Beethoven sin la de Alexander W. Thayer; la de Haydn sin la de Robbins Landon, o las de Wagner y Verdi, sin al menos las de Newman y Budden. De ese tamaño es el hueco, referido a Mozart, que trata de llenar Luis Gutiérrez. 

En el libro Un hombre que era música. Mozart en Viena, el autor presenta una biografía de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), pensada con inteligencia, respaldada por fuentes mayoritariamente accesibles solo en otras lenguas, estructurada con un profundo conocimiento del personaje, su entorno histórico, familiar, social y cultural y, en particular, su obra.

Muchos son los aciertos de este libro. Comienza con un preludio que es un apretado pero completo repaso de los primeros años de Mozart, desde su etapa como niño prodigio, la facilidad con que absorbía las enseñanzas de su padre, Leopold —quizás uno de los mejores pedagogos musicales del siglo XVIII—, su temprano virtuosismo, sus viajes por Europa en los que asombró a los selectos públicos que lo escucharon, su rebeldía frente al Príncipe Arzobispo Colloredo, soberano de Salzburgo. Esa aspiración de sobresalir por su talento y su creatividad, esa excepcional capacidad para imaginar una idea musical, desarrollarla en la mente y enseguida plasmarla con soltura y rapidez en una partitura como si la notación musical fuese su lengua materna.

“Sus cartas son una fuente formidable para seguir sus pasos por Europa (de hecho, de los 35 años que vivió, viajó más de diez), su carácter y sus estados de ánimo, sus ideas y proyectos, sus enojos y frustraciones.”

Se nota que el autor ha leído las más reputadas biografías de Mozart y muchos de los estudios sobre su música, tan solo para acercarnos a ellos. La bibliografía del libro contiene 30 obras que incluyen desde la primera biografía de Niemetschek, aprobada por Constanze, viuda del compositor; las consideradas más exhaustivas, como la de Abert; las más redondeadas y concisas, como la de Einstein (y cabría agregar la de Solomon, citada en el libro, pero ausente en la bibliografía); hasta las más innovadoras, como las de Gutman y de Robbins Landon.

La parte principal del libro se desarrolla a lo largo de diez años —los últimos del genio—, 1781-1791, en los que Mozart compuso alrededor de 300 obras, apreciadas como cumbres en la historia de la música. Todo ello a través del epistolario de Mozart, pues el compositor era un asiduo corresponsal, sobre todo con su padre, su madre, su hermana y su esposa; aunque también escribía a amigos y patronos. Sus cartas son una fuente formidable para seguir sus pasos por Europa (de hecho, de los 35 años que vivió, viajó más de diez), su carácter y sus estados de ánimo, sus ideas y proyectos, sus enojos y frustraciones. 

Luis Gutiérrez aprovecha que Mozart escribía de manera vívida, espontánea, con frecuencia larga y detallada, ya fuese sobre los acontecimientos de su tiempo, la impresión que le causaban las personalidades que conoció o sus sentimientos íntimos y, desde luego, sus triunfos. Al ritmo de estas emociones, el autor nos lleva desde la llegada de Mozart a Viena, en marzo de 1781, hasta su muerte en el departamento del primer piso de la Rauhensteingasse en diciembre de 1791. 

Cabe mencionar que Gutiérrez se apoya en su sólido conocimiento musicológico de la obra mozartiana para escribir este libro. Ya antes había publicado un análisis de las principales óperas de Mozart, Una visita a cuatro óperas de Mozart, además de impartir continuas conferencias y exposiciones al respecto. 

“Luis Gutiérrez no duda en subrayar cuando, en su opinión, se trata de una obra maestra.”

De este modo, en el libro es posible vislumbrar, casi una a una, las composiciones de Mozart en el periodo, ya sea una sonata o un rondó, un trío o los magistrales cuartetos, o bien un concierto, una sinfonía o una ópera. Cada obra presentada es descrita aludiendo al contexto en que fue concebida, sus características más notables y su valor musical, así como con información útil sobre las tonalidades empleadas, propiedades de los instrumentos de la época (Mozart, por ejemplo, fue uno de los primeros en sacar gran provecho del clarinete, recién inventado) y hasta la ubicación actual de algunas partituras. Luis Gutiérrez no duda en subrayar cuando, en su opinión, se trata de una obra maestra. 

El libro también dedica espacio, referencias y atención suficiente al último año de prodigiosa productividad, las últimas obras y las semanas previas al fallecimiento de Mozart. Aborda la relativa abundancia de ingresos de 1791 contrastante con la penuria del año previo y se detiene tanto en el deterioro de su salud como en la composición del Réquiem. De la misma forma, Un hombre que era música. Mozart en Viena engrosa las filas de los que atribuyen su muerte prematura a una historia de enfermedades, salud endeble y agotamiento.

“El libro sirve como manifiesto de que el genio de Mozart es irrepetible.”

Luis Gutiérrez examina desde un ángulo original el esfuerzo creativo de Mozart, el temor y la depresión que le causó, advirtiendo la inverosimilitud de que el Réquiem hubiese sido compuesto en tan solo seis semanas, como narró Constanze. Es bien sabido que, pese a sus últimos esfuerzos, la obra quedó inconclusa. Sin embargo, con la ayuda de la grafología microscópica moderna, novedosos análisis del papel empleado y un meticuloso examen de las partituras “originales”, se demostró la existencia de hasta cuatro caligrafías distintas, además de la de Mozart entregada en la primavera de 1792 al Conde Von Walsegg, quien encargó y pagó por adelantado la composición del Réquiem, pero también otra partitura que su viuda conservó hasta 1838. 

Finalmente, el libro sirve como manifiesto de que el genio de Mozart es irrepetible. Esto se refleja en el afán del círculo musical inmediato a Mozart por ayudar a su viuda a cumplir la entrega de la obra comisionada y evitarle una demanda, aunado al hecho de que aún en su lecho de muerte, Mozart dio algunas indicaciones sobre cómo completar varias partes, pone de relieve la imposibilidad de emularlo.

Vale la pena acercarse a Mozart a través de este libro. Además de una vida fascinante, su música es —como bien dice Luis Gutiérrez— una de esas experiencias que en verdad hacen más habitable este mundo. EP

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