Tras el espejo de Safo

En este reportaje, Marcia Chi Barrales da voz a distintas mujeres que hablan sobre las problemáticas que conlleva la falta de visibilidad de las mujeres de la diversidad sexual.

Texto de 23/08/21

En este reportaje, Marcia Chi Barrales da voz a distintas mujeres que hablan sobre las problemáticas que conlleva la falta de visibilidad de las mujeres de la diversidad sexual.

En México, cada día las mujeres de la comunidad LGBTTTIQ+ se enfrentan a las consecuencias de contar con poca representación en la cultura popular y en el quehacer político. Además, ven afectado su desarrollo profesional y personal, debido a una estructura social ignorante de sus necesidades. De acuerdo con El Clóset de Sor Juana —organización dedicada a la defensa de los derechos de las mujeres que viven discriminación por orientación sexual e identidad de género—, las pertenecientes al colectivo de la diversidad sexual viven violencias agregadas a las que presentan las mujeres heterosexuales, que abarcan desde conflictos en las relaciones interpersonales hasta el difícil acceso a servicios de salud y la falta de oportunidades académicas o laborales.

Ejemplo de lo anterior es que más de la mitad de las lesbianas que respondieron la Encuesta sobre Discriminación por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG) 2018 percibió algún acto de discriminación en su contra y 30.5% reportó que por su orientación sexual se le negó injustificadamente al menos un derecho durante el último año. Por otro lado, según el Diagnóstico Nacional sobre la discriminación hacia personas LGBTI en México, en su apartado sobre el derecho al trabajo, un 40% de las lesbianas ha sido cuestionada sobre su orientación sexual en dicho ámbito. 

¿Patriarcado y heteronorma en la comunidad LGBTTTIQ+?

De acuerdo con Karolyna Pollorena, comunicóloga y activista LGBTTTIQ+ de Derechos Humanos, “las mujeres LBT pasamos de un heteropatriarcado a un homopatriarcado, donde se habla de adopciones homoparentales y el lenguaje sigue siendo patriarcal”, por lo que a las mujeres se les incita a ser invisibles. Dicha visión es compartida por Dani Cruz y Corro, maestra, y Lol Kin Castañeda, defensora de Derechos Humanos. Mientras que para la primera es perceptible un “privilegio en ser hombre y vivir disfrutando del patriarcado, pese a su sexualidad y a la discriminación de la que pueden ser objeto”, la segunda señala que, en muchos casos, dentro de la comunidad “se replica la lógica de violencia, machismo y sometimiento”. 

“Me parece que el patriarcado, junto con su heteronorma, no concibe que dos mujeres puedan establecer un proyecto de vida juntas, porque se podría caer. Sin mujeres en función de los hombres no hay patriarcado”, reflexiona Fatima Gamboa, abogada maya y codirectora de Equis Justicia. A este respecto, como lesbiana, Lol Kin indica que el “temor más grande” hacia la figura de las lesbianas es su rebeldía: representan la posibilidad de vivir libre e independientemente y confrontan a una sociedad que se asusta ante fortaleza y autonomía de una mujer.

Sin voluntad de ver ni escuchar

De acuerdo con Fatima, las prácticas lésbicas están sujetas a una invisibilidad verbal casi sistémica que engloba eufemismos y preguntas a las que califica como ‘neutralizadoras’. “Incluso mirándote y nombrándote, la sociedad quiere ver que hay, por lo menos, la figura simbólica de un patriarca”, sostiene. Se adentra en la reflexión del irrelevante papel que se ha dictado a las mujeres sáficas y subraya la carencia de estadística, cuya existencia sería necesaria para el desarrollo de políticas públicas, desde el origen de la discusión sobre las necesidades de justicia, servicios y garantía de derechos. En este sentido, Dan Hernández, consultora y defensora de Derechos Humanos, recalca la impunidad en torno a los crímenes que implican a mujeres de la diversidad sexual y agrega la importancia del despliegue de campañas informativas y educativas para que estas mujeres tengan la opción de pronunciarse en un marco de seguridad y respeto a su integridad. 

El registro de la violencia por lesbofobia a nivel nacional carece de institucionalización, pese a que se cuenta con el Observatorio Nacional de crímenes de odio contra personas LGBT de la Fundación Arcoíris, no existe un apartado en él o en otro que sólo maneje las cifras relacionadas con lesbianas y mujeres bisexuales. Entre 2014 y 2020, se documentaron 209 agresiones, cifra que nada más contempla los estados donde tiene presencia: Baja California Sur, Chihuahua, CDMX, Coahuila, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Nuevo León, Puebla y Veracruz.

Originaria de Baja California, Karolyna discurre sobre la invisibilidad que vive como mujer bisexual dentro de la propia comunidad LGBTTTIQ+: “A la comunidad bisexual nos toca tomar el espacio que nos corresponde para que la gente deje de pensar que es una etapa. Nuestra orientación es igual de válida que las demás”. Lamenta que existan grupos y corrientes que rechazan a las mujeres bisexuales, bajo frases como “Tienes un pie en la heterosexualidad”. En torno a la visibilidad del colectivo, resalta la modificación estratégica que ha supuesto la pandemia para las y los activistas, quienes gracias a la modalidad virtual han podido fortalecer sus mecanismos.

En el caso de Eliza Sonrisas, comediante y productora, la invisibilidad es percibida con una doble presencia, ya que “como mujer trans se está en un limbo; no se pertenece ni al mundo de los hombres ni al de las mujeres, frente a todas las fobias que se desprenden, derivadas del desafío que suponemos a lo dictado por la naturaleza”. En una consideración más general, asegura que “la visibilidad va de adentro hacia fuera; la comunidad se ha hecho visible no porque la sociedad nos haya puesto allí, sino porque ya es incontenible el hartazgo y las ganas de mostrarnos”.

Estereotipos de la pantalla a las calles

El musical de rock Rent, basado en la ópera La bohème de Giacomo Puccini, fue uno de los primeros musicales que presentó con claridad personajes homosexuales y bisexuales, para Karolyna fue la representación que le permitió colocar aquello que sentía y no entendía. “Toda representación puede abonar” y “entre más se hable de diversidad sexual, más se suma” al colectivo. Sin embargo, lamenta que las historias se mantengan heteronormadas, pese al cambio en los contenidos de las plataformas de streaming, a las que percibe como espacios de mayor transgresión. “Si nos fijamos, la mayoría de las historias son revictimizantes, nunca hay un final feliz”, reflexiona y agrega que los desarrollos de estos personajes se limitan a conflictos por su orientación. “Merecemos historias que sean reales y tengan finales felices”, sostiene. En el mismo sentido, Lol Kin cuestiona los efectos nocivos de historias sórdidas, de mofa, lesbofobia o violencia. 

En torno a las características de los cuerpos que se muestran en los medios, Dani y Dan coinciden en la constante aparición de mujeres delgadas, blancas, jóvenes. “La forma en la que estamos representadas en algunos medios para mí no es representación, en la vida real casi no me encuentro a personas que entren en ese molde”, asegura Dani, quien también identifica el estereotipo de las lesbianas masculinas, aquellas que “menos parecen mujeres y más desafían los estereotipos” y que en el día a día fueron a las que pudo reconocer desde joven como las dirigidas hacia lo negativo. Aun así, considera que los “estereotipos ayudan a generar comunidad”; Dan concuerda, pues es más “sencillo acomodarse por campos semánticos”, pero señala la hipersexualización como otro de los rasgos característicos de los personajes sáficos y piensa sobre los cuerpos y las relaciones sexuales como ejes rectores y con dos posibilidades dicotómicas de representación: lesbiana masculinizada o lesbiana sexualizada.

“La gente dice: «Ya hay personas LGBT en todos los espacios». Sí, es una persona entre 500”, afirma Eliza. Sobre la representación de mujeres lesbianas, asegura que “es aceptada siempre y cuando cumpla con los estereotipos para consumo masculino”, algo que también identifica en el caso con las mujeres trans, quienes, por lo general, sufren y terminan violentadas. “Bajo esa representación se causa miedo, se establecen estereotipos dañinos”, reflexiona. Cuando la cantante Morganna hizo su transición le dijeron que se tenía que dedicar al trabajo sexual, la falta de representación a ella misma la llevó a esa conclusión. “Ha sido un camino largo, tengo 41 años y hace 30 no se hablaba de esto, había muy poca gente trans siendo visible y no había nadie que me sirviera como referencia”, recuerda.

La ‘salida del clóset’ como constante y sus efectos 

Antes de que Eliza cambiara la oficina por escenarios de Stand up, cuando comenzaba su transición, la empresa en la que trabajaba le indicó que no podía ir con vestidos, “dijeron que estaba bien siempre y cuando lo hiciera afuera”. Al no contar con las herramientas ni con la información adecuada para proceder en una dirección legal, lo único que pudo establecer fue que el largo de su cabellera no era negociable. En el plano personal, menciona, tuvo el privilegio de contar con una maestría y la posibilidad de irse de su casa. “Dejé de estar en contacto con mis papás durante un año, hasta que con información, un proceso y mucho amor, pude acercarme nuevamente”. La complejidad de su proceso se centró en que sus roles de género y su orientación sexual eran las de un hombre heterosexual, por lo que la poca información que obtuvo fue sobre fetiches. “Yo me casé y duramos 11 años; ella vivió mucho el proceso y siguió acompañándome incluso después de terminar”, comenta. Desde que llevaban cerca de cinco meses, Eliza le hizo saber a su pareja sobre la ‘inquietud’ que atravesaba. “Cuando yo decidí transicionar ella me dijo: «Ya no puedo continuar contigo». En ese momento me afectaba muchísimo, hasta que ella un día muy acertadamente me cuestionó: «¿Tu lucha es por que se te valide como mujer?». Yo le respondí que sí. Ella me replicó: «Yo te estoy validando como mujer, pero tú valida que yo no soy lesbiana». De eso se trata la vida: yo valido lo que tú eres, pero tú valida lo que yo soy”, evoca. 

Mientras que para Lol Kin fue hasta que se enamoró de una mujer que comenzó a enfrentarse a la desigualdad. Para Dan lo más difícil fue comenzar a nombrarse lesbiana: aunque se reconoció desde la adolescencia temprana, prefería recurrir al título de gay ante la carga peyorativa contra la palabra lesbiana. Hoy el proceso de reconocimiento sigue, pues “en cada espacio nuevo al que llego tengo que volver hablar del tema; particularmente, en pareja es importante estar combinando tus procesos de aceptación y visibilidad con los de la otra persona”. En el caso de Karolyna, desde que se reconoció como mujer bisexual, hace casi 15 años, recibió un rechazo a la idea: le expresaron que era una etapa, que estaba confundida y que lo iba superar. “Yo nunca me sentí mal de ser bisexual, fue la estimulación externa lo que hizo que empezara a sentir culpa”, asegura.

El futuro de las mujeres que aman a otras mujeres

La doble problemática que encaran las mujeres de la diversidad sexual en la que se conjugan el machismo, la misoginia y la lesbofobia, se confirma con la inexistencia de enfoques dirigidos a ellas; sin importar los avances legales, las lesbianas continúan invisibilizadas. Así, las voces aquí expuestas comparten algunas de sus metas deseadas como colectivo:

  • Matrimonio igualitario y ley de identidad de género en todo el país.
  • Generación de espacios seguros y refugios para las personas de la comunidad LGBTTTIQ+, donde se contemple a personas en situación de calle y de la tercera edad.
  • Construcción comunitaria presencial a partir del trabajo realizado en redes sociales. 
  • Prohibición nacional de los esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual y la Identidad de Género (Ecosig).
  • Organización de mujeres sáficas que se traduzca en exigencia de justicia, desde espacios y visiones de inclusión.

Así, la materialización de un futuro libre, justo y sin violencia para las mujeres que aman a otras mujeres requiere una visión previa integral, que opte por una perspectiva de género interseccional, donde sean escuchadas y estén organizadas. EP

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