Rendición de cuentas: la deuda con nuestros árboles

El muérdago, una planta que afecta el crecimiento de los árboles y su capacidad reproductiva hasta finalmente matarlos, se ha convertido en una plaga en la CDMX.

Texto de 18/01/21

El muérdago, una planta que afecta el crecimiento de los árboles y su capacidad reproductiva hasta finalmente matarlos, se ha convertido en una plaga en la CDMX.

Olga Salazar vive en la alcaldía Coyoacán entre calles con nombres de plantas. El parque Bambú, a unas cuadras de su casa, “ha sido un remanso en estos tiempos de pandemia,” dice. Durante los últimos meses también ha notado una mayor afluencia de gente que sale a correr, caminar o a pasear a sus perros. Lo que quizás algunos de esos visitantes no sepan es que en el parque Bambú, así como en muchas zonas arboladas de la Ciudad de México, la mayoría de los árboles vive —o logra sobrevivir— con muérdago, una planta parásita que le roba nutrientes y agua llegando, incluso, a provocar su muerte.

Aunque poco conocido, el muérdago se ha vuelto un problema en la ciudad. No se conoce a ciencia cierta la cantidad de árboles afectados con muérdago en la capital, pero el Instituto de Ecología, A.C. (INECOL), reporta que cerca del 80% tiene algún nivel de infestación. Por otra parte, un informe de 2013 sugería que 40% de los 3.5 millones de árboles de la ciudad estaba afectado por muérdago.

“Aunque poco conocido, el muérdago se ha vuelto un problema en la ciudad.”

Los interesados en removerlo de sus árboles antes podían solicitar el servicio directamente a la alcaldía correspondiente llenando este formato. Ahora, el gobierno de la Ciudad de México concentró las solicitudes en el Sistema Unificado de Atención Ciudadana (SUAC). Sin embargo, Diana Marchal Valencia, propietaria de la empresa de arboricultura urbana Dimar —que además de realizar servicio de poda, se encarga de pedir las autorizaciones en nombre de sus clientes—, duda que el proceso se agilice.



Acercamiento de flores y frutos de la especie de muérdago conocida como Cladocolea loniceroides. Cortesía de Emmanuel Martínez Ambriz del Herbario de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

“Es la misma ineficiencia, pero potenciada”, dice Marchal. “Todas las solicitudes a las alcaldías tienen que contar previamente con un número de folio del SUAC, que se obtiene automáticamente. El problema es que ahora ya no contesta ni la alcaldía, ni el Gobierno de la Ciudad, ni el SUAC, ni nadie. Se perdió la definición de quién era el responsable, y ahora ya nadie lo es”.

Además, comentó que debido a la pandemia por COVID-19 las solicitudes de autorización para podar que han ingresado en tres alcaldías, que normalmente tardan dos o tres meses, están detenidas.

Ante este panorama, la ciudadanía tiene pocas opciones para remover el muérdago de sus árboles. En caso de no contar con la acreditación para podar árboles de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), como lo indica la Norma Ambiental NADF-001-RNAT-2015, las personas y jardineros se arriesgan a cometer un delito. 

Luz García López de Pascoe compró su casa en la alcaldía Coyoacán en 2003 por los árboles de la zona. De manera regular contrata servicios de jardinería para darle mantenimiento a los que se encuentran frente a su casa. Sin embargo, la situación de permisos complica la labor.

“Los vecinos no tenemos los instrumentos en nuestras manos. Y cuando intentamos hacerlo, pasa la patrulla y hay que meterse corriendo porque, si no, se lleva a la gente”, comenta. “Hay una sensación de impotencia muy grande porque no tenemos una cultura de que la calle es nuestra”.

Ahora se enfrenta al problema del muérdago y explica que la alcaldía no cuenta con jardineros capacitados para su remoción. “Tuvimos que invertir en podadores profesionales para que vinieran a quitar el muérdago”, dice García López de Pascoe.

“Parte del problema es que no caminan en las calles, no monitorean sus árboles. Y no tienen idea de qué hacer y dejan pasar el tiempo”, explica Héctor Mario Benavides Meza, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), al referirse al trabajo de jardinería de las alcaldías.

Cabe mencionar que en diciembre de 2018 el diputado Jesús Martín del Campo propuso a la SEDEMA y al INECOL capacitar a los jardineros de la ciudad para realizar un control del muérdago más eficiente. En seguimiento a esta propuesta, la autora intentó contactar al diputado sin éxito.

Para muchos, conscientes del problema de muérdago como García López de Pascoe, la burocracia no deja más opción que ser un espectador.

Mientras en Reino Unido o Estados Unidos, besarse debajo de una rama de muérdago de la especie Viscum album es parte de una larga tradición navideña, en México, un grupo de plantas con el mismo nombre común, amenaza con acabar con el bosque urbano de la capital.

Muérdago es el nombre que se le da a varias especies de la familia Loranthaceae. Según Emmanuel Martínez Ambriz, experto en el estudio de esta familia botánica del herbario de la Facultad de Ciencias, en el Valle de México existen especies nativas de muérdago pertenecientes a los géneros Arcethobium y Phoradendron que normalmente parasitan pinos sin causar mayor problema. Además, los muérdagos juegan un papel fundamental en el ecosistema al proveer frutos de los que se alimentan las aves, asegura el investigador.

Y estas plantas han desarrollado capacidades únicas para sobrevivir. Son plantas versadas en el arte del engaño: sus hojas pueden confundirse con las del árbol sobre las que viven, ocultándose a simple vista.

Cuando García López de Pascoe comenzó a notar muérdago en los árboles de su colonia, dice que logró distinguirlo del árbol pues “el muérdago cae como cascada y las ramas de los árboles tienen una proyección más horizontal”.

Lorena Villanueva Almanza

Una vez que el muérdago se adueña del hospedero y sus ramas comienzan a colgar de lo alto de la copa, parecería que el árbol tiene un nuevo follaje. Nada más lejos de la realidad. Una inspección cuidadosa revelará que el árbol ha perdido sus hojas y está en riesgo de perder la batalla contra el muérdago. El frondoso parásito se ha apoderado del árbol que ahora no es más que un armazón inerte. Sin embargo, el muérdago también tiene los días contados pues su naturaleza le impide sobrevivir por cuenta propia. Lo importante es que, para entonces, la planta habrá regado a su prole por la ciudad gracias al eficiente transporte de las aves. En cuanto esto sucede, el muérdago, como todo ser viviente, ha cumplido su misión de vida: pasar sus genes a la siguiente generación. Y la siguiente generación también tiene una estrategia muy eficiente desde el inicio. Los frutos están envueltos con viscina, una sustancia pegajosa que les permite adherirse a las patas de las aves. Tanto así, que Salazar recuerda haber encontrado alguna vez un fruto de muérdago en su sudadera, en donde permaneció incluso después de haberlo pasado por un ciclo de lavado. Una vez que las semillas de muérdago llegan a la rama de un árbol, la planta echa raíces especializadas, llamadas haustorios, que penetran la corteza y alcanzan los vasos comunicantes por los que circulan agua y nutrientes.

Al robarle agua y nutrientes al árbol, el muérdago afecta su crecimiento y capacidad reproductiva hasta finalmente matarlo, explica Benavides Meza. Pero la historia no termina ahí. De hecho, la afectación de muérdago en la ciudad es un síntoma de un problema más profundo.

Es difícil imaginar a la capital como un espacio natural, pero en medio del concreto, los edificios y los automóviles, se asoman árboles, se escuchan aves y se esconden lagartijas, insectos, arañas y, también, muérdago. Esta planta quizás no causaría los estragos que ahora vemos si no fuera porque las plantas leñosas de la ciudad están estresadas. Sí, nuestros árboles batallan constantemente contra el suelo compactado, la contaminación, el ruido, el polvo, los cables, los desmoches, la falta de agua. El problema en realidad no es tanto el muérdago, sino la confluencia de factores ambientales causantes del deterioro de los árboles.

Además de los muérdagos nativos, en la ciudad ahora viven otros que fueron introducidos como polizones en árboles ornamentales. Martínez, del herbario de la Facultad de Ciencias, comenta que la especie de muérdago Cladocolea diversifolia llegó a través de un “aventón” en el árbol comúnmente conocido como “trueno” (Ligustrum japonicum). Cladocolea diversifolia, también llamado “injerto”, es una mancha devoradora, destructiva y silenciosa. De acuerdo con investigaciones realizadas en 2016 por un grupo de la UNAM, en 1972 no había registro de esta planta en la Ciudad de México. Actualmente es la especie de muérdago más abundante en la zona chinampera de Xochimilco. Por otra parte, es fuente de alimento para 256 especies de artrópodos, comentó Zenón Cano Santana, profesor de ecología de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Existen pocos estudios sobre la expansión de muérdago en la ciudad. A través de ellos, se sabe que los árboles urbanos enfrentan condiciones más estresantes que los que viven en el medio natural, volviéndolos más susceptibles a parásitos como el muérdago. Los estudios de Cano Santana y sus alumnos en la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), así lo indican.

Por otra parte, Benavides Meza, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), considera que el cambio climático, que conlleva aumento de temperaturas y cambios en los patrones de lluvia, podría estar creando condiciones más favorables para algunas especies de muérdago. Además, comenta que el muérdago ha comenzado a parasitar especies de árboles en las que antes no se encontraba como los Liquidambar y Ficus, evidenciando la voracidad de la expansión.

Los datos más confiables sobre el nivel de afectación por muérdago provienen de estudios a escalas locales. En 2019, un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México y de la Universidad Autónoma de Chapingo calcularon que poco más de la mitad de 40 espacios arbolados de la alcaldía Tlalpan estaba afectada por muérdago. En cambio, el 80% de los árboles en la zona chinampera de Xochimilco tenía muérdago en 2003.

Deshacerse del muérdago no es sencillo. Su remoción literalmente es una tarea de altura pues requiere de instrumentos apropiados y personal capacitado para trepar con arneses y cuerdas adecuadas ya que los árboles más susceptibles a ser atacados son también los de mayores dimensiones, de acuerdo con un estudio realizado en 2016 en el Bosque de Tlalpan.

Aunque existen compuestos químicos para eliminarlo, desarrollados por el Instituto de Ecología (INECOL), hasta el momento, podar las ramas afectadas es lo más efectivo para controlar a la plaga, según Marchal Valencia.


Acercamiento de flores y frutos de la especie de muérdago conocida como Cladocolea loniceroides. Cortesía de Emmanuel Martínez Ambriz del Herbario de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Los árboles actúan como pulmones de la ciudad, aportando oxígeno y capturando carbono. Pero también generan sombra para el huerto que Iván Bussey Medina, de Tlalpan, inició durante la pandemia. En cambio, para Luis Zambrano, vecino de Coyoacán, la jacaranda frente a la casa en donde vive con su familia forma parte ya de sus recuerdos. Esa jacaranda estaba parasitada por una especie de muérdago (Struthanthus interruptus) que se registró en la ciudad por primera vez en 2013.

El muérdago, como ya se dijo, no sólo afecta jacarandas, sino también a otras especies de árboles que no por ser menos vistosas son menos importantes. Por ejemplo, la pérdida del nogal de la Glorieta de los Coyotes en Avenida Universidad y Miguel Ángel de Quevedo a causa de muérdago y mal mantenimiento es una tragedia para el patrimonio natural histórico de nuestra ciudad.

“El muérdago, como ya se dijo, no sólo afecta jacarandas, sino también a otras especies de árboles que no por ser menos vistosas son menos importantes.”

Además de la falta de mantenimiento del arbolado urbano, también preocupa la falta de un plan para reemplazar los árboles que sucumben ante el muérdago. El nogal de la Glorieta de los Coyotes fue reemplazado por otro nogal, pero, ¿qué pasará con los árboles que no gozan de la misma fama?

Cano Santana recomienda adoptar una visión holística en la planeación de los espacios verdes de la ciudad utilizando datos científicos. El mantenimiento del arbolado urbano, que abarca las actividades de poda, riego, fertilización y descompactación del suelo debería ser uno de los puntos centrales, añade Benavides Meza. Aunque la poda sea motivo de desconcierto para la ciudadanía, el proceso “es el equivalente a ir a la peluquería”, según el investigador. El objetivo del mantenimiento es conservar los árboles por el mayor tiempo posible.

El investigador también dice que “el árbol es un bien que tiene un valor económico, que genera servicios ambientales”. Y explica que “para que ese valor no se demerite necesita(mos) darle mantenimiento, como a una casa”.

“Los ciudadanos sí podemos levantar la mirada y comenzar por apreciar a nuestros árboles con agradecimiento y empatía.”

Si de momento, la solución al problema del muérdago no se encuentra llenando formatos, ni contactando a las alcaldías, los ciudadanos sí podemos levantar la mirada y comenzar por apreciar a nuestros árboles con agradecimiento y empatía. “Necesitamos recuperar nuestra vida con lo verde”, dice Zambrano.

Como hemos atestiguado en estos tiempos de pandemia, los árboles nos han dado mucho. Es hora de pagar el favor. EP

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