
En esta columna, Aníbal Santiago escribe sobre el reciente nombramiento de Andrés Manuel López Beltrán entre la dirigencia de MORENA y sus declaraciones sobre su nombre propio.
En esta columna, Aníbal Santiago escribe sobre el reciente nombramiento de Andrés Manuel López Beltrán entre la dirigencia de MORENA y sus declaraciones sobre su nombre propio.
Texto de Aníbal Santiago 09/06/25

En esta columna, Aníbal Santiago escribe sobre el reciente nombramiento de Andrés Manuel López Beltrán entre la dirigencia de MORENA y sus declaraciones sobre su nombre propio.
No le conocíamos ni la voz. Hasta el jueves Andy no era más que un joven maduro, con los rasgos físicos (no demasiados) de quien fue nuestro presidente; era un empresario chocolatero que se había beneficiado de apoyos gubernamentales al campo en sus plantaciones de cacao de la Finca Rocío, y amigo y compañero de prepa de varios juniors de izquierda instalados (coincidencias de la vida) en buenos puestos de la administración federal. En síntesis, como El Pirruri, Andy era simplemente el hijo de papi.
Pero en nuestro país, cuyos extremos ideológicos no modifican un milímetro las tradiciones más amargas, ser hijo de papi le bastó para ser coronado con la vicepresidencia de la organización política que gobierna más estados y somete ambas cámaras. Cuando su padre nos juró que su prole no se dedicaría a la política, oh sorpresa, supimos que su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, sí se dedicaría a la política y que también viviría del erario, como los miembros de todos los partidos. Andrés Manuel hijo, además, arrancaría su carrera no con un modesto pasito, sino con un salto cuántico: Andrés Manuel López Beltrán estaría incrustado en el Comité Ejecutivo de Morena como Secretario de Organización. Nada de picar piedra, ¡hasta arribototota, papá!
El nombramiento encarnaba esa amenaza a la salud nacional que hoy en México, propagado desde el partido más poderoso, ya es un cáncer con metástasis: la repartición del poder entre unas cuantas familias: Alcalde, Batres, Monreal, Salgado, Taddei y otras. El moreno árbol genealógico esparce sus ramas y no importa que para ganarse nuestro voto perjuraran no caer en esa voracidad familiar tan arraigada en el PRI, en ese entrecruzamiento incestuoso.
Eureka, todo fue una trampa: aún no hacen falta méritos laborales para concederte la elevada responsabilidad de conducir el país o el partido hegemónico. Ser ‘hijo de’ es más que suficiente.
Los políticos, eso sí, hablan. Como sus obras o actos en favor del progreso no suelen hablar, declaran mucho. Las palabras ante micrófonos, grabadoras, cámaras, compensan la inacción y simulan el saqueo. Salgado Macedonio dijo, Ebrard afirmó, Ernestina sostuvo, Gertz manifestó, Mario Delgado informó, Sheinbaum acusó. Descargada al infinito, la palabra llena noticieros disfrazando el terrorífico vacío del servicio público. ¿Servicio? “Despreocúpate, mejor declara”.
La única ventaja de que recibamos miles de declaraciones es que con la palabra, inevitablemente, se cuela el alma. Aunque después de oírlos México se sienta desamparado, nos vamos enterando de quiénes son nuestros políticos. Pero había una excepción, Andy, hijo del presidente: él jamás hablaba. Era una efigie muda.
La semana pasada se animó a hablar. En un podcast militante junto a Luisa Alcalde y Camila Martínez, dirigente y secretaria de Comunicación de MORENA, el hijo del expresidente hizo el siguiente reclamo: “Yo me llamo Andrés Manuel López Beltrán, y mi más grande orgullo es llamarme como el mejor presidente que ha tenido este país. El llamarme ‘Andy’ es demeritar eso, quitarme ese legado (…) Yo me llamo Andrés Manuel López Beltrán y ojalá dejen de llamarme con diminutivos y nombres que no son mi nombre”.
En el instante en que el secretario de Organización de MORENA dijo “llamarme Andy es demeritar eso (el legado de su padre)”, Luisa Alcalde, jefa del partido, lo interrumpió para decir “¡claro!”, mientras Camila asintió con una sonrisa. ¿Cómo se llama eso? Miedo (al padre y al hijo) y servilismo, sometimiento, sumisión, subordinación. Usted elija. Y seamos honestos, de esas cuatro ‘S’ el país tiene un largo historial, ellas no suponen ninguna novedad.
Sí la hubo, en cambio, con el heredero, al que ya le conocimos la voz y algo de su alma: Andy nos advirtió, en síntesis: “No se hagan bolas, soy el hijo de papi, y por eso se me respeta. Aguas, México”. EP