Mirador. Echar un vistazo al futuro

Las fotografías abren puertas al pasado, pero también permiten echar un vistazo al futuro. Sally Mann Fue en el escritorio de Pedro Meyer donde vi, por vez primera, una computadora personal. El fotógrafo se sumergió con energía y voracidad en la tecnología digital para aplicarla en su trabajo de producción de imágenes, se convirtió en […]

Texto de 23/04/16

Las fotografías abren puertas al pasado, pero también permiten echar un vistazo al futuro. Sally Mann Fue en el escritorio de Pedro Meyer donde vi, por vez primera, una computadora personal. El fotógrafo se sumergió con energía y voracidad en la tecnología digital para aplicarla en su trabajo de producción de imágenes, se convirtió en […]

Las fotografías abren puertas al pasado,

pero también permiten echar un vistazo al futuro.

Sally Mann

Fue en el escritorio de Pedro Meyer donde vi, por vez primera, una computadora personal. El fotógrafo se sumergió con energía y voracidad en la tecnología digital para aplicarla en su trabajo de producción de imágenes, se convirtió en defensor a ultranza de las nuevas posibilidades que abría el mundo digital y las utilizó para materializar fantasías e imaginarios que difícilmente se hubieran podido realizar con la fotografía análoga. Pareciera que las nuevas tecnologías digitales liberaron a Pedro Meyer.

La fotografía titulada “Los Meyer” está fechada en 1938 y 2000; al autor le gusta decir que en esa imagen conviven tres tiempos. Tiempo 1: 1938, cuando les toman una fotografía en el Parque México a él y a su padre, siendo él un niño de cinco años, los dos con elegantes corbatas. Tiempo 2: sesenta y dos años más tarde. Pedro vio a su hijo Julio ataviado elegantemente con corbata, le recuerda la foto de su infancia y se hacen un retrato con las mismas poses. Tiempo 3: se mete a ensamblar las dos imágenes utilizando computadora y Photoshop. Le sorprende la composición de la foto del 38, los dos sujetos están marcadamente hacia el lado derecho, como si la persona que tomó la foto dejara un espacio para el futuro. “Me dio la impresión —dice Meyer— de que la foto estaba esperando a que la otra llegara.”

Quien mire con atención esta fotografía encontrará identidad y tiempo —¿quién soy?, ¿quién fui?— y la supuesta naturaleza misma de la fotografía, puesta en entredicho.

En el siglo xx se construyó una especie de “convenio social” sobre la naturaleza de la fotografía: el documento fotográfico era prueba fehaciente de lo sucedido. La imagen de la niña quemada por napalm en la Guerra de Vietnam, realizada por Nick Ut, fotógrafo de la Associated Press (ap), era prueba de que el Gobierno estadounidense seguía usando el químico defoliador e impactó el desenlace de la guerra.

La foto de los Meyer pone en entredicho esta convención. Extrañamente, la imagen conserva algo de aquel “registro verídico”, que hemos aprendido a detectar, y la mantiene entrañable.

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Pablo Ortiz Monasterio (Ciudad de México, 1952) es fotógrafo y editor. Entre sus libros destacan La última ciudad (premio Ojo de Oro del Festival des Trois Continets), Corazón de venado y Akademgorodok. Fundó el Centro de la Imagen y fue director de la revista Luna Córnea.

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