El Salón México

Sara Mariana Benitez Sierra comparte la historia de la canción “El Salón México”, llamada como en ese lugar de danzón, el cual también inspiró una película.

Texto de 18/08/21

Sara Mariana Benitez Sierra comparte la historia de la canción “El Salón México”, llamada como en ese lugar de danzón, el cual también inspiró una película.

Desde que comenzó la pandemia ha sido imposible para mí poder ver a mi familia del lado paterno. Siempre cada mes, al menos, nos reuníamos para cortar pastel, cantar las mañanitas, tomar champurrado o disfrutar de un atole de arroz. 

¡Cómo recuerdo aquella tarde que fui al Saso (la panadería que está cerca del Hospital de La Raza) allá en Vallejo! Compré “conchas” para todos y cuando llegué fui la burla de mi familia, porque confundí las conchas con tortugas, otro tipo de pan…muy parecido. 

Lo que más disfruto en las reuniones familiares, además de robarle cigarros a mi tía Ana Rosa y abrazar mucho a mis primas para sentir su perfume, es escuchar la música. Después de que Fabo, la pareja de mi tía Magda, la anfitriona de las fiestas nos deleita por un rato con música que bien podría ser heredera de Universal 88.1 FM; comienza mi mamá junto con los demás a pedir Los Churumbeles, favoritos de mi abuelo materno, hasta llegar a Acerina y su Danzonera. Y entonces comienza a sonar mi canción favorita: “El Salón México”. 

Y es cuando, de repente, me dan muchas ganas de comenzar a bailar y recuerdo la primera vez que alguien me platicó de ese lugar. 

Decir que “alguien me platicó” es un poco romántico, porque en realidad la narración vino de una película del mismo nombre: Salón México. La película de 1948, dirigida por Emilio “el Indio” Fernández, contó con la actuación de personalidades del Cine de Oro como Marga López, Miguel Inclán y Rodolfo Acosta. Ellos y la fotografía de Gabriel Figueroa me hicieron enamorarme de la historia de Mercedes, la protagonista representada por Marga López, y me inundaron las ganas por aprender a bailar danzón en ese mismo lugar. 

El Salón México era un lugar espléndido para ir a bailar y divertirse. Tenía tres salas de baile en donde se podía escuchar todo tipo de música: danzoneras,orquestas, etc. Y algunos cronistas aseguran que los más cercanos que solían visitar más a menudo el Salón le llamaban “El Marro”. 

Este lugar fue fundado el 20 de abril de 1920 cerca de San Juan de Letrán, y sus visitas usuales eran de intelectuales, escritores, artistas y compositores. Es por ello que algunos quisieron inmortalizarlo en el recuerdo y la memoria musical. Una de las piezas que llevan el nombre de este lugar es “El Salón México” de Aaron Copland. 

Copland, nacido en Brooklyn, Nueva York, en el año de 1900, fue un compositor de música de ascendencia rusa y judía. Su obra es reconocida a lado de la de George Gershwin por su popularidad e importancia en Estados Unidos. La pieza que escribió durante los años treinta, llamada “El Salón México”, fue producto de una visita a ese sitio al lado de su querido amigo Carlos Chávez.

Carlos Chávez es reconocido en México por haber sido un gran director de orquesta, compositor y periodista. Fundó la Orquesta Sinfónica de México y también fue director del Conservatorio Nacional, además de haber sido maestro dentro del Taller de Composición de músicos como Eduardo Mata y Mario Lavista. Carlos Chávez además fue miembro del Colegio Nacional.

Tanto Copland como Chávez tuvieron una relación de amistad sumamente importante. Se conocieron en 1926 en Nueva York y estuvieron interesados en lo mismo: una identidad “completamente americana” (es decir continental) que se pudiera encontrar en las producciones musicales de ambos. 

En otoño de 1932, Copland fue invitado a venir a la Ciudad de México para poder participar en un concierto en el Conservatorio Nacional, del cual Chávez era director. Copland aceptó la invitación, por lo que se dieron varias interacciones entre ambos, y visitas de Copland a México. 

Ese año Carlos llevó a su querido amigo al Salón México, del cual se sintió fuertemente atraído. Imaginemos el sudor, las colillas de cigarro y cenizas en el piso, el olor de los caballeros alcoholizados, las risas, y la música al fondo. Mientras, de todo esto, eran testigos los murales de aquel lugar, realizados por José Antonio Gómez Rosas “El Hotentote”. 

El diario de Anita Brenner sobre México decía: 

Entretenimiento 

Club Nocturno tipo Harlem para la gente, con orquesta cubana, El Salón México. Tres salones: uno para la gente vestida a tu manera, otro para los obreros en overol pero con zapatos, y otro para los descalzos

Y lo que más le llamaba la atención a Copland desde que llegó a aquel lugar era el letrero en español que decía: “Favor de no tirar colillas al piso, porque las damas se queman los pies”. Esto último dicen algunos era porque las medias se quemaban, y daban mal aspecto, no tanto porque la gente estuviera descalza sino por las zapatillas con apertura grande. 

Aaron Copland bien lo dijo: “Me sentí atraído por el espíritu del espacio, y por el pueblo mexicano. Usar melodías mexicanas me pareció apropiado. El propósito no era citar literalmente sino engrandecer sin falsificar la naturalidad y simplicidad de las melodías mexicanas”

“El Salón México”, compuesta entre 1932 a 1936, fue presentada por primera vez el 27 de agosto de 1937 por la Orquesta Sinfónica de México y bajo la dirección de Carlos Chávez en el Palacio de Bellas Artes. Y, para algunos, fue una pieza que, a pesar de haber sido compuesta por un estadounidense, logró retratar la identidad de algunas piezas originarias de nuestro país. 
¡Y todo gracias al enigmático Salón México! EP

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