Serendipia psicodélica: el presentimiento de Hofmann

Rebeca Calzada indaga en el uso de sustancias psicodélicas, como la ayahuasca, en tratamientos de salud mental.

Texto de 30/09/21

Rebeca Calzada indaga en el uso de sustancias psicodélicas, como la ayahuasca, en tratamientos de salud mental.

“En los campos de la observación el azar no favorece más a que a las mentes preparadas”1 

Louis Pasteur 

A mediados del siglo IX, en lo que hoy corresponde al territorio alemán, se registró una misteriosa enfermedad. ¿Los síntomas? Un frío que recorría pies y manos para, posteriormente, convertirse en un infernal fuego que dominaba a los cuerpos de quienes la padecían. Después venían la psicosis, las alucinaciones y, finalmente, el desprendimiento de las extremidades que, como piezas de carbón, antes de cuartearse para finalmente separarse, adquirían también un color oscuro. Todo esto sucedía antes de que la vida de la persona llegará a su fin, por eso quienes la padecían sufrían un dolor descomunal. Esta enfermedad, que se registró en Francia un siglo después,  era conocida como “fuego de San Antonio”. Durante un buen tiempo nadie entendía que la originaba y curaba, por lo que el miedo de quienes miraban a sus conocidos enloquecer y desmembrarse, hizo que concluyeran que aquello sólo podía ser consecuencia de un hechizo. Por lo tanto, la única forma de acabar con aquel malestar era cazando a quienes estaban detrás de todo eso: las brujas. Fue hasta el siglo XVII que se supo que esa enfermedad era ergotismo causado por el cornezuelo (un hongo) que crecía en el centeno. Existen registros de que en aquellas regiones en las que hubo plaga por cornezuelo también hubo cacería de brujas (Francia s. XVI, Gran Bretaña s. XVII, Noruega s. XVII y Escocia s. XVI-XVIII). Incluso existe evidencia que supone que la cacería de brujas en Salem, Massachusetts, también podría estar vinculado con el cornezuelo.

Unos siglos después, en 1938 un investigador de 32 años desarrolló un proceso para sintetizar los componentes del cornezuelo. Hofmann buscaba encontrar algo para los sistemas circulatorio y respiratorio; sospechaba que por la potencia de los compuestos químicos del cornezuelo estos podrían llegar a tener algún uso médico. Y no erró, sin embargo, lo que halló iba más allá de lo que en sus más alucinantes fantasías pudo haber imaginado. La estructura química de los compuestos activos del cornezuelo comparten un núcleo en común conocido en alemán como Lysergsäure y en español como ácido lisérgico. En la versión 25 (LSD-25) de sus experimentos combinó el ácido lisérgico con dimetilamina. Después testeó esta combinación en animales y notó que estos se estimulaban, por lo que reportó que esa sustancia no despertaba ningún interés farmacológico y se suspenderían las pruebas. Cerró la carpeta y guardó en ella su presentimiento de que el LSD-25 debía tener alguna potente propiedad benéfica. 

Cinco años después, su presentimiento lo orilló a sintetizar esta sustancia de nuevo, exponiéndose accidentalmente a esta. Hacia el final de su experimento Hofmann se sintió mal y tuvo que dejar el laboratorio para volver a casa. Acostado en casa, con sus ojos cerrados notó con admiración las imágenes intensas, llenas de colores y figuras que se proyectaban en sus párpados. Esto de alguna forma reafirmó aquel presentimiento. Fue así como, el 19 de abril de 1943 Hofmann deliberadamente decidió probar una cantidad ridículamente pequeña de LSD-25. Los efectos fueron aterradores, pero a la vez sorprendentes; algo se desenvolvía en su mente, cuerpo y espíritu. En algún momento pensó que se había vuelto loco, por lo que buscó que un doctor lo revisará. El doctor concluyó que todo estaba bien. Así que se recostó y esperó. La espera pagó: aquella locura que se desvanecía y Hofmann comenzaba a percibir una inigualable sensación de bienestar y gratitud. El investigador describió lo que le sucedió como si hubiera sido llevado a otro mundo, a otro espacio y a otro tiempo. Hofmann había descubierto algo poderoso. El presentimiento de Hofmann se materializó en una sustancia que, al día de hoy, continúa siendo cazada por el régimen prohibicionista como lo fueron aquellas brujas en siglos anteriores.

El LSD-25 pertenece al grupo de los psicodélicos2 y es una de las sustancias psicoactivas más populares a nivel mundial: de acuerdo con Global Drug Survey, esta droga estaba dentro de las diez más consumidas globalmente en el 2020. Una de las características principales de los psicodélicos es que el objeto principal en donde se producen sus efectos es en la mente. Tras su consumo se puede producir una alteración a nivel sensorial, psicológica, emocional o incluso de tipo espiritual. Estas sustancias abundan en el mundo natural y algunas de estas han sido utilizadas como valiosas herramientas espirituales-social en algunas culturas (como es el caso de la ayahuasca o el peyote). Hacia finales de la década de los setenta, se empleó el término “enteógeno” para referirse a estas sustancias; su raíz etimológica hace referencia a la manifestación de la deidad interior, de forma que, los enteógeno son aquellas sustancias que por sus efectos pueden considerarse que tienen propiedades místico/espirituales. Este término suele ser usado como alternativa a psicodélico -que usualmente se asocia con la contracultura de los años sesenta-y alucinógeno -que es visto como un término peyorativo, ya que indica que sus efectos son meras percepciones falsas. 

En una charla que tuve con Gabriel Amezcua, que desde hace ocho años se ha dedicado a estudiar estas sustancias y a entender el movimiento psicodélico en el mundo, menciona que un rasgo importante de éstas es que responden al acrecentamiento de la conectividad cerebral, por lo que tienden a expandir los estados de conciencia hacia una mayor percepción y conectividad y, por lo tanto, hacia una mayor sensibilidad con el entorno. Esto ha hecho que desde un inicio estas sustancias hayan sido percibidas por muchos investigadores como revolucionarias por su gran y poderoso valor terapéutico; desde que se sintetizó el LSD-25 por primera vez hasta la década de los años sesenta, ya había más de dos mil investigaciones publicadas que describían resultados positivos en aquellas personas con ansiedad o depresión y que habían utilizados psicodélicos de forma terapéutica. Sin embargo, muchas de estas investigaciones carecían de rigurosidad científica. Con la llegada de su prohibición en los Estados Unidos y a nivel global a partir de la década de los años setenta con la Convención de las Naciones Unidas de 1971, muchas de las subsiguientes investigaciones tuvieron que realizarse en la clandestinidad (con algunas excepciones, como el caso de Suiza entre 1988 y 1993, cuando de pudieron realizar algunas investigaciones usando LSD y MDMA). No obstante, desde inicios de los dosmiles se presenció el renacimiento las investigaciones occidentales sobre psicodélicos (psilocibina, LSD, MDMA, entre otras) para tratar trastornos de tipo mental (como depresión, ansiedad, adicciones, trastorno de estrés postraumáticos, entre otras)

En 2018 asistí al Congreso de Plantas Sagradas de las Américas en Ajijic, Jalisco. Este Congreso internacional reunió a indígenas, investigadores y activistas de toda América Latina y de países del norte global para hablar de plantas y moléculas psicoactivas. En este Congreso presenté algunas reflexiones que he tenido sobre el trastorno de estrés postraumático reportado en elementos de la SEMAR y el posible uso del psicodélico MDMA para su tratamiento. En este espacio conocí a Martín Zapata3, que desde hace diez años vive en California en donde trabaja como psicoterapeuta para una organización sin fines de lucro. Durante esta década Martín hizo una maestría en psicología holística y una especialización sobre terapia con psicodélicos en el California Institute of Integral Studies. Contacté recientemente a Martín para que me contará sobre su experiencia en el tema de terapia con psicodélicos. Él me explicó que en su formación en este instituto aprendió sobre el uso de ketamina, MDMA y psilocibina en psicoterapias para tratar la depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, adicciones, entre otras. Me contó que en este modelo terapéutico siempre están presentes dos facilitadores: una mujer y un hombre. La terapia se divide en tres fases principales: primero se destinan unas sesiones para preparar al paciente, después se administra el psicodélico y luego vienen unas sesiones de integración. Este proceso se repite un par de veces más. En su opinión, estas sustancias son herramientas que pueden ayudar a entender más rápido procesos internos que en una terapia convencional. Sin embargo, fue claro en advertir que los psicodélicos tienen que ser usados con cuidado para evitar saltarse pasos que son necesarios de experimentar a lo largo de la terapia pues hay personas que podrían caer en la trampa de pensar que por haber consumido estas sustancias su proceso ha llegado automáticamente a su fin. Sobre el estado legal de estas terapias en California, mencionó que aún siguen en proceso para que puedan ser legales, pero él augura que éstas posiblemente serán llevadas a cabo bajo controles muy estrictos por lo que sólo podrán administrarlas algunos cuantos terapeutas o instituciones lo cual limitará bastante su acceso al público. No obstante, a pesar de su ilegalidad hay personas que brindan terapias con psicodélicos a pesar del enorme riesgo que existe, pero me explicó que en el caso de la ketamina solo es necesario la prescripción de esta sustancia por parte de un doctor, pues esta sustancia es legal actualmente. Para cerrar nuestra conversación y a modo de reflexión sobre el futuro de estas terapias con psicodélicos Martín se preguntó a sí mismo ¿cómo va a ser la relación de los psicodélicos con las instituciones de salud, que han sido una pieza importante en la caza y demonización de estas sustancias? 

Muchas de las investigaciones recientes que han mostrado los beneficios de los psicodélicos en términos terapéuticos (es decir, que restauran o remedian una patología o condición), han expuesto que estas sustancias también pueden tener efectos positivos en la vida de personas saludables. Este es el caso de la ayahuasca que, desde el mundo occidental es entendida como un brebaje amazónico que se toma en ceremonia, el cual contiene alcaloides y dimetiltriptamina (DMT) -ambos ingredientes psicoactivos que al ser ingeridos llevan a la persona a estados alterados de la conciencia-. En el Amazonas, la ayahuasca no sólo es una medicina, sino también un proyecto de vida para las personas que aspiran a ser sabios de su comunidad, como cuenta Fernando Payaguaje (el último chamán Secoya) lo que algún día le explicó su padre: la ayahuasca sirve para ver, y aquí ver no solo significa aquí mirar, sino comprender el significado de las revelaciones cuando se toma ayahuasca y, por tanto, para actuar en consecuencia. Algunos de los efectos positivos de la ayahuasca reportados en personas saludables son: la mejora y potenciación del pensamiento creativo -el proceso de generación de nuevas ideas, conceptos y asociaciones-, puede reducir la inhibición y puede mejorar la capacidad de dar sentido a las experiencias y, por lo tanto, a la vida de las personas. Esto se debe a que las experiencias inducidas por el DMT provocan la expansión de los modos usuales de pensamiento, identidad y percepción, por lo que se desafían las ideas preconcebidas que tenemos sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. 

Volviendo a la conversación que tuve con Gabriel sobre el movimiento psicodélico, me contó que, actualmente este se encuentra en un estado de expansión, mercantilización e industrialización, en el que se explora la posibilidad de integrar estas sustancias a los mercados y al capitalismo actual. Esto ha generado dentro del movimiento psicodélico un cuestionamiento propio sobre si esto debe hacerse y si es así cómo. Al hablar sobre los impactos que las recientes investigaciones en occidente sobre psicodélicos han tenido sobre las culturas que han desarrollado y usado estas sustancias milenariamente Gabriel, mencionó que, éstas han generado una aceleración de los procesos de colonización, por lo tanto, se observa a las culturas indígenas como no científicas y se remarca esta característica. No obstante, a la vez esto también ha generado curiosidad por las culturas indígenas y su riquísimo conocimiento, lo cual podría a su vez resultar en algo positivo. Y añadió que esto ha resultado en mayor interés de agregar cosmovisiones indígenas dentro del quehacer científico a partir de un diálogo más horizontal lo cual podría resultar en un nuevo panorama para las temáticas de salud mental y la integración de saberes indígenas a la investigación occidental. También, le pregunté a Gabriel cuál sería su crítica al actual movimiento psicodélico, a lo que señaló que sería la falta de comunicación. Me explicó lo que ha sido el tema central de su tema de investigación en sus estudios de maestría; actualmente hay una división entre quienes piensan que la experiencia psicodélica se debe de llevar a cabo en prácticas ceremoniales de forma tradicional, otros que creen que se debe llevar al mercado e industrialización para el tratamiento de la salud mental psicodélica y otros que se inclinan a que esta tiene ser a través de clínicas. Y agregó: “está limitada comunicación entre los diferentes polos que existen limita la generación de un proceso holístico en el que crezcan todos integrados, en el que entre ellos se protejan más entre sí, y en él puedan enfocarse más en un sistema de reducción de daños y buenas prácticas”. Y cerró argumentando que, todas las maneras son válidas; puesto que todo es cultura y todo tiene que escucharse entre sí. 

Para terminar nuestra conversación, abordé con Gabriel un elemento recurrente en el tema de los psicodélicos: la búsqueda de la conciencia. Sobre esto, mencionó que, “las personas hemos estado en una búsqueda de nuestra cosmovisión; el proceso cultural inició con la generación de nuestras historias, luego nuestras divinidades, después con los procesos racionales, el surgimiento de las artes, y luego la ciencia. Y estos son nuestros dioses, pero hemos llegado a un punto en el que queremos más y en ese buscar hemos hallado a los psicodélicos en los que encontramos una conciencia total. Y esta conciencia total junta todos los otros aspectos (el espiritual, el científico y el artístico) lo que nos permite despersonalizar nuestro conocimiento, y estamos en este momento: en el proceso de la despersonalización. En este te das cuenta de que lo que tú sabes es parte de algo más grande y, entonces, sientes que has conectado con algo más grande. Y esa conexión es lo que buscamos como humanidad. Y esto tiene que ver también con la búsqueda natural de las personas de pertenecer y esto lo hemos buscado en distintas arenas y, ahora, quizá sea que lo estamos buscando en un proceso de conciencia”.

No cabe duda de que aquel presentimiento que Hofmann tuvo ha resonado a lo largo de los años, generando una revolución que hasta la fecha no conocemos con certeza sus alcances. Sin embargo, la caza de este y otro tipo de sustancias -que en términos prácticos se traduce en la caza de las personas que nos situamos alrededor de éstas- aún persiste a nivel global. Y esta caza, como lo fue en hace unos siglos, se basa principalmente en el miedo, en los prejuicios y la moral.

Antes de finalizar esta entrega sobre psicodélicos me gustaría cerrar recalcando el importante papel de los pueblos indígenas en la preservación y defensa de sus plantas sagradas y el cuidado y protección de los patrimonios biológicos que habitan desde hace siglos. Como mencionó en aquél Congreso de Plantas Sagradas Aukwe García, una mujer wixarika, sus comunidades “se han mantenido en un temor de que se pierda un lugar sagrado, de que se contamine el agua, de que se contaminen las plantas, porque ahí también se encuentra la planta sagrada del hikuri (peyote), que es nuestra máxima deidad pues queremos defender tanto a la planta como al territorio donde crece, donde se desarrolla”. EP

Anotación final: Es importante mencionar a las mujeres del mundo de los psicodélicos que, a diferencia de los hombres, han sido escasamente mencionadas a pesar de las grandes contribuciones que han hecho en este campo. Algunas de ellas son: María Sabina y las curanderas que han sido olvidadas por la historia, Ann Shulgin (matriarca del movimiento psicodélico), Mónica Williams (investigadora dedicada a expandir las terapias con psicodélicos a poblaciones históricamente marginadas), Ros Watts (investigadora sobre la psilocibina para el tratamiento de la depresión), Bia Labate (directora de Chacruna e investigadora sobre plantas sagradas), Akua Ofosuhene (activista que le apuesta al uso de psicodélicos para echar fuera la supremacía blanca), entre muchas otras más.  


1 Cita inicial con la que inicia LSD-Mein Sorgenkind, el libro en el que Hofmann describe cómo descubrió el LSD y lo qué vino posteriormente. 

2 Psiquedélicos es otra forma que se usa para hablar de los psicodélicos, con el propósito de asociar pisco con el de psicosis. Además, como se afirma, sus efectos son en la psique.

3  Quien decidió que su nombre fuera cambiado por distintas razones, entre estas aquellas relacionadas con el prohibicionismo.

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