¿Después del T-MEC? Escenarios para México y Canadá
Ante el riesgo de que el T-MEC se fracture bajo la oleada proteccionista de Estados Unidos, México debe anticipar escenarios y explorar, junto con Canadá, una relación estratégica que vaya más allá del libre comercio y redefina su inserción en América del Norte.
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Ante el riesgo de que el T-MEC se fracture bajo la oleada proteccionista de Estados Unidos, México debe anticipar escenarios y explorar, junto con Canadá, una relación estratégica que vaya más allá del libre comercio y redefina su inserción en América del Norte.
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El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta, con el segundo gobierno de Trump, serios riesgos de modificación o incluso de desaparición, y sobre todo un escenario de grandes incertidumbres. Resulta indispensable anticipar diversos escenarios, desde los más optimistas hasta los más catastrofistas, y considerar cursos de acción alternativos para México, conforme a nuestro interés nacional, con estrategias que no sean únicamente reactivas o defensivas.
En este contexto, la relación con uno de los socios, Canadá, adquiere una relevancia particular y ofrece oportunidades de acción. El brillante discurso del primer ministro Mark Carney en la reciente reunión de Davos apunta en esa dirección y plantea alternativas de política que merecen atención.
Este ensayo se aboca a examinar distintos escenarios y opciones de política para México y Canadá en caso de que el T-MEC trilateral se colapse. Se trata de una tarea intelectual audaz y, necesariamente, llena de incertidumbres.
Antecedentes
1. El punto de partida: el TLCAN (1994-2019)
La relación diplomática entre México y Canadá es relativamente joven, pues data de 1944. Sin embargo, el vínculo económico adquirió una dimensión estratégica apenas treinta años atrás, con la negociación del TLCAN en 1994.
Para entonces, Canadá contaba ya con un acuerdo bilateral con Estados Unidos desde los años ochenta. Ese antecedente dio lugar, en el debate político canadiense, a dos corrientes persistentes: la de los bilateralistas, partidarios de profundizar exclusivamente la relación con Estados Unidos, y la de los trilateralistas. En ese contexto surgía una pregunta clave: ¿para qué incorporar a México?
En ese contexto, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari convenció al primer ministro Mulroney de que el TLCAN ofrecía ampliar las opciones económicas entre países complementarios. La incorporación de México no sólo ampliaba considerablemente el mercado, sino que, con tres países a la mesa, permitía compensar las asimetrías propias de una relación estrictamente bilateral con Estados Unidos.
El TLCAN, una vez vencidas las resistencias iniciales, produjo resultados positivos. La apertura comercial se tradujo en una multiplicación de las exportaciones, las importaciones, el comercio y la inversión en general.
Antes del TLCAN, el comercio entre Canadá y México era relativamente modesto: se ubicaba en el orden de unos pocos miles de millones de dólares anuales a principios de los años noventa. Con el nuevo acuerdo, ese intercambio se multiplicó de manera significativa, alcanzando hasta los 31 mil millones de dólares. Este crecimiento convirtió a Canadá en uno de los principales socios comerciales de México — el segundo dentro de América del Norte—, aunque muy lejos todavía de la magnitud del comercio con Estados Unidos y en competencia variable con China según el año y el rubro considerado.
América del Norte se convirtió en la región con mayor volumen de comercio del mundo, sólo detrás de la Unión Europea. Además, se consolidó un importante proceso de integración de cadenas productivas, particularmente en las manufacturas, como el sector automotriz, hoy la principal exportación de México. Sin embargo, este proceso no se tradujo en un mayor crecimiento económico para el país. México mantuvo una tasa mediocre cercana al 2 % anual —y hoy de 1 % o menos— aun siendo el principal socio comercial de Estados Unidos, al tiempo que se ampliaron las desigualdades regionales.
2. El tránsito del TLCAN al T-MEC (2019)
En la primera administración de Trump, la renegociación del TLCAN no estuvo exenta de sobresaltos. El mandatario estadounidense llegó a calificarlo como “el peor tratado jamás negociado”, y desde el inicio dejó claro que su objetivo era modificar de fondo las reglas del intercambio en América del Norte.
En ese contexto, en Canadá se abrió un debate interno. Ante las agresiones verbales y políticas de Trump, algunos sectores consideraron que al país le iría mejor con un tratado bilateral con Estados Unidos, excluyendo a México. Esa fue, durante un tiempo, la posición del primer ministro Justin Trudeau. Sin embargo, esa postura se fue erosionando rápidamente.
Trump endureció aún más su trato hacia Canadá. El episodio del G-7 en Toronto, donde desairó públicamente a Trudeau. En medio de las tensiones, Trump incluso se levantó de la mesa de negociaciones, lo que puso en riesgo todo el proceso.
Fue en ese momento cuando la diplomacia mexicana jugó un papel relevante. El entonces canciller Luis Videgaray, quien había logrado una relación cercana con Jared Kushner, yerno y asesor de Trump, contribuyó a destrabar la negociación. El resultado fue un nuevo acuerdo —el T-MEC— que, aunque incorporó ajustes importantes, conservó el núcleo esencial del TLCAN: amplio acceso a bienes y servicios, un marco común de reglas y, sobre todo, arancel cero para los productos originarios de la región.
3. ¿El fin del T-MEC?: el proteccionismo arancelario de Trump (2025)
El mundo volvió a cambiar con la llegada de Trump a su segunda administración. El llamado “día de la liberación”, el 20 de enero de 2025, marcó el inicio de una estrategia global de imposición de aranceles como eje central de la política económica y comercial de Estados Unidos.
Esta nueva ofensiva proteccionista se manifestó en dos frentes principales. Primero, la imposición de aranceles generales de 25% a Canadá y México, utilizados abiertamente como un instrumento extracomercial para presionar en temas de control migratorio, combate a la importación de drogas —en particular el fentanilo— y crimen organizado. Segundo, la aplicación de aranceles específicos a sectores clave como el acero, el aluminio y los automóviles.
La introducción unilateral de estos aranceles vulnera la esencia misma del T-MEC y, en los hechos, lo coloca en suspenso. Una lógica similar se aplicó al resto del mundo. Posteriormente, Trump inició una secuencia de negociaciones bilaterales, ajustando al alza o a la baja los aranceles según el país, con especial dureza frente a China y un trato preferencial hacia aliados cercanos como Japón y el Reino Unido.
Aun así, se mantuvo una distinción relevante: los productos de Canadá y México que cumplen con las reglas de origen del T-MEC conservaron, en lo esencial, la tasa arancelaria de cero. Esto ha implicado que la protección efectiva frente a México y Canadá sea sensiblemente menor —por debajo del 10%—, lo que les ha otorgado una ventaja competitiva relativa frente a otros países.
Como resultado de los cambios en tasas, las pausas y las sucesivas postergaciones en la entrada en vigor de algunos aranceles, los efectos macroeconómicos no han sido tan severos como se anticipaba. La protección efectiva global de Estados Unidos se ha ubicado alrededor del 20 %, mientras que su crecimiento económico se ha mantenido cercano al 2 por ciento. No obstante, la Reserva Federal (FED) ha manifestado su preocupación por eventuales presiones inflacionarias derivadas de esta política.
México y Canadá: escenarios posibles ante el colapso del T-MEC trilateral
Con los antecedentes ya planteados y a la luz de la situación económica y política prevaleciente al inicio del segundo año del gobierno de Trump, resulta claro que estamos frente a un cambio dramático y sistémico en el orden mundial. Las nuevas políticas emprendidas por Estados Unidos apuntan al fin del orden internacional de reglas e instituciones surgido de la posguerra, paradójicamente impulsado en su momento por los propios Estados Unidos.
A ello se suman las serias rupturas dentro de la Alianza Atlántica, agudizadas por la estrategia de débil respaldo a Ucrania y por episodios que revelan un renovado apetito imperialista, como el caso de Groenlandia. Para algunos analistas, esto marca el fin del imperio del Derecho Internacional y su sustitución por la lógica del más fuerte, así como la división del mundo en “zonas de influencia”, propias de la Guerra Fría.
En este nuevo marco, la pregunta central es: ¿cuáles son los escenarios posibles para México y Canadá si el Tratado Trilateral del actual T-MEC se colapsa?
1. Colapso del T-MEC trilateral
En este primer escenario, el tratado simplemente se colapsa. Trump no lo favorece y ha llegado a calificarlo como “irrelevante”. De hecho, ya desde la negociación del nuevo T-MEC desaparecieron dos conceptos clave: el de “libre comercio” como instrumento de política y el de “América del Norte” como proyecto de integración regional.
Para Trump, desde una concepción claramente transaccional, los objetivos son claros: a) proteger el empleo, la producción industrial y la localización de empresas en Estados Unidos, que —según su narrativa— fueron desplazadas por el T-MEC; y b) reducir el déficit comercial que mantiene con el mundo y, en particular, con Canadá y México, al que califica como un “abuso” contra su país.
Además, es evidente que su posición negociadora se fortalece cuando explota la asimetría frente a cada país de manera individual. La trilateralidad, por el contrario, beneficia a Canadá y México, como se demostró en su momento con el TLCAN. Por ello, existen altas probabilidades de que la trilateralidad se colapse.
2. Supervivencia del T-MEC como acuerdo “zombie”
Un segundo escenario es que el T-MEC sobreviva como“zombie”. No se logra un nuevo entendimiento de fondo; se mantiene el status quo y el tratado entra en un proceso de renegociación anual, durante los próximos diez años.
Este escenario genera una elevada incertidumbre. Sin embargo, también podría ofrecer una ventaja táctica: ganar tiempo. La posición y el poder político de Trump podrían modificarse si, en las elecciones legislativas, pierde el control del Congreso, posibilidad que no puede descartarse.
3.Dos acuerdos bilaterales, México-Estados Unidos y México-Canadá
Un tercer escenario sería la sustitución del acuerdo trilateral por dos acuerdos bilaterales. Trump ha sugerido que este esquema podría ser preferible, bajo el argumento de que cada país enfrenta condiciones distintas.
En parte, este argumento tiene sustento. Canadá enfrenta problemas específicos en sectores como lácteos y maderas, que no son prioritarios para México. México, por su parte, tiene disputas propias en temas como maíz transgénico, productos cárnicos, energía y otros. No obstante, también existen problemas comunes de gran relevancia, como el sector automotriz y la relación con China, que se manejan con mayor eficacia desde un enfoque trilateral.
También juega a favor de esta opción el hecho de que la presidenta Sheinbaum y el primer ministro Carney han seguido procesos y estrategias de negociación claramente distintos frente a Trump. Sheinbaum ha privilegiado el “diálogo y la cooperación”; ha buscado no confrontarse y evitar medidas inmediatas de represalia, como la imposición de aranceles. Carney, por su parte, junto con los Premiers de algunas de sus provincias —como Ontario— ha optado por una estrategia más confrontacional, amenazando con “aranceles defensivos” y con “boicots” a la provisión de electricidad y otros insumos estratégicos, en una línea similar a la adoptada por varios países europeos, aunque éstos con frecuencia han tenido que recular.
El discurso del primer ministro Carney en la reciente reunión de Davos planteó vías alternativas de estrategia económica y política, y provocó abiertamente la irritación de Trump y de miembros de su gabinete.
4. Salida unilateral de Trump del T-MEC
En un cuarto escenario, Trump decide retirarse unilateralmente del T-MEC como acuerdo trilateral. En tal caso, cada país tendría que negociar con Estados Unidos la naturaleza de su relación económica y comercial sin un marco jurídico integral, como ocurrió en el periodo previo al propio TLCAN. Entre México y Estados Unidos subsistiría, por la fuerza de los hechos, un simple “Acuerdo Comercial”, indispensable dadas las profundas interrelaciones productivas existentes.
Hechos recientes que inciden en cualquier escenario
Para el análisis, es necesario registrar tres hechos recientes que gravitarán en favor de cualquiera de los escenarios que finalmente prevalezca:
a) Importantes empresarios y grupos empresariales, legisladores y gobiernos estatales, particularmente en Estados Unidos, se han pronunciado a favor de preservar un tratado trilateral. Los beneficios de las cadenas productivas ya establecidas son evidentes: se ha logrado mayor productividad, reducción de costos y, por ende, una competitividad más elevada. Para muchos actores, este proceso de integración regional constituye la mejor herramienta para competir con China. Cada país aporta factores estratégicos: mano de obra competitiva (México), recursos naturales y energía (Canadá y Estados Unidos), así como tecnología y mercados financieros (Estados Unidos).En este contexto, resulta pertinente incorporar a Canadá al Banco de Desarrollo de América del Norte, a fin de promover infraestructura, fortalecer las relaciones fronterizas y apoyar a las regiones rezagadas mediante financiamiento conjunto de los tres países.
b) Debe reconocerse que México ha descuidado de manera significativa la relación con Canadá. Trudeau ya había optado, en su momento, por la vía bilateral y posteriormente sufrió —como en rondas anteriores— diversos desaires por parte de Trump. Nuestra representación en Ottawa, con el actual embajador, deja mucho que desear. Además, la presidenta Sheinbaum, en su aislacionismo autoimpuesto, desaprovechó la oportunidad de asistir como invitada especial a una reunión del G7. Si bien en Canadá existe un grupo que favorece la relación bilateral heredada de su antiguo Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos —y que ve a México como competidor—, también hay un sector relevante que sigue apostando por el trilateralismo.
c) Ha sido particularmente relevante la renuncia de Trudeau y el triunfo de Carney como nuevo primer ministro —frente al conservador de corte trumpista Poilievre—. Resultó alentadora la primera visita oficial del primer ministro Carney a México, así como el establecimiento de un grupo de alto nivel para alcanzar acuerdos y darles seguimiento. En el mismo sentido se inscribe la visita de la Gobernadora General el pasado 20 de enero. Estos hechos mantienen viva la expectativa de que Canadá y México puedan coordinar esfuerzos para preservar el T-MEC trilateral, con los ajustes necesarios.Habrá que esperar, sin embargo, la posición final de Trump y la del nuevo Congreso estadounidense. Es lamentable que la presidenta Sheinbaum no haya realizado una visita de Estado a Canadá ni haya aprovechado foros multilaterales clave para afianzar su relación con Carney.
La relación actual entre Canadá y México frente a Estados Unidos
Vale la pena recordar el estado actual de la relación entre México y Canadá, así como las posiciones relativas de ambos países frente a Estados Unidos.
México se ha convertido ya en el principal socio comercial de Estados Unidos, tanto como cliente exportador como importador. México exporta a Estados Unidos alrededor de 600 mil millones de dólares e importa una cantidad similar; sin embargo, mantiene un superávit comercial, lo cual ha sido un factor de irritación constante para Trump.
En el caso de Canadá, México exporta alrededor de 15 mil millones de dólares e importa aproximadamente 13 mil millones, por lo que el comercio bilateral asciende a cerca de 30 mil millones de dólares. Canadá es nuestro segundo socio comercial, mientras que para Canadá, México ocupa el tercer lugar, después de Estados Unidos y China.
El comercio entre Canadá y México ha crecido de manera significativa desde 1994. México se ha convertido en su segundo o tercer cliente, según el año; sin embargo, en términos absolutos, los montos siguen siendo relativamente modestos si se comparan con los flujos comerciales que ambos países mantienen con Estados Unidos y con China.
En materia de inversión extranjera directa, Estados Unidos domina claramente la relación con ambos países.
La inversión canadiense en México, aunque no es de gran magnitud en términos absolutos —alrededor de 50 mil millones de dólares acumulados—, convierte a Canadá en el segundo o tercer inversionista extranjero, compitiendo estrechamente con España. Existen más de 3,000 empresas canadienses operando en México, con una presencia particularmente dominante en el sector minero.
Existe un amplio potencial para ampliar tanto las exportaciones como las importaciones en ambas direcciones, así como para profundizar la inversión extranjera directa. En todos estos frentes se ha avanzado, pero las posibilidades de fortalecimiento de la relación bilateral México–Canadá siguen siendo considerables.
Pactar un acuerdo México-Canadá
Puede pensarse en un tratado que vaya más allá del ámbito estrictamente comercial. Existen condiciones favorables que ofrecen un gran potencial, a partir de una amplia plataforma ya construida.
Marco institucional
Se han establecido mecanismos de colaboración bilateral que han funcionado a nivel gubernamental, empresarial y con importantes think tanks. A lo largo del tiempo se han desarrollado instrumentos institucionales relevantes para impulsar la relación bilateral, entre ellos:
i) El Canada–Mexico Action Plan.
ii) El Canada–Mexico High Level Economic Dialogue (HLED).
iii) El Mexico–Canada Partnership.
Existen también relaciones institucionales importantes entre las cúpulas empresariales. Por México, el Consejo Mexicano de Negocios y el Consejo Coordinador Empresarial; por Canadá, el Canadian Business Council.
Debe destacarse, además, la relación particular con la provincia de Quebec, por afinidad cultural entre países latinos. Quebec cuenta con representación diplomática en México desde 1980, la más importante después de Nueva York y París. Tiene una presencia significativa en el estado de Querétaro, derivada de la expansión de la planta de Bombardier y del desarrollo de programas educativos en materia de aeronáutica.
Los think tanks canadienses han elaborado estudios estratégicos de gran calidad sobre México y América Latina, con títulos sugestivos, como Mexico–Canada: An Arranged Marriage Comes of Age y Los vecinos del vecino, de María Teresa Gutiérrez-Haces.
La economía
a) Minería. Canadá tiene una posición dominante en la minería mexicana, aunque en algunos casos ello ha servido para eludir una legislación canadiense más restrictiva en materia ambiental.
b) Sector agropecuario. Se trata de economías altamente complementarias. México exporta en invierno productos que no pueden producirse en Canadá, como berries y aguacates, mientras que Canadá es un gran exportador de granos básicos.
c) Energía. Canadá es una potencia mundial en materia energética, de la cual México puede importar productos, tecnología y atraer inversión. Existen provincias, como Alberta —gran productora de petróleo—, que cuentan con un esquema institucional similar al mexicano, en el que el subsuelo es propiedad pública. Ello ha permitido esquemas de cooperación institucional.
d) Infraestructura. Canadá tiene amplia experiencia en obras de infraestructura y transporte, como ferrocarriles y aeronáutica, con la presencia destacada de Bombardier en Querétaro.
e) Sistema financiero. La presencia canadiense en el sector financiero mexicano es relevante, particularmente a través de Scotiabank, uno de los cinco principales bancos del país. Canadá cuenta además con grandes fondos de pensiones, como el Teachers’ Pension Fund y la Caisse de dépôt et placement du Québec, que disponen de importantes recursos de ahorro para invertir.
f) Turismo. Aproximadamente dos millones de canadienses visitan México cada año, en particular las playas del Pacífico y Cancún, sobre todo los llamados snowbirds durante el invierno; Canadá es el segundo país emisor de turistas hacia México, después de Estados Unidos. En sentido inverso, un número creciente de mexicanos —alrededor de medio millón— viaja a Canadá, especialmente en invierno, a centros de esquí como Whistler o Tremblant.
Educación
La relación con Canadá ha avanzado más allá del comercio y la inversión. En materia educativa se suscribió el acuerdo FOBESII (Foro Bilateral sobre Educación Superior, Innovación e Investigación). Existe también el Proyecto 10 000, orientado a otorgar becas a un número equivalente de estudiantes, con la participación de más de 60 instituciones de educación superior.
Asimismo, se han establecido acuerdos con universidades como la de Alberta y la de Calgary para realizar investigación conjunta e intercambios de profesionistas y estudiantes, particularmente en el sector energético.
Movilidad laboral
En materia de movilidad laboral ha funcionado de manera excepcional el Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales, mediante el cual los trabajadores mexicanos tienen acceso a servicios sociales y vivienda. Este programa beneficia a alrededor de 30 000 familias y ha sido ampliamente reconocido por su éxito.
Política exterior
México y Canadá ya cooperan en diversos ámbitos de política exterior bilateral y cuentan con un amplio margen para profundizar esta colaboración. Existen espacios claros para coordinar posiciones en la relación con Asia-Pacífico, a través del TPP, así como en la Alianza del Pacífico.
En el plano multilateral global, ambos países comparten membresías en foros como el G20, la ONU, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. En el ámbito regional, coinciden también en el Banco Interamericano de Desarrollo y en la Organización de los Estados Americanos.
Serán necesarias consultas y políticas comunes en la relación con Centroamérica, Cuba y las naciones del Caribe, regiones en las que Canadá tiene una presencia relevante, así como respecto de Venezuela y América del Sur en general. En este contexto, resulta pertinente el documento reciente del Canadian Council for the Americas, Trascender los límites de la construcción: una nueva estrategia canadiense para América Latina y el Caribe, que promueve una estrategia canadiense de largo plazo hacia la región.
Recomendaciones
Existe ya una base económica y comercial sólida entre México y Canadá. Esta relación va mucho más allá de los vínculos derivados del T-MEC y comprende ámbitos relevantes como la cooperación financiera, la movilidad laboral, la educación, el turismo y la política exterior.
Asimismo, se han desarrollado mecanismos institucionales importantes a nivel gobierno-gobierno, entre comunidades empresariales y entre universidades, lo que abre la posibilidad real de avanzar hacia un acuerdo bilateral entre México y Canadá que no se limite al libre comercio y la inversión, sino que tenga un carácter estratégico e integral.
México debe seguir apoyando la preservación del T-MEC como acuerdo trilateral con Estados Unidos, que garantice el pleno acceso comercial y una tasa arancelaria de cero, con una visión de largo plazo orientada a profundizar la integración de América del Norte. Sin embargo, si el presidente Trump decide retirarse del T-MEC o plantea condiciones inaceptables, resulta indispensable aprovechar el discurso del primer ministro Carney y su convocatoria a construir alianzas entre potencias medias.
En ese escenario, sería prioritario realizar a la brevedad una visita de la presidenta de México, acompañada de miembros clave de su gabinete, a Canadá, e iniciar formalmente un proceso hacia un acuerdo estratégico México–Canadá que vaya más allá de un tratado de libre comercio.
Las principales líneas de acción podrían ser las siguientes:
Mantener el libre comercio entre ambos países, con arancel cero, y fortalecer las cadenas productivas existentes.
Ampliar el acuerdo hacia los sectores educativo, científico y tecnológico, incluyendo áreas estratégicas como la inteligencia artificial.
Promover los intercambios turísticos y fortalecer la movilidad laboral, en particular programas como el de trabajadores agrícolas temporales, así como avanzar hacia un acuerdo migratorio ordenado.
Establecer pautas comunes en materia de política exterior:
Definir posiciones compartidas en la relación y negociación con Estados Unidos.
Promover un acuerdo tripartito con Estados Unidos en el sector automotriz, por su carácter estratégico.
Establecer reglas comunes frente a la relación con China, que los tres países mantienen de manera ambigua.
Impulsar esfuerzos específicos de cooperación en los sectores energético, agropecuario, de infraestructura y transporte.
Promover objetivos comunes en instituciones y acuerdos multilaterales como la Alianza del Pacífico y el TPP en Asia-Pacífico, así como en el G20, la ONU, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Avanzar en entendimientos de cooperación hacia Cuba, el Caribe y América Central, regiones donde México y Canadá comparten intereses.
Explorar un acuerdo complementario en materia de seguridad, que incluya acciones conjuntas contra el crimen organizado, el tráfico de drogas y el tráfico de armas.
En todos estos ámbitos existen ya bases reales sobre las cuales es posible construir.El fin del mundo de reglas e instituciones que conocimos abre también una gran oportunidad para México: corregir rumbos fallidos, replantear su estrategia de desarrollo y construir una visión de futuro que combine crecimiento incluyente, bienestar social efectivo y una senda democrática sostenible. EP
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