Macromachismo

A partir del polémico reality show titulado Palazuelos Mi Rey de Netflix, Bruno Bartra indaga en los micromachismos y sus consecuencias.

Texto de 11/06/20

A partir del polémico reality show titulado Palazuelos Mi Rey de Netflix, Bruno Bartra indaga en los micromachismos y sus consecuencias.

Poco antes de que emergiera el coronavirus y pusiera al mundo de cabeza, volcando el interés general de la humanidad en las estadísticas de su contagio y letalidad, en Netflix se estrenó una serie que podría verse como la normalización de otro tipo de mal que aqueja al mundo y que también ha causado decenas de miles de muertes a nivel global en los últimos meses: el machismo interiorizado que, a través de su desdén y cosificación de las mujeres, deriva en la violencia de género que se ha suscitado a lo largo de la historia.

Me refiero al pseudo reality show titulado Palazuelos Mi Rey, del cual azarosamente vi un capítulo que despertó mi vena sociológica, impulsándome a ver la serie completa. A lo largo de doce episodios, el programa sigue la vida cotidiana del actor y empresario millonario Roberto Palazuelos. Entre la megalomanía del protagonista —“a veces cuando estoy en el extranjero siento que soy el escudo mexicano”, dice en un momento—, su tendencia a realizar actos discriminatorios y bullying —todos dignos de estudios sociales y psicológicos para comprender la idiosincrasia mexicana—, destaca el machismo descarado y cínico que expresa como una norma cotidiana. 

Para rematar, en medio de toda la misoginia, el protagonista de la serie constantemente asegura que él “respeta a la mujer”.

Sí, el programa se trata de la vida de un soltero cincuentón y millonario, y por ello podría verse como algo normal que buscara a una pareja. El detalle es la manera en que la busca y los comentarios realizados al abordar sus “conquistas”, que evidencian la cosificación de la mujer. Para rematar, en medio de toda la misoginia, el protagonista de la serie constantemente asegura que él “respeta a la mujer”.

En una realidad donde la mujer es vista por el actor como un objeto sexual y como trofeo —en una fiesta tiene que haber una mayoría de mujeres guapas y eso es incluso más importante que la música, explica Palazuelos en uno de los episodios—, los que florecen a lo largo de toda la serie son los múltiples “micromachismos”: aquellas acciones, percepciones y pequeñas tiranías misóginas cotidianas que han sido interiorizadas por la cultura, y que de pronto parecen imperceptibles, especialmente para los hombres que las llevan a cabo y que, pese a todo, están seguros de “respetar a las mujeres”.

La cuestión es que, cuando estos micromachismos están generalizados, al grado de que pueden ser normalizados de manera descarada en la mencionada serie —misma que tuvo uno de los ratings más altos en su momento—, o que incluso llegan a ser practicados por varios presidentes de la república —desde el célebre “No soy la señora de la casa” de Peña Nieto hasta el incomprensible desdén a la marcha del 9M del actual mandatario—, entonces dejan de ser “micro” y se expresan en realidad como macromachismo: omnipresente y que intenta ser omnipotente.

Para derrotar al macromachismo son muy importantes los ataques frontales, como la convocatoria al paro nacional de mujeres que realizaron la Brujas del Mar para el 9M o los inspiradores cantos masivos de “Un violador en tu camino”; sin embargo, hay que ir más allá. El macromachismo se expresó al responder a estas expresiones legítimas de protesta con sátiras ultra machistas de la canción y con llamados a atacar a las mujeres con ácido durante la marcha del 8 de marzo, siguiendo el ejemplo del cobarde ataque a la saxofonista María Elena Ríos.

Para poder ir más allá, se debe combatir en primer lugar a esos micromachismos interiorizados: hacer un esfuerzo por ubicarlos y dejar de practicarlos de manera cotidiana y señalarlos cuando se susciten; esto ayudará a erradicar el machismo convencional: aquel que ubica en el centro de las familias a los varones, ya sean los padres o los hijos, considerando que las mujeres del hogar deben servirlos en todo momento. Esa serie de acciones que implican un cambio en la estructura intrafamiliar, junto con los ataques y críticas frontales, son los que ayudarán a erradicar el macromachismo que rige en el mundo desde hace siglos. EP

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