
Martha Bárcena, integrante del grupo México en el Mundo, analiza el nuevo rumbo del comercio internacional tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Martha Bárcena, integrante del grupo México en el Mundo, analiza el nuevo rumbo del comercio internacional tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
Texto de Martha Bárcena 18/08/25

Martha Bárcena, integrante del grupo México en el Mundo, analiza el nuevo rumbo del comercio internacional tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
La llegada al poder de Donald Trump por segunda ocasión significa el fin del orden económico global establecido al fin de la Segunda Guerra Mundial, fundado en las instituciones de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el GATT, posteriormente transformado en la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Esta última institución en particular era el eje del régimen internacional de comercio entendido como el conjunto de acuerdos, normas y prácticas que regulan y facilitan el intercambio de bienes, servicios y capitales. Este régimen tenía como principios el libre comercio, la no discriminación, la cláusula de la nación más favorecida, la negociación a través de instituciones y mecanismos consensuados y como objetivo el dar certidumbre a las transacciones comerciales internacionales.
En términos teóricos, el régimen internacional de comercio se enmarcó en una visión liberal del orden global que presuponía la contribución del comercio al crecimiento económico y al desarrollo y, por ende, fortalecería la combinación de mercado y democracia como fundamentos del Estado.
Si bien esta visión liberal estaba siendo puesta en duda tiempo atrás, el ascenso de China como potencia rival de EUA y el gobierno de Trump auguran su fin. La gran interrogante es si hay una visión de futuro sobre las nuevas reglas del comercio internacional que incluyan la visión, las demandas y el desarrollo de todos los países, o bien estamos atestiguando un regreso al mercantilismo que caracterizó el siglo XIX y principios del XX.
Planteo como hipótesis que lo que sucede tanto en EUA como en China es un retorno al mercantilismo, con nuevas aristas derivadas del progreso tecnológico y la inteligencia artificial.
En este esquema, hay un rechazo a la globalización y la búsqueda por las dos grandes potencias de ganancias absolutas, no relativas, de imposición de reglas, de subyugación de la economía de otros países. En la visión mercantilista, según los teóricos, la economía debe siempre subordinarse a objetivos políticos del Estado, sea su supremacía o su seguridad nacional y, por lo tanto, el uso de la presión, de la fuerza y hasta de la expansión territorial son permitidas. El Estado debe promover a la industria doméstica, el sector privado debe subordinarse al gobierno y la dependencia económica —y en la época actual, tecnológica— debe ser inexistente o mínima. Prevalecerán siempre los intereses de seguridad nacional, económica y de suministro.
En términos simbólicos tendríamos en competencia a unidades aisladas con diferentes tamaños y fuerza, que buscan atraer o someter a su entorno a otras unidades que sirvan o complementen sus propósitos. En tanto el orden liberal tendría como símbolo una red de interacciones e interdependencia que, si bien reconocería a unidades o Estados hegemónicos, privilegiaría la cooperación entre ellos.
El artículo publicado recientemente por el embajador Jamieson Greer, representante comercial de EUA, en The New York Times, refrenda esta visión. Greer afirma que el orden global establecido en Bretton Woods y la OMC, basado en la eficiencia de la economía y la “ventaja comparativa”, era y es “insostenible”. Dice que EUA pagó un alto precio por mantener dicho orden con la pérdida de empleos industriales, abandonando su seguridad económica y que el gran ganador de dicho orden ha sido la República Popular China.
Identifica los acuerdos logrados con varios países como Japón y Corea y, en especial con la Unión Europea, como el fundamento de un nuevo orden comercial mundial “justo y equitativo”. Este orden se compone de tres elementos: aranceles, acceso a mercados garantizado para EUA mediante la eliminación de barreras no arancelarias e inversiones masivas de otros países y socios en EUA.
Señala que durante años EUA “subordinó su seguridad económica y nacional para invertir en un común denominador basado en consensos globales” y que eso ya no ocurrirá porque ahora lo fundamental es la reindustrialización de EUA y el uso de aranceles como arma de negociación para abrir mercados a los productos estadounidenses. La industria por encima de las finanzas y las consultorías.
En este contexto, EUA busca homologar los estándares de producción de otros países a los de EUA (por ejemplo, autos coreanos); elevar e implementar altos estándares laborales; prohibir el comercio de bienes producidos por trabajo forzado; aumentar la eficiencia en el uso de recursos naturales y la instrumentación de leyes medioambientales estrictas en materia de pesca, explotación forestal y comercio de especies en vías de extinción. Rechaza mecanismos de solución de controversias para ser sustituidos por un monitoreo unilateral por parte de EUA que derivará en imposición de aranceles adicionales, si los otros países no cumplen con los estándares fijados por EUA. Ese será el garrote. La zanahoria será permitir el acceso al mercado de EUA.
Insiste en que los otros países deben comprometerse a adquirir bienes y servicios de EUA, como la compra de gas natural estadounidense por Europa, así como invertir masivamente en dicho país, como las promesas de inversión de la Unión Europea por 600 mil millones de dólares y de Corea del Sur por 350 mil millones de dólares.
El TLCAN primero y posteriormente el TMEC se basaron en buena medida en la concepción liberal del comercio. Si bien nunca hubo un libre comercio total, sino más bien regulado, sí se buscaba fortalecer al mercado como base del desarrollo económico de América del Norte y se pensó que ambos instrumentos fortalecerían la democracia en México al aumentar la interacción económica entre los tres países. Ahora la visión estadounidense ha cambiado. Aunque reconoce la complejidad de la relación con México, ha introducido en la ecuación elementos de seguridad nacional que van más allá de la relación económica como son la migración y el combate al crimen organizado. Canadá, por su parte, reconoce el fin de la relación privilegiada con EUA y busca otros mercados.
Habrá un nuevo marco de referencia para la revisión-renegociación del TMEC en los meses futuros. EUA buscará maximizar sus ganancias, su posición, su acceso a los bienes y materiales que requiere su reindustrialización. Endurecerá sus exigencias en materia laboral y medioambiental. Privilegiará su seguridad económica y nacional por encima del concepto de América del Norte. Exigirá reducir los déficits comerciales que tiene con México y Canadá, sin considerar la complementariedad de las economías.
La revisión-negociación será muy difícil. México ha perdido aliados en EUA, tanto en el Congreso, como con los gobiernos estatales de EUA y el sector privado. El gobierno es poco abierto al diálogo con el sector privado y mantiene secrecía sobre las conversaciones con EUA. Ha manipulado la interpretación de los aranceles impuestos hasta ahora a México subrayando que estamos en una posición privilegiada, lo cual simplemente no es cierto. Ha desaparecido o puesto bajo control del gobierno instituciones autónomas que favorecían el diálogo y el entendimiento técnicos con EUA, como IFT, COFECE, la Comisión Nacional de Hidrocarburos. Ha aumentado el endeudamiento del país y su déficit fiscal. Desmanteló la burocracia capacitada para negociar económica y diplomáticamente con EUA. Descuidó la relación con Canadá. Llegaremos debilitados externa e internamente. El fin del TMEC es un escenario posible, mas no deseable. EP