Se hace camino al andar

A seis años de la desaparición forzada de Iguala de 2014, el periodista Heriberto Paredes nos comparte un homenaje fotográfico de las familias de los 43 de Ayotzinapa que honra la memoria de las víctimas.

Texto de 25/09/20

A seis años de la desaparición forzada de Iguala de 2014, el periodista Heriberto Paredes nos comparte un homenaje fotográfico de las familias de los 43 de Ayotzinapa que honra la memoria de las víctimas.

Huellas de la Memoria no solamente es una exposición, sino que se trata de la memoria del camino que han forjado mujeres y hombres de todas las edades al buscar a sus seres queridos desaparecidos. Un 10 de mayo, en el calor de una caminata hecha por madres de personas desaparecidas, la idea de recuperar las palabras y los zapatos de estos buscadores y buscadoras poco a poco tomó forma.

La idea es sencilla: a la persona que busca se le pide un par de zapatos con los que ha caminado los lugares más funestos de este país, se le pide además un mensaje para su familiar buscado y una breve presentación de quien daba el calzado. Con algunas herramientas propias del grabado, se preparan las suelas o se les adecúan una suela lisa extra y sobre esta superficie se graba un mensaje y algunas líneas de cada historia.

Hecho este grabado se entinta y se imprime manualmente en papel. El color verde de la tinta marca a las personas que son buscadas actualmente; el negro son las personas que han sido encontradas sin vida; el rojo anuncia a las personas que han fallecido en la búsqueda de sus familiares; el naranja indica las personas que fueron encontradas con vida.

Esta muestra ha sido expuesta itinerantemente desde 2016 y ha recorrido una gran cantidad de geografías a nivel mundial. Las grietas que generan las pisadas son también los hilos de la memoria que se tejen para dar cuenta del horror de la desaparición. Los zapatos nos hablan de una de las problemáticas más complejas y más desatendidas por el Estado.

Resulta lógico que el responsable de estas desapariciones no sea juez y parte, sin embargo, en el plano de lo legal y lo público, las instituciones estatales tienen la obligación de atender a las familias que buscan. No se trata de una concesión: se trata de un deber que, al no ser cumplido con diligencia, legitima la búsqueda por medios propios.

La casualidad hizo que tuviera, sin siquiera considerarlo, una de las experiencias de memoria más relevantes que pueden pensarse en las grises calles de la Ciudad de México. Salí de casa para atender un pendiente impostergable en los rumbos del Centro Histórico, así que me dispuse a caminar por la calle en la que viví muchos años: República de Cuba. De pronto, una voz familiar me hizo voltear la cabeza y, frente a mí, Alfredo López Casanova —miembro del colectivo Huellas de la Memoria— me saludaba al mismo tiempo que me hacía una seña con la mano para que cruzara la calle y lo alcanzara.

“¿Tienes prisa? Espérame tantito adentro; tengo que ir por las familias de Ayotzinapa, van a venir a la exposición. ¿Puedes hacer unas fotografías? Si nos hubiéramos puesto de acuerdo, no nos habríamos coordinado. No me tardo.”

“Comparto algunas de las fotografías que son el resultado de esta visita insospechada. Se trata de un modesto registro del momento en que —en casi total silencio— las madres y los padres de los estudiantes desaparecidos se miran en el espejo de la búsqueda, del esfuerzo y de la lucha.”

Entré al recinto que alberga los más de doscientos pares de zapatos de personas que han buscado y continúan la búsqueda de personas desaparecidas en México, desde la época de la Guerra Sucia hasta nuestros días. Alfredo salió y cerró la puerta. También se llevó las llaves y me dejó encerrado flotando entre los zapatos que cuentan una parte de la historia social de nuestra época.

“¡Ya llegamos!”, anunció Alfredo una hora después, mientras abría la puerta y me invitaba a salir al patio interno donde, apostadas en círculo, estaban muchas de las familias de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

Comparto algunas de las fotografías que son el resultado de esta visita insospechada. Se trata de un modesto registro del momento en que —en casi total silencio— las madres y los padres de los estudiantes desaparecidos se miran en el espejo de la búsqueda, del esfuerzo y de la lucha.

Recorrieron pausadamente la exposición, comentaban en voz baja, algunas mamás y papás encontraron sus propios zapatos y se sintieron parte de una gran lucha, que, involuntariamente, han construido. Suelas gastadas, rastros de tierra y lodo, huaraches, tenis, sandalias, botas, todo tipo de artefactos para proteger los pies en el largo caminar, ellos también miraban a las familias.

Se cumplen seis años de la desaparición de los normalistas a manos del poder político-criminal; en este largo camino se derribó la verdad histórica y se han encontrado indicios, pistas, información contundente que algún día, será parte del cuerpo de la justicia.

No hay gozo. Hay dolor en el espejo de los zapatos, en el largo camino que se hace al buscar. Las miradas de las madres son particularmente serias, profundas, tienen el gesto de indignación y de no resignación. Al salir del recinto lo hacen también en silencio. “No te rindas, no cedas por favor. Yo te buscaré hasta encontrarte, hasta el final de mis días”, es lo que se alcanza a leer en las suelas de doña María Elena, madre de Giovanni Galindes Guerrero.

Tal vez una reinterpretación de aquel poema de Antonio Machado que, en la voz de Joan Manuel Serrat, cobró revuelo entre la bohemia de varias generaciones: “Caminante, no hay camino”. Tantas historias y tanto dolor reunido en tantas huellas, trajo este poema al silencio nocturno de las familias reconociéndose.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

De Proverbios y cantares (XXIX)

Huellas de la memoria es una muestra que recupera el calzado de más de doscientas personas que buscan a sus familiares desaparecidos. Este trabajo se mostró del 30 de agosto al 13 de septiembre de 2020, aunque desde 2016 se ha instalado en distintos espacios en México y otros países.
A pesar de las distintas actividades y ocupaciones que las familias de los 43 normalistas de Ayotzinapa tienen como parte de la búsqueda, ellos tuvieron la oportunidad de recorrer la instalación y de reconocerse como parte de una lucha fundamental.
Las madres, abuelas, hermanas, padres, hermanos de los normalistas llevan siempre entre sus manos las lonas con el rostro de los normalistas.
El momento más conmovedor de esta visita a la exposición estuvo concentrado en el gesto de reconocer su propio calzado y el camino andado en la lucha por la verdad y la justicia.
“No te rindas, no cedas por favor. Yo te buscaré hasta encontrarte, hasta el final de mis días”, es lo que se alcanza a leer en las suelas de doña María Elena, madre de Giovanni Galindes Guerrero.
 La tinta de color verde se destina a las historias de personas que son buscadas actualmente, engrosan la mayor parte de la exposición y mantienen la esperanza.
Más de doscientos pares de zapatos fueron instalados en este pequeño recinto y se trata de la mayor exhibición, sin embargo, el número de historias sigue creciendo con estrepitosa velocidad.
Durante la visita de las familias, reinó un silencio en donde las familias aprovecharon para comentar en voz baja, para palpar las huellas.
Se cumplen seis años de los hechos ocurridos en Iguala, Guerrero y todavía no se conoce el paradero de los estudiantes normalistas, sin embargo las familias continúan buscándolos sin que nada les detenga.

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