Como bomba cayó la carta del presidente Donald J. Trump a su contraparte, Claudia Sheinbaum, el pasado 11 de julio, un día después de la que recibió el primer ministro de Canadá, Mark Carney. Ambos mandatarios han sido notificados que Estados Unidos impondrá a sus países, 30 % y 35 % respectivamente, de aranceles a partir del próximo 1º de agosto, si no llegan a un acuerdo. A diferencia de los líderes de otros países que también recibieron cartas, los dos principales socios comerciales de Estados Unidos empeoraron respecto al 25 % inicial, impuesto hace tres meses, por su alegada incapacidad para luchar contra la introducción de fentanilo a Estados Unidos.
A pesar de las diferencias en el texto de ambas cartas, la primera pregunta que surge es si los aranceles son para los productos no cubiertos por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) o aplicarán al total del comercio bilateral de cada uno con Estados Unidos. Al momento de escribir estas líneas solo se sabe, a través de una fuente anónima de la Casa Blanca, que será solo para los bienes no cubiertos por las reglas de origen del T-MEC. Sin embargo, en el caso de México, aproximadamente un 50 % del comercio total no califica para las reglas de origen exigidas. En una interpretación más pesimista, los aranceles podrían aplicarse a todos los productos para convertirse en elemento de negociación de la revisión del T-MEC que, para efectos prácticos, ya comenzó. México no ha emitido ninguna respuesta arancelaria hasta el momento, pero Canadá sí, de allí el 5 % adicional que recibió.
Lo más ominoso para México es que los aranceles se aplicarán porque nuestro país “no ha hecho lo suficiente para detener a los cárteles que están tratando de convertir a toda América del Norte en un campo de juego del narcotráfico”. El 15 de julio se supo que Estados Unidos aplicará un 17 % de arancel al tomate, lo que tendrá un impacto para el campo mexicano. El 16 de julio llovió sobre mojado cuando Trump aseguró que los cárteles del narcotráfico ejercen un control tremendo sobre México, incluidas sus autoridades. “Tenemos que hacer algo al respecto”, sentenció. Repruebo las amenazas del gobierno de Estados Unidos que ha dejado abiertas “todas las opciones” para combatir a los cárteles, pero me duele constatar el avance del crimen organizado a lo largo y ancho del país. La vida del ciudadano común en México es afectada por la violencia y la extorsión.
Circula en medios periodísticos y redes sociales la idea de que hay una lista de personalidades, ligadas a la política, que el gobierno de Estados Unidos quiere que sean extraditadas o entregadas de manera económica, como lo fueron 29 delincuentes el pasado febrero. Quienes desean ver terminada la influencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador sobre el actual gobierno, incluyen en esa supuesta lista a personas cercanas a él. Las listas, me parece, son producto de la fantasía. Lo que sí creo es que para llegar a una revisión exitosa del T-MEC es necesario alcanzar un acuerdo sobre seguridad que demuestre la voluntad de México para cooperar en la lucha contra el crimen organizado. Sería mejor que ese acuerdo fuera trilateral —como ha propuesto Eduardo Guerrero— para consolidar el proyecto de América del Norte. No se puede tener un acuerdo comercial que genera mayor producción compartida, sin confianza en los temas de seguridad. La presidenta Sheinbaum está de acuerdo y ha anunciado la negociación en curso de un acuerdo global sobre los temas de comercio, migración, seguridad y reparto de agua. Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch, titulares de Economía y Seguridad, han informado sobre sus avances.
¿Se puede revertir la integración de América del Norte?
Canadá, Estados Unidos y México, vistos como región económica, representan un tercio del PIB mundial, con un peso superior en un 50 % a China y en un 60 % a la Unión Europea. En su primer gobierno, Trump amenazó con terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pero se dio cuenta de que no le sería posible sobrevivir al daño electoral si lo hacía. En consecuencia, el TLCAN fue sustituido por el T-MEC, que hoy se tambalea no solo por las amenazas arancelarias de Estados Unidos, sino también por las faltas de México. En los cinco años de vigencia del T-MEC, México se convirtió en el primer socio comercial de Estados Unidos y Canadá en el segundo, superando ambos a China. Además, la pandemia demostró el valor estratégico de la resiliencia de las cadenas de valor que atraviesan los tres países.
Por más apetecible que pudiera ser reducir el comercio entre Estados Unidos y sus dos vecinos para cualquiera de las partes, sería difícil y costoso lograrlo. Los tres países hemos llegado al punto de no retorno en la producción compartida de la industria automotriz y electrónica y somos complementarios en muchos rubros comerciales. Sin embargo, hay que reconocer que el cambio de gobierno en los tres países, en menos de un año, dificulta el entendimiento. Cada uno de los líderes tiene que responder a su base electoral, insatisfecha con la globalización. Para Canadá y para México, siempre ha sido difícil navegar con la asimetría de poder con Estados Unidos, pero la propuesta de America First resulta todavía más difícil de transitar. Era más apetitosa la oferta del nearshoring del anterior gobierno estadounidense. No obstante, la preocupación más importante para Estados Unidos sigue siendo la competencia estratégica con China; sus vecinos somos parte de la solución y no del problema. El reto está en encontrar la fórmula que haga más competitiva la región de América del Norte, sin romper más platos de la vajilla común.
Urge una visión compartida
Estados Unidos ha acumulado en los últimos 15 años alrededor de medio millón de muertes ligadas al fentanilo. Aunque seguramente México y Canadá tienen las propias, la cifra reconocida por Washington indica la severidad de su crisis y la exigencia de una cooperación más efectiva de sus vecinos. México siempre ha tenido un enfoque de atender tanto la oferta como la demanda de drogas, que es la correcta. Sin embargo, a pesar del cambio en la política de dejar pasar del sexenio pasado, falta mucho por hacer. Apremia una modernización de nuestros puertos y aduanas. Está en el interés de México tener una tecnología que permita escanear los vehículos que cruzan la frontera con Estados Unidos para detectar no solo el paso de sustancias prohibidas, sino también de armas que empoderan al crimen organizado.
La frontera sur de México merece una infraestructura hasta ahora inexistente. Hace dos años y medio pasé vacaciones de fin de año en la zona de Yaxchilán y Bonampak, Chiapas, donde me sorprendió ver que no había ninguna vigilancia en la frontera. Yo misma crucé el Usumacinta en lancha para visitar la zona arqueológica de Piedras Negras, en Guatemala, sin toparme con autoridades de ninguno de los dos países. Entiendo que la situación en Chiapas ha cambiado por el avance del crimen organizado, pero me pregunto si ya existe vigilancia en nuestra frontera sur.
El 82 % de nuestras exportaciones tiene como destino Estados Unidos. No vamos a encontrar otro mercado en el corto o mediano plazo y los tomates son buen ejemplo. Ha sido un objetivo constante de la política exterior de México diversificar nuestras relaciones económicas sin que hayamos alcanzado resultados tangibles, a pesar del amplio número de tratados de libre comercio que hemos firmado y el esfuerzo de nuestras embajadas. No hay más alternativa que poner la casa en orden, con el apoyo de nuestros vecinos, para combatir al crimen organizado. La integración económica de América del Norte requiere reglas claras y debemos trabajar para alcanzarlas. Claudia Sheinbaum merece reconocimiento por su estrategia de “cabeza fría”, pero la negociación en puerta requiere articular una visión clara, que hasta el momento no se advierte, para dar respuesta a los frentes que ha abierto el presidente Trump de manera simultánea. También va a requerir una diplomacia activa que no se limite a llamadas telefónicas entre los mandatarios y encuentros burocráticos en Washington sin coordinación con Ottawa. Habrá que iniciar una interlocución con las diversas fuerzas que inciden en la relación entre México, Estados Unidos y Canadá. EP
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