¡Bienvenidos a Ti-ti-tijuana! Esto es reducción de daños en la frontera

En esta crónica, Rebeca Calzada nos cuenta acerca de los programas de reducción de daños para las personas usuarias de drogas en Tijuana.

Texto de 29/10/21

En esta crónica, Rebeca Calzada nos cuenta acerca de los programas de reducción de daños para las personas usuarias de drogas en Tijuana.

Tiempo de lectura: 11 minutos

“Lo más bonito de San Diego es Tijuana, porque es una tía a todo dar […]

Ti-ti-juana en la frontera […]

Aquí en Tijuana por doquiera hay libertad […]

A mí me gusta mucho mucho como son, a mí gusta mucho su buen corazón […]” 

(“La mera mera”, Juan Gabriel)

Steph tiene 29 años, pinta, dibuja, le gusta ver películas y me confesó que tiene mucho interés en practicar yoga. Poncho tiene 37 años, toca el bajo y el piano, ensaya con sus amigos aproximadamente dos veces a la semana y le gusta retratar lo que él llama “fragmentos de una frontera”. Hace nueve años se conocieron: Steph trabajaba con personas usuarias de drogas en la zona norte de Tijuana y, al mismo tiempo, Poncho trabajaba con clientes de trabajador@s sexuales para abordar factores de riesgo. Desde entonces se acompañan como pareja y colegas, ambos apasionados por el trabajo comunitario, la reducción de daños, los gatos y los perros.

Ahora, ambos trabajan en PrevenCasa, A.C. (Preven1, en adelante), una clínica comunitaria dedicada a brindar servicios de reducción de daños localizada en la zona norte de Tijuana, a unas cuantas cuadras de un muro que nos reafirma a qué lado de la frontera pertenece cada quien. Si vives en Tijuana o alguna vez has estado por allá, sabes bien qué representa esta zona de la ciudad y, si no lo sabes, solo es necesario que repitas la línea más gastada al hacer referencia a Tijuana: sí, es la zona en la que abunda tequila, sexo, y marihuana —y también otras sustancias como heroína, china white2 y cristal3— Steph es la promotora de salud comunitaria y Poncho coordina el área de reducción de daños, aunque a él le gusta más mencionar que trabaja en el área de servicios comunitario porque aborda más cosas.

Primer punto de atención en Preven
Ludoteca
Visita a Preven: Rebeca, Steph y Poncho.
Fila para acceder a los servicios de Preven
Programa de atención veterinaria en Preven

La entrada de Preven es un portón blanco que está abierto de las 9:00 a las 14:00 hrs. Del lado derecho el acceso está bloqueado con una mesita, sobre la que hay una caja con cuetes4 nuevos, torundas de algodón y un bote especial para residuos punzocortantes. Ahí una chica muy amable platica con quienes se acercan a preguntar algún tipo de información sobre la clínica o con quienes pasan a dejar sus jeringas usadas y toman algunas nuevas, esto como parte del programa de intercambio de jeringas. Del lado izquierdo está un lavamanos móvil de acero bajo una carpa blanca que también cubre del sol a quienes sentados esperan pacientemente usar los servicios de Preven.

En Preven, las puertas literalmente están abiertas para todas y todos: personas usuarias de drogas (incluyendo drogas inyectables), trabajador@s sexuales, personas trans, personas en situación de calle, migrantes en tránsito y cualquier otra persona que requiera sus servicios sociosanitarios y socioeducativos. Estos servicios van desde acceso a agua potable, regaderas, atención veterinaria para perros y gatos, enfermería y atención médica, consejería e información sobre VIH e infecciones de transmisión sexual, servicios de nutrición, intercambio de jeringas y entrega de naloxona5, talleres educativos sobre consumo y sexo seguro, educación sobre sobredosis e identificación de factores de riesgo y cómo evitarlos. Sin importar qué servicio se brinde, Preven parte de un principio básico: respeto por la dignidad humana.  

Programa de entrega de insumos de prevención para trabajador@s sexuales
Poncho atendiendo sobredosis por opioides en la zona norte de Tijuana
El maravilloso equipo de Preven.
Amapola, perrita recién adoptada en Preven

Todos los servicios que ofrece Preven, son centrales para su programa de reducción de daños. La reducción de daños es entendida como aquellas estrategias, políticas, enfoques e ideologías basadas en los derechos humanos que tienen por objetivo que las personas usuarias de drogas tengan consumos más seguros de tanto para ellas como para su comunidad. En este sentido, la reducción de daños se centra en minimizar los riesgos y daños asociados con el uso de sustancias psicoactivas, pero también relacionados con la actual política y leyes de drogas. En otras palabras, la reducción de daños se basa en el respeto y el reconocimiento de la autonomía de las personas para decidir sobre sus consumos, ofreciendo formas de uso menos riesgosas, alternativas para reducir su consumo actual, para transitar hacia otras sustancias y prácticas menos riesgosas, o bien para dejar de usar determinada sustancia. 

Sin embargo, la reducción de daños se adapta a la realidad de las personas usuarias. En el caso de las personas usuarias de drogas inyectables las acciones de reducción de daños se concentran en priorizar la salud y la dignidad de la persona usuaria, en reducir el riesgo de adquirir alguna infección —como la hepatitis C o VIH—, en prevenir sobredosis y en revertir una sobredosis letal. Además, estas acciones permiten recoger el material usado, asegurando su resguardo y destrucción de forma segura, evitando que se dejen estos materiales en espacios públicos. Por otra parte, estas acciones también buscan acercar a las personas usuarias a los servicios de salud y de cualquier tipo de apoyo, ya que ellas suelen sobrellevar no solamente el estigma de sus consumos, sino también la pérdida de sus redes de apoyo y la cobertura de necesidades básicas que van desde la higiene, la alimentación, hasta el alojamiento. Este tipo de estrategias de reducción de daños no sólo son llevadas a cabo en Preven o Verter, A.C. —que es otro gran ejemplo de reducción de daños en México— también las podemos encontrar en programas llevados a cabo en Australia, Canadá, Colombia, Estados Unidos, España, Países Bajos, Reino Unido, Suecia, entre otros. 

En mi paso por Preven, Steph se encargó de mostrarme cada una de las personas y habitaciones que dan vida y significado a esta clínica comunitaria: nutriólogos, médicas y enfermeros de base, pasantes de medicina y de enfermería, la habitación con los filtros de agua para que las personas puedan acceder a agua potable las veces que sean necesarias, las impecables regaderas, el espacio que unos días es usado como bodega y otros días es el sitio en el que colectivos de veterinarios atienden a los perros y gatos que acompañan a las personas que usan los servicios de Preven, los consultorios y cuartos de curación y, lo que para mí, fue el espacio más especial: un pequeño autobús convertido por Steph y más personas en una ludoteca para que las niñas y niños que acompañan a sus adultos también encuentren su espacio en esta clínica. En la presentación del interior de Preven, no faltaron los otros seres que también le dan magia al lugar: Chiva, Fenta y Nilo, los gatos que adoptaron a Preven como su hogar.

Poncho, por otra parte, me dio un recorrido en la zona alrededor de Preven, que también fue el sitio en donde pasó su niñez. Me mostró el estacionamiento del Hong Kong6 donde antes se encontraba la vecindad en la que creció y dejó para irse a estudiar la licenciatura y, mientras se le escapaba una sonrisa, me contó que cuando era niño y su mamá lo enviaba por las tortillas, le decía “cuidado con las muchachas” que estaban en esa zona. Durante el recorrido pasamos por algunos callejones: juguetes, trozos de ropa, llantas y jeringas usadas en las banquetas. En uno de estos callejones nos encontramos con distintas personas, algunas migrantes otras usuarias, a algunas otras Poncho ya las conocía por hacer uso de los servicios de la clínica. Cualquiera que fuese el caso Poncho preguntaba con genuino interés cómo estaban y aprovechábamos para dar información sobre los servicios de Preven y sobre cómo identificar una sobredosis. También entregamos cuetes, naloxona y jeringas de 5 ml: “esta se usa para cuando vean a alguien doblarse7, sólo hay que inyectarla en la persona, les decía Poncho, mientras le mostraba un frasquito de apenas unos centímetros con un líquido vital que le ha servido hasta seis veces en un mismo día para sacar a personas de una sobredosis de opiáceos.

Poncho atendiendo sobredosis mientras lo acompaña la Cruz Roja
Callejón en la zona norte de Tijuana

Después pasamos por un tianguis. Ahí Poncho me contó un poco más sobre la dinámica: las personas usuarias a veces son empleadas por los tianguistas para armar sus puestos o para limpiar antes y/o después de la jornada. Algunas otras personas usuarias se dedican a recolectar el PET o aluminio para luego venderlo. Mientras caminábamos Poncho se detuvo a checar que Jesús8, usuario de los servicios de Preven, estuviera bien y para recordarle que tenían cita para tramitar su INE9. Jesús también me saludó con amabilidad e insistió en invitarnos un agua para el calor. Poncho le aceptó la oferta; me dijo que para estas personas su cualidad de persona no sólo depende de lo que recibe, sino también de su capacidad de dar a otros. 

Hacia el final de nuestro recorrido aparecieron dos convoyes de la Guardia Nacional en medio del tianguis, y la sensación de tensión se elevó: los locales inmediatamente manifestaron que los elementos de ese cuerpo se seguridad eran ajenos a su comunidad y, por tanto, no podía interpretar con claridad las intenciones de su visita, por lo que algunos comenzaron a retirarse; pero a otros poco les importó. Poncho sólo mencionó “puede ser que vengan a buscar algo o alguien a esta zona, como un operativo, o simplemente a ver cosas y comprar algo al tianguis”. Seguimos caminando, al parecer en esa ocasión iban por lo segundo. En esta parte del recorrido concluí que, si se pone atención, una puede llegar a percibir cómo es que orgánicamente se ha desarrollado cierto nivel de balance y equilibrio en la comunidad de esta zona de la ciudad; pero también una puede mirar y apreciar con atención los detalles de la densidad de esta realidad que coexiste con otras realidades.

Steph pinta mural de Preven
Al interior de Preven, una pared cubierta sobre con información sobre VIH
Steph carga a Nilo
Diseños de Steph sobre naloxona.
Diseños de Steph sobre naloxona

Lejos del recorrido, Poncho me contó que le ha tocado atender casos en los que sabe que su vida puede ponerse en riesgo de cierta forma, pero al final su trabajo es ir a atender esos casos de sobredosis. Para él es muy claro: él acude a las llamadas de emergencia sin importar quiénes las hacen o dónde están sucediendo, él va a atender a la persona. Punto. Ese es su propósito. Y es que cargar con naloxona para entregarla a quienes les puede salvar la vida —o a quienes le pueden salvar la vida a alguien más—, da una sensación de fuerza y valentía. Poncho me mostró un video reciente en el que el aparece atendiendo una llamada justo afuera de Preven: dos placas10 miran con cuidado cómo Poncho soba el pecho del chico que aún tirado sobre la calle y recién salido de rehab, acaba de recibir una inyección de naloxona para revertir un episodio de sobredosis. Esta no es la primera vez que los policías acuden a Preven buscando que alguien atienda una situación así. Poncho me mencionó que, en otra ocasión, le pareció muy cura y, a la vez, sensato que los policías viendo que alguien se doblaba, buscaron al dealer para que les dijera quién podía ayudar a la persona. El dealer llevó a los policías hasta Preven y Poncho atendió el caso. La historia me voló la cabeza: a quienes se les ha dado la tarea de ejecutar una política de drogas que tiene como su eje central el derecho penal, en lugar de criminalizar a todos los involucrados en esta situación, eligieron priorizar la vida de la persona usuaria que se encontraba en peligro. Esto es a lo que muchos que nos hemos dedicado a la política de drogas y reducción de daños aspiramos: un mundo en el que la vida y la salud de las personas usuarias sea lo que oriente la política de drogas, una política de drogas a partir de la comunidad. Y es que al parecer quienes viven en esta zona de Tijuana también lo tienen claro, según lo que me cuentan Steph y Poncho, pues un día recibieron a una señora que vive cerca de la clínica, y que buscaba aprender sobre ese “frasquito” que sabe que puede salvar vidas cuando alguien se está doblando.

Poncho expresó que muchas veces tanto sus colegas como él tienen que lidiar con mucha frustración y con situaciones que también pueden dejar algún tipo de trauma en ellos. Por un lado, tienen que lidiar con distintos obstáculos por parte del gobierno, como los recortes al financiamiento y otros obstáculos para poder operar (obstáculos derivados principalmente del estigma). Por otro lado, han experimentado otros efectos negativos de la actual política de drogas, tales como luchas entre grupos del crimen organizado que han terminado reventando puntos de venta, matando a narcomenudistas y a varias personas que han sido atendidas y conocidas en Preven. Sin embargo, Poncho me dijo que, a pesar de todo esto, para él es esperanzador seguir realizando su trabajo, pues en algún momento sabe que sus acciones tendrán eco y esto puede hacer que las cosas cambien. En lo que eso sucede, Steph sigue dibujando y pintando, y Poncho continúa ensayando con sus amigos; para ambos estas actividades son los medios con los cuales sacan mucha de esa frustración a la que se enfrentan continuamente. 

Sin duda, el valor de los servicios que ofrece Preven simplemente no puede ser mesurado: ellos no sólo reciben a quienes han sido excluidos de sus derechos y, a la vez, se encuentran constantemente expuestos a distintos tipos violencia, sino también buscan llegar hasta los que han invisibilizados, olvidados y marginados por el propio Estado, por los servicios de salud y también por la sociedad.

Finalmente, no me queda más que agradecer enormemente a Preven por su hospitalidad y el latigazo de realidad que experimenté durante en mi visita. Si deseas apoyar de alguna forma el trabajo de Preven, puedes contactarlos mediante sus redes sociales.

Si quieres mirar la frontera a través de los ojos de Poncho, puedes revisar su proyecto: fragmentos de una frontera. EP

1 Sostengo la hipótesis de que cuando una comienza a desarrollar cierto afecto por algo —o alguien—, le cambiamos su nombre por una forma que le reste cierta solemnidad, para nombrarlos precisamente a partir del cariño, para manifestar lo estrecha que es nuestra relación con ello. Sin duda, después de haber conocido PrevenCasa, A.C.— y, consecuentemente, a todos humanos y gatos que lo integran— inmediatamente desarrollé cariño y admiración por este sitio.

2 Fentanilo.

3 Metanfetamina.

4 Jeringas de insulina que son utilizadas por las personas que usan drogas inyectables para consumir distintas sustancias psicoactivas.

5 Es un antagonista de opioides usado para contrarrestar los efectos de una sobredosis.

6 Un edificio rojo de varios pisos que se anuncia como un “gentlemen ‘s club”.

7 Doblarse se usa para hacer referencia a una sobredosis fatal.

8 Se ha cambiado el nombre por cuestiones de seguridad. 

9 A modo de reflexión a veces pasamos por alto la importancia de tener una identidad reconocida institucionalmente y la importancia de esto para acceder a distintos servicios estatales y no estatales. Preven, no pide a las personas que usan sus servicios ningún tipo de identificación. 

10 Policías.

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