Observatorio electoral | Sleepy Biden no tiene nada de sleepy

Susana Chacón, del grupo México en el Mundo, realiza un análisis comparativo del proceso de vacunación y la respuesta ante la pandemia entre México y Estados Unidos.

Texto de 17/03/21

Susana Chacón, del grupo México en el Mundo, realiza un análisis comparativo del proceso de vacunación y la respuesta ante la pandemia entre México y Estados Unidos.

El pasado 11 de marzo, el presidente Joe Biden dio a los estadounidenses un discurso por conmemorarse el primer año de vivir la pandemia del COVID-19. Es su primer discurso nacional después de la toma de protesta del 20 de enero del presente. En un llamado a toda la población para reforzar la campaña de vacunación, habló de las carencias que se han vivido a lo largo de todo este tiempo. Sin mencionar a su antecesor, lo culpó de no haberse tomado la pandemia en serio. Tan sólo dijo que como estadounidenses, es responsabilidad de sus dirigentes que sepan lo que pasa. Que les digan siempre la verdad y que el discurso no esté plagado de mentiras. Reforzó la importancia de que estén realmente informados. Durante un año sucedió lo contrario, y se tiene como resultado el número de muertos más alto del mundo.

Biden mostró empatía con las personas. De pronto sacó una tarjeta de su bolso y comentó que todos los días la trae consigo y la tiene actualizada. Dijo que en ese momento el número de muertos en el país era de 527,000 personas. Es el mismo número de familias que han tenido pérdidas y que están en duelo. Esto se pudo haber evitado con otras decisiones. Mencionó que a todos ellos los tiene cerca de su corazón. Con esto, le llegó a la gente.

Por otra parte comentó que la pandemia ha matado a más estadounidenses que todas las guerras juntas que vivieron en el siglo XX. Esto es una guerra distinta en donde al enemigo no se ataca con las armas. Adiós a las armas, mencionó. Esta es una guerra de otra naturaleza que debemos de atacar de otra forma. El enemigo no es el tradicional y no se enfrenta como siempre. La vacuna sin duda ayudará, pero es necesario hacer cambios en los hábitos de vida. Por varios años más, tendremos que mantener el uso del cubrebocas, guardar la sana distancia y evitar estar en lugares con aglomeraciones. Comentó sobre las mutaciones del virus, lo que hace mucho más lento acabar la guerra.

Claramente dijo saber lo que se tiene que hacer: decir la verdad, seguir a la ciencia y trabajar juntos. Enfatizó la importancia de decir la verdad y con un tono amable y pausado, dio esperanza de salir del problema. En varias ocasiones repitió el “los necesito” y remarcó que, si están unidos, podrán combatir al COVID-19 y comenzar una nueva normalidad. Fue un discurso muy emotivo como no se había escuchado en los últimos cuatro años. Para Scott Wilson, del Washington Post, es un discurso memorable que realmente llegó al corazón de la gente.

Finalmente, terminó diciendo que hay una gran esperanza de que la mayoría de la población, en especial de adultos mayores de 18 años, estén vacunados a finales de mayo y que para el 4 de julio podrían reunirse a celebrar en comidas de familia, dándole un significado muy distinto al 4 de julio. El discurso suscitó muchos comentarios muy positivos y de esperanza y muy distintos a los que suscitaba el presidente anterior. Por ejemplo, para Melvin Craig de MSNBC el 4 de julio se convierte en una meta. Su mensaje además de positivo, hace un llamado para acelerar la vacunación en todos los estados. Deja ver claramente que sabe lo que está haciendo y que entiende el sufrimiento de las personas. En este momento se dirigió exclusivamente a los estadounidenses con un llamado que busca sin duda empezar a sanar la distancia y diferencias que hay en los diferentes grupos sociales. Fue un mensaje muy bien recibido por todos.

Además, el mismo 11 de marzo por la mañana, un día después de haber sido aprobado por el Congreso, Biden firmó el plan de estímulos de 1.9 billones de dólares que había propuesto desde que era presidente electo. Es un plan de rescate a la economía como no se había visto desde 1933. A un año de la pandemia, tiempo en el que la crisis económica y los niveles de desempleo que llega a tener Estados Unidos alcanzaron máximos nunca antes vistos. Los niveles de desigualdad que tiene el país dejaron ver la vulnerabilidad que vive buena parte de la sociedad. 1.9 billones de dólares es una cantidad enorme de dinero que será benéfica para los ciudadanos, desempleados, localidades, estados, escuelas, sistema sanitario, familias de bajos ingresos, entre otros. Busca retomar el rumbo de la economía con todo tipo de apoyos. Al fomentar el consumo, se activa el que la industria y los niveles de producción se incentiven también. No sólo será para apoyo directo a las personas. Está pensado en forma integral, para apoyar también a su propuesta de cambio climático y la de economía limpia. Por un lado se favorece a los más afectados por la pandemia, al mismo tiempo que se tejen las herramientas para la nueva economía. El presidente Biden tiene tan sólo dos meses en el poder y los cambios y medidas tomados dejan ver resultados inmediatos de quien conoce el oficio y es profesional.

Mientras tanto, en México, se reciben a cuentagotas las vacunas y no se ha vacunado siquiera al tres por ciento de la población. El número de muertos es proporcionalmente mayor al de Estados Unidos y no se cuenta con ningún programa de apoyo económico a personas, desempleados, afectados, ni a pequeñas o medianas industrias.

A un año de la pandemia las políticas tomadas son equivocadas. La esperanza que se ve está únicamente en la forma en que las medidas de Biden favorezcan también a la población mexicana. Circula ya en redes sociales que el presidente que más mexicanos ha vacunado es el estadounidense, residentes e indocumentados, además de los que han ido desde México especialmente a vacunarse allá. Las brigadas de Correcaminos, que suplieron a las campañas nacionales de vacunación, no han sido adecuadas y han alentado totalmente el proceso.

Efectivamente existe una carencia de vacunas en el mundo. No se producen con la rapidez que quisiéramos. El proceso de producción de una vacuna es de 110 días. Es cierto también que hay países que acapararon un número mayor de vacunas de las que requieren. No obstante, la situación mexicana es profundamente grave. Hace más de diez años que no sólo no producimos vacunas, sino tampoco medicinas. Dependemos totalmente del exterior y en situaciones de crisis como la actual, debería de ser el momento para retomar el rumbo. Sin embargo, sucede lo contrario. Tan sólo en estos dos años de gobierno, hay ya un treinta por ciento de desabasto de medicinas. No las producimos y no se compraron. Las consecuencias van más allá de la pandemia pero ésta las ha desdibujado. Tendremos que esperar para saber si realmente se hicieron contratos de compra de vacunas contra el COVID-19 o si solamente se están esperando donaciones. En estos últimos días el presidente ha reiterado en varias ocasiones que Estados Unidos nos va a ayudar. Después de haber apostado por Trump, se antoja difícil una relación de cooperación.

En cuanto a la falta de apoyos económicos, la única respuesta son las remesas que llegan al país. Cerca de 40 mil millones de dólares llegaron en 2020. Las familias de menores recursos se han visto beneficiadas con lo que reciben por esta vía. Nada más. Al presidente no le interesa apoyar a las pequeñas y medianas empresas y por lo mismo muchas han desaparecido en este año. La pandemia llegó para quedarse, no sólo como la conocimos a principios del 2020 sino con las diferentes variaciones y con próximas mutaciones. Es urgente tomar medidas distintas para proteger a la población, en lo económico y en lo sanitario. El apoyo de la iniciativa privada está a la vista pero el presidente está concentrado en las elecciones de junio. Nada más le preocupa. EP

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