Un árbol parcialmente iluminado

Fernando Clavijo se encuentra con un montadito que lleva por nombre Kasparov y a partir de ello hace un repaso histórico de algunos momentos clave de Kasparov para el ajedrez. ¿Qué relación pueden tener Kasparov, Tolstoi y Napoleón?

Texto de 11/11/21

Fernando Clavijo se encuentra con un montadito que lleva por nombre Kasparov y a partir de ello hace un repaso histórico de algunos momentos clave de Kasparov para el ajedrez. ¿Qué relación pueden tener Kasparov, Tolstoi y Napoleón?

2021; Logroño, La Rioja. Cafetería Santana (calle Chile 28) propone menú de montaditos con nombres de ajedrecistas. La Bobby Fischer lleva “lomo adobado con queso fundido y bacón” y cuesta 6 euros. La de Karpov es la más barata, “tortilla francesa de york y queso fundido”, por 4 con cincuenta, mientras que la de su oponente histórico y sucesor, Kasparov, es la más cara, “jamón ibérico sobre queso roquefort con base de mayonesa y anchoas en salazón”, a 6 con setenta. La del alumno de Kasparov y actual campeón mundial, el noruego Magnus Carlsen, es “calamares con alioli”, por 5 euros. El corresponsal de ajedrez del periódico El País, Leontxo García, hace un tuit del menú que llega a ser visto y comentado por el propio Kasparov.

2007; Logroño, La Rioja. De tapas en un bar veo una etiqueta de vino de nombre “Clavijo”. Más tarde, una van con el letrero “Embutidos Clavijo” y la imagen de salchichones y chorizos atraviesa el centro de la ciudad. Decido seguirla. Sale de la ciudad por un camino sinuoso y lleno de niebla, hasta llegar a un caserío con un bar y un castillo muy antiguo, resulta ser el pueblo cuyo nombre es el mío. Ningún pariente mío ha escuchado de tal pueblo.

2003; Manhattan, EU. Garri Kasparov juega contra una computadora el torneo Humano vs Máquinas, en el que obtiene un empate. Al evento asisten las hermanas Polgar, famosas por ser fruto exitoso de un experimento educativo de su padre, Laszlo Polgar (su libro de ejercicios de mate, que incluye 5,333+1 posiciones, es tan pesado que rara vez se mueve, por lo que ha pasado meses en un mismo sitio de la sala), y las mejores jugadoras mujeres. No logro estrechar la mano de Kasparov, pero sí entablar conversación con Susan Polgar, la mayor de las tres hermanas. El lugar es el New York Athletic Center, en Central Park South, y los restaurantes cercanos son caros. Hay un Le Pain Quotidien cerca, y compro un chocolate caliente en la cadena originalmente belga.

“Kasparov dirige a los programadores sobre qué partes del juego deben investigarse y programarse y cuáles no valen la pena. La ramificación de movimientos posibles se llama “árbol de decisión” y se usa en la teoría de juegos para predecir desenlaces en un proceso conocido como “inducción hacia atrás”.”.

1998; Palo Alto, California. Garri Kasparov da una charla a estudiantes de la Universidad de Stanford luego de haber perdido su primer juego contra la computadora Deep Blue el año anterior. Explica su participación en el proceso de diseño y programación del software desarrollado por IBM. Como el juego de ajedrez no está resuelto (es decir, no se han mapeado todas las posiciones posibles para poder escoger el mejor movimiento en todo momento del juego como se ha hecho con, digamos, el juego gato) y el poder computacional de la época (ni el actual) permite calcular las ramificaciones posibles de cada tirada, Kasparov dirige a los programadores sobre qué partes del juego deben investigarse y programarse y cuáles no valen la pena. La ramificación de movimientos posibles se llama “árbol de decisión” y se usa en la teoría de juegos para predecir desenlaces en un proceso conocido como “inducción hacia atrás”. La materia entra al currículo de los estudiantes de economía a partir de las contribuciones del matemático John Nash. Al ser Kasparov el que ilumina las partes del árbol que considera pertinentes —para lo cual lo asiste un equipo de investigadores del ajedrez—, al momento de jugar contra la máquina realmente está jugando contra su propia memoria. “Es como jugar contra mí mismo”, nos dice, “excepto un yo que no se cansa, no se equivoca ni se enferma.” Según relata, él se había enfermado en los meses anteriores al match, y había solicitado postergar el juego, a lo que IBM se negó de manera antideportiva. “La única ventaja que conservo”, nos dice, “es la intuición”. Si hace una jugada que no es evidentemente valiosa en el momento, pero que intuye que le dará valor posicional mucho más adelante en el juego, la máquina se destantea.

Al terminar su explicación se abre la charla a preguntas de los estudiantes. El auditorio está atiborrado y desde atrás apenas escucho la voz de un estudiante que le hace una pregunta. Kasparov la repite por el micrófono, “¿qué comes antes de un torneo?” Durante años se alimentó de carne y papas, “como un pugilista”, pero recientemente ha cambiado por algo más ligero y a la vez más nutritivo, salmón a la plancha con verduras al vapor. Según un académico de la propia universidad, un jugador puede gastar hasta 6 mil calorías en un torneo de ajedrez, por lo que deben hidratarse constantemente y regular su nivel de atención con fruta o café. Los ácidos grasos del Omega-3, además, están relacionados con buena memoria y función cognitiva en general. En su manual A fish before the game? On nutrition, doping and chess (2010), el holandés Karel van Delft enfatiza que lo más importante de la alimentación antes de un torneo es que sea de digestión fácil.

1989; Washington DC, EU. En el colegio de la calle Macomb, la Washington International School, una compañera rusa nos da un discurso en el día de su graduación. Nos dice que su tiempo en el colegio ha tenido momentos felices pero también noches de estudio y frustración, y que ha logrado conocer a diferentes profesores en charlas de todo tipo de temas, incluyendo derechos humanos y ajedrez. “Este discurso es”, nos dice muy sonriente desde el púlpito, “como el plato nacional de mi país, el borscht [sopa de betabel], al que se le pone de todo. La gente piensa que hay una receta, pero en realidad todo lo que va quedando, lo que no queremos desperdiciar, va en el borscht.” 

“La repetición me enseña que en el ajedrez recreativo no debe improvisarse por más que la mezcla de vanidad con pereza así sugiera, es mejor aprenderse de memoria una jugada e ir progresando con cada enfrentamiento.”.

Ella es mayor que yo; todavía no me corresponde graduarme. En vez de estudiar como ella, paso mis tardes siguiendo las jugadas de Spassky vs Fischer en mi juego computarizado de Kasparov. La primera docena de movimientos de todos los juegos es casi idéntica, variaciones alrededor del gambito de dama con un c4 seguido de d4, y la defensa india de caballos y peones escalonados, siempre en la lucha por el centro. Fischer me fascina porque Bobby Fischer enseña ajedrez fue mi primer libro de ajedrez, además de que su acenso y caída vertiginosos lo convierten en una figura trágica. La repetición me enseña que en el ajedrez recreativo no debe improvisarse por más que la mezcla de vanidad con pereza así sugiera, es mejor aprenderse de memoria una jugada e ir progresando con cada enfrentamiento.

1963; Azerbaiyán. Garri Kasparov es considerado ruso, pero en realidad es soviético. La parte del Cáucaso de donde proviene es famosa por su aceite y hortalizas como pepinos, tomates y lechugas. Los mercados rusos, aun hoy en día, se surten de esta parte del antiguo imperio, y en restaurantes de esta región se come mejor que en los nuevos locales del Moscú capitalista. Si bien estos últimos ofrecen sushi y pizza al lado de ensalada de arenque y son atendidos por jovencitas en ropa ajustada, los del Cáucaso tienen ensaladas, pollo al sartén y caras amables de cálidos ojos oscuros. Además de recomendar una dieta rica en ácidos grasos y vegetales, practica una dieta psicológica estricta, en la que procura la toma frecuente de decisiones, el control ante situaciones inadvertidas y la confianza en sí mismo. Kasparov es un opositor férreo del régimen aparentemente vitalicio de Vladimir Putin. Suele atacarlo por sus excesos, para lo que requiere un mínimo esfuerzo, es decir en passant. Es presidente de la Fundación de Derechos Humanos.

1952, Leningrado. Valdimir Putin no muestra ningún interés por el ajedrez, aparte de hacerse fotografiar con Karjakin, el niño prodigio. Tampoco se interesa mucho por lo que come, solo que prefiere “ensaladas, pepinos y tomate, pescado y cordero”, y que evita la repostería. Se ha especulado que Limonov, de Emmanuel Carrere, trata sobre él. La novela describe el ascenso de un hombre que es a la vez un político, un bohemio y un mamarracho.

1869; Moscú. Tolstoi publica La guerra y la paz primero como serie y después todo junto. En su afán por desdeñar a Napoleón y su campaña de 1812, retrata a una aristocracia afrancesada hasta los huesos, cuyas cavas arrasaron los oficiales franceses durante su breve ocupación. En las primeras páginas describe al Príncipe Vasili Kuragin por medio de su discurso: “hablaba en ese francés refinado con el cual nuestros abuelos no solo hablaban, sino pensaban.” En efecto, una caminata por Moscú, aun en nuestra época, revelará restaurantes de un afrancesamiento (salsas cremosas, repostería en platillos, ensaladas con grandes ramas de perejil) ya casi imposible de encontrar en la propia Francia.

Aficionado al ajedrez, Tolstoi lo utiliza en varias ocasiones para ilustrar que la visión humana de la Historia es siempre incompleta. “Un buen jugador de ajedrez que ha perdido una partida cree sinceramente que su fracaso se debe a un error suyo y busca dicho error en su apertura. Pero olvida que en cada etapa del juego puede haber cometido errores similares y que ninguno de sus movimientos fue perfecto. Se enfocará solamente en el error al que presta atención, porque ese es el que aprovechó su oponente.”

1812; París. Al final, la campaña napoleónica deja marca en la gastronomía francesa, aunque a estos últimos no les gusta aceptarlo. Los soldados invasores rusos piden velocidad a los meseros parisinos utilizando la palabra bistrot, que significa “rápido” y da nombre a estos restaurantes pequeños. EP

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