Ingreso Básico Universal: entrevista con Philippe van Parijs

Una solución en posible está en un ingreso para todos, sin miramientos.

Texto de 01/07/20

Una solución en posible está en un ingreso para todos, sin miramientos.

Una de las primeras propuestas para crear algo parecido a una renta básica en México se presentó en los años setenta cuando el ilustre Gabriel Zaid propuso, en pleno sexenio de José López Portillo, que todos los ciudadanos recibieran una parte de la renta nacional, en un monto igual para todos. Sólo en los últimos seis años, sin embargo, comenzaron a presentarse iniciativas políticas y legales para avanzar en esa dirección. En 2015 el senador del PRD Luis Sánchez Jiménez presentó una iniciativa para crear el Ingreso Básico Ciudadano. En fechas cercanas también presentaron iniciativas similares la diputada Elsa Conde, de México Posible, y Gerardo Villanueva, del PRD.

Un año más tarde, en el Congreso Constituyente de la Ciudad de México, se intentó incluir el derecho a la renta básica universal para los capitalinos. La propuesta, sin embargo, no logró incluirse finalmente en la constitución local, al haber sido bloqueada por el PAN y el PRI y sólo se contempló el derecho a un ingreso mínimo vital que dé prioridad a las personas en situación de pobreza. Ese mismo año las diputadas de Morena, Araceli Damián y Norma Xóchitl Hernández, propusieron un plan a 40 años para otorgar a cada mexicano 1,800 pesos al mes, lo que según sus cálculos costaría al erario 12.9% del PIB.

La propuesta tuvo un mayor alcance en la plataforma electoral de la coalición Por México al Frente en 2017, cuando el entonces precandidato a la presidencia, el panista Ricardo Anaya, presentó, como su propuesta más importante de política social, la renta básica universal. Sin embargo, la coalición no fue clara respecto a los detalles de su propuesta y el propio candidato terminó por abandonarla en la segunda parte de su campaña.

Con la crisis económica y social generada por el coronavirus, el debate sobre renta básica se ha avivado nuevamente. En la Cámara de Diputados, la diputada Laura Rojas presentó un punto de acuerdo firmado por 120 diputados, para establecer un “ingreso único vital” de 3,746 pesos mensuales por un periodo de tres meses, mientras dura la emergencia por el COVID-19.

Además, el 8 de junio los diputados de Morena Porfirio Muñoz Ledo, Gabriela Cuevas y Laura Villavicencio, junto con la presidenta de la Cámara Laura Rojas y el coordinador de Movimiento Ciudadano, Tonatiuh Bravo, presentaron una iniciativa a través de la cual se establecería un ingreso básico universal por 7 años. Finalmente, el 16 de junio, el senador Martí Batres también envió una iniciativa al Senado para elevar a rango constitucional el derecho a un ingreso básico universal.

“La gente se ha percatado de que, si hubiéramos tenido un ingreso básico financiado de forma completamente sustentable, nuestras sociedades y nuestras económicas habrían sido más resilientes y hoy estarían en mejores condiciones para enfrentar esta crisis.”

A pesar de que se han presentado varias iniciativas, no todas tienen que ver realmente con una Renta Básica. Algunas solamente utilizan el concepto. Tal es el caso de la iniciativa del PAN, que plantea un ingreso que no es permanente ni universal, o la de Movimiento Ciudadano, que plantea un ingreso que es universal pero que no permanente. En ese contexto, hoy más que nunca se hace necesario entender cuáles son los elementos esenciales de una renta básica, cuando este debate se ha avivado en todo el mundo.

Sin lugar a dudas, uno de los principales referentes de esta agenda es el economista y filósofo belga Philippe van Parijs. Recientemente, Grano de Sal publicó en español su libro Ingreso Básico: una propuesta radical para una sociedad libre y una economía sensata, donde Van Parijs y Yannick Vanderborght exponen su propuesta de ingreso básico universal: una cantidad de ingreso regular que se paga en efectivo a todos los miembros de una sociedad sin ninguna condición.

No importa si eres hombre o mujer, joven o mayor, pobre o rico. De lo que se trata es que cualquier ciudadano, sólo por el hecho de serlo, reciba una cantidad de dinero sin importar lo que haga o cómo viva. Los autores definen su noción de Ingreso Básico Universal (IBU) como: “un ingreso regular que se pague en efectivo a todos los miembros de una sociedad sin importar qué obtengan de otras fuentes y sin ponerles ninguna condición”. El ingreso es pagado a individuos, no a hogares; en efectivo y no en especie; universal y no basado en algún tipo de mérito; y también libre de obligaciones o requisitos específicos. Los ricos tienen tanto derecho a él como los pobres. Y es incondicional en el sentido de que no genera obligaciones laborales y no depende de la disposición a trabajar. 

Naturalmente, una propuesta así de ambiciosa genera muchas preguntas. ¿Cuánto debes ganar? Eso depende del país donde vivas, pero lo que plantean estos autores es que el ingreso básico universal debería ser una cantidad equivalente al 25% del PIB per cápita, es decir, un cuarto del ingreso promedio del país en cuestión.

Van Parijs y Vanderborght argumentan que un ingreso básico es mejor que los programas de apoyo que se enfocan en los ingresos bajos porque, al ser universal y sin condiciones, permite que automáticamente lleguen los apoyos a más personas, sin la necesidad de cumplir con una serie de requisitos. Al tener un ingreso básico, además, la gente evitaría los empleos mal pagados y poco atractivos y obligaría a los empleadores a subir los sueldos y proporcionar mejores condiciones de trabajo.

Pero, ¿cómo lograr un IBU? Los autores proponen varias formas. La primera, a través de impuestos: con tasas mayores para los más ricos y las grandes empresas. En la propuesta tampoco se descartan impuestos al valor agregado, a los bienes inmuebles, a las transacciones financieras o a las emisiones de carbono. Otra forma que ayudaría a costear el IBU es a través de la sustitución de algunos programas que tienen un beneficio menor. En efecto, en un contexto de crisis económica que está dejando a millones de personas sin empleo y sin ingresos, cada vez son más países los que están considerando implementar un IBU.

Hernán Gómez Bruera (HGB): En el contexto de esta pandemia pareciera que un número creciente de países está tomando más en serio las propuestas de una renta básica o un IBU, como tú le llamas. ¿Ves una oportunidad para un instrumento semejante en esta gran crisis económica que estamos ya viviendo? ¿Ves mayores posibilidades para las propuestas que haces en el libro Ingreso Básico, una propuesta radical para una sociedad libre y una economía sensata?

Phillipe van Parijs (PVP): Creo que esta crisis ofrece una oportunidad para dimensionar la contribución que habría representado el tener, desde un principio, un ingreso básico. La gente se ha percatado de que, si hubiéramos tenido un ingreso básico financiado de forma completamente sustentable, nuestras sociedades y nuestras económicas habrían sido más resilientes y hoy estarían en mejores condiciones para enfrentar esta crisis.

En medio de una situación de crisis como la que estamos viviendo, sin embargo, sería muy complicado instrumentar un sistema permanente. Lo que se ha propuesto en algunos países es un ingreso básico de corta duración para que la gente no muera durante la crisis, incluso si este es financiado por medio de un incremento en la deuda pública. También se ha propuesto un ingreso básico en el corto plazo para que las personas puedan salir de la cuarentena y reiniciar la actividad económica. Esto podría ser financiado por medio de la creación de dinero… 

HGB: ¿Existe alguna referencia internacional? ¿Hay algún país que haya implementado algo que se acerque al ingreso básico y pueda servirnos como ejemplo? 

PVP: Bueno, hay muchos países que cuentan con un ingreso básico incondicional para menores de edad hasta los 18 años. Un beneficio para la niñez que es entregado a ricos y pobres, sin hacer preguntas y sin establecer condiciones.

Ahora bien, también existe un reducido número de naciones que tienen un ingreso básico incondicional para todas las personas por arriba de los 65 años, sin importar su situación económica o la profesión que hayan tenido. Y existe un número aún más reducido de lugares en el mundo que cuentan un verdadero ingreso básico incondicional a lo largo de la vida, aunque en una cantidad reducida comparada con su PIB per cápita. Son dos. El estado de Alaska, en Estados Unidos, en donde existe desde principios de los años ochenta. Ese instrumento está financiado por el Fondo Permanente de Alaska, resultante de los dividendos del petróleo. El otro caso es el de la provincia semiautónoma de Macao, en la República Popular China, donde durante los últimos cinco o seis años se le ha pagado anualmente un ingreso incondicional a cada residente (no sólo ciudadano) a partir de las ganancias de los casinos. 

HGB: ¿Cuáles son los principales beneficios del IBU para el bienestar general de los ciudadanos, para el mercado laboral y para la economía en su conjunto? Los más importantes que observas.

PVP: Por supuesto. Un ingreso básico es una manera de proveer un ingreso mínimo para todos, incluyendo a los más pobres. Esto tiene una ventaja sobre los esquemas focalizados que se centran en los pobres. Tiene la gran ventaja de que no crea esa llamada “trampa de la pobreza”, como existe en varios países, incluido México, donde existen esos esquemas de transferencias monetarias para los pobres. El problema con este tipo de esquemas es que, primero que nada, estigmatizan porque determinan: te lo damos sólo porque eres pobre, porque estás desprovisto. Siempre hay algo de humillante en eso.

En segundo lugar, está el problema de que mucha gente pobre nunca recibe los apoyos porque es complicado, hay muchos requisitos, hay todo un procedimiento para obtenerlos, por lo que el porcentaje de beneficiarios es mucho menor a la proporción de personas que tienen derecho a ellos.

En tercer lugar, está la llamada “trampa de la pobreza”. Tú no puedes conservar el apoyo si tienes alguna fuente de ingreso, y por ello, en cuanto logras encontrar un trabajo, en vez de ser recompensado por ello, eres castigado por el sistema al perder la transferencia que estabas recibiendo. Por el contrario, un ingreso básico sería incondicional, provee seguridad económica real para todos, sin importar lo que ocurra en tu vida, si es que cambia tu situación familiar o tu situación laboral, incluso si envejeces. Sin importar las condiciones, puedes contar con él; lo tienes y puedes hacer tu vida a partir de este piso firme. 

HGB: Existe un discurso muy repetido que sostiene que la gente es floja, que si le das una transferencia no va a trabajar e incluso va a dejar de buscar trabajo. Muchos creen que la gente es pobre porque quiere, porque no quiere hacer un esfuerzo. Que si les das una transferencia no van a hacer nada, sólo van a ser receptores pasivos. ¿Qué le dices a las personas que piensan de esta manera? 

PVP: Bueno, tenemos que decirles lo que se les dijo a las personas que pensaban exactamente lo mismo hace dos siglos. De hecho, precisamente esta discusión fue provocada por las llamadas “leyes para los pobres” en Inglaterra a finales del siglo XVIII. Aquella era la época de los economistas Malthus y Ricardo y varias personas dijeron: miren, tenemos esta “ayuda a los pobres”, esta suerte de ingreso mínimo para los pobres y, mientras más preservemos este sistema, mientras más generoso sea con ellos, vamos a tener más gente en la pobreza, en parte porque se les permite sobrevivir. Por lo tanto, comienzan a procrear y generan más gente pobre como resultado de ello, pero también porque se recompensa la pobreza, porque sólo se les dan beneficios a los pobres. 

“Un ingreso básico sería incondicional, provee seguridad económica real para todos, sin importar lo que ocurra en tu vida, si es que cambia tu situación familiar o tu situación laboral, incluso si envejeces. Sin importar las condiciones, puedes contar con él; lo tienes y puedes hacer tu vida a partir de este piso firme.” 

Hubo una gran crisis y varias personas, no sólo Ricardo, sino Tocqueville, Hegel y muchos otros intelectuales de la época, dijeron: “Debemos abandonar este sistema y volver a la caridad privada.” Pero la respuesta estructural consiste en decir: “No hay que reservar esta red de protección sólo a los pobres”. Por supuesto que existe una tendencia de la gente en condiciones de pobreza a no atreverse a buscar un trabajo porque entonces perderían sus beneficios, ellos no pueden aceptar ese trato. Mejor hay que convertir esta red de protección en un piso real. Y esta es una manera de incentivar a la gente a trabajar, comparado con un sistema enfocado sólo en los pobres. Frecuentemente, esta seguridad es también lo que permite a la gente correr riesgos en su vida. Por ejemplo, en California algunas personas se dieron cuenta que un IBU es capital de riesgo para la gente. Es una inversión que se hace en cada persona para que puedan hacer su vida, que puedan correr riesgos, iniciar una pequeña startup, en los casos más ambiciosos, o simplemente un pequeño negocio.

Este tipo de seguridad es una forma de permitir que la gente haga cosas. Así que si quieres generar actividad, no es sólo una cuestión de incentivos, debes salir primero de este perverso desincentivo, pero también permitirle a la gente que se dedique a lo que son buenos para beneficio de ellos mismos y de nuestra sociedad.

HGB: ¿El planteamiento de crear un IBU es más apto para los países desarrollados o puede ser implementado de la misma manera tanto en el norte como en el sur? ¿Cuáles son las diferencias?

PVP: Bueno, debo decirte que inicialmente pensé que sería posible sólo en los países más desarrollados, hasta que un día un colega sudafricano me dijo: “Philippe, eres igual de arrogante que Karl Marx”. Porque Karl Marx creía que la revolución socialista sólo podía ocurrir en los países desarrollados: Alemania, Bélgica, Inglaterra, y Francia en su momento. Sin embargo, ¿dónde terminó sucediendo? En países agrarios como Rusia o China. Así que mi colega sudafricano me dijo: “Mira, hay buenas razones por las que el IBU es más viable y, al mismo tiempo, más importante en países menos desarrollados, porque incluso un nivel menor de ingreso básico haría una gran diferencia en la vida de mucha gente. Y al mismo tiempo, implementar de manera muy rigurosa un diagnóstico que permita verificar si la gente tiene ingresos altos o bajos, es imposible cuando tienes una gran economía informal. El hacer esa verificación resultaría extremadamente intrusivo y arbitrario.

Así que tan pronto como tengas una manera de costearlo, por supuesto es importante, porque de esa forma se puedes lograr que todos contribuyan de alguna manera. El ingreso básico se vuelve más viable e importante en los países más pobres. Y luego tienes que pensar en la mejor manera de financiarlo. Por ejemplo, es mejor hacerlo a través de un impuesto indirecto que por medio de uno directo porque los impuestos directos enfrentan las mismas dificultades que una evaluación de recursos, donde tienes que verificar el ingreso de otras personas, algo que resulta complicado de hacer en una economía informal. 

HGB: Tú dices que, para financiar un IBU a nivel nacional, es necesario impulsar una reforma fiscal progresiva junto con la abolición de las exenciones fiscales. Recientemente, varios legisladores en México han estado trabajando en una propuesta de implementación del IBU. Hoy tenemos distintas propuestas presentadas por partidos de derecha e izquierda. Sin embargo, la reforma fiscal no está en la agenda de este gobierno. ¿Sería posible implementar un IBU en un país que no está pensando realmente en una reforma fiscal progresiva? ¿Existen otras fuentes de financiamiento de un IBU diferentes a los ingresos tributarios? 

PVP: Se puede pensar en dos formas alternativas. Una es por medio de los recursos naturales. Ya mencioné el ejemplo de Alaska, esa es una forma de costearlo. Pero es muy importante hacer una distinción entre financiarlo desde un fondo creado a partir de estos ingresos y hacerlo a través de los recursos directos del petróleo, por ejemplo. La primera opción tiene sentido, pero no la segunda, porque, si se utilizan los ingresos generales del petróleo para financiar un ingreso básico, obviamente estos se terminarán después de un tiempo, por lo que no es una manera sustentable de financiarlo. Pero existe potencial para un ingreso básico pequeño si se logra un fondo de este tipo. 

Ahora, una manera diferente que se propone frecuentemente es financiar el IBU a través de un impuesto a las emisiones de carbono. Sigue siendo, de cierta manera, un impuesto, pero se puede considerar también como el precio que la gente debe pagar por sus emisiones de CO2. Por ejemplo, el año pasado hubo una declaración firmada por miles de economistas estadounidenses, incluyendo premios Nobel, de derecha e izquierda —entre ellos Edmund Phelps—. Muchos de ellos se pronunciaron ahí a favor del impuesto al carbón y propusieron incrementar ese impuesto en los Estados Unidos para utilizar las ganancias como un dividendo para todos los ciudadanos estadounidenses, ricos y pobres. Estas dos formas, por supuesto, no involucran un rédito muy elevado, pero serían alternativas a un impuesto directo o indirecto al ingreso.

En cualquier caso, no creo que realmente pueda pensarse en un ingreso básico sin pensar, al mismo tiempo, en la forma de establecer impuestos justos al ingreso y a la riqueza de los ciudadanos. No creo que al mismo tiempo se pueda evitar ese debate, aunque este tome diferentes formas en cada país porque el sistema fiscal varía de uno a otro. 

HGB: Precisamente a eso quería llegar. Es innegable que el IBU sería mucho más fácil de financiar para unos países que para otros. Principalmente por el número de población, el ingreso nacional, el sistema fiscal, etcétera. ¿Es mejor implementar un IBU de manera gradual, en vez de hacerlo de un día para otro? ¿Cuáles serían tus sugerencias en ese sentido?

PVP: Creo que tiene sentido instrumentarlo de forma gradual de acuerdo con grupos de edad, pero sólo a partir de las dos categorías que mencioné antes; es decir, un beneficio universal para la niñez y una pensión básica universal. En la Ciudad de México se implementó una pensión para adultos mayores. Eso me parece que tiene sentido. Se puede ver que eso se ha hecho de forma gradual. Sin embargo, yo no creo en la implementación gradual por sectores. Por ejemplo, decir que se le dé a los granjeros y no a los otros o, como se ha planteado en algunos países, que se le debe dar a los artistas, porque inmediatamente se genera una discusión sobre quién es artista y quién no, o quién es granjero y quién no lo es. 

Lo que sí creo es, precisamente, en esquemas de ingreso mínimo como Oportunidades o Progresa, los cuales, indudablemente, representan un paso en esa dirección. Se basan en la evaluación del ingreso, con todos los defectos que eso implica, pero son un paso importante en esa dirección. Lo gradual para los países en Europa Occidental consiste en decir: hay varias formas de progresar muy tímidamente, pero el gran paso sería implementar un ingreso básico real en un nivel en el que sea posible vivir de eso, si vives por tu cuenta en una ciudad. No sería una sustitución completa de los programas de ayuda a los pobres, pero a la mayoría de la población, incluyendo a la clase trabajadora, le permitiría salir de la pobreza. Sería un complemento que aún estaría sujeto a ciertas condiciones, pero mucho más residual que en la actualidad. Representaría un ingreso bajo, insuficiente para vivir, pero un piso real para permanecer de pie. EP

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