Migraciones humanas y medio ambiente

A través de un recorrido histórico sobre el origen de nuestra especie, Lorenzo Rosenzweig analiza la relevancia que han tenido las migraciones para moldear el entorno que rodea a todos los seres humanos.

Texto de 27/04/22

A través de un recorrido histórico sobre el origen de nuestra especie, Lorenzo Rosenzweig analiza la relevancia que han tenido las migraciones para moldear el entorno que rodea a todos los seres humanos.

La migración es una herramienta de supervivencia. Es un factor evolutivo. Es para todos los seres vivos con movilidad, una manera de interactuar con el territorio y los ecosistemas que integran la trama de vida de nuestro planeta. Tres especies icónicas ilustran este comportamiento, funcional y adaptativo, del que hacen uso, al migrar cada año, para lograr una virtuosa relación con su entorno.

El primero es el de los grandes ungulados, como los bisontes en América. Ellos evolucionaron a la par de los ecosistemas de pastizales, de los que se alimentan, en un proceso simbiótico que beneficia a ambas partes. Las grandes manadas de bisontes, que hace apenas 200 años eran más de 60 millones de individuos, ocupaban su nicho ecológico en el norte del continente americano. Realizaban una migración anual del sur al norte y viceversa, aprovechando la fertilidad de los ecosistemas de pradera cubiertos con pastos perennes de un sistema radicular profundo. A su paso los consumían completamente, dejando intacta la raíz, eliminaban la materia seca, permitiendo el paso de la luz, aflojaban los suelos con sus pezuñas, haciéndolos más permeables, y los fertilizaban con el acto final de su ciclo metabólico y digestivo. De esta manera animales y plantas dependían el uno del otro y se desarrollaban en sincronía. Esto sucedía así hasta que colonizamos su territorio, los llevamos casi a su extinción, y cercamos con alambre de púas y muros fronterizos una ruta que funcionó por cientos de miles de años como un corredor simbiótico de vida. 

El segundo ejemplo de una increíble migración tiene como protagonista a un pequeño insecto de medio gramo de peso, la mariposa monarca. Cada año millones de ellas migran a finales de septiembre desde el este de Canadá, con rumbo sur hacia sus santuarios en los bosques templados de los estados de Michoacán y México. Después de pasar de noviembre a marzo en su hábitat de invierno en nuestro país, regresan al norte; cuando eso sucede son de tres a cuatro generaciones de mariposas que hacen el trayecto completo, se reproducen en el camino en aquellos lugares con suficiente abundancia de su planta hospedera, el algodoncillo. Sus habilidades de navegación y su capacidad metabólica para realizar tan extenuante viaje siguen siendo un misterio para la ciencia.

Un tercer ejemplo es el de la ballena gris. Un cetáceo que estuvo a punto de desaparecer al igual que otras especies de gigantes oceánicos, a causa de su caza indiscriminada entre 1740 y 1860, cuando existía un mercado de aceite de ballena, operado desde la isla de Nantucket y la costa este de Nueva Inglaterra, hoy día el estado de Massachusetts. 

La ballena gris, especie protegida en la actualidad, realiza una migración de hasta 18000 km, ida y vuelta, a lo largo del Pacífico oriental, desde las productivas aguas de Alaska y el Ártico hasta la costa del Pacífico de la península de Baja California. Esta migración la realiza en diciembre de cada año a las lagunas costeras de Guerrero Negro, San Ignacio y Bahía Magdalena, en donde tiene a sus crías, a las que alimenta y protege en estas aguas someras desde finales de diciembre hasta marzo-abril, cuando inicia su regreso al norte del continente.

“Los procesos migratorios han estado presentes en nuestro desarrollo e historia. Basta sondear nuestros orígenes”.

Para los humanos ancestrales y también para los contemporáneos, la migración y el nomadismo son una forma de responder a los estímulos negativos de un entorno hostil o agotador y buscar mejores oportunidades de supervivencia. Los procesos migratorios han estado presentes en nuestro desarrollo e historia. Basta sondear nuestros orígenes. 

La expansión de la raza humana para poblar el planeta inició hace aproximadamente 200 siglos en el oriente de África. De acuerdo con estudios de genética humana, en particular del ADN mitocondrial, realizados por el programa Genographics de National Geographic, nuestros ancestros africanos son la población original que hace más de 200,000 años empezó a dispersarse en África para, 140,000 años más tarde, hace aproximadamente 60,000 años, migrar fuera de dicho continente poblando Medio Oriente, Australia, Oceanía y Europa. Los primeros humanos llegaron a América hace 15,000 años y 3,000 años después, el desarrollo de la agricultura marcó el inicio del fin de los procesos migratorios que colonizaron el planeta.

Así, nuevos hallazgos y estudios genéticos seguirán acotando la narrativa de nuestro origen. 

Las migraciones humanas, en una geografía sin fronteras, son parte de nuestra historia y testimonio de ese espíritu de supervivencia que forjó tantas culturas. Hoy en día, en un mundo globalizado, conectado digitalmente, conformado por 7.9 billones de habitantes, las migraciones continúan pero ahora impulsadas por otros factores y enfrentando obstáculos políticos, religiosos, sociales y económicos que nuestros ancestros no podrían ni imaginar.

El turismo pudiera considerarse un fenómeno migratorio de corto plazo y voluntario, en ciclos breves de semanas y en ocasiones hasta meses. Sin embargo, merece la pena profundizar en las migraciones o desplazamientos propiciados por conflictos o desastres de diversa índole, o aquellos que resultan de la búsqueda de una mejor calidad de vida. 

De acuerdo con las estadísticas de la Comisión Global sobre Migración Internacional (Global Commission on International Migration), en el año 2020 había 280 millones de migrantes internacionales viviendo fuera de su país, un aumento significativo si lo comparamos con las cifras del año 1995 (161 millones) o el año 1970 (84 millones). Es 2020, también, el primer año en que las remesas globales (550,000 millones de dólares) superan a los programas de asistencia internacional y la inversión extranjera directa.

“México es el primer corredor migratorio del mundo con millones de personas de diferentes nacionalidades utilizándolo para llegar a Estados Unidos”.

México fue en 2020 el segundo país en originar más migrantes (11 millones), superado por la India con casi 18 millones. Coincidentemente para ese mismo año nuestro país ocupó el tercer lugar mundial en envío de remesas con 42,880 millones de dólares superado por China con 59,510 millones de dólares y la India con 83,150 millones de dólares. De igual manera, México es el primer corredor migratorio del mundo con millones de personas de diferentes nacionalidades utilizándolo para llegar a Estados Unidos. 

Contrastando esta cifra con la de los desplazamientos locales o migrantes internos, es decir aquellas personas obligadas a migrar dentro de su propio país, la cifra para el año 2020 es de 40.5 millones de migrantes internos nuevos, de los cuales 9.8 millones fueron desplazados por conflictos políticos, económicos, religiosos o étnicos en 42 países y 30.7 millones fueron reubicados, en 144 naciones, por desastres naturales, de los cuales el 93% fueron tormentas, tifones, huracanes e inundaciones. En ese año, tan sólo Filipinas tuvo más de 5 millones de migrantes internos movilizados por desastres naturales.

Las causales de migración o desplazamientos humanos pueden ser sociales (conflictos étnicos o religiosos), económicas (tenencia de la tierra, costo de vida, falta de oportunidades o despojo territorial), políticas (conflictos bélicos, invasiones militares, populismo), demográficas (sobrepoblación) y ambientales (degradación de suelos, abasto de agua, fenómenos climáticos extremos como sequías, tormentas o inundaciones). 

De manera inversa, los movimientos migratorios pueden tener un impacto negativo en territorios y ecosistemas que son afectados por la demanda inmediata de recursos naturales en sitios o regiones que no cuentan con la gobernanza y ordenamiento suficientes para asimilar de manera ordenada aumentos significativos de una población que demanda recursos.

Otra forma de entender la compleja interacción entre migración humana y su impacto en el entorno natural es a través de la figura expulsión-atracción (push-pull en inglés) en la que, por un lado, hay factores que generan condiciones negativas que aumentan la migración o expulsión y, por el otro lado, operan simultáneamente factores de atracción migratoria.

Los principales factores de expulsión reconocidos hoy día son: 

  • Escasez o falta de acceso a tierras y recursos naturales
  • Despojo de tierras (land grabbing)
  • Falta de oportunidades de empleo
  • Pobreza
  • Presión demográfica
  • Degradación ambiental, principalmente agua y suelos fértiles
  • Desastres naturales (exacerbados por el cambio climático)
  • Conflictos bélicos o étnicos
  • Ritos o usos y costumbres que obligan a migrar a los más jóvenes

Entre las fuerzas de atracción en el destino migratorio destacan:

  • Acceso a tierras y recursos naturales
  • Oportunidades de empleo
  • Nuevos mercados
  • Seguridad social, educación y transporte
  • Seguridad pública en un marco de estado de derecho
  • Lazos familiares y redes de apoyo

En una cultura o sociedad avanzada, la mayor parte de las fuerzas de atracción migratoria se construyen gradualmente, producto de un gobierno democrático, transparente, conciliador y visionario. Los factores de expulsión son en cambio, las más de las veces, procesos inesperados y rápidos que toman por sorpresa a los afectados. Destacan en esta categoría los desastres naturales, los conflictos bélicos y el despojo de tierras comunitarias, en contubernio con autoridades gubernamentales. 

“Durante las próximas décadas sin duda veremos mayor migración humana a causa de desastres naturales intensificados por los efectos del cambio climático”.

Durante las próximas décadas sin duda veremos mayor migración humana a causa de desastres naturales intensificados por los efectos del cambio climático. Tormentas tropicales, huracanes, tifones, precipitación pluvial extrema, inundaciones, sequías e incendios forestales desplazarán a millones de personas. El aumento del nivel del mar afectará también a muchas naciones insulares y aquellos países con ciudades costeras asentadas en territorios de poca o nula elevación. No es de sorprender que el índice de riesgo global, desarrollado por el IFHV (Institute for International Law of Peace and Armed Conflict), en colaboración con la alianza humanitaria Bündnis Entwicklung Hilft (BEH) y la Universidad de Ruhr Bochum, que estima este riesgo a partir de un modelo que combina la exposición de los países a factores de riesgo con su factor de vulnerabilidad, ubique a naciones insulares como Vanuatu, las Islas Salomón, Tonga, Dominica y Antigua y Barbuda en los primeros cinco lugares de riesgo. Un aumento en el nivel medio del mar afectará a estas naciones insulares generando desplazamientos humanos en un futuro. 

México ocupa el lugar 94 de entre 181 países en este análisis de riesgo humanitario. Entre los países con menor riesgo destacan Qatar, Malta, Arabia Saudita, Islandia y Finlandia. Esta misma alianza publicó en 2021 un reporte con énfasis en migración y desplazamiento forzado.

Un caso muy reciente de migración humana involuntaria, generada por un conflicto bélico, es la criminal invasión rusa a Ucrania. En estos últimos meses, dicho conflicto bélico ha resultado en aproximadamente 2,000 civiles muertos y 2,800 civiles heridos y ha generado alrededor de 11.5 millones de desplazados o migrantes involuntarios, 6.5 millones de ellos internos, es decir dentro del mismo país, y 5 millones que han sido recibidos por países vecinos, entre los que destacan Polonia (2.8 millones), Rumania (0.55 millones), Hungría (0.47 millones), Moldovia (0.42 millones) y Eslovaquia (0.34 millones). El costo estimado de reconstrucción asciende a 600,000 millones de euros, cifra que podría llegar muy pronto a 1,000,000 millones de euros. Tristemente esto pudiera empeorar aún más en los próximos meses.

Sebastiäo Salgado, el fotógrafo brasileño del dolor, la luz y el cambio, viajó por los cinco continentes, y a través de su cámara documentó las migraciones humanas, éxodos, en los que los niños sufren a la par de los adultos, la pena de olvidar su tierra y desconocer su destino, todo en un mismo trayecto. Con sus imágenes, nos recuerda que para tres cuartas partes de la población mundial, es decir para casi 6,000 millones de humanos, las cosas no van nada bien y el sufrimiento es una constante en sus vidas. Actualmente, en México y en el mundo, son cada vez más los refugiados en su propia casa, resultado de la violencia, las malas decisiones, públicas y privadas, y los desastres naturales. Hay, sin embargo, una luz de esperanza si los más privilegiados unimos nuestros destinos a los de estos refugiados y migrantes, a través de acciones solidarias y el reconocimiento de que todos, absolutamente todos, tenemos nuestros caminos entrelazados en la gran migración de esta familia que nació en el este de África. EP


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