Aprobación presidencial en cifras: el primer año de Claudia Sheinbaum
Las encuestas trazan un panorama de elevada aprobación para la presidenta Claudia Sheinbaum en su primer año de gobierno. Entre programas sociales, economía y atributos personales, destacan avances percibidos, aunque la inseguridad y la corrupción siguen siendo las principales preocupaciones ciudadanas.
Cierre de campaña Claudia Sheinbaum 2024
Wikimedia Commons
Las encuestas trazan un panorama de elevada aprobación para la presidenta Claudia Sheinbaum en su primer año de gobierno. Entre programas sociales, economía y atributos personales, destacan avances percibidos, aunque la inseguridad y la corrupción siguen siendo las principales preocupaciones ciudadanas.
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La medición y valoración de la aprobación presidencial es una práctica habitual en nuestros días, ya sea mediante preguntas directas o a través de indicadores que evalúan el ejercicio de gobierno, el proyecto político y los atributos personales, entre otros aspectos. Se trata de una evaluación pública de la gestión gubernamental que abarca cuestiones económicas y de seguridad, dimensiones personales y sociales, ideologías y programas, así como situaciones, acciones y rasgos de personalidad.
En este trabajo se revisan datos e información en torno a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a partir de diversas encuestas realizadas desde su toma de posesión hasta la actualidad, dos meses antes de cumplirse el primer aniversario de su mandato.
Para empezar
En su toma de posesión, el 1 de octubre de 2024, la presidenta habló de “la dignidad, la libertad y la felicidad” del pueblo. Ese mismo día, por la tarde, asumió la responsabilidad de “llevar a México por el sendero de la paz, la seguridad, la democracia, el cuidado del medio ambiente, las libertades y la justicia”, bajo la guía del “bienestar y la felicidad del pueblo”. Con el paso del tiempo surge la pregunta: ¿cómo ha sido su gobierno, o cómo lo ha percibido, valorado y juzgado la población? La respuesta está en las encuestas sobre aprobación electoral que, de forma continuada y sistemática, han recogido tanto la mirada cuantitativa como la opinión pública sobre el tema.
De inicio, por ejemplo, Ipsos informó en junio de 2024 —pocos días después de las elecciones del 2 de junio— sobre los sentimientos y expectativas hacia el nuevo gobierno. El panorama era en general positivo y elevado: 68 % consideraba que México se mantendría en el rumbo correcto; 57 % creía que la economía sería buena o muy buena; y 49 % confiaba en que su vida mejoraría, además de que continuarían los programas sociales y se generarían fuentes de empleo. En conjunto, se perfilaba un horizonte optimista en lo económico, político y social con la llegada de la nueva presidenta.
Mitofsky presentó, a finales del primer mes de gobierno, su encuesta para El Economista, en la que la aprobación presidencial alcanzaba 61.5 %. Por su parte, La Jornada publicó en esas mismas fechas los datos de Demoscopía Digital, que situaban la aprobación en 72.2 %.
En el primer ejercicio demoscópico, 48.9 % de la ciudadanía consideraba buenas las expectativas para el nuevo gobierno. La principal preocupación era la inseguridad (53.4 %) y, en segundo lugar, la percepción de corrupción (66.2 %). Además, 56.4 % opinaba que el rumbo del país era correcto; 42.8 % creía que la presidenta tenía las riendas del gobierno; y 59.2 % consideraba que contaba con credibilidad. Esta era, pues, la opinión de partida de la ciudadanía.
Primeros cien días
Se llega así a la evaluación de los primeros cien días, cuando la encuesta de Alejandro Moreno para El Financiero otorgaba a la presidenta una aprobación de 78 por ciento. Entre los factores mejor valorados se señalaba el manejo económico, mientras que la seguridad dividía opiniones; los apoyos sociales, en cambio, eran el rubro mejor calificado. En cuanto a atributos personales, la mandataria alcanzaba 74 % en honestidad, 74 % en liderazgo y 67 % en capacidad de dar resultados. Tanto la valoración sobre economía y seguridad como la percepción de sus cualidades personales se mantendrán, con ligeras variaciones, en los meses siguientes, de acuerdo con diversas encuestas de opinión ciudadana.
Para esas mismas fechas, el ejercicio demoscópico de Enkoll para El País registraba 80 % de popularidad, mientras que Demoscopía Digital para La Jornada apuntaba 79.1 por ciento. En esta segunda encuesta, 75.4 % consideraba que la presidenta había cumplido con las expectativas y 70.9 % afirmaba que el país había mejorado, destacando avances en seguridad (71.5 %), programas sociales (68.2 %) y economía (64.7 %). Por su parte, la encuesta de Mitofsky reportaba una aprobación de 64.5 % tras los primeros días de gobierno.
Así las cosas, y a pesar de las diferencias, puede considerarse que la presidenta mantiene una aprobación elevada. Francisco Abundis, de Parametría, la calificó como “buenos números”, en correlación con el resultado electoral. Por su parte, Eduardo Ruiz-Healy destacó la consolidación de una imagen de optimismo y confianza en amplios sectores de la ciudadanía, atribuida a los avances en seguridad, la buena gestión económica y, además, a sus cualidades personales: preparación, carácter firme, comprensión de las preocupaciones sociales y una combinación efectiva entre atributos individuales y resultados de gobierno tangibles.
El medio año
Al cumplirse los seis meses de gobierno, la aprobación alcanzaba 82 % según Enkoll para El País. Esta encuesta mostraba un incremento mes con mes: 76 % en diciembre, 80 % en enero y 82 % en marzo. Por su parte, La Jornada reportaba 75.4 %, mientras que Mitofsky registraba 70.2 por ciento.
Entre los datos proporcionados por esta última casa encuestadora sobre el perfil de la población que aprueba a la mandataria, destacan la mayor juventud y menor escolaridad, la afinidad con Morena, el voto por la presidenta y la residencia en el sur del país. Estos patrones se reiteran en otras mediciones, propias o de distinto origen, a lo largo de los meses.
La inseguridad continuaba como la principal preocupación (63.7 %), seguida del mantenimiento de la corrupción (79.1 %). No obstante, 63.3 % consideraba que el rumbo del país era correcto y 70 % confiaba en la presidenta. En cuanto a expectativas de futuro, 63.1 % pensaba que aumentaría el prestigio internacional de México y 61 % que protegería a los migrantes. En la opinión directa sobre su figura, 63.5 % la evaluaba como buena; en síntesis, dos tercios de la ciudadanía apoyaban su mandato a medio año.
El 50 % señaló que la relación con Estados Unidos y el presidente Trump se estaba llevando bien, según la encuesta de El Financiero, que otorgó a la presidenta una aprobación de 81 %. En esta misma medición, el manejo económico alcanzaba 74 %, mientras que la seguridad pública (57 %) y la corrupción (39 %) seguían siendo los puntos débiles y principales preocupaciones ciudadanas. Los programas sociales, en cambio, contaban con 83 % de opinión favorable.
Esta fuente subrayaba además el aumento en la aprobación a lo largo de los primeros meses: 70 % en octubre, 69 % en noviembre, 78 % en diciembre de 2024, 81 % en enero, 85 % en febrero, 82 % en marzo y 81 % en abril, con leves altibajos.
Aunque el contexto internacional no parecía favorable, la opinión pública mantuvo —e incluso elevó— los índices de aprobación, lo cual se atribuyó al tono firme y sereno de la mandataria, a su “prudencia sin subordinación”, ejercida de manera constante.
A dos meses del primer aniversario
Las mediciones rumbo al primer aniversario de gobierno muestran que, en julio, la presidenta conserva un alto índice de aprobación, con niveles que oscilan entre 70.1 % y 80 %, según distintas encuestas (Cuadro 1). Este resultado debe entenderse en el contexto de partida: una votación electoral elevada —casi 60 % de los sufragios, equivalentes a cerca de 40 millones de electores— y expectativas amplias, como reflejaron las encuestas de los primeros días y meses. Todo ello plantea un reto permanente para la gestión gubernamental.
El estudio de El Financiero para julio, además de reportar una aprobación de 75 %, reitera la alta valoración de los programas sociales (75 %) y de la economía (65 %). No obstante, la política de seguridad es menos favorable: 46 % considera que está mal. Lo mismo ocurre con la persistencia de la corrupción (66 %) y el crimen organizado (73 %), que continúan como preocupaciones centrales.
En cuanto a los atributos personales de la presidenta, siguen siendo bien evaluados: 73 % en honestidad, 68 % en liderazgo y 61 % en capacidad para dar resultados. Según esta fuente, estas cualidades y habilidades muestran una tendencia general al alza.
Por su parte, El Paísreporta 80 % de aprobación y subraya la permanencia en niveles altos tras diez meses de mandato. Destaca que la percepción de buen gobierno se asienta especialmente en las ayudas sociales y en las políticas vinculadas con los derechos de las mujeres. Asimismo, las juventudes, las personas con menor nivel educativo y los seguidores del partido en el poder aparecen como los sectores más favorables a la mandataria, como era previsible.
Si bien se observa un crecimiento en la aprobación con el paso de los meses —con leves variaciones—, mayo registró el indicador más alto (83 %). Los apoyos a adultos mayores, programas sociales, becas y políticas dirigidas a las mujeres siguen siendo lo más valorado. En contraste, las principales razones de desaprobación se concentran en la falta de avances frente a la inseguridad y la delincuencia, así como en la persistencia de la corrupción.
La percepción sobre la situación del país también muestra mejoras: 66 % opina que esta ha mejorado, al igual que la economía. La opinión directa buena o muy buena sobre la presidenta alcanzó 76 % en julio, frente a 74 % en diciembre del año anterior. Sus atributos personales se mantienen favorables: 93 % la considera trabajadora, 86 % cercana a la gente, 86 % preparada para el cargo, 74 % honesta y 73 % afirma que cumple sus promesas.
Demoscopía Digital reportó 78.6 % de aprobación en julio, tras haber registrado 80.1 % en junio. Según esta casa encuestadora, los estados con mayor respaldo son Hidalgo, Puebla, Chiapas y Guerrero, mientras que los menos favorables son Morelos y Guanajuato. La serie histórica confirma un aumento con algunas oscilaciones: 72.2 % en octubre de 2024, 71.5 % en noviembre, 79.1 % en diciembre, 76.2 % en enero de 2025, 77.1 % en febrero, 75.4 % en marzo, 78.1 % en abril, 75.9 % en mayo, 80.1 % en junio y 78.6 % en julio.
La casa encuestadora Mitofsky, en su encuesta de junio, registró una aprobación de 70.1 %, destacando el aumento sostenido a lo largo del tiempo: de 61.5 % en octubre de 2024 a 70.1 % en el tercer trimestre de gobierno.
Entre los sectores más favorables se encuentran las juventudes (74.6 %), la región sur y peninsular (75.3 %), las personas con baja escolaridad (73.8 %), los votantes (96.7 %) y quienes se identifican con Morena (98.4 %). Por ocupación, los niveles más altos de aprobación se dieron entre amas de casa (74.5 %), estudiantes (72.9 %), campesinos (72 %), comerciantes (71.3 %), jubilados (69.8 %) y empleados (68.3 %).
En la medición por estados, Oaxaca (80.9 %) y Tlaxcala (80.5 %) aparecen como los más favorables, mientras que las cifras más bajas se registraron en Sinaloa (50.8 %), Guanajuato (55.6 %) y la Ciudad de México (57.1 %).
En cuanto a preocupaciones, la inseguridad volvió a ser el tema principal (59.8 %), seguida a gran distancia por la economía (17.4 %). La percepción sobre la seguridad se dividió: 40 % opinó que empeoró, 36 % que mejoró y 22 % que se mantuvo igual. La percepción de corrupción se mantuvo elevada (82 %).
Por otra parte, 59 % de la ciudadanía encuestada consideró que el prestigio internacional de México mejorará, y 57.8 % que se está protegiendo a las personas migrantes. Mitofsky también evaluó en distintos momentos los atributos de la mandataria: destacan la relación con gobernadores y gobernadoras (60.9 %) y su cercanía con la gente (60.3 %). Los aspectos peor calificados fueron la relación con los partidos de oposición (25.7 %) y su experiencia en gobernar (38.9 %).
En suma, se trata de un amplio panorama de datos que describen, explican y contextualizan la aprobación presidencial reciente y actual de la presidenta.
Para finalizar
Los estudios demoscópicos sobre la aprobación presidencial funcionan como un termómetro de la gestión gubernamental, del liderazgo, del capital político y del apoyo social. Se trata, por supuesto, de un fenómeno dinámico: la percepción varía según los acontecimientos y noticias coyunturales, así como en función de los distintos segmentos sociodemográficos de la población, como se ha mostrado en este artículo. Otro factor decisivo son los atributos de la persona que ocupa la presidencia, tanto en sus capacidades políticas y de gestión como en sus características de personalidad. También inciden los datos duros: los avances sociales y económicos pesan de manera favorable, mientras que la percepción en torno a la seguridad y la corrupción se mantiene como una debilidad y una preocupación constante.
En suma, la elevada y sostenida aprobación de la presidenta parece explicarse fundamentalmente por tres factores: los resultados de gobierno en los ámbitos económico, social y político; el proyecto político con su ideología e identidad; y la personalidad de la mandataria, con sus atributos y prácticas.
En cuanto a los resultados de gobierno, influyen en la percepción de la situación socioeconómica del país, la personal y la familiar, así como en las expectativas de futuro. El desempeño y la estabilidad económica, tanto macro como micro, junto con el enfoque de bienestar sustentado en programas y apoyos sociales, han recibido alta valoración. No debe olvidarse la compleja relación con Estados Unidos y el presidente Trump, que, pese a todo, ha sido calificada de manera positiva. Las asignaturas pendientes, sin embargo, siguen siendo la inseguridad y la corrupción.
Respecto al proyecto político, su legitimidad se apoya en el triunfo electoral con un elevado porcentaje de votos, en el respaldo —aunque no exento de discrepancias— de su partido y coalición, y en la herencia del capital político transmitido por el presidente anterior, que ha sabido mantener e incluso ampliar. Se la percibe como cercana a la ciudadanía y como continuadora del proyecto de la Cuarta Transformación, centrado en el bienestar y en los programas sociales, los cuales ha preservado e incluso ampliado. También mantiene —aunque con complicaciones— el control de su partido en el Congreso y en los gobiernos locales.
En cuanto a la personalidad, proyecta una imagen científica, pragmática, moral y profesional, con un estilo de liderazgo eficaz y confiable. Su comunicación es directa, sobria, serena y firme, transmitiendo confianza y control. Finalmente, en el plano emocional, sobresalen sentimientos morales que la ciudadanía asocia con su figura: confianza, esperanza, lealtad, gratitud, dignidad, orgullo, cercanía, admiración y respeto, varios de los cuales han sido recogidos en las encuestas aquí presentadas. EP
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