La conservación del sistema de ríos subterráneos de la península de Yucatán

Lorenzo J. de Rosenzweig y Mónica Álvarez Malvido realizan una investigación sobre los sistemas anquihalinos en Yucatán y la importancia de su conservación en nuestro país.

Texto de y 21/12/21

Lorenzo J. de Rosenzweig y Mónica Álvarez Malvido realizan una investigación sobre los sistemas anquihalinos en Yucatán y la importancia de su conservación en nuestro país.

Los ecosistemas anquihalinos son ríos subterráneos o laberintos de cuevas sumergidas con características fisicoquímicas y geológicas muy particulares que los convierten en espacios de transición entre el mar y los sistemas de agua dulce. Representan una de las reservas de agua más importantes del país, por lo que su conservación debe considerarse un tema de seguridad nacional.

La apneísta mexicana Camila Jaber hizo un llamado a atender el reto que implica la conservación de estos ecosistemas en el marco de la crisis climática a través de su video Yo soy Cenote, que en noviembre pasado ganó el premio #CreateCOP26, una iniciativa dirigida a los jóvenes para concienciar sobre el valor del medio ambiente y tomar acción climática. “Yo soy Cenote. Estoy contaminado. Aguas residuales se filtran por el suelo hasta llegar a mí; fertilizantes y químicos son mi mayor amenaza. Necesito tu ayuda, tanto como tú necesitas la mía”, se escucha la voz de Camila mientras las imágenes muestran la vulnerabilidad del acuífero de la península de Yucatán. Considerado como el Himalaya de los ríos subterráneos de la Tierra, el sistema de cuevas subterráneas y cenotes más extenso y complejo del mundo es prácticamente desconocido y se encuentra desprotegido y vulnerable ante el desarrollo no planificado. 

“Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) no ha reconocido oficialmente la trama de cavernas y ríos subterráneos que conforman esta maravilla natural ni que son la única fuente de agua dulce en la península de Yucatán, un recurso natural valioso y cada vez más escaso”.

A la fecha se han explorado aproximadamente 407 sistemas fluviales o ríos subterráneos y casi mil cenotes en la zona, que, en su conjunto, comprenden más de 1,650 kilómetros de túneles y galerías inundadas (QRSS, 2021). Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) no ha reconocido oficialmente la trama de cavernas y ríos subterráneos que conforman esta maravilla natural ni que son la única fuente de agua dulce en la península de Yucatán, un recurso natural valioso y cada vez más escaso. Se estima que se ha explorado y documentado apenas 20% de los sistemas fluviales subterráneos en la región. 

La parte más sobresaliente de este megasistema fluvial subterráneo se localiza en la Riviera Maya, en el estado de Quintana Roo, concretamente entre Xel Ha y Tulum, y está integrada por múltiples subsistemas, entre los que destacan tres: Sac Actun, de 369 kilómetros, Ox Bel Ha, de 318 kilómetros, y K’oox Baal, de 102 kilómetros (QRSS, 2021). La tríada alberga más de 37 especies adaptadas a vivir en la oscuridad, de las cuales por lo menos ocho son endémicas de la zona: peces ciegos, remípedos y crustáceos que se han adaptado a la escasa luz y la elevada salinidad del ecosistema donde habitan. El sistema de ríos subterráneos descrito representa un rico patrimonio natural y cultural, con vestigios de presencia humana de la era glaciar (de más de 12,000 años de antigüedad), así como de las épocas clásica y posclásica de la civilización maya. 

Sistemas anquihalianos: ríos subterráneos y cenotes

Los sistemas anquihalinos son cuerpos de agua aislados del mar, excepto por una conexión subterránea. La zona donde se encuentran es una planicie de roca caliza, sometida a procesos de disolución, denominada karst, que ha dado lugar a la formación de cenotes durante los últimos cien mil años (Torres-Talamante, 2009). Estos sistemas, complejos y dinámicos, son el rasgo más distintivo de la topografía de la península de Yucatán y sobresalen a nivel mundial por su enorme extensión y su riqueza biológica, paleontológica y arqueológica. 

Los cenotes (del maya ts’ono’ot o d’zonot, que significa “caverna con depósito de agua”) son espacios subterráneos con agua y comunicación al exterior (Beddows et al., 2007). Los ríos subterráneos o zonas subterráneas inundadas están compuestos por una lente de agua dulce que flota sobre una capa de agua marina (salada). En el caso de la península de Yucatán, el agua dulce que fluye por los ríos subterráneos y descarga en el Sistema Arrecifal Mesoamericano (SAM) es producto de la acumulación milenaria de agua de lluvia. Su recarga es pluvial y constituye la única reserva de agua dulce de la región.

Existen varias clases de cenotes (abiertos, semiabiertos, subterráneos), dependiendo de la edad y de los procesos de disolución, colapso y depósito de la caliza. La geomorfología de los cenotes influye tanto en la vida natural que hospedan como en el movimiento del agua y la cantidad de material disuelto en el sistema. El tamaño de la apertura del cenote y su exposición al sol influyen en la acumulación de materia orgánica o en el nivel de escurrimiento de agua que reciben en las épocas de lluvia (Beddows et al., 2007). 

La amplia diversidad de especies de los sistemas anquihalinos se debe a que muchos cenotes, cuevas y ríos subterráneos se encuentran aislados entre sí. En estos ecosistemas, los seres vivos se han adaptado a la ausencia de luz solar. Los peces ciegos y los remípedos, por ejemplo, habitan en un ambiente oscuro. Hay estudios que sugieren la presencia de bacterias que realizan quimiosíntesis, en vez de fotosíntesis, es decir, se alimentan de compuestos inorgánicos generados por la disolución de las rocas (Alonso, 2014).

Perturbaciones al ecosistema y amenazas a la calidad de vida de los pobladores de la zona

Los acuíferos kársticos, como los de la península de Yucatán, proveen 25% del agua potable del planeta (Metcalfe et al., 2011). Sin embargo, son altamente susceptibles a la contaminación por su composición geológica, ya que son muy porosos y permiten el paso de contaminantes desde la superficie: materia orgánica, compuestos orgánicos persistentes, residuos sólidos, pesticidas, herbicidas y metales pesados. También son vulnerables a la salinización. Dada la fragilidad de los ecosistemas anquihalinos, su capacidad de resiliencia es muy limitada, en especial ante las múltiples presiones humanas derivadas del rápido y deficientemente planeado crecimiento poblacional y turístico. 

El caso de Quintana Roo experimenta presiones específicas que se destacan a continuación:

Tren Maya 

La construcción del Tren Maya generará impactos negativos sobre los ríos subterráneos por el desprendimiento de roca calcárea que provocará obstrucción de corrientes (Remolina, 2019). Incluso la región tiene riesgos de colapso por tratarse de un suelo no homogéneo cuyas condiciones varían en pocos metros de distancia, de acuerdo con un diagnóstico de riesgos de desastres que elaboró el Instituto Politécnico Nacional en 2015, en el que se ubicaron al menos 14 puntos de riesgo por erosión kárstica en la zona de Playa del Carmen (Vázquez, 2020). Por otro lado, las actividades turísticas emergentes y los nuevos centros urbanos derivados del Tren Maya traerán consigo un aumento significativo de población y, por tanto, más residuos y contaminación, que se filtrarán en el acuífero debido a su alta permeabilidad (CEMDA, 2020). Sufrirán afectaciones los cenotes, el acuífero y, en consecuencia, la salud humana.

Impactos indirectos de los desarrollos turísticos de gran escala 

Los desarrollos turísticos de gran escala, sin una visión de largo plazo y sin una adecuada planeación territorial, causan impactos directos e indirectos. Los activos naturales que degradamos son los mismos que en un principio incentivaron el desarrollo turístico de la región. 

“En la actualidad existen herramientas de análisis y prospección para evaluar la capacidad de carga de los ecosistemas destinados a soportar un desarrollo planificado”.

Los impactos de los desarrollos turísticos de gran escala en la Riviera Maya, afincados en ecosistemas complejos, frágiles y vulnerables, deben ser evaluados a detalle e incorporar sus externalidades en la rentabilidad del modelo turístico; soslayarlas vulnerará su potencial económico y su viabilidad a largo plazo. En la actualidad existen herramientas de análisis y prospección para evaluar la capacidad de carga de los ecosistemas destinados a soportar un desarrollo planificado. Aunque los desarrollos turísticos de gran escala generan oportunidades inmediatas de empleo, también incentivan la migración hacia la región, con su respectivo efecto multiplicador de la población, que a su vez aumenta la demanda de servicios básicos que deben ser costeados por el Estado y, proporcionalmente, la cantidad de residuos sólidos y contaminantes.

Actividad minera 

La actividad minera realizada por debajo del nivel freático provoca la fuga del acuífero y, consecuentemente, el desperdicio de copiosos volúmenes de agua dulce y la alteración del equilibrio ecológico de la zona. Persiste la explotación de yacimientos de materiales pétreos de tipo calcáreo para producir piedra caliza triturada. Algunos de los procedimientos de extracción suponen explosiones que fracturan las cámaras de las cavernas. La vertiente industrial del sector afecta la integridad del sistema de cenotes y ríos subterráneos.

En la Riviera Maya es común la práctica ilegal de modificación de las paredes kársticas de los cenotes, con explosivos y maquinaria pesada, por motivos “estéticos”, para intensificar el aprovechamiento turístico, lo cual puede colapsar las estructuras. La apertura de canales artificiales resulta en la salinización del agua dulce (recurso más valioso de la zona) y el remplazo de cubierta forestal por urbana, lo que propicia emisiones de gases de efecto invernadero y aumento en la escorrentía, que transporta los contaminantes de la superficie hacia el mar, por falta de capacidad de infiltración pluvial.

Manejo inadecuado de residuos 

Las plantas de tratamiento de aguas residuales de los desarrollos hoteleros utilizan pozos de inyección para bombearlas por debajo del acuífero, a cien metros de profundidad, hasta la masa de agua de mar. Las aguas negras inyectadas, compuestas por agua dulce y materia orgánica, son menos densas que el agua de mar, por lo que suben hasta la base del agua dulce. Además de la contaminación que se genera, el agua dulce que se extrae del subsuelo se repone naturalmente con agua de mar, fenómeno que saliniza el acuífero e incide en la disminución de la reserva de agua dulce más importante de la región. Esta práctica ya ha resultado en contaminación severa de acuíferos similares, como ocurrió en el estado de Florida, en Estados Unidos (Metcalfe et al., 2011).

Según información del Gobierno de Quintana Roo (2017), únicamente 30% de las aguas residuales de la entidad son tratadas, mientras que 70% se vierten sobre cenotes, lagunas, ríos subterráneos o incluso el mar. Es decir, la mayoría de los desechos se depositan en fosas sépticas y en letrinas de pozo que se filtran y contaminan el acuífero directamente, lo cual impacta a los ecosistemas marinos, incluidos los arrecifes de coral. Asimismo, ante la ausencia de rellenos sanitarios funcionales, gran parte de los residuos sólidos (basura) terminan en tiraderos a cielo abierto, que a su vez contaminan el acuífero por lixiviación. La tendencia se ha agravado recientemente por las medidas sanitarias para enfrentar la pandemia por COVID-19, ya que han proliferado los contaminantes: mascarillas, guantes, cloro y otros productos químicos. 

Adicionalmente, el uso indiscriminado de agroquímicos altamente tóxicos, en especial el herbicida glifosato, produce impactos en el acuífero y la salud pública. Los suelos kársticos son de vulnerabilidad extrema por su facilidad de filtración. Existen evidencias de contaminación del acuífero de la península de Yucatán por plaguicidas y su bioacumulación en la sangre de pobladores de la región agrícola (Polanco et al., 2019). 

La suma de factores ha causado que el agua potable de la zona se encuentre en el límite permisible de los estándares para consumo humano. 

Impactos al segundo arrecife de coral más grande del mundo

Los sistemas anquihalinos de la península de Yucatán se encuentran estrechamente conectados al segundo sistema arrecifal más extenso del mundo: el SAM (Sistema Arrecifal Mesoamericano), compartido por México, Guatemala, Belice y Honduras. Cualquier daño a la salud de los sistemas anquihalinos que desembocan en el SAM pone en riesgo el alcance económico, social y turístico de la región, en la que al menos dos millones de personas dependen de los recursos costeros y marinos, en términos de seguridad alimentaria, ingreso económico y empleo por turismo (Healthy Reefs Initiative, 2018). 

“Para México, las implicaciones del deterioro del arrecife mesoamericano, corazón de la economía del estado con mayor turismo del país, serían severas”.

Aproximadamente cuatrocientas cuencas hidrográficas desembocan por escorrentía superficial y ríos subterráneos en el SAM (Paris y Chérubin, 2008). En el caso de Quintana Roo, la contaminación del acuífero deteriora directamente la salud del arrecife y la zona costera. Se estima que el SAM ha perdido casi 50% de cobertura de coral en los últimos 20 años debido al impacto de la eutrofización de las aguas costeras (Metcalfe et al., 2011) y al exceso de aguas residuales vertidas en el mar. Cuando el agua contaminada del acuífero descarga en el arrecife por escorrentía subterránea, aumenta la concentración de materia orgánica y acelera el crecimiento de algas que compiten con las formaciones de coral, lo cual afecta su resiliencia. Para México, las implicaciones del deterioro del arrecife mesoamericano, corazón de la economía del estado con mayor turismo del país, serían severas. 

Oportunidades de conservación de los ríos subterráneos

Identificamos cuatro oportunidades para fortalecer la integridad de los ecosistemas anquihalinos o ríos subterráneos y el SAM, y así comenzar su recuperación y regeneración. 

1. Elevar el perfil del problema en la agenda política nacional y regional 

Para posicionar el tema en la agenda política nacional —y proteger y gestionar adecuadamente los ecosistemas anquihalinos—, es menester que el Inegi los reconozca oficialmente y que las autoridades lo asuman como un asunto de seguridad nacional, en tanto involucra la reserva de agua dulce más importante de la región y la integridad del SAM, base de la economía turística y una barrera natural para la protección ante huracanes. En este sentido, es prioritario impulsar el proceso de elaboración de la regulación estatal de los ecosistemas anquihalinos en el estado de Quintana Roo. 

A nivel regional, es necesario que las autoridades municipales, estatales y federales, los desarrolladores y los hoteleros, las industrias, los dueños de la tierra y la sociedad civil creen conciencia sobre las externalidades de los procesos de construcción de infraestructura y el riesgo de perder los servicios ecosistémicos que los sistemas anquihalinos y el SAM ofrecen a más de dos millones de personas. 

2. Reconocer a los sistemas anquihalinos del Caribe mexicano a nivel internacional

Para preservar este sistema fluvial subterráneo es indispensable que se le otorgue el reconocimiento internacional en función de su valor como capital natural, cultural y geológico. Por sus características, existen al menos dos tipos de distintivos internacionales que los sistemas anquihalinos de Quintana Roo podrían recibir: Patrimonio Mundial y Geoparque Mundial. Si bien los reconocimientos internacionales no garantizan recursos económicos, ambos serían una excelente herramienta para incentivar la debida conservación de este valioso patrimonio, elevar su perfil y compartirlo tanto con la población mexicana como los visitantes internacionales. Las organizaciones de la sociedad civil desempeñan un papel destacado para ayudar al gobierno a cumplir con las exigencias de las distinciones y las responsabilidades internacionales que implican.

3. Incrementar y diversificar los instrumentos de conservación de los ecosistemas anquihalinos a nivel nacional

Un adecuado ordenamiento territorial de la región norte del estado de Quintana Roo es clave para proteger los ecosistemas anquihalinos. Es urgente incrementar la diversidad de instrumentos de conservación de la región, como los que se anotan a continuación. 

3.1 Áreas Naturales Protegidas 

Existen diversas áreas naturales protegidas decretadas por el gobierno a nivel federal, estatal y municipal, con diversas categorías de protección según su objetivo de conservación. Se encuentran en la región, por ejemplo, parques nacionales como Arrecifes de Puerto Morelos y Arrecifes de Cozumel, que cuentan con el grado más alto de restricción de actividades. Pero también en la entidad predominan las reservas de la biosfera, como Banco Chinchorro, Sian Ka’an y Caribe Mexicano, esta última, declarada en 2016, abarca 5,725,465.86 hectáreas de superficie marina (50% del SAM). 

Sin embargo, el incremento de superficie de las áreas protegidas administradas por diferentes niveles de gobierno no corresponde con el presupuesto asignado, por lo que la porción terrestre de la península donde se encuentra el sistema de ríos subterráneos aún está lejos de ser protegida. Los motivos principales son: recortes presupuestales a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), capacidades limitadas del personal en territorio, como guardaparques para hacer frente a los múltiples retos. Un estudio reciente de BIOFIN México (2018) estima que la brecha financiera de las áreas naturales protegidas es de 1,128 millones de pesos anuales. Por ello, es fundamental buscar instrumentos de conservación adicionales.

3.2 Áreas dedicadas voluntariamente a la conservación (ADVC) 

Las ADVC ofrecen la posibilidad a comunidades y ejidos, así como a propietarios privados, de decretar su propiedad como área natural protegida de forma voluntaria; y permiten que esos espacios sean reconocidos por las instituciones gubernamentales y la sociedad (Anta, 2007), por lo que resultan esenciales para ampliar la superficie protegida del país. Quintana Roo cuenta actualmente con al menos nueve ADVC reconocidas ante la Comisión Nacional de Áreas Protegidas (Conanp, 2021). Es un instrumento con futuro, pues, además, no establece un número mínimo de hectáreas para decretar.

3.3 Pago de servicios ambientales por desempeño hidrológico 

Un estudio riguroso de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, de 2009, identificó que casi una tercera parte de la superficie de Quintana Roo donde se llevan a cabo procesos de recarga-infiltración de agua posee alto o muy alto potencial, lo cual significa que una muy extensa región debe ser protegida por su papel de abastecedora de agua para diversos usos. En paralelo, se encontró que hay núcleos agrarios que cumplen satisfactoriamente con los requisitos para participar en un programa de pago de servicios ambientales por desempeño hidrológico, que generaría un beneficio social y de protección al recurso hídrico (Hesselbach et al., 2009). 

3.4 Otras iniciativas relacionadas con ciencia ciudadana

Proyectos como “Cenotes urbanos de Playa del Carmen”, coordinado por el Planetario Sayab y el Círculo Espeleológico del Mayab, se han impuesto la tarea de registrar estos sitios, en conjunto con la sociedad, es decir, con la participación de voluntarios de todas las edades, para posibilitar su rescate, rehabilitación, dignificación y conservación. Es un ejemplo claro de la posible incidencia de la sociedad civil organizada y empoderada en la conservación de sus recursos naturales.

4. Dimensionar el aporte socioeconómico que ofrecen los sistemas anquihalinos y su estrecha relación con la salud del SAM 

El proceso de creación de órganos auxiliares del Consejo de Cuenca Península de Yucatán, de la Comisión Nacional del Agua en el estado de Quintana Roo, se inició hace más de una década. Los llamados “comités de cuenca” de los municipios de Tulum, Bacalar y Solidaridad están integrados por autoridades federales, estatales y municipales, académicos y representantes de la sociedad civil que promueven el uso eficiente y sustentable del agua en todas las fases del ciclo hidrológico. 

Una tarea prioritaria de los comités de cuenca para gestionar la efectiva protección y el aprovechamiento de los sistemas anquihalinos, con una visión de largo plazo, es dimensionar su aporte socioeconómico y modelar el ciclo hidrológico como elemento clave para planificar el desarrollo a escala regional, a partir del reconocimiento de la estrecha relación de los ecosistemas anquihalinos con la salud económica y social del SAM. 

El vínculo de la salud del arrecife con la economía de la región exige un desarrollo costero responsable y planificado, en el que la calidad del agua de las cuencas y los acuíferos no sea comprometida por las actividades humanas; y en el que las aguas residuales sean debidamente tratadas para permitir al arrecife incrementar su nivel de resiliencia ante amenazas como el cambio climático, la acidificación del mar y los cada vez más intensos huracanes. EP


Referencias

Alonso García, J. A. (2014). “La cueva más grande del mundo y los sistemas anquihalinos de Yucatán”. El Faro, (155). http://elfaro.cic.unam.mx/wp-content/uploads/2018/03/elfaro_155.pdf 

Anta F., S. (2007). Áreas naturales de conservación voluntaria. https://www.ccmss.org.mx/wp-content/uploads/2014/10/areas_naturales_de_conservacin_voluntaria.pdf 

Beddows, P., Blanchon, P., Escobar, E. y Torres-Talamante, O. (2007). “Los cenotes de la península de Yucatán”. Arqueología Mexicana, (83). 

BIOFIN México (2018). Evaluación de necesidades de financiamiento para la biodiversidad en México 2017-2020. https://chm.cbd.int/api/v2013/documents/883E26AF-836E-ED52-F055-1542AB1BA2F7/attachments/FNA%20Evaluación%20de%20Necesidades%20Financieras.pdf 

Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) (8 de junio de 2020). Postura del Centro Mexicano de Derecho Ambiental respecto al proyecto Tren Maya. https://www.cemda.org.mx/postura-del-centro-mexicano-de-derecho-ambiental-respecto-al-proyecto-tren-maya/

Conanp (2021). Áreas destinadas voluntariamente a la conservación. http://sig.conanp.gob.mx/website/interactivo/advc/  

Gobierno de Quintana Roo (25 de enero de 2017). Plan Estatal de Desarrollo 2016-2022. https://qroo.gob.mx/eje-5-crecimiento-ordenado-con-sustentabilidad-ambiental/servicios-publicos-de-calidad  

Healthy Reefs Initiative (2018). Mesoamerican Reef Report Card. An Evaluation of Ecosystem Health. https://www.healthyreefs.org/cms/wp-content/uploads/2012/12/2018-MAR-Report-Card-Web.pdf 

Hesselbach, H., Galindo, L. M., Caballero, K., De la Maza, R., Sánchez, L. F. y Guevara, Y. (2009). Estrategia de pago de servicios ambientales por desempeño hidrológico en Quintana Roo. Conanp. https://www.biodiversidad.gob.mx/publicaciones/versiones_digitales/A1ServAmb.pdf 

Metcalfe, C. D., Beddows, P. A., Gold Bouchot, G., Metcalfe, T. L., Li, H. y Van Lavieren, H. (2011). “Contaminants in the coastal karst aquifer system along the Caribbean coast of the Yucatan Peninsula, Mexico”. Environmental Pollution. 159 (4). http://dx.doi.org/10.1016/j.envpol.2010.11.031

Paris C. B. y Chérubin, L. M. (2008). “River-reef connectivity in the Meso-American Region”. Coral Reefs, 27. http://doi.org/10.1007/s00338-008-0396-1  

Polanco Rodríguez, A. G., Magaña Castro, T. V., Cetz Luit, J. y Quintal López, R. (2019). “Uso de agroquímicos cancerígenos en la región agrícola de Yucatán, México”. Centro Agrícola, 46(2). http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0253-57852019000200072 

Quintana Roo Speleological Survey (QRSS) (2021). https://caves.org/project/qrss/qrss.htm 

Remolina Suárez, P. (2019). Impactos del Tren Maya. https://ceiba.org.mx/impacto-ambiental-y-noambiental-tren-maya/  

Torres-Talamante, O. (2009). “Ecosistemas anquihalinos”, Newsweek en Español.

Vázquez, J. (24 de junio de 2020). “Especialistas ven riesgo de colapso en la ruta del Tren Maya”. El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/estados/Especialistas-ven-riesgo-de-colapso-en-la-ruta-del-Tren-Maya-20200624-0133.html

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