Los desasosiegos, cuitas y daños poselectorales

¿Por qué tras los tiempos electorales nos sentimos cansados o confundidos? En este texto, la psicoanalista Ingela Camba explica los porqués de las emociones experimentadas.

Texto de 18/06/21

¿Por qué tras los tiempos electorales nos sentimos cansados o confundidos? En este texto, la psicoanalista Ingela Camba explica los porqués de las emociones experimentadas.

Terminan las campañas y nos sentimos apesadumbrados o confundidos. Es difícil saber si es saturación, cuita, preocupación o simplemente cansancio. ¿El periodo que vivimos fue un maratón emocional?, ¿fue real? Como es costumbre, nos preguntamos muy poco acerca de los efectos que en lo individual tienen los grandes acontecimientos sociales, como si pudiéramos abstraernos de ellos. Para la mente existe un mundo interno de fantasías y también una relación con el mundo externo, a la que a veces llamamos realidad (¡!).  La vida es un diario transitar entre ambos mundos; el dolor mental —por no llamarlo enfermedad— se origina al no transitar, al permanecer de un solo lado, ya sea interior o exterior, o ante la imposibilidad de elaborar una relación que fluya más o menos entre ambas orillas. Sobre esta imposibilidad de conciliar las pulsiones y la vida en sociedad habla Freud en El malestar de la Cultura. Así las cosas, con toda la complejidad que esto implica nos encontramos en el escenario poselectoral: un mundo externo, convulso, revolucionado, donde se asoman imágenes, palabras cargadas de emociones y de ideologías.

Pensar el tema no es fácil, porque se atraviesan muchos ejes, además del mundo individual y su mitología: la polarización y el encono, la mal llamada “guerra sucia”1  y la pandemia que, a más de una año, deja poca capacidad disponible para practicar la mesura, entre otras cosas. Sin embargo, podemos pensar que este estado perturbado en el que terminamos se trata de una combinación de tres factores:

  • El exceso de información

La explosión mediática a la que nos vemos expuestos como ciudadanos es abrumadora. Durante los meses previos a estas elecciones intermedias fue imposible escuchar la radio sin toparse con varios anuncios de partidos políticos en un solo bloque de comerciales; las calles, como siempre, cambiaron su fisonomía al estar maquilladas de carteles, espectaculares, pintas de paredes, volantes tirados. El monitoreo del INE contabilizó que durante el periodo de campaña, del 4 de abril al 2 de junio —es decir, en dos meses— se acumularon 1,051 horas y 44 minutos de tiempo de radio y TV, y se contaron 50,000 piezas de publicidad. Si bien algunas fueron simultáneas, bien podemos imaginar la intensidad del bombardeo: un promedio de 833 piezas por día que se extendían 17 horas. Esto es una saturación brutal sobre la audiencia; ésta ya no pudo ni desear relacionarse con el mundo interno, apenas tenía tiempo para mantenerse en pie frente a la cantidad de estímulos a los que se vio expuesta durante dos meses. Los que conocen de campañas de publicidad saben que el objetivo es llegar a un número determinado de spots por audiencia, conscientes de que si son muy pocos, el mensaje no prevalece; pero que si son demasiados, se causa saturación y hasta el efecto contrario: genera antagonismo.

“Como es costumbre, nos preguntamos muy poco acerca de los efectos que en lo individual tienen los grandes acontecimientos sociales, como si pudiéramos abstraernos de ellos.”

  • El tono de las campañas

Votar por las distintas propuestas no es una novedad; no fue la primera vez que fueron tan opuestas. Lauro Mercado de Mercaei, empresa que realiza investigación de mercados en lo electoral, asegura que en esta ocasión más que escucharse propuestas determinadas por parte de los partidos, el trasfondo de la elección era la aceptación un modelo de gobierno y su continuación, o su rechazo y el freno a las estrategias. Esto es, entonces, el fenómeno de polarización cada vez más marcado, en el que no se encuentra una variedad de propuestas, sino más bien dos posturas definidas. Casi como en tiempos de la Guerra Fría. Lo interesante es pensar cómo esta vivencia cotidiana nos afecta. Existen personalidades a las que les gusta el conflicto; es absolutamente sintónico con el desencuentro interior y se mueven como pez en el agua dentro de esas situaciones. Sin embargo, también existe una importante mayoría a la que le desagrada el conflicto; no quiere decir que esté en paz consigo misma ni con mucho menos, sólo que no está dispuesta a cargar con más. También nos habla de un rechazo al tono. En las gráficas de monitoreo de Valoración del INE (4 abril al 2 de junio) se puede constatar que, sin ser violento, en general el tono de las campañas fue caracterizado como negativo más que positivo. Aun más por hombres que por mujeres. Es decir, hay un rechazo a recibir mensajes que parecen minar al oponente. Parece que la ciudadanía está más que dispuesta a la rivalidad controlada de la lucha libre o el futbol, incluso a las protestas de las marchas organizadas, pero no tanto a verlo en los espacios políticos.

  • La confusión causada por la propaganda 

Este tema daría para un artículo por sí solo —sino es que para un libro—, ya que la propaganda es la “seducción” del lenguaje, como propone Alex Grijelmo en La seducción de las palabras. El autor considera que esta seducción no apela a una comprensión, sino más bien a una emoción. De ahí es que tenemos narrativas que poco a poco se fueron agotando en su emotividad. Víctor Klemperer, filólogo alemán, escribe en LTI. La lengua del Tercer Reich que “las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico, uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico”. Las palabras están cada vez más cargadas ideológicamente, hay palabras que eran inocentes, pero han dejado de serlo. Se genera entonces un estado de alerta constante, al tratar de discernir los mensajes recibidos y el cuidado con el que se dicen las cosas, para no ser hablado por estas palabras. Porque las palabras crean pensamiento.

“Esto es, entonces, el fenómeno de polarización cada vez más marcado, en el que no se encuentra una variedad de propuestas, sino más bien dos posturas definidas.”

Entonces, ante la combinación de estos tres factores, es comprensible el estado de confusión en el que amanecemos el día después. Entramos en un tornado del cual es difícil salir. Sobre todo cuando no se es consciente de ello y se reciben las novedades de la radio, la tele, las calles, las redes, las conversaciones, los mensajes de correo y telefonía. El ciudadano, atrapado sin salida, es robado por el tornado de la sobreinformación, que lo afecta no sólo mentalmente, sino físicamente. Algunos de estos efectos son los siguientes, y podemos ser atacados por más de uno a la vez: 

  1. Ánimo irritable e incendiario. Una de las manifestaciones del cansancio es la irritación. Cuando estamos agotados, los recursos emocionales para la tolerancia y la aceptación del otro diferente a uno disminuyen. De tal forma que se está predispuesto a la confrontación. Además, caso de haberse colocado firmemente en una posición, la persona se identifica con la postura misma. Así, la persona se convierte en el candidato y al ser confrontada se siente agraviada. Y busca seguirse defendiendo ante el otro no como electorado, sino como adversario.
  1. Cuita o tristeza. La contraparte de la saturación es que durante un tiempo determinado las elecciones llenan de energía y pasión, las conversaciones se vitalizan para muchos y cuando se terminan, es como si se apagara una hoguera. Siempre que un proceso termina, existe un periodo de duelo; es decir, aquello que ocupaba un espacio importante en la vida anímica se ha ido. La mente entonces debe llenarlo: el proceso de duelo es la despedida, es atravesar eso que ya no está. Así, para algunos queda un vacío que es sentido como tristeza.
  1. Apatía y alejamiento. Ante el cansancio de las campañas emocionales y masivas, la mente se bloquea cuando desde la percepción ubica un mensaje electoral. Busca rechazar todo lo referente al tema, no escucha más radio ni ve televisión, se escapa de las conversaciones que incluyen el tema, y quizá incluso termina no votando. Como no pasa de la percepción a la mente, no puede llegar al discernimiento —que es parte del pensamiento— y, por tanto, un discurso le parece idéntico al otro. Se aleja y se desinteresa por el ámbito y se dedica en sus propios términos “a otra cosa”.
  1. Negación. Este es un mecanismo inconsciente de la mente que rechaza todo lo que sea doloroso o difícil. Así puede estar pasando un momento muy doloroso que le trae el mundo exterior; por ejemplo, cuando se pierde la elección y lo que la persona busca, en lugar de transitar por ese puente entre el mundo propio y el exterior, es negar ese mundo exterior y le da una explicación de acuerdo con su mundo interior. Esto puede llegar a apartarse de la realidad. No se trata de fingir ceguera: es una verdadera ceguera que le impide tratar de acercarse a aquello que el mundo le está devolviendo. 

  1. Humor. Si bien el humor es un vehículo necesario para permitir la salida de momentos difíciles y crudos, también es importante entender el mecanismo y lo efímero del humor. El humor tiene efecto porque sorprende, es novedoso y deja salir algo de la verdad que no podía pensarse de otra manera antes o le da otro tono. Sin embargo, al repetirse el chiste de manera exponencial —cual Bolero de Ravel—, pierde su eficacia y pasa a ser escarnio. Lo amable del humor es que es como una espiral que no para, que toma del presente su material para tornarlo en una manera de aligerar la situación, darle la vuelta y reírse de ella, como una forma de que el mundo no se le venga encima.

La mezcla, entonces, es un estado de desasosiego que a medida que el tiempo nos aleja del evento se va deslavando en intensidad, y otras cosas toman su lugar. Sin elaborarse realmente, latentes, hasta que un nuevo período vuelva a despertar a las gorgonas de las campañas y al dragón interior. Pero al menos será un descanso… sobre todo, si sabemos acompañarlo con humor. Porque la vida es ese transitar entre un mundo externo y uno interior. A veces el externo es muy cansado y el interior nos ayuda a sobrellevarlo; a veces el interior es denso y el exterior nos distrae. A veces los dos pesan, como dice Freud en El malestar de la Cultura, y es ahí cuando quizá el humor nos puede salvar, una broma a la vez. EP

1 Recordemos que la ‘guerra sucia’ en México, originalmente, alude a la represión militar y política para romper los movimientos de oposición política y armada que estaban en contra del Estado.

RECIBE NUESTRO NEWSLETTER

Relacionadas

DOPSA, S.A. DE C.V
T.  56 58 23 26 / 55 54 66 08 /
56 59 83 60

Morelos 23,
Del Carmen,
Coyoacán,
04100,
Ciudad de México