Plana verde | Las urgencias del clima frente a la nostalgia del Acapulco de ensueño, insostenible

Es habitual que los huracanes y tormentas se debiliten antes de llegar al continente. Sin embargo, el pasado 24 de octubre Otis actuó de forma contraria: incrementó en fuerza, velocidad y capacidad destructiva. ¿Qué medidas es necesario tomar frente a estos fenómenos?

Texto de 07/11/23

Es habitual que los huracanes y tormentas se debiliten antes de llegar al continente. Sin embargo, el pasado 24 de octubre Otis actuó de forma contraria: incrementó en fuerza, velocidad y capacidad destructiva. ¿Qué medidas es necesario tomar frente a estos fenómenos?

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Durante los últimos días, las imágenes desde la costa de Guerrero nos ha mostrado una ciudad costera y más de 7 000 hectáreas de construcciones devastadas, cifras de muertos y damnificados que aumentan cada día, el concreto de edificios en pedazos por el suelo, muchas embarcaciones entre los escombros, pobladores que lo han perdido todo, familiares buscando con angustia a sus desaparecidos desde otros lugares del país, ayuda humanitaria que llega por carretera.

El martes 24 de octubre Otis, el peor ciclón de intensificación rápida jamás registrado en la costa de Guerrero, asoló contra la que alguna  vez fuera la playa mexicana más deseada, un litoral tropical al que despojaron de manglares y vegetación nativa para construir hoteles sobre cordilleras y acantilados, discotecas de varios pisos, restaurantes con albercas de uso exclusivo, campos de golf, casas de lujo en primera línea de mar. 

El mismo enclave donde en menos de 24 horas una tormenta tropical se convirtió en un huracán categoría 5, el nivel más alto que puede alcanzar un fenómeno atmosférico en función de la fuerza del viento y su magnitud para provocar daños: 329 kilómetros por hora de aire bravo que sacudió la bahía entera y los territorios que resguarda en su interior. ¿Cómo no se pudo anticipar la desgracia que traería su paso? 

Los modelos matemáticos fallaron: no fueron lo suficientemente robustos. Los sistemas de monitoreo resultaron ineficaces para prevenir a tiempo la gravedad de una bestia desatada de la naturaleza que consiguió sacarle la delantera al ingenio humano. El radical cambio de velocidad e intensidad que adquirió Otis jamás se había presenciado en la Pacífico mexicano: se trata de un fenómeno meteorológico único.

Tras la viralización de información falsa y sin evidencia científica que se volcó en las redes y noticieros al servicio de hacer uso político de las tragedias, la Red Mexicana de Científicos (as) por el Clima (REDCiC) publicó un comunicado de consenso de urgencia para informar a la población sobre su posición ante el suceso:

El martes 24 de octubre a las 3:01 am el Centro de Huracanes estadounidense, de los más avanzados del mundo, había advertido la llegada de lluvias intensas, inundaciones y deslaves. Al poco tiempo, a las 4:33, la Coordinación de Protección Civil federal estimó la posibilidad de que entrara como categoría uno. No obstante, cuando el avión cazahuracanes de Estados Unidos sobrevoló la tormenta para tomar mediciones directas y se percató de la velocidad que había alcanzado y sus posibles consecuencias en el puerto turístico, ya era demasiado tarde para evacuar a la población. 

En ningún momento se ocultó la información. ¿Qué esqueleto puede resistir el golpe inclemente de una ráfaga de viento a tal velocidad? Según los expertos, esta intensificación rápida de los huracanes en tan poco tiempo se trata de un fenómeno inusual. Otis escaló 111 kilómetros por hora en un lapso brevísimo, superando el último golpe de un ciclón similar en la costa colindante a la guerrerense en 2015, el huracán Patricia. Otis rompió récords

El grupo de científicos mexicanos advierte que todavía queda mucho por entender sobre los huracanes. La investigación científica requiere años, recursos, presupuesto, interés gubernamental. Y el clima es un sistema complejo con muchos factores interactuantes. Pero ya se conocen los principales ingredientes que pueden impulsar una explosión tal: un océano cálido y aire húmedo combinados para alimentar las fuerzas de convección en el corazón de la tormenta. Y las hipótesis más consensuadas señalan al calentamiento de los mares como factor principal de su aumento.

“Las condiciones oceánicas en el Pacífico mexicano cerca de las costas del estado de Guerrero con temperaturas más cálidas de lo usual y gran contenido de calor oceánico pueden haber influenciado la evolución de Otis”.

El Niño, un fenómeno recurrente del alza de las temperaturas en el océano Pacifico que afecta a los patrones de lluvia en México  sobre el que las autoridades habían avisado meses antes, podría ser otro posible responsable. Las condiciones oceánicas en el Pacífico mexicano cerca de las costas del estado de Guerrero con temperaturas más cálidas de lo usual y gran contenido de calor oceánico pueden haber influenciado la evolución de Otis justo antes de que su centro tocara tierra, golpeara muros y arrancara vidas. Como destacan desde la REDCiC, el pasado septiembre fue el sexto mes consecutivo con temperaturas superficiales de los océanos por encima del promedio.

Es habitual que los huracanes y tormentas se debiliten antes de llegar al continente. Pero Otis, que incrementó en fuerza, velocidad y capacidad destructiva, actuó de forma contraria. Una extrañeza ya señalada en diversos informes científicos. “Si bien su comportamiento nos sorprendió a todos, la ciencia lleva tiempo advirtiendo de estos efectos”, declara Gian Carlo Delgado, investigador del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro de la REDCiC.

Como señala el experto, distintos trabajos desvelan cómo en la última década se han dado casi una decena de casos de aceleramiento de huracanes en poco tiempo. “Un fenómeno extraño, pero, por desgracia, cada vez más patente”, asegura Delgado, parte de la camarilla de científicos mexicanos que tras el drástico cambio en los sistemas climáticos observados hacen un llamado urgente a modificar, actualizar y reforzar los sistemas de monitoreo, alertamiento y los protocolos de protección civil. “Hay que mantener robustas todas nuestras redes de monitoreo. Pero, sobre todo, la urgencia se tiene que dirigir a reducir las emisiones de gases”, matiza el científico, refiriéndose a un modelo de producción insostenible que está acabando con el planeta y que ya no podemos soportar.

La Pachamama está herida, sobrevive con las costuras rotas, agotó su paciencia, ha sido generosa en exceso…

La REDCiC también exige tomar medidas concretas de mitigación y adaptación, modificar planes de desarrollo urbano, reglamentos de construcción e invertir en infraestructura adecuada. A los pocos días después de que el huracán dejara tras su paso alrededor de 10 000 postes eléctricos derribados, el gobierno local ya había levantado más de 3 000. “Por supuesto que se necesita luz, servicio para la población, electricidad para refrigerar comida, evitar problemas de salubridad, restablecer las comunicaciones. Pero quizás hubiera sido más oportuno pensar en un cableado subterráneo. Hay que replantearse cómo se va volver a levantar la ciudad, evitando construir el mismo patrón urbano tan vulnerable”, reflexiona el científico.

“La REDCiC también exige tomar medidas concretas de mitigación y adaptación, modificar planes de desarrollo urbano, reglamentos de construcción e invertir en infraestructura adecuada”.

Como alertan desde la REDCiC, los desastres no son fenómenos naturales, “sino eventos construidos socialmente, cuyo origen se encuentra en la falta de planeación histórica, la urbanización desordenada, las condiciones de desigualdad, pobreza e inseguridad”.

Por ello, la asociación científica llama a reconsiderar políticas de protección civil y combatir la desigualdad construyendo mayor resiliencia en las comunidades, comenzando por las más vulnerables. “A pesar de que el calentamiento terrestre nos afecta a todos, son las comunidades más pobres las que tienden a experimentar los mayores estragos y las que son menos resilientes. Deben ser ellas las que reciban atención en primer lugar. Atender a las comunidades más pobres en el estado de Guerrero es prioritario”.

Como afirman, el impacto de las transformaciones en el medio ambiente no afecta igual a todas las poblaciones. El fenómeno de los migrantes climáticos se limita a ciertas regiones del mundo, constituyendo un ejemplo, entre tantos, de cómo la justicia ambiental no se puede entender desligada de la social. Una premisa que se observa en algunos acontecimientos de los últimos años. Algunos ejemplos los constituyen el aumento de infecciones a nivel global, el impacto del cambio climático en la salud mental o las catástrofes, como la producida por Otis.

El territorio acapulqueño fue cimentado por una infraestructura exclusivamente para el goce de algunos privilegiados en sus vacaciones. Pero son los más pobres que allí viven quienes más sufrirán las consecuencias de una depredadora planeación urbanística, donde primó el interés de unos pocos sobre la naturaleza y la población local, quienes lo han perdido todo después de Otis. “Tras esta tragedia se hacen necesarias, más que nunca, políticas públicas integrales que consideren al cambio climático como un elemento transversal de su diseño”, puntualiza Delgado.

Muchas de las imágenes publicadas en los medios como testamento de la destrucción de Otis en el puerto de Acapulco corresponden a Punta Diamante, la que fue una vez la crème de la crème del turismo exclusivo y la especulación inmobiliaria. El trazado de Punta Diamante también es una cartografía testigo de cómo kilómetros de áreas naturales fueron destruidas, bosques de manglar arrancados, naturaleza arrasada por drásticos cambios de suelo y cauces de ríos descarriados para construir un reclamo turístico de lujo sin impunidad. “Otis es una lección tardía de muchas advertencias tempranas, de las fatales consecuencias del calentamiento global derivada de la actividad antropogénica irresponsable”, recuerda Delgado. ¿Cuántos ciclones como él deberemos de esperar para despertar y actuar en consecuencia al daño generado?

A veces, la naturaleza es difícil de predecir; tendemos a infravalorar su potencial. Pero no podemos decir que la Pachamama no nos había advertido. Mandó muchas señales mientras nos perdíamos en la nostalgia de un Acapulco de ensueño, insostenible; hoy, arrasado. EP

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