El valor de los manglares

Conscientes del valor de los manglares, Marlenne Manzano de la Universidad Autónoma de Sinaloa y Lorenzo Rosenzweig de Terra Habitus A.C. analizan la importancia de estos ecosistemas en nuestro país.

Texto de and 19/07/22

Conscientes del valor de los manglares, Marlenne Manzano de la Universidad Autónoma de Sinaloa y Lorenzo Rosenzweig de Terra Habitus A.C. analizan la importancia de estos ecosistemas en nuestro país.

Recorrer el laberinto verde de un manglar al amanecer es una experiencia única que despierta nuestros sentidos. Si lo hacemos en Isla Magdalena, Baja California Sur o Isla Contoy, Quintana Roo, sorprende la abundancia de aves marinas. Si nuestra travesía es en La Encrucijada, Chiapas, miramos hacia arriba, asombrados por la altura del mangle rojo que, con más de 20 metros de altura, forma un dosel costero que juega con la luz que llega fragmentada al ámbar del agua, saturada de taninos. En la Ría Celestún, Yucatán, nos sorprenden magníficos ojos de agua dulce que invitan a refrescarnos en compañía de iguanas, garzas y cocodrilos. Sus misteriosos canales confirman sueños de piratas y exploradores, en un microcosmos verde que desborda vida. Para muchas aves marinas, como las garzas y las fragatas, son espacios de anidación y crianza, y para algunos mamíferos, como el coatimundi o tejón, el mapache enano de Cozumel y el jaguar, son refugio y territorio de caza. Los delfines ingresan temporalmente a zonas de manglar buscando alimento y descanso, o se quedan de manera indefinida, como es el caso único del delfín nariz de botella apodado “el Pechocho”, el cual ha preferido vivir entre los manglares del estero “El Bichi”, en Sinaloa por más de 25 años. Una historia similar la de “Daniel” el manatí caribeño que ha hecho del Centro de Atención y Rehabilitación de Mamíferos Acuáticos (CARMA), rodeado de manglares, un refugio que visita regularmente después de sus recorridos en libertad en la Bahía de Chetumal en Quintana Roo. 

Los manglares conforman ecosistemas muy reconocidos, en principio por la biodiversidad que albergan. En el mundo se han reportado más de 70 especies, mientras que en México se encuentran: Rhizophora mangle (mangle rojo), Laguncularia racemosa (mangle blanco), Avicennia germinans (mangle negro), la especie asociada Conocarpus erectus (mangle botoncillo), así como Avicennia bicolor (mangle bicolor o salado) y Rhizophora harrisonii (mangle caballero) las cuales tienen una distribución restringida en Oaxaca y Chiapas.

“Los manglares de México, con una superficie aproximada de 900 mil hectáreas representan el 6% de la cobertura mundial y posicionan a nuestro país en el cuarto lugar, siendo Indonesia, Australia y Brasil las naciones con mayor extensión de este ecosistema”.

Los manglares de México, con una superficie aproximada de 900 mil hectáreas representan el 6% de la cobertura mundial y posicionan a nuestro país en el cuarto lugar, siendo Indonesia, Australia y Brasil las naciones con mayor extensión de este ecosistema. En cuanto a su distribución en nuestras costas, están presentes en ambos litorales, con excepción del litoral Pacífico del estado de Baja California, parte de la costa norte de Tamaulipas y ciertas zonas costeras de Michoacán en las que la topografía no favorece su presencia.

Sin embargo, también son áreas que a nivel mundial se encuentran bajo diferentes procesos de transformación (de hecho, la tasa de pérdida anual en México es cercana al 2%), tanto los causados por eventos naturales (huracanes, heladas, lluvias extremas, sequías, plagas), como por actividades humanas tales como el desarrollo urbano, cambios en el uso de suelo para destinarlo a actividades turísticas, agrícolas, acuícolas, ganaderas, entre otras; transformaciones que alteran la circulación de agua, e impactan a las comunidades animales y vegetales que conforman estos ecosistemas.

En el pasado los manglares eran considerados sitios sin valor para la sociedad, incluso insalubres. Sin embargo, esta percepción ha ido cambiando en las comunidades, reconociendo la función y servicios que proveen, particularmente en aquellas que habitan a su alrededor.

“Es decir que la degradación o destrucción de 100 hectáreas de este ecosistema en Baja California Sur nos empobrece a todos los mexicanos pues reduce el valor de nuestro patrimonio natural en 62.5 millones de dólares”. 

Actualmente, se emplean metodologías para estimar el valor económico que representan los manglares y se ha calculado, por ejemplo, que una hectárea de manglar en el Golfo de California se le puede atribuir un flujo, por las pesquerías que genera, de aproximadamente 37,500 dólares/ha/año (Aburto-Oropeza y colaboradores, 2008). Si consideramos que este es un flujo anual expresado en una unidad monetaria, podríamos estimar que el valor del manglar como capital natural, con una tasa de descuento del 6%, es de 625 mil dólares por hectárea. Es decir que la degradación o destrucción de 100 hectáreas de este ecosistema en Baja California Sur nos empobrece a todos los mexicanos pues reduce el valor de nuestro patrimonio natural en 62.5 millones de dólares. Un ejercicio similar para el Golfo de México o el Mar Caribe arrojaría una cifra quizá mayor.

Cortesía: Ramiro Arcos-Aguilar
Cortesía: Ramiro Arcos-Aguilar

Los servicios ecosistémicos se refieren a los beneficios que los ecosistemas brindan a los humanos. Por ejemplo, bienes tangibles como los alimentos, e intangibles como el valor estético. Los servicios ecosistémicos de los manglares se agrupan como de provisión (recursos pesqueros, medicinales, provisión de madera y miel), regulación (almacenamiento de carbono, sedimentación y protección costera), culturales (beneficios asociados a la recreación, cultura, estética) y soporte (fotosíntesis, formación de suelos, y producción primaria).

A continuación un par de ejemplos.

En la categoría de provisión, los manglares juegan un papel clave para la pesca artesanal de subsistencia y la comercial en general. Varias especies realizan parte de su ciclo de vida en estos sitios, un ejemplo de ello son los camarones, ya que en su mayoría ingresan a las lagunas costeras en etapa temprana, encontrando refugio y alimento, hasta el momento en el que emigran a aguas abiertas. La pesquería de camarón en particular es una de las principales en México, donde muchas comunidades se benefician de este servicio de provisión. Lo mismo sucede con especies comerciales de escama como pargos, jureles y meros, que utilizan el resguardo de los manglares durante su juventud para posteriormente salir al mar. 

La producción de miel de manglar es otro servicio de provisión de estos ecosistemas costeros. La miel de manglar es un producto orgánico muy consumido en el país, al cual se le atribuyen diversos beneficios para la salud. Actualmente se realizan en México varios proyectos en manglares y áreas adyacentes para producir miel. Un ejemplo de ello es el proyecto Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible (PROCODES) de la Comisión de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), cuyo beneficiario es el Ejido Laureles, Nayarit, o el proyecto “Mieles Mesoamericanas” realizado por ECOSUR. Otro ejemplo es el de las mujeres emprendedoras de una comunidad pesquera y turística en Roatán, Honduras quienes se han organizado como la Asociación de Apicultores de Corozal y cuyas colmenas producen una miel de alta calidad bajo la marca “Island Honey” cuyas características particulares de sabor, color y aroma son el resultado de la gran variedad de flores, incluyendo las de manglar, que abundan en dicha isla caribeña. La historia de este proyecto es narrada a detalle en el libro “Mujeres del SAM” publicado por el Fondo SAM en el año 2020. 

Un tercer ejemplo de servicio de provisión se relaciona con el campo de la farmacéutica. En las lagunas costeras donde se encuentran los manglares, se encuentran también diferentes especies de macroalgas, algunas de las cuales han reportado actividades del tipo antimutagénico (que previene cambios en el ADN de las células), antioxidante (sustancias que previenen o retardan daños a las células) y antiproliferativo (que impide la reproducción celular, particularmente de células cancerosas), con un uso potencial para ser empleadas como fuentes de compuestos para la elaboración de nuevos medicamentos contra el cáncer (Osuna-Ortíz y colaboradores, 2016).

Cortesía: Carlos Navarro

Un servicio de regulación importante es la protección que los manglares brindan durante la ocurrencia de tormentas tropicales y huracanes, ya que cumplen una función de amortiguación para la zona costera ante el oleaje intenso, disminuyendo el riesgo de inundación. Contamos con la documentación de episodios severos de oleaje causados por huracanes en los cuales es notoria la diferencia en cuanto a impacto y daños de zonas adyacentes, unas con sistemas de manglar saludables y otras carentes de éstos. Lo mismo podría decirse de los procesos de sedimentación que ayudan a proteger de la erosión a nuestras costas.

Otro servicio de regulación de los manglares es su capacidad de almacenamiento o sumidero de carbono, es decir, esta vegetación contribuye en la captura y almacenamiento de CO2 de la atmósfera, uno de los principales gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. Diferentes investigaciones han concluido que esta capacidad de almacenamiento es hasta cuatro o cinco veces mayor en comparación con otros bosques tropicales.

Con referencia a los servicios intangibles, los manglares son laboratorios naturales para realizar investigación climática y ecológica, así como para llevar a cabo actividades recreativas de turismo de naturaleza, en particular aviturismo y kayakismo. Son también fuente de inspiración en materia de participación comunitaria. Destacan las “Chelemeras” un grupo de mujeres yucatecas que se han dado a la tarea de regenerar espacios de manglar restableciendo la circulación de aguas salobres de las que depende la vida en el manglar. Otra maravillosa muestra de empoderamiento ciudadano es el de las “Guardianas del Conchalito” en la bahía de La Paz, en Baja California Sur. Estas 14 mujeres han transformado un manglar urbano, degradado e inseguro, en un espacio de vida y una fuente de ingresos. Los manglares son parte de nuestra historia y cultura costera. Un ejemplo de ello es el surgimiento de personajes como el Güilo Mentiras, creado por el escritor Dámaso Murúa para narrar las aventuras —ciertas o inciertas a juicio del lector— de un pescador en los manglares y
marismas del sur de Sinaloa.

“En términos de afectación a nuestros manglares, el cambio de uso del suelo por desarrollos turísticos e inmobiliarios y obras de infraestructura portuaria e industrial son la principal fuente de deterioro de estos ecosistemas costeros”.

Los retos para la conservación de los manglares en México son numerosos. La posible pérdida de sus servicios ecosistémicos nos enfrenta a desafíos importantes que deben ser atendidos y priorizados. En términos de afectación a nuestros manglares, el cambio de uso del suelo por desarrollos turísticos e inmobiliarios y obras de infraestructura portuaria e industrial son la principal fuente de deterioro de estos ecosistemas costeros. Desde una perspectiva de contaminación, los manglares son muy vulnerables. Al encontrarse en la cuenca baja en la desembocadura de corredores riparios y zona de transición terrestre-marina, terminan siendo áreas de concentración de contaminantes. Un ejemplo de ello son los plásticos, los cuales eventualmente se van degradando en tamaño. Fragmentos menores a 5 mm son considerados como microplásticos. Éstos al ser consumidos por peces, moluscos y crustáceos que se encuentran en los manglares, pueden a su vez incidir en la salud humana, particularmente de las poblaciones costeras cuya alimentación está ligada a esos recursos pesqueros.

Los manglares son la piel de nuestras costas y como tantos otros ecosistemas mexicanos, son la herencia viva de nuestros ancestros y la promesa de un legado para las futuras generaciones. Sin ellos, el mosaico natural de un país tan asombrosamente biodiverso como el nuestro se debilita, fragmenta, y deja de ser un espacio de vida para innumerables especies, incluyendo a los humanos. Nuestras ciudades, y las prioridades de sus habitantes, están tan alejadas de estas complejas y magníficas redes de productividad costera que resulta difícil argumentar sobre la imperante necesidad de su cuidado. Son, sin embargo, como nuestros bosques, selvas, desiertos, pastizales y cuerpos de agua, una de las muchas piezas esenciales para mantener el sueño de una nación competitiva, resiliente y con futuro. EP


Nota: El 26 de julio se conmemora el “Día Internacional de la Defensa del Ecosistema Manglar”, siendo una fecha establecida por la Unesco para sensibilizar sobre la importancia del mismo, así como para promover acciones que sumen a su conservación.

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