Naturaleza posible: El águila real es el símbolo vivo de México

Imagen del escudo nacional, a lo largo de la historia humana ha tenido diversos significados y ha sido parte de importantes representaciones en distintas culturas. Tristemente, como tantas otras especies maravillosas, el águila real se encuentra en peligro de extinción. Es de suma importancia actuar para conservarla.

Texto de 22/01/16

Imagen del escudo nacional, a lo largo de la historia humana ha tenido diversos significados y ha sido parte de importantes representaciones en distintas culturas. Tristemente, como tantas otras especies maravillosas, el águila real se encuentra en peligro de extinción. Es de suma importancia actuar para conservarla.

“Cuau, cuau, cuau…”, se escucha a lo lejos en una helada mañana de mediados de diciembre. “Es el macho que llama”, susurra nuestro guía, Carlos Carrillo. “Cuau, cuau, cuau…”, responde la hembra desde su percha. Asistimos al llamado de una pareja de águila real, que de esta forma reafirma sus lazos durante el cortejo. “En esta época del año, el macho necesita demostrar a la hembra su fuerza y poderío; por ello, constantemente vuela patrullando su territorio y se muestra muy agresivo con los zopilotes, las aguilillas y cuántas aves avista”, afirma Carlos.

Nos encontramos en el municipio de Monte Escobedo, al sur del estado de Zacatecas, allí donde su frontera se entrelaza como los dedos de dos manos con la del estado de Jalisco. Posiblemente este sea el lugar donde se ha registrado el mayor número de parejas de águila real en México, el águila de nuestro escudo nacional.

Por su destreza en el vuelo e impresionante poderío como cazadora, esta formidable ave rapaz ha sido considerada desde tiempos inmemoriales como un símbolo celeste, la encarnación del sol y del fuego, la dadora de vida y vehículo de hechiceros para ascender al cielo. Los historiadores relatan que cuando un emperador romano moría, su cuerpo se quemaba en una pira funeraria y, en la ceremonia, se liberaba un águila real que volaba entre las llamas para llevar al cielo el alma del monarca. En los jeroglíficos egipcios, un elaborado diseño del águila representaba el alma después de la muerte. Posteriormente, la escritura fue evolucionando, y cuando los símbolos empezaron a hacer referencia a los sonidos de las letras se eligió el perfil de un águila perchada para el trazo de la letra “a”, tal y como se ha podido comprobar en la piedra de Rosetta, donde dos ilustraciones de águila tomaron el lugar de las letras “a” que contiene el nombre Cleopatra.

En México, desde los tiempos prehispánicos hasta nuestros días, la imagen del águila real ha formado parte de nuestras insignias, exaltando los valores de las distintas ideologías que han caracterizado las diferentes etapas de nuestra historia. Las culturas indígenas precortesianas la estimaban como el ave suprema. En vuelo descendente representaba el caer de la luz sobre la tierra y el advenimiento de la energía vital; el águila con las alas extendidas simbolizaba la cruz que delimita los cuatro rumbos cósmicos, donde ella misma constituía el eje del mundo. Los guerreros águila (en náhuatl, cuauhteuctli) fueron considerados una clase especial en la infantería militar del ejército mexica. Los misioneros y conquistadores la percibían como la encarnación del bien en la lucha contra el mal. Durante la guerra de Independencia, el águila estampada en distintos estandartes representó el anhelo de libertad; se la mostró de frente, de perfil derecho e izquierdo, con la corona del Imperio sobre la cabeza, hasta que, con el triunfo de la Revolución, se rescató el origen indígena de su representación, el que vemos hoy plasmado en nuestro escudo nacional y que simboliza la unión de los mexicanos con sus raíces y amalgama el pasado indígena, la herencia colonial y el desarrollo de México como una nación independiente y soberana.

Maestra en el aire

©Fulvio Eccardi

El águila real es un ave de gran tamaño: alcanza hasta un metro de longitud total (de pico a cola), y su envergadura (distancia entre las puntas de las alas) puede sobrepasar los 2.20 metros. Llega a pesar más de seis kilos y puede vivir más de 30 años. No presenta dimorfismo sexual, pero generalmente la hembra es 30% más grande que el macho. Requiere territorios de anidación muy extensos, de unas 6 mil hectáreas —como se ha observado en Escocia—, o incluso de 15 mil hectáreas en Norteamérica. Prefiere los espacios abiertos y habita en ambientes diversos, como bosques ralos de pinos o encinos, matorrales semidesérticos y pastizales. Sus nidos son de gran circunferencia y están hechos con ramas y hojas; por lo general se localizan en peñascos rocosos, aunque se les ha visto también en las copas de árboles.

Se sabe que durante la segunda quincena de enero la hembra elige el sitio de anidamiento; ahí, hembra y macho construirán el nido e incubarán uno o dos huevos, hasta que, a finales de marzo, nazcan los polluelos. Como la hembra se ocupa del 80% de la incubación, es el macho quien se encarga de alimentarla, lo mismo que a los polluelos.

La dieta del águila real es amplia: en la región de Monte Escobedo frecuentemente caza ardillas de tierra que encuentra en los llanos, aunque también se alimenta de ardillas arbóreas, cervatillos, coyotes jóvenes, zorrillos, coatíes, mapaches y aves como el ganso frente blanca, el pato arrocero, el zopilote y el aura sabanera. Se ha observado que las águilas depredan polluelos de cuervos de sus nidos; para defender a sus crías, los cuervos adultos las persiguen, pero no para robarles el alimento, como erróneamente se cree.

El águila real también puede atrapar serpientes, iguanas o tortugas casquito y, como además es carroñera, se la ha visto comiendo cadáveres de reses, burros, caballos, perros o coyotes adultos.

Matanza del pasado

El nacimiento de las armas de fuego de precisión a principios del siglo XIX marcó un antes y un después en la relación del hombre con las aves rapaces, pues en un tiempo muy breve las águilas reales empezaron a ser vistas como “competencia” en la cacería de liebres y guajolotes silvestres, y como una amenaza para la ganadería y la supervivencia de borregos y becerros recién nacidos. Este es tan solo un mito, pero muy difundido, ya que se ha comprobado que esos ataques son extremadamente raros. “En 1968 la Asociación Ganadera pagaba cinco pesos por águila muerta, y quien lograba matar alguna, la colgaba en su burro y la paseaba por el pueblo para que la gente lo premiara con algo más de dinero”, me comentó Jesús Blanco, habitante de Monte Escobedo.

Ese ataque frontal a sus poblaciones no solo se daba en México. Existían asociaciones de cazadores en Estados Unidos, como el Big Bend Eagle Club, que en la misma época, utilizando avionetas, aniquiló a por lo menos 30 mil águilas reales en el oeste de Texas y el sureste de Nuevo México.

Otras causas de su mortandad en aquellos años fueron los programas para la erradicación de lobos y coyotes en los que se utilizaban bocados envenenados, y los residuos de insecticidas organoclorados, como el ddt, que afectaron la viabilidad del embrión y el grosor del cascarón de los huevos de casi todas las rapaces.

Un gran número de águilas mueren electrocutadas por accidente en cables de alta tensión: en 1982 se encontraron más de 400 cadáveres de águila real en el oeste de Estados Unidos, y en México, solamente en la región norte del estado de Chihuahua, se hallaron los restos de 24 águilas entre febrero de 1999 y marzo de 2006.

El águila real (Aquila chrysaetos) es una especie cosmopolita exclusiva del hemisferio septentrional; los especialistas diferencian seis subespecies. Actualmente su población a nivel mundial se estima por encima de los 120 mil individuos, de los cuales unos 50 mil viven en Norteamérica. Las poblaciones más norteñas en el continente americano son migratorias y pueden desplazarse hasta mil 500 kilómetros a lo largo de un mes; en México son mayoritariamente residentes y ocupan una amplia porción del norte del país. El águila real nunca ha sido abundante en el territorio mexicano, quizá porque se trata de una especie marginal de la región neártica del continente y nuestro país es su límite más sureño. Desafortunadamente no es posible precisar su población actual. Las autoridades estiman que es de alrededor de 100 parejas, y por ello está catalogada en la Norma Oficial Mexicana como una especie amenazada, aunque algunos expertos opinan que debería considerarse como especie en peligro de extinción.

Historia detrás de una imagen

©Fulvio Eccardi

La primera vez que pude observarla de cerca me dejó sin aliento… Allí estaba yo, escondido, cazando con la lente de mi cámara fotográfica a la gran cazadora. Para llegar a aquel momento inolvidable hubo que hacer trabajos previos durante tres años. Entendí que es fundamental volverse invisible cuando se está frente a una de las miradas más agudas del mundo natural: el águila real logra ver el movimiento de un conejo que está a dos kilómetros de distancia.

Es preciso construir un pequeño escondite, de 2 x 2 x 1.30 metros de altura; se busca que esté a la sombra y que una barda de piedra o algún tronco sirva de apoyo. Con todo listo, comienza la espera… Muchas veces transcurren las horas y los días sin poder tomar una sola foto, pero en otras ocasiones he hecho 700 en un par horas.

Pude ver al águila aterrizando a unos 15 metros del escondite. Había divisado un animal muerto. Segundos antes de que tocara suelo, en el ambiente se percibió un respetuoso silencio. Luego, con un sonido semejante a un suspiro profundo, frenó en aterrizaje con sus alas abiertas, se reincorporó y se quedó ahí, inmóvil. El águila caminó hacia la presa y yo comencé a disparar la cámara; en la quietud de aquel mediodía solo se lograba percibir el ruido metálico del disparador. El águila volteó buscando en el lado opuesto al escondite, después se detuvo y se alejó. Descubrí así que el escondite había funcionado y que seguramente el águila nunca antes había escuchado el ruido de mi cámara, tal vez debido al viento, o quizá por la distancia. A partir de entonces utilicé un blimp, un forro que recubre el equipo y lo hace silencioso. Fue una gran experiencia y todo un aprendizaje en la difícil tarea de volverse invisible frente a la mirada del ave.

Por generaciones, las águilas reales que habitan en el sur de Zacatecas y el norte de Jalisco han convivido con los recolectores de orégano silvestre —del que se estima que México exporta a Estados Unidos unas 10 mil toneladas anuales— y con numerosas familias de ganaderos que tradicionalmente transforman la leche bronca en deliciosos quesos que llevan en su sabor historias de pastizales. Las águilas cruzan en vuelo la carretera estatal, divisan rancherías, corrales y gente que va y viene. Conocer lo que sucede en su territorio forma parte de la estrategia de supervivencia de esta rapaz que habita en ambientes de cambios continuos.

Rescate del águila real

©Fulvio Eccardi

¿Cómo podemos monitorear, proteger e incrementar la población de águila real en México? Los estudiosos dicen que la mortandad de los aguiluchos antes de los cuatro años, que es su edad adulta, es de 80%, y una vez que abandonan el territorio de sus padres no se sabe a dónde van. Gracias a la información que fue posible conseguir utilizando un radio satelital de baterías solares colocado a un pollo de 50 días de nacido, en España se supo que recorrió unos 16 mil kilómetros cuadrados antes de alcanzar la edad adulta, y que después anidó a solamente 26 kilómetros de distancia del lugar donde nació. En Estados Unidos, con el empleo de la telemetría satelital, se monitorean cada año los movimientos locales y las migraciones de decenas de águilas reales.

Actualmente está en marcha un programa de recuperación de las poblaciones de águila real lidereado por el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, A. C. en coordinación con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y otras instancias federales y estatales, tanto públicas como privadas, para dar continuidad a las acciones de monitoreo, conservación y recuperación del hábitat en algunas regiones consideradas prioritarias. Al mismo tiempo, se está llevando a cabo una campaña de capitalización para cubrir los gastos de campo y de comunicación.

Deberemos integrar a los sectores público y privado de la sociedad para participar unidos en un novedoso proyecto de conservación del patrimonio cultural y biológico de los mexicanos. Es primordial informar y sensibilizar a la población acerca de la importancia de conservar el águila real. Solo así lograremos que siga volando en nuestros cielos el símbolo vivo de México. 

DOPSA, S.A. DE C.V
T.  56 58 23 26 / 55 54 66 08 /
56 59 83 60

Dulce Olivia 71,
Villa Coyoacán,
Coyoacán,
04000,
Ciudad de México