Hemos perdido a 72 hermanos en el camino, pero no los olvidamos

Nuestro país recibe un importante flujo de tránsito migratorio. Los migrantes, cuyo destino final suele ser Estados Unidos, sufren reiteradas violaciones a sus derechos humanos dentro del territorio mexicano. A una década de la masacre de San Fernando, el periodista Heribero Paredes recupera una serie de voces migrantes en tránsito donde la vulnerabilidad y los riesgos son la constante.

Texto de 27/08/20

Nuestro país recibe un importante flujo de tránsito migratorio. Los migrantes, cuyo destino final suele ser Estados Unidos, sufren reiteradas violaciones a sus derechos humanos dentro del territorio mexicano. A una década de la masacre de San Fernando, el periodista Heribero Paredes recupera una serie de voces migrantes en tránsito donde la vulnerabilidad y los riesgos son la constante.

Este 22 de agosto se conmemoraron diez años de la masacre de 72 migrantes en el ejido Huizachal, del municipio de San Fernando en Tamaulipas. Se trataba de hombres originarios de Brasil, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Honduras, y, sus familias habían tenido noticia de varios de ellos tan sólo algunos días antes, pensaron que ya habían llegado a Estados Unidos, o que estaban por llegar.

Hasta el momento, pese a que hay varias decenas de detenidos, no hay sentencias. No ha habido ayuda a las familias. No ha habido justicia y es posible que no la haya nunca, aunque la lucha continúa.

Diez años después, bajo otro sol de agosto, pese a los golpes de una pandemia, se colocó un antimonumento justo enfrente de la embajada de Estados Unidos en México. La avenida Reforma, una de las más emblemáticas de la Ciudad de México y del país, cuenta ahora con un recordatorio de esta masacre y de todas las personas que, migrando, han encontrado la muerte.

Muchos y muchas periodistas han relatado ya el dolor del migrante, las razones para migrar en una de las regiones más peligrosas del mundo, los peligros de cruzar México. No trataré de encimarme sobre su trabajo, tan sólo me gustaría compartir una serie de palabras recopiladas en el tramo que va del río Suchiate al río Bravo o hasta el desierto de Sonora, palabras de personas migrantes.

“—Cada uno lleva cuatro galones de agua, dos en cada lado. Uno puede botar todo, la comida, la mochila, pero no el agua, sin agua no se sobrevive en el desierto.”

Todo (y mucho más) lo que está contenido en este recordatorio que ahora se yergue frente a la embajada. No hace falta decir cuál, todo mundo sabe a quién nos referimos. No hace falta decir de dónde migran estas personas que se impregnan dolorosamente en la memoria.

Y quien no lo sepa, tal vez podría darse una vuelta a este antimonumento y pensar, bajo su sombra, en todo lo que significa la migración para quienes habitamos esta región convulsa y doliente. 

Es mentira que las actuales políticas migratorias que aplican los países de esta región estén pensadas para el bienestar de la gente. Son una grotesca mentira. Son delitos que cuestan vidas humanas, que rompen familias, que separan a menores de edad de su mamá o de su papá. Lo que no se dice en la visita del presidente de México a la Casa Blanca es eso que todo mundo sabe y que está sintetizado en las palabras de estas mujeres y hombres con los que hablé: 

—¿Por qué te saliste de El Paraíso [Honduras]?

—Por hambre y para no ser reclutado por la mara.

—En El Salvador podés tener el dinero que quieras pero las pandillas te lo van a quitar siempre. A mi país no regreso, prefiero que me den un tiro aquí, en México.

—Mi hermana vio al asesino de mi esposo pero no pudo avisar de lo que pasó.

—Uno anochece pero no amanece. No es el azar, ya viene dirigida la amenaza, me he cambiado de trabajo pero sigue el acoso.

—Llegan los pandilleros disfrazados de policías, hacen un operativo, te sacan de tu casa y al día siguiente apareces en la carretera, muerto.

—Nosotros venimos de un país donde las amenazas se cumplen. Una no recupera el sueño, no puede comer, cualquier persona que mira uno ya es sospechosa.

—En el albergue se ha quedado gente de la [pandilla Barrio] 18 y no he dormido nada.

—A veces pandilleros de la MS [Mara Salvatrucha] y de la 18 duermen en la misma habitación y no pueden hacer nada porque hay cámaras.

—Me quiero quedar en México pero si no me dejan, pues seguiremos el camino hasta Canadá y me estableceré allá. En El Salvador ganaba bien: 600 o 700 dólares al mes, pero lo importante es la familia.

—En Estados Unidos no podemos ir los guatemaltecos pero ellos son dueños de casi todo Guatemala; dicen que acá hay vida, salud, trabajo, pura verga, acá no hay nada, pura pobreza hay.

—Cada uno lleva cuatro galones de agua, dos en cada lado. Uno puede botar todo, la comida, la mochila, pero no el agua, sin agua no se sobrevive en el desierto.

—Del centro del país, de Guadalajara para allá, nadie te asalta porque saben que vas a burrear1, hasta te cuidan y te dan comida.

—La mochila vale más o menos 20 mil dólares, así que la organización no quiere perder dinero. Es nuestro sueño: la mochila.

—Los mismos que nos hacen daño son los mismos del país de uno. Quienes me secuestraron eran de San Pedro Sula [Honduras].

—El grupo Beta2  nomás llega a violar a las mujeres migrantes. Ellas confían porque creen que les van a ayudar con papeles, hasta que ya las están violando.

—La cuota de los Zetas se cobra de Chontalpa hasta Coatzacoalcos, y de ahí a Medias Aguas. De Celaya en adelante cobran los de la MS133.

Releo estas frases, recuerdo los momentos en los que platiqué con estas personas, en las que nos mandamos mensajes a lo largo de su ruta y el momento en el que se esfumaron, en el mejor de los casos, por haber llegado a su destino y empezar de cero. O no, y este temor no sólo es doloroso también es una señal de que hay que hacer más, mucho más para que no sólo relatemos los horrores, sino que también podamos prevenirlos.

Pero el dolor sigue abriendo surcos en los que caben más cosas, una de ellas, esta reunión frente a la embajada.

En la instalación del antimonumento un momento especial se tejió: no sólo hubo participaciones de algunas familias de los migrantes asesinados, también hubo una celebración eucarística, música, sana distancia en breves dotaciones y, con un gusto enorme, la posibilidad de compartir la comida al final del evento. 

“—En el albergue se ha quedado gente de la [pandilla Barrio] 18 y no he dormido nada.”

Con mucho gusto volví a saludar a doña Fili, aquella mujer de roble que ha luchado toda su existencia a favor de la vida; estuvo también el maestro Alberto Híjar, tío Clemente y tía Cristina, familiares de Ayotzinapa, Ana Enamorado, quien sigue buscando a su hijo que desde Honduras emprendió el incierto camino hacia el norte, la fabulosa Brigada Marabunta, miembros del albergue de migrantes Casa Tochán, la Asamblea Popular de Familias Migrantes, personas de la comunidad de Amilcingo, Morelos, colegas periodistas, amigues, y hasta un maestro que tuve en la licenciatura que me dijo: “Desde hace muchos años nos vamos encontrando, el país necesita eso, que nos reencontremos cada vez y que no olvidemos”.

Ante tanto dolor, la determinación es clara: no seremos el muro. EP

1 Burrear: se usa esta palabra para referirse a la acción de llevar una mochila cargada con droga, a través del desierto entre los estados de Sonora (México) y Arizona (Estados Unidos).

2 Los Grupos Beta de Protección a Migrantes son, según el portal gob.mx, “grupos del Instituto Nacional de Migración dedicados a la protección y defensa de los derechos humanos de los migrantes, especializados en brindarles orientación, rescate y primeros auxilios, independientemente de su nacionalidad o situación migratoria.”

3 Siglas de Mara Salvatrucha 13, organización criminal creada por salvadoreños habitantes en la región este de Los Ángeles, California.

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