2020: Triste año en México para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente

Vivimos en un país excepcionalmente privilegiado en términos biológicos, pero aplicamos políticas públicas ambientales destructivas que tienen graves repercusiones en la salud de los mexicanos y en el medio ambiente.

Texto de 05/06/20

Vivimos en un país excepcionalmente privilegiado en términos biológicos, pero aplicamos políticas públicas ambientales destructivas que tienen graves repercusiones en la salud de los mexicanos y en el medio ambiente.

Hace un año, en una columna invitada del periódico El Informador de Guadalajara1 , manifesté que si bien el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 presentaba una visión muy esperanzadora sobre el medio ambiente, “la esperanza era necesaria pero no suficiente”. Ese plan planteaba: “En 2021 […] se habrá garantizado la preservación integral de la flora y de la fauna, se habrá reforestado buena parte del territorio nacional y ríos, arroyos y lagunas estarán recuperados y saneados; el tratamiento de aguas negras y el manejo adecuado de los desechos serán prácticas generalizadas en el territorio nacional y se habrá expandido en la sociedad la conciencia ambiental y la convicción del cuidado del entorno”. Pero enlisté nueve omisiones del plan que en su conjunto mostraban la ausencia de “propuestas concretas, factibles y realistas… [y de] una comprensión del funcionamiento de los ecosistemas de los cuales depende la sociedad mexicana para prosperar […]”. Concluí alertando de que esto “[…] se traducirá en omisiones en la asignación de presupuesto, de personal y de compromiso, lo que lamentablemente ocasionará lo opuesto de lo que manifiesta es su propósito: evitar ‘dejar un territorio en ruinas para las futuras generaciones’”. Lamentablemente, a sólo trece meses de aquel análisis, hoy se cumplen estos tristes vaticinios. Empecemos poniendo la situación ambiental en contexto. 

Los humanos que vivimos en este 2020 hemos causado y presenciado algunos de los cambios más drásticos que ha sufrido la vida en el planeta Tierra: hemos iniciado el sexto episodio de extinción masiva de especies como no había ocurrido desde que el gran asteroide Chicxulub cayó en la Península de Yucatán causando la extinción de los dinosaurios. Hemos transformado aproximadamente el 80% de la superficie terrestre, destruyendo ecosistemas o transformándolos por otros que no existían. Con la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) y el uso excesivo de fertilizantes artificiales y de agua, hemos cambiado la composición química y acidificado o salinizado la atmósfera, los océanos, los lagos y los suelos, generando mares muertos sin oxígeno en la desembocadura de los grandes ríos, así como un aumento en la temperatura del planeta. Esto último, a su vez, está derritiendo las capas polares y los glaciares montanos, elevando el nivel del mar, modificando las corrientes oceánicas, perturbando el clima y reduciendo la lluvia en grandes regiones continentales. Esto ha trastornando la distribución de miles de especies e inducido lastimosas migraciones forzadas de las personas llamadas “refugiados ambientales”.

La evidencia de estos cambios en los procesos ecológicos globales se ejemplifica objetivamente con el surgimiento, a partir de la década de 1950, de un estrato geológico donde domina, con aproximadamente 1kg por metro cuadrado, una nueva piedra de origen reciente: el concreto. Esta somera capa terrestre también incluye grandes cantidades de metales puros como el aluminio y elementos radiactivos como cesio y plutonio generado por las pruebas de bombas atómicas de las grandes potencias. También futuros geólogos y paleontólogos encontrarán como marcador estratigráfico los huesos fosilizados de una especie que hemos convertido en el vertebrado más abundante sobre la faz de la tierra, el pollo. Estos marcadores estratigráficos demuestran que ya ha ocurrido algo que para algunos parece imposible: los humanos han creado una nueva época geológica, el Antropoceno, la época del humano2 .  

Este deterioro ambiental causa grandes daños a la salud, a la economía y al desarrollo de nuestras sociedades. Unas nueve millones de personas, el equivalente a toda la población de Jalisco y Colima, fallecen cada año en el mundo por padecimientos asociados a la contaminación. Esto es más de tres veces las muertes causadas por el SIDA, la tuberculosis y la malaria juntas, y quince veces más que las muertes causadas por las guerras y otras formas de violencia. Esta contaminación ocasiona pérdidas del 20% del PIB de los países de ingresos bajos y medios, y una pérdida de bienestar por $4.6 trillones de dólares por año (6.2% de la producción económica mundial).  El cambio climático ocasiona muertes adicionales por el aumento de eventos climáticos extremos como huracanes, sequías e inundaciones, y el aumento de enfermedades infecciosas. 

Los que vivimos estas transformaciones, ahora también enfrentamos la primera gran pandemia global del Siglo XXI. Y no será la última, porque entre los grandes cambios planetarios del Antropoceno se encuentra uno al cual nuestra sociedad globalizada no le había prestado la atención debida: el surgimiento de nuevas enfermedades infecciosas emergentes. Estas enfermedades han estado aumentando significativamente como resultado de nuestro crecimiento demográfico, patrones de desarrollo socio-económico, productivo y de consumo, destrucción de ecosistemas naturales y cambio climático. Para decirlo de otra forma: nosotros mismos estamos causando las enfermedades que más nos amenazan actualmente.

Los humanos que vivimos en este 2020 hemos causado y presenciado algunos de los cambios más drásticos que ha sufrido la vida en el planeta Tierra.

¿Por qué hay tristeza entre los científicos de la ecología y los conservacionistas de México en este 2020? Porque vivimos en un país excepcionalmente privilegiado en términos biológicos, pero aplicamos políticas públicas ambientales destructivas que tienen graves repercusiones en la salud de los mexicanos y de su ambiente natural. 

México es considerado el quinto país con mayor diversidad biológica en el planeta y el tercero en diversidad biocultural. Además de esta alta diversidad de especies, sus comunidades bióticas se distinguen por el alto número de especies endémicas, es decir que sólo se encuentran en México y en ningún otro país del mundo; por la mezcla de especies que evolucionaron de forma separada en el Norte (región Neártica) y en el Sur (región Neotropical) que se mezclaron hace unos 5 millones de años cuando México y Centro América fungieron como puente de dispersión entre los continentes; y por el alto número de especies que surgieron de la actividad agrícola prehispánicas y son el regalo de México al mundo (maíz, frijol, jitomate, aguacate, cacao/chocolate y la orquídea de la vainilla, entre muchos otros). Sin embargo, nuestro país también padece graves deterioros ambientales, plenamente cuantificados de deforestación, erosión de suelos, desecación de ríos y humedales, destrucción de zonas costeras y desertificación, y extinción de especies, entre muchos otros. Además, relacionado con la reciente pandemia, los análisis geoespaciales globales de riesgos de enfermedades infecciosas emergentes colocan a México entre los países con mayor riesgo para que surjan nuevas enfermedades en el hemisferio occidental.  

México es considerado entre los seis países del mundo más peligrosos para las personas defensoras del medio ambiente y su territorio por el alto número de asesinatos

Pero también hay otro tipo de riesgo asociado al medio ambiente. México es considerado entre los seis países del mundo más peligrosos para las personas defensoras del medio ambiente y su territorio por el alto número de asesinatos. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental reporta que, durante los años 2015 y 2016, ciudadanos que se oponían a obras hidráulicas, hidroeléctricas, mineras e inmobiliarias sufrieron homicidios, agresión física, privación de la libertad, desalojo forzoso, allanamiento y robo. La magnitud del problema se hace evidente cuando sólo en 69% de las agresiones se logró identificar al agresor, y sólo en 62% de esos casos el agresor resultó vinculado al propio gobierno cuya responsabilidad era defender al medio ambiente y a los ciudadanos. En 56% de los casos la autoridad responsable de las violaciones fue estatal, mientras que en el restante 44% los agresores provinieron de la autoridad federal y municipal.

Ante esta realidad, la tristeza la ocasiona el marcado debilitamiento de la política socio-ambiental mexicana, ejemplificada por3:   

  1. La alarmante reducción del presupuesto ambiental, algo que venía ocurriendo desde la anterior administración del PRI y se ha acelerado (antes del COVID-19) con la administración actual de MORENA. En relación a biodiversidad son alarmantes los recortes a la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), y en especial a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y la Comisión de Áreas Naturales Protegidas (CONANP). Esta última ha sufrido un recorte del 75% de su gasto de operación, lo cual imposibilita al gobierno a cumplir su función de proteger la naturaleza, controlar la contaminación y operar los proyectos de desarrollo rural sustentable que impulsaban estas instituciones. Se está incumpliendo la Estrategia Nacional para la Conservación de la Biodiversidad. 
  1. La negativa del Gobierno federal para actualizar la Estrategia y el Reglamento de Cambio Climático de México, y el retiro de apoyo, estímulos y presupuesto para lograr la transición a la producción de energías renovables (solar, eólica, y otras), y el negativo impulso a un uso mayor de combustibles fósiles (como el combustóleo para termoeléctricas, que tienen un alto contenido de azufre contaminante) y el impulso del fracking (técnica de extracción petróleo y gas natural usando agua a alta presión), que el presidente prometió no promover en su sexenio. Esto aumentará la producción de gases efecto invernadero y no permitirá que México cumpla su propio Plan Nacional de Cambio Climático, mismo que no ha actualizado, y con sus compromisos nacionales e internacionales para evitar un aumento de la temperatura global. 
  1. La patente falta de una visión de largo plazo para cumplir con las necesidades de las generaciones presentes y futuras al implementar proyectos que la actual administración considera como estratégicos. Casos emblemáticos son el Tren Maya y las Refinerías de Petróleo, y el retiro del apoyo a la protección de bosques y ecosistemas que proveen a México de servicios ambientales.

Los análisis geoespaciales globales de riesgos de enfermedades infecciosas emergentes colocan a México entre los países con mayor riesgo para que surjan nuevas enfermedades en el hemisferio occidental.  

Estas medidas del gobierno federal incumplen con el Plan Nacional de Desarrollo que promulgó y, además, viola derechos humanos de segunda y tercera generación como Derecho al agua y al saneamiento, Derecho al medio ambiente, Derecho a la solución de los problemas alimenticios, demográficos, educativos y ecológicos, Derecho al patrimonio común de la humanidad y Derechos a los avances de la ciencia y las tecnologías. Debemos, por el bien común, atender a tiempo los estudios y análisis científicos sobre el medio ambiente. Las catástrofes del cambio climático y la pérdida de biodiversidad generarán, durante lo que nos queda de este siglo, mayor sufrimiento y descalabros económicos, sociales y políticos que los causados por el COVID-19. Especialmente para los sectores más desfavorecidos de México. Debemos enfrentar este triste panorama desalentador, parafraseando a Romain Rolland y a Antonio Gramsci, “con el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”, para lograr una mayor armonía social y con la naturaleza. EP

1 Una versión inédita previa de este ensayo fue preparada para la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del Estado de Jalisco. Algunos parajes se modificaron de los textos del autor en El Informador (https://www.informador.mx/ideas/El-medioambiente-en-el-Plan-Nacional-de-Desarrollo-20190508-0052.html) y en Jalisco después del COVID-19, Medio Ambiente, del Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo, Universidad de Guadalajara (https://www.jaliscoafuturo.mx/jalisco-despues-del-covid-19/medio-ambiente/).

2 Algunos geólogos, si bien reconocen los cambios estratigráficos, no están de acuerdo con crear una nueva época geológica, y han creado la denominada como nueva Edad Megalayense de la época Holoceno.

3 Ver demanda reciente al gobierno federal para fortalecer el sector ambiental y cambiar el rumbo en: https://docs.google.com/document/d/1W4VzaSaH2aJAacAHyyOo4tMoMD9tcXjfZppRPUJ-YAI/edit?usp=sharing

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