
El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos sobre el entorno internacional contemporáneo y los ajustes estratégicos que México debe emprender para fortalecer su posición exterior.
El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos sobre el entorno internacional contemporáneo y los ajustes estratégicos que México debe emprender para fortalecer su posición exterior.
Texto de Enrique Dussel Peters 12/11/25

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos sobre el entorno internacional contemporáneo y los ajustes estratégicos que México debe emprender para fortalecer su posición exterior.
A finales de agosto de 2025, México se encontraba enfrascado en un impasse ante la profunda confrontación sistémica entre China y Estados Unidos, desde hace al menos dos lustros, ante la “competencia entre grandes potencias”. Desde hace varias décadas, México no ha sabido definir una política exterior en general, y mucho menos en el ámbito socioeconómico, con China. Esta falta de acción está teniendo enormes costos en el corto, mediano y largo plazo para México y en su relación con Beijing y Washington.
Desde 2022, todavía durante el gobierno de Joseph R. Biden, Estados Unidos inició una nueva estrategia hacia China bajo el lema de “invertir, competir y alinear”, con el objetivo de hacer frente a la creciente competencia con el gigante asiático. Masivos programas —particularmente el Ley de Reducción de la Inflación, la Ley de CHIPS y Ciencia, y la Ley de Infraestructura, de 2022— representaron casi 15% del PIB estadounidense para tomar medidas específicas, particularmente hacia China, en múltiples ámbitos de su economía. Desde entonces, esta estrategia enfatizó la seguridad nacional de Estados Unidos como el principal concepto en su relación con China (por ello el concepto de security shoring) y por encima de otros conceptos, como el libre comercio, la nación más favorecida e incluso la reciprocidad. Estos enfoques han generado importantes retos para terceros países y para México: la creciente y explícita exigencia de que el país adopte las mismas medidas de Washington en contra de Beijing —por ejemplo, las del Comité de Inversión Extranjera de Estados Unidos en materia de inversión para permitir la trazabilidad de inversiones chinas en México— y, en su caso, limitarlas o rechazarlas. Todavía con Biden inició una discusión en torno a la exigencia estadounidense de que México no debiera convertirse en la “puerta trasera” de las importaciones chinas; desde entonces, estos planteamientos han cobrado fuerza y, particularmente, desde la segunda presidencia de Donald Trump, en enero de 2025. Más allá de múltiples órdenes ejecutivas vinculadas al agua, el fentanilo y la balanza comercial, en general, se plantea limitar y restringir la relación de China con terceros países y, explícitamente, con México.
Más allá de la referida confrontación y las presiones hacia México, ¿cómo ha repercutido el security shoring estadounidense, desde 2022, en México y en su relación socioeconómica con China? El puntual análisis y la información ofrecida por la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China (Red ALC-China) permiten un detallado examen.
En primero lugar, en el ámbito comercial, China ha continuado aumentando su participación en el comercio exterior de México, de niveles inferiores a 1% hasta la década de 1990, a 11.25% en 2024 (es el segundo socio comercial de México desde 2003). Por primera vez, en 2024, incluso China rompió la barrera de 20% de las importaciones mexicanas, aunque apenas con 1.61% de las exportaciones mexicanas, resultando en un abultado déficit comercial y una relación de 11:1 en las importaciones y exportaciones chinas. Tres aspectos de mediano y largo plazo son significativos: a) en 2020, 7.5% del valor agregado de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos se originaron en China (y fueron de 0% en 1995); es decir, el aparato productivo exportador ha requerido de crecientes insumos chinos para su exportación, considerando adicionalmente que más de 60% de las importaciones mexicanas son realizadas por empresas transnacionales establecidas en México y, particularmente, estadounidenses; b) más de 83% de las importaciones mexicanas desde China son bienes de capital e intermedios, lo que reitera la importancia de estos insumos para el aparato productivo mexicano, y c) las importaciones chinas compiten en la actualidad de forma significativa con las importaciones estadounidenses. No solo se percibe una profunda sustitución de importaciones estadounidenses por chinas (y, por ende, una muy significativa pérdida de Estados Unidos en las importaciones y el comercio exterior mexicano), sino que, particularmente, en cadenas globales de valor clave. El cuadro 1 refleja que, en la electrónica, por ejemplo, China ya se convirtió en el principal importador de México desde hace más de una década, mientras que en autopartes y en el sector automotriz se presenta en la actualidad una significativa competencia.

Por otra parte, a diferencia de países como Brasil y Venezuela, el financiamiento de los bancos de desarrollo de China en México, hasta 2024, no es relevante.
Además, es importante destacar que, con base en la información de la Red ALC-China, las inversiones chinas en México acumularon 24,800 millones de dólares, convirtiéndose en el séptimo principal inversionista de México. Las 186 transacciones chinas generaron más de 244,000 empleos y han incrementado su presencia particularmente desde 2015. Otras características de las inversiones chinas se refieren a la relevancia de nuevas inversiones (a diferencia de fusiones y adquisiciones) que representaron 82.09% durante 2020-2024 y a la concentración en el sector manufacturero (72.15% de la inversión china durante 2000-2024, particularmente en autopartes y en el sector automotriz), a diferencia de mínimos porcentajes en Latinoamérica. Estas tendencias reflejan que las inversiones chinas en México cuentan con más de una década de experiencias en México, más allá del reciente interés vía el security shoring estadounidense.
Por otro lado, México se ha convertido en el principal receptor de proyectos de infraestructura chinos hasta 2024 (con 39 proyectos) y por encima de Brasil (37), Argentina (36) y Ecuador (33). Estos proyectos acumularon un valor de 8,233 millones de dólares durante 2017-2024 (el primero se realizó en 2017) y generaron casi 170,000 empleos. Los proyectos de infraestructura de China en México han ido en constante aumento desde 2020, más allá del security shoring desde 2022. Es importante, entonces, reconocer que más allá de fuertes presiones estadounidenses en su confrontación con China desde 2022 hacia terceros países, específicamente hacia México, la presencia china en el país ha continuado aumentando en los rubros examinados, con excepción del del financiamiento. No obstante, las presiones seguramente continuarán en aumento en el corto y el mediano plazo para México, particularmente en los rubros de comercio exterior y las inversiones provenientes desde China. La relevancia de definir una estrategia explícita y puntual —se realizó un esfuerzo reciente por parte de Anguiano, Arsovska y Dussel Peters con 27 propuestas puntuales—1 por parte de los sectores público y privado es ineludible, también en aras de aclarar la relación con Estados Unidos y de una urgente estrategia de diversificación. EP