Candidaturas diversas: un riesgo y una oportunidad

En este reportaje, el periodista Luis Mendoza Ovando analiza el complejo panorama de las candidaturas LGBTTTIQ+ en las elecciones de este año. #VisibleEnEstePaís🌈

Texto de 09/04/21

En este reportaje, el periodista Luis Mendoza Ovando analiza el complejo panorama de las candidaturas LGBTTTIQ+ en las elecciones de este año. #VisibleEnEstePaís🌈

A simple vista, esta elección se ve como todas las otras: insuficiente, angustiante, llena de spots y malas ideas y encima ¡es intermedia! como que no vale tanto ni hay tanto en juego. Pero por otro lado es histórica, y no sólo porque lo diga el Instituto Nacional Electoral (INE), sino porque hay un cambio de reglas que le colocan un interés inédito a este periodo electoral. 

En enero de este año el INE presentó una ampliación de los criterios de selección de candidatos para los partidos que los obligaba a postular personas indígenas, afromexicanas, con alguna discapacidad, y de la comunidad LGBTTTIQ+.

“No es propiamente algo que se le haya ocurrido al INE, sino que es un proyecto de una sentencia que viene del Tribunal Electoral”, aclara el abogado e investigador Juan Jesús Garza Onofre “Tito”.

Las nuevas reglas, producto de esta sentencia, indican que se deben postular 21 fórmulas de personas indígenas, 6 de personas con discapacidad, 3 fórmulas de personas afromexicanas, y 2 de personas del grupo de diversidad sexual.

“Esto es parte del problema, porque éstas no son reglas que tengan un parámetro racional establecido. Son reglas que se discuten por los siete magistrados y que el INE tiene que aceptar. No tengo la menor idea de por qué van a ser esas cifras”, señala Tito, pero hace hincapié en que el problema no es la intención de estas nuevas reglas –ser más incluyentes o disminuir la discriminación–sino que se pasan por alto los retos de su aplicación.

“Los jueces se toman autoridades legislativas y por querer hacer cosas buenas terminan enturbiando el proceso”, me dice Garza Onofre y me explica que estas decisiones tomadas en sobre la línea de salida van a terminar provocando pleitos legales que pondrán en duda el proceso democrático.

Estas nuevas reglas electorales, aunque de lejos se vean muy woke, traen consigo un riesgo y una oportunidad. Por un lado, existe el riesgo de contribuir al vaciado ideológico y que personas de la comunidad sean utilizadas para lavarles la cara a partidos mientras éstos se curan en salud; por otro lado, existe la oportunidad de por fin construir nuestra existencia como comunidad LGBTTTIQ+ en lo público —ya no como un parche o un anexo— como todos los grupos que conformamos la sociedad.

El riesgo de ser usadxs

Naomi Arjona platica conmigo vía Zoom desde el municipio de Progreso en Yucatán. La señal es a ratos intermitente desde su celular, pero logramos sostener una entrevista adecuada. Lleva lentes de pasta y un vestido azul y su apariencia, curiosamente, combina con el tono calmado con el que habla; con una parsimonia que, sin embargo, no oculta el peso y la potencia de las palabras que salen de su boca. 

Si bien ella tiene una trayectoria propia y reconocida como activista en Yucatán, un incentivo extra que tuvo el Partido de la Revolución Democrática (PRD) para candidatearla fue la cláusula de paridad. Naomi misma lo admite y en ello reconoce que lo importante no es descubrir qué factor pesó más en su elección como candidata, sino dejar registro de que esta acción afirmativa —como pudiera ocurrir con la que promueve candidaturas LGBTTTIQ+— sí inclinó la balanza, al menos por una vez, a su favor y al de la diversidad.

Y es que su sueño de ser alcaldesa de su municipio para ayudar a su comunidad casi se desvanece. Ella había pactado primero una candidatura con Movimiento Ciudadano (MC), pero la llegada de Ivonne Ortega cambió por completo el panorama del partido naranja.

“Fue bajo el mandato de Ivonne Ortega que el Congreso de Yucatán aprobó el candado para prohibir el matrimonio igualitario, justo cuando en ese momento Ciudad de México lo estaba legalizando, y eso que ella, cuando era candidata, se posicionó como Aliada y hasta hacía campaña en antros gay”, me cuenta Alex Orué, quien es miembro del Colectivo por la Protección de Todas las Familias en Yucatán y coordinador de la organización It Gets Better en México para entender las implicaciones de un personaje como Ivonne Ortega en torno a los temas de diversidad.

Orué platica, además, que la decisión de que Ortega coordinara el partido a nivel estatal provocó que diputadas que estuvieron en la legislatura local pasada y que eran aliadas terminaran por salirse de MC por diferencias ideológicas. Esa percepción es compartida por Naomi.

“[En MC] te bloquean, se burlan de tu persona, de quien eres y al final toman ellos solos sus propias decisiones. Yo por eso me hice a un lado y ya después el PRD acudió a mí con toda la honestidad del mundo y les digo ‘pues va’” comenta Naomi Arjona por su breve paso en MC.

Sin embargo, aún y con lo azaroso de su llegada al PRD, Naomi se siente militante de este partido, “me pusieron las cartas sobre la mesa” añade como justificación.

Decido insistir y le pregunto si se hubiera lanzado por el Partido Acción Nacional (PAN) en caso de que se lo hubieran ofrecido. “Sinceramente sí”, me responde con un pragmatismo seco, “yo no tengo nada en contra de ningún partido político”. Después me explica que ella conoce gente buena y trabajadora en todos los partidos.

“Pero desafortunadamente, como en todos lados, también hay gente mala. Esta gente mala, que quiere monopolizar los partidos políticos, son los ambiciosos, los corruptos y son los que destrozan las banderas políticas”, concluye.

La visión de Nami pienso que es de avanzada, porque creo que de fondo revela una noción de entendimiento de la política que reconoce que ya no creemos en los partidos políticos y que éstos, a su vez, no logran diferenciarse entre sí con base en lo que creen. Son como empresas que compiten entre sí ofreciendo el mismo producto: la administración del Estado.

Naomi en sus palabras deja entrever que ya no hay un sistema de partidos, sino un conglomerado de changarros y, desde ese punto de partida, no es que le estén haciendo el favor de ser candidata, sino que también ella asume que es una novedad en la oferta de un partido que lucha por no desaparecer.

Pero esto no es algo que ocurra sólo en Yucatán. En Jalisco, particularmente en la región de la Sierra Madre Occidental en Ayutla, Jorge Sebastián López Buitrón, conocido por todos como “Kichis”, compite por la diputación local del distrito 18 desde el partido Futuro y coincide en algunas reflexiones con Naomi.

Le pregunto también a él si competiría por otro partido político, de corte conservador, como Acción Nacional.

“Pues sería cuestión de pensármelo porque bueno, te puedo decir que no desconozco al PAN, milité en el PAN, entonces no se me hace difícil, pero lo que no quiero es regresar a lo mismo. Quiero que la gente vea que no somos los políticos de siempre, que vea que queremos un cambio de hora. Que, como bien lo dice el partido, queremos construir un futuro digno”, remata y entonces no puedo evitar pensar cómo es que terminó en el PAN. 

A Kichis le es imposible ser concreto en sus respuestas, disfruta mucho de conversar y cuando se emociona su voz se torna ligeramente más aguda. Aprovecha mi pregunta sobre su efímero panismo para repasar su biografía y me cuenta que siempre ha tenido varios trabajos, que ahora tiene un restaurante que trata de salvar a pesar de la pandemia y que además él corta el cabello a domicilio. También, durante algún tiempo, trabajó en el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de las Familias (DIF) municipal.

Trabajando para el sector público él organizó la primera fiesta para personas LGBTTTIQ+ en el 2008, según trata de hacer memoria Kichis, en la región cuando él tenía alrededor de 20 años. La celebración empezó como algo municipal y cuenta que asistieron entre 60 y 70 personas, pero que a la fecha ya asisten personas de toda la región y se llegan a juntar 500 asistentes.

“La misma gente iba diciendo que qué bueno que nos están apoyando y bajó bastante la discriminación” cuenta Kichis y en ello se revela otro uso que le suelen dar los partidos a la diversidad: el de fuente de votos.”

“Cuando yo empecé el evento, el presidente municipal me dijo que no compartía mis ideales, pero que sí nos apoyaba. Entonces fuimos mezclando mucho al Ayuntamiento y ellos nos ayudaban y fue muy bonito ver que iba la primera dama o el hijo del presidente a los eventos. La misma gente iba diciendo que qué bueno que nos están apoyando y bajó bastante la discriminación” cuenta Kichis y en ello se revela otro uso que le suelen dar los partidos a la diversidad: el de fuente de votos.

Esto es algo que también ha observado el activista Iván Tagle, él es director de Yaaj México, una organización que trabaja por la protección de los derechos de las personas LGBTTTIQ+.

“Este tema ha ido permeando también en la confianza electoral de los partidos, porque uno de los pretextos más grandes que tenían para no legislar era la preocupación de que hubiese un costo político y electoral. Sin embargo, están viendo que hay un partido hegemónico [Movimiento Regeneración Nacional, Morena] que sí le está dando bola en muchos aspectos y que tampoco es que pase mucho”, comenta Tagle y tiene razón en que hemos visto al presidente tomarse una foto con la bandera de arcoíris y cambiar el no rotundo de los derechos de la comunidad por la oferta de una consulta pública.

Esta nueva postura del Estado no ofrece más garantías a la comunidad LGBTTTIQ+, pero sí ayuda, como bien lo menciona Iván Tagle, a desmitificar —aunque no me atrevería a decir que sea la intención de este Gobierno— que el impulsar temas de diversidad sexual sea un suicidio político.  

“Muchas de estas candidaturas no son personas nuevas, son personas que ya tienen algún historial político y que han sido funcionarios en otras posiciones. Son candidaturas que usan las causas y las agendas para hacer turismo politiquero de campaña: para tomarse la foto con las comunidades y pintarse como los que sí entienden, conocen y bajan del Olimpo para ayudar. Hacen todo esto cuando ni siquiera sus propuestas están consultadas con las comunidades que pretenden ayudar”, me cuenta el activista Alex Orué y la verdad es que su descripción empata con el desasosiego político que me describe Kichis como su motivación para involucrarse en un partido político nuevo.

“Sin embargo, llega el momento en que ya no concuerdas con los partidos porque realmente siempre nos habían utilizado. Yo me sentía utilizado para tocar puertas, para llevar la información o dar a conocer a los candidatos”, me responde Kichis y le pregunto porque siente que en Futuro no es así.

Dice, aunque su respuesta sea difícil de creer porque suena a algo que dicen todos los políticos, que él está “del otro lado de la moneda ahora”, que está donde está en el partido por su esfuerzo y trabajo, y que quiere trabajar por todas las personas que alguna vez se sintieron como él: desplazadas de las decisiones.

La oportunidad de existir y ser vistx

Pero si los partidos políticos parecen ser abusivos en esencia, ¿por qué insistir en participar? Más aún, si ocupamos los puestos en el poder, ¿existe algo así como una agenda LGBTTTIQ+ para impulsar? Siendo una comunidad tan heterogénea, ¿tiene sentido aspirar a unificar esta agenda?

El caso de Nuevo León puede servir para encontrar respuestas. Jennifer Aguayo, dirige el Movimiento por la Igualdad en Nuevo León, una organización de la sociedad civil que vigila los derechos de la comunidad LGBTTTIQ+ y me cuenta que en ese estado buscaron por la vía legal que las nuevas reglas para la elección federal fueran también válidas a nivel local y lo lograron.

Le pregunto si no le preocupa que aparezcan candidatos de la comunidad que lejos de impulsar más derechos, se muestren a favor de restringir estas luchas.

“Tenemos que entender esto de las acciones afirmativas; por ejemplo, en el tema de paridad, el hecho de tener más representantes mujeres no nos ha garantizado el avance de derechos para las mujeres. Al contrario, hemos tenido mujeres que han votado en contra de los derechos de las propias mujeres”, cuenta Aguayo y en el caso de Nuevo León es muy claro con figuras en el Congreso Local como Claudia Caballero, Celia Alonso o Karina Barrón que, desde el PAN, Morena y MC, respectivamente, han empujado una agenda antiderechos que incluyó la criminalización del aborto y el intento de aprobación del PIN parental.

“Entonces, tener estas candidaturas no nos garantiza que avance la agenda, pero yo estoy muy convencida que abrir espacios es parte de nuestra diversidad,  es parte de la democracia. No todos pensamos y creemos en lo mismo, por eso es importante abrir las puertas para todos y para todas”, responde Jennifer Aguayo e introduce una segunda lectura a las candidaturas diversas. Si sabemos quiénes son los representantes que se vieron beneficiados por esta acción afirmativa, podemos como comunidad LGBTTTIQ+ presionarlos directamente para que impulsen nuestra agenda, en otras palabras, independientemente de sus posturas ideológicas van a ser nuestros representantes de primera línea porque ocupan ese puesto gracias a que como comunidad existimos.

“Pero si los partidos políticos parecen ser abusivos en esencia, ¿por qué insistir en participar? Más aún, si ocupamos los puestos en el poder, ¿existe algo así como una agenda LGBTTTIQ+ para impulsar? Siendo una comunidad tan heterogénea, ¿tiene sentido aspirar a unificar esta agenda?”

Pero ahora, ¿qué agenda queremos impulsar? Quizás el tema que viene a la mente de la mayoría cuando nos hacemos esta pregunta sea el matrimonio igualitario.

“De pronto yo escucho a muchos compañeros, sobre todo gays, que desestiman el matrimonio igualitario y lo tachan de ser una agenda rosa o una cursilería”, me cuenta Lol Kin Castañeda. Ella es abogada defensora de los derechos de la comunidad, fue de las principales impulsoras del matrimonio igualitario en la Ciudad de México y formó parte del Congreso Constituyente de la CDMX.

Después de decirme esto me contó la historia de unos conocidos gays que vivían juntos, como pareja, en Durango, pero sin casarse porque la ley allá aún no lo permite. Por causas del COVID uno de ellos murió y mientras el viudo hacía los trámites correspondientes, la familia del difunto intervino, cambió las chapas y le quitó la casa y sus demás posesiones. En poco tiempo quedó despojado de la persona que amaba y del patrimonio que habían construido juntos.

“No tenía ese reconocimiento de familia y échate el pleito legal porque la ley dice que, si tú no estás casado, quién tiene derecho a tus bienes son tus hijas o hijos. Si no los tienes, entonces tu mamá o tu papá, y si ya no viven,  tus hermanas o hermanos, y si no pues tu sobrino. Pero no hablan de una pareja, no tenemos un reconocimiento y por eso no estamos hablando de una agenda superflua. El amor no es superfluo. El trabajo que yo hago todos los días lo hago por amor y por dignidad”, me responde Lol Kin al tiempo que su pasión por el tema se va haciendo más visible.

Da en el clavo, la urgencia grande o la agenda que nos unifica y que justifica participar como dé lugar en la política es que de muchas maneras no existimos para el Estado. Los procesos burocráticos y de servicios públicos se diseñaron sin pensar en la comunidad LGBTTTIQ+. La lucha por el matrimonio igualitario deja de ser una defensa de la monogamia para mostrarse como algo más ambicioso: la admisión de nuestra existencia en el ámbito público desde el diseño de origen y no mediante un parche y otras figuras que perpetúan la noción de marginalidad. 

Desde esta idea se desprenden las propuestas que necesitamos como comunidad LGBTTTIQ+, pero también, en palabras de Lol Kin, la oportunidad de “transversalizar” para poder brindar la perspectiva que como grupo hemos trabajado por décadas a todas las políticas públicas: las de salud, educación, trabajo, etc.

Ese acto de transversalizar ha sido ejecutado de forma muy interesante por Roberto Alviso, él es el primer candidato abiertamente gay que compite de forma independiente a una diputación en el Congreso local de Nuevo León.

“A mí me parece que justo el entorno en donde más hay que trabajar para la agenda de diversidad es desde la perspectiva de prevención de la violencia a través de la movilidad, los empleos dignos y el actuar de las policías. Porque me parece que ahí hay componentes donde la comunidad LGBT está mucho más expuesta a ser vulnerada por el Estado, pero también por otros grupos que podrían amenazar la integridad de las personas y en particular la de nuestra comunidad”, me cuenta Alviso desde Monterrey y su respuesta está alineada con lo que dice Lol Kin porque pensar la seguridad desde la perspectiva de quienes viven bajo algún tipo de marginalidad, y ya no de quienes son el centro de todas la políticas públicas, termina por enriquecer las soluciones.

Y sin embargo, pienso por momentos que esa palabra tan elegante que es la transversalidad pudiera recaer en un concepto más burdo como el sentido común, ese que se va forjando por el conocimiento empírico, por la forma en que nos va en la feria.

Naomi quiere ser alcaldesa para crear programas de empleo que les garantice a las personas, y en particular a las personas de la comunidad trans, el poder conseguir un empleo con prestaciones porque ha visto a amigas y amigos terminar sus días sin compañía y sin un techo.

“Por más triste que se escuche, al final se quedan solos. Y no lo veo justo de que al final no tengan ni siquiera un techo por sí solos, que sea de ellos y que de ahí no los puedan sacar. Independientemente del trabajo que realicen y todo”, añade.

Kichis, por otro lado, viene de una familia con un padre ausente y donde su madre tuvo que trabajar para que él y sus hermanos pudieran vivir y dice que quiere llegar al Congreso para que cualquier persona pueda formar una familia y pueda adoptar. Que cualquier persona pueda tener una red de apoyo a la cual acogerse como la que él tuvo cuando por defender sus derechos en Ayutla lo llegaron a amenazar de muerte y que le sirvió para seguir adelante.

Tanto en las plataformas de Kichis, como de Naomi, como de Roberto se hará presente la transversalidad, porque su visión de lo público está atravesada por su historia vivida, por sus vivencias de orgullo, pero también de marginación. 

Sin duda, la acción afirmativa que no trae como novedad candidaturas diversas este 2021 no es una solución acabada, pero tampoco tiene que ser la puerta a la catástrofe. 

La presencia de más personas de la comunidad LGBTTTIQ+ en los puestos de poder no garantizan un mundo más justo ni igualitario ni tampoco nos asegura que las políticas que discriminan desaparezcan. Lo que sí va a provocar es que la diversidad dentro de la diversidad sea pública y manifiesta y que cada vez haya menos gente espantada de ello. Abrirá la posibilidad de ver(nos) como gente que acierta y fracasa y cumple y miente y demás, como ocurre con todos los políticos heterosexuales. 

Pero más allá de lo que no asegura y sí alienta esta iniciativa de ley, pienso que guarda una oportunidad histórica: la de rediseña y reimaginar lo público con la diversidad como un elemento original y no como un capricho de la modernidad que hay que incluir a manera de anexo. Hacerlo realidad recae en quienes se beneficien de esta acción afirmativa y de la comunidad LGBTTTIQ+ y urge a ser visibles y exigir protagonismo y visibilidad, casi como salir del clóset político. 

Hacerlo no es fácil, ni es cosa menor, pero llegar a los puestos de poder con cautela y cuidando de que no se note, provocará que la diversidad siga siendo un requisito para palomear y que los políticos que se asumen abiertamente parte de esta comunidad sigan siendo usados como utilería. 

En cambio, ser diverso desde el poder —con toda la diversidad inherente al término— abre la posibilidad de crear un país inédito, atravesado por las historias que nunca son las que ocupan el primer plano de la política nacional. Habilita volver a imaginar, y con suerte crear, un país mejor y no importa que suene a una aspiración cursi porque es uno de esos pocos permisos que se nos da como comunidad. EP

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