Diez formas en que la guerra daña la vida silvestre

Las bombas y las balas son sólo el comienzo…

Texto de 17/03/22

Las bombas y las balas son sólo el comienzo…

Esta historia apareció originalmente en The Revelator y es parte de Covering Climate Now, una colaboración periodística global que fortalece la cobertura de la historia climática.


A medida que la guerra y los conflictos continúan en Ucrania, Yemen, Sudán del Sur, Libia y otros lugares del mundo, es importante observar los efectos a largo plazo de la lucha militar: pueden destruir el medio ambiente tan fácilmente como destruyen vidas.

Estas son diez de las formas más peligrosas en que las guerras afectan flora y fauna; en el proceso, muchas también dañan a los humanos.

1. Balas y bombas

El ejército puede apuntar a las personas y la infraestructura, pero se interponen en el camino otras formas de vida. Aunque esto puede ser difícil de rastrear, un estudio publicado en Nature, en 2018, descubrió que incluso un conflicto de un año puede causar que colapsen las poblaciones locales de vida silvestre. También un artículo de PLoS One, de 2013, especuló que el león de Berbería podría haberse extinguido cuando su último refugio forestal fue destruido durante la guerra franco-argelina de 1958.

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Soldados de la 4ª División australiana atraviesan un devastado Chateau Wood, 29 de octubre de 1917. Foto: Frank Hurley (dominio público)
2. Tóxicos y contaminación

Metales pesados, como el plomo, pueden permanecer en el medio ambiente mucho tiempo después de que se haya disparado una bala o haya explotado una bomba. Agentes químicos, como herbicidas —frecuentemente usados en la guerra para defoliar escondites boscosos—, pueden dañar una amplia gama de especies, ya sea inmediatamente o durante décadas. El uso de agente naranja en Vietnam contaminó el suelo por generaciones: afectó peces y aves antes de viajar por la cadena alimenticia hasta los humanos.

Otros daños pueden provenir de lo destruido durante la guerra. Actualmente, esto es evidente en Ucrania, como refleja una carta abierta publicada el 3 de marzo, a través de la Environmental Peacebuilding Association, donde cientos de expertos y organizaciones expresaron sus preocupaciones: “Las operaciones militares de Rusia en una nación intensamente industrializada y densamente poblada, con numerosas refinerías, plantas químicas e instalaciones metalúrgicas, agrava aún más la amenaza de estas hostilidades para el pueblo ucraniano y su medio ambiente, tanto ahora como en los años por venir”. 

Agent Orange
Un helicóptero estadunidense rocía Agente Naranja en Vietnam. Foto: Almirante Elmo R. Zumwalt, Jr. (dominio público)
3. Contaminación por ruido

Las explosiones, los aviones de combate, los tanques y otras armas bélicas no tienen que golpear para lastimar. Las armas de fuego, los misiles y vehículos causan mucho ruido. Esta cacofonía constante puede alterar los patrones de los animales salvajes; esto afecta el sueño, la migración y la capacidad de escuchar y rastrear a sus presas. Un estudio de 2016, que cubrí para la revista Audubon, descubrió que los búhos no podían escuchar a sus presas cuando los niveles de sonido producidos por el hombre alcanzaban 61 decibelios. Muchos rifles militares, en comparación, producen un ruido de alrededor de 150 decibelios; y eso es silencioso en contraste con algunos vehículos o armas.

4. Destrucción y degradación del hábitat

¿Cómo quedaría tu casa después de que una línea de tanques pasara por tu jardín? No muy bien, supongo.

Y esto aplica en la guerra. Un artículo de 2002, publicado en Conservation Biology, documentó los daños ambientales de los conflictos ocurridos entre 1961 y 2000: deforestación, erosión, invasión de reservas de vida silvestre, contaminación, derrames de petróleo, drenaje de pantanos, liberación de especies invasoras y más. Los autores describieron como “graves” muchas de estas condiciones. Algunas naciones nunca se han recuperado.

Flamethrower
Marines emplean lanzallamas para abrirse paso a través de lo que fue una densa jungla en Tarawa en 1943. (dominio público)
5. La caza furtiva, la caza de subsistencia, la recolección de leña y otras formas de “vivir de la tierra” por parte de soldados hambrientos, lugareños y refugiados

Un ejército viaja boca abajo y, como estamos viendo en la invasión rusa a Ucrania, los soldados no siempre están bien alimentados, ya sea por falta de planificación o por interrupciones en la cadena de suministro. Esto puede causar problemas. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados japoneses hambrientos y varados comieron, hasta que desapareció, un ave no voladora llamada rascón de la isla Wake. Las guerras también han causado disminuciones ampliamente documentadas de elefantes, gorilas, bonobos, una variedad de ungulados y cientos de otras especies.

“Las guerras también han causado disminuciones ampliamente documentadas de elefantes, gorilas, bonobos, una variedad de ungulados y cientos de otras especies”.

6. Efecto dominó

Digamos que esos soldados hambrientos se comen a todos los herbívoros locales: ¿qué sucede con el ecosistema una vez que se han ido?

En el Parque Nacional Gorongosa, la desaparición de los elefantes y otras especies herbívoras grandes durante la Guerra Civil de Mozambique (1977-1992) resultó en un aumento del 34 % en la cubierta arbórea, según un estudio de 2015 publicado en el Journal of Ecology. Esto puede parecer algo bueno, pero como escribieron los autores, es una señal de un ecosistema desequilibrado:

“La invasión leñosa es una preocupación importante para la conservación y el manejo en sabanas, praderas y pastizales, donde amenaza a las especies de plantas herbáceas nativas y a los animales, y también los procesos del ecosistema dependientes de ellas. Una mayor expansión de la cubierta arbórea en Gorongosa podría inhibir la recolonización de algunas áreas por parte de especies que prefieren hábitats abiertos (incluidos búfalos, ñus y cebras)”.

7. Asesinato de trabajadores civiles de conservación y destrucción de instalaciones e infraestructuras de conservación

¿Quién ayudará a las especies necesitadas si los profesionales capacitados y experimentados son asesinados o desplazados? En 2012, los esfuerzos para conservar el okapi —un pariente de la jirafa que parece un cruce entre cebra y caballo— sufrieron un revés devastador cuando un ataque de las milicias mató a seis personas en el Proyecto de Conservación de Okapi en la República Democrática del Congo. Los rebeldes también mataron a los 14 okapis residentes del proyecto, quemaron edificios y saquearon suministros.

“La Fundación Thin Green Line —que apoya a los guardabosques de vida silvestre— estima que, en promedio, 100 guardabosques son asesinados cada año”.

Más recientemente, en 2021, seis guardabosques que protegían a los famosos gorilas de montaña del Congo fueron emboscados y asesinados por el grupo de milicianos Mai-Mai; este es sólo uno de muchos ataques de este tipo. La Fundación Thin Green Line —que apoya a los guardabosques de vida silvestre— estima que, en promedio, 100 guardabosques son asesinados cada año.

okapi
1909 ilustración, Biodiversity Heritage Library

A medida que los tiempos de guerra amenazan a este personal de conservación, se vuelven cada vez más importantes, como escribieron los autores del artículo de Conservation Biology:

“Los conservacionistas locales y el personal de campo deben mantener continuidad de presencia durante los periodos de inestabilidad política, establecer líneas de comunicación con los funcionarios del gobierno local y los administradores militares en panoramas políticos que cambian rápidamente, y proporcionar apoyo material y moral al personal de reserva situado en regiones acosadas por la guerra y el conflicto civil. En los casos en que las instituciones gubernamentales hayan sido derrocadas o hayan dejado de funcionar, las organizaciones no gubernamentales locales y los conservacionistas pueden ayudar a mantener la continuidad de los programas de conservación”.

8. Epidemias que afectan a las personas, el ganado y la vida silvestre

La guerra ha sido durante mucho tiempo un caldo de cultivo para la enfermedad —y la llegada de las armas biológicas empeora aún más las cosas—. La primera semana de marzo de 2022, expertos en salud advirtieron que la invasión a Ucrania podría acelerar la propagación de Covid-19 y otras enfermedades. Los brotes históricos de enfermedades de la vida silvestre documentados durante la guerra incluyen la peste bovina, el ántrax, la rabia, la viruela del simio, la peste bubónica y la fiebre aftosa. Muchas de estas enfermedades amenazaban directamente a las personas o las empujaban más hacia la inanición.

9. Extracción de recursos

Se han librado demasiadas guerras por oro, petróleo y otros recursos naturales lucrativos. La guerra también facilita la extracción ilegal, ya sea minería en zonas de conflicto o caza furtiva en zonas sin ley. La milicia que atacó el Centro de Conservación de Okapi en 2012 estaba tomando represalias contra los esfuerzos para restringir el comercio ilegal de marfil y la extracción de oro.

Evidentemente, hay otro ángulo en esto: la extracción de petróleo y gas es el corazón del conflicto de Ucrania, y eso sólo empeora el cambio climático. ¿Cuántos conflictos más por alimentos, agua y otros recursos escasos impulsará esto en el futuro?

10. Interrupción de los servicios gubernamentales, capital financiero y humano e inestabilidad política

Si estás ocupado luchando por sobrevivir, patrullar en busca de cazadores furtivos o contaminadores es la menor de tus preocupaciones. Mientras tanto, la muerte, el agotamiento y el trauma pasan factura en todos los niveles de la sociedad.

Probablemente, estos son los mensajes más importantes del artículo publicado en Conservation Biology, que dos décadas después parecen más que certeros en este tiempo de guerra.

“La guerra provoca escasez: fomenta el conflicto social y político, que engendra más guerra”.

Y los efectos, advirtieron los autores, no serán a corto plazo. La guerra provoca escasez: fomenta el conflicto social y político, que engendra más guerra. La pérdida de vida silvestre puede tener consecuencias ambientales en cascada, desde extinciones hasta brotes de enfermedades y especies invasoras. Las corporaciones oportunistas y los criminales usan el pretexto de la guerra para aumentar sus actividades destructivas del medio ambiente. El financiamiento para la conservación se traslada a las operaciones militares y policiales, quizás de forma permanente. Las interrupciones de la infraestructura sanitaria y médica durante la guerra pueden causar epidemias a largo plazo, mientras que la destrucción de las instalaciones de desechos o las operaciones de petróleo, gas o nucleares pueden envenenar el panorama durante generaciones.

Los efectos también se reflejan en el trauma humano de la guerra. Sólo hay que preguntarles a los millones de personas que hoy huyen de Ucrania, muchos son descendientes de refugiados de guerras anteriores: llevan las historias de sus antepasados ​​en sus corazones, mentes, historia y cultura. EP

* Traducción de Gina Velázquez.

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