Hamburguesas, crisis y felicidad

Dice Burgerman que las hamburguesas representan para la comida lo mismo que AC/DC representa para la música; es decir, un alimento que nos brinda, entre muchas otras cosas, certidumbre ante la adversidad. Los invitamos a leer su teoría sobre el reciente boom hamburguesero.

Texto de 09/10/20

Dice Burgerman que las hamburguesas representan para la comida lo mismo que AC/DC representa para la música; es decir, un alimento que nos brinda, entre muchas otras cosas, certidumbre ante la adversidad. Los invitamos a leer su teoría sobre el reciente boom hamburguesero.

Hace 11 años el periodista musical Alex Petridis, una de las plumas más respetadas e influyentes en el mundo de la música popular, escribió, en el periódico The Guardian, sobre la relación entre el que entonces era el más reciente lanzamiento de la banda australiana AC/DC, el disco Black Ice, y la entrada del Reino Unido a un período de recesión económica. Curiosamente, anotó el periodista, los períodos donde la economía había estado en su peor momento en Inglaterra, coincidían con lanzamientos discográficos de la banda que llegaban al primer lugar de ventas. Basta con ver lo que ocurrió con el lanzamiento del disco Back in Black de 1980, que ha vendido 25 millones de unidades tan sólo en los Estados Unidos y es el cuarto disco más vendido de la historia de ese país, y que coincide con uno de los períodos recientes de mayor inestabilidad económica en Gran Bretaña (inflación rampante del 20% y dos millones de desempleados) y, probablemente, del mundo entero.

¿A qué voy con esto? A que, en tiempos difíciles, uno necesita de asirse a cosas que le den seguridad. La incertidumbre de la vida, a todos niveles, genera una búsqueda de certezas que afiancen y den cierta seguridad, para de ahí partir y poder plantear soluciones y nuevos caminos. ¿Qué venía antes del Back in Black de AC/DC? Por un lado, la ruptura del punk, que tuvo implicaciones cataclísmicas en la música popular occidental y, por otro, la música disco, que significaba la destrucción (así lo veían en ese momento) de la creatividad y el establecimiento del conformismo en la música pop. ¿Qué vino después? El post-punk y el new wave, que vinieron a revitalizar el rock, el pop y toda la música juvenil de los años 1980 y que sigue siendo punto de referencia hasta hoy en día. Pero en 1980, en medio de una crisis socioeconómica profunda, estaba el quinteto australiano, haciendo rock sencillo, sin pretensiones y sin mucha complicación, sirviendo de asidero músico-social-psicológico para una generación conflictuada.

Yo como hamburguesas. Desde que tengo uso de razón, la hamburguesa ha sido mi platillo favorito. Podría desayunar, comer y cenar hamburguesas todos los días, pero, claro, de hacerlo, no estaría aquí para platicarlo. Me tocó la fortuna de crecer en un México muy diferente al que vivimos hoy. Hasta la llegada de McDonald’s al Pedregal, en el sur del Distrito Federal, cuando yo tenía 15 años, vivíamos en un México hamburguesero muy soviet, donde sólo había cadenas nacionales y changarros locales que producían mi platillo favorito.

Hasta hace unos 5 o 6 años fue cuando las burgers irrumpieron en el lenguaje mainstream y normal de la gastronomía nacional. Antes de eso, tan sólo eran consideradas como fast food o estaban relegadas a los carritos de la calle. Con la llegada general de la vida internet vía el smartphone y la normalización del uso de las redes sociales, hace unos 8 años, llegó un nuevo momento de incertidumbre, impulsado por la nueva manera de ver el mundo a través de la cultura de esa nueva nación que es “La Red”. La Red tiene su propio lenguaje, sus propios códigos, su propia estética y sus propias expresiones culturales. Para beneplácito de los burgermaniacos, como yo, las hamburguesas son el platillo favorito del mundo globalizado y de la cultura internet. De ahí que, de unos 6 años para acá, haya crecido exponencialmente su presencia y popularidad en el mundo.

“Cuando inicié en el viaje que ha supuesto la creación del personaje de Burgerman, había 10 lugares donde se vendían exclusivamente hamburguesas en la CDMX. Hoy en día, tan sólo en los 6 meses que llevamos de encierro por la pandemia, he constatado la creación de 12 lugares más.”

Cuando inicié en el viaje que ha supuesto la creación del blog, las redes y el personaje de Burgerman, había probablemente unos 10 o 15 lugares donde se vendían exclusivamente hamburguesas en la Ciudad de México. Hoy en día, tan sólo en los 6 meses que llevamos de encierro por la pandemia del COVID-19, he constatado la creación de, por lo menos, 12 lugares más que han abierto sus puertas y venden burgers para todos. Y esto nada más en la CDMX. El fenómeno se repite en Monterrey, Guadalajara, Mérida, Tlaxcala y Querétaro (por mencionar unos cuantos estados de la república). De Sonora a Yucatán, como decía el viejo anuncio de radio, las hamburguesas siempre estarán.

Pero, ¿por qué? Yo, que soy un tragón empedernido y me gusta pensar ociosidades, tengo dos teorías que, además, se complementan. Primero: para mí, la hamburguesa es el platillo perfecto del país de La Red porque tiene todos los elementos que conforman los productos culturales de esa nueva nación. Es, por un lado, tan engañosamente sencilla, que es fácilmente replicable en cualquier lugar del planeta (hasta en aquellos lugares donde no se come carne de res). Por otro lado, es originaria de los Estados Unidos y, dado que el imperialismo cultural yanqui prevalece en el país del internet (el idioma, los productos y el consumismo) es el platillo que simboliza esta nueva expresión gastronómica de múltiples naciones y que, al mismo tiempo, homogeniza, globaliza, estandariza y representa al mundo hiperconectado. Por otro lado, es el producto culinario perfecto para el país que vive de fotografías, videos cortos y descripciones de hasta 140 caracteres. En otras palabras, es el platillo más instagrameable del mundo on y offline.

La segunda teoría tiene que ver con la idea de que las burgers son el AC/DC de la comida. En este momento de crisis e incertidumbre, política, social, cultural y, ahora, hasta sanitaria, las hamburguesas son ese asidero del cual todos los habitantes del país de La Red, y los habitantes del mundo offline, nos podemos agarrar. La hamburguesa es, aunque mi nutrióloga diga lo contrario, el platillo perfecto. Tiene elementos de todos los grupos nutricionales (proteínas, carbohidratos, fibras, vegetales) por lo que, según yo, puede ser el platillo más balanceado de cualquier menú. Comer una hamburguesa significa el punto de comunión entre los mundos online y real y provoca un estado de tranquilidad y satisfacción difícil de lograr en cualquier otro momento de la vida cotidiana. Comer es uno de los grandes placeres de la vida y, además, las hamburguesas son muy democráticas: las hay para todos los gustos, bolsillos y posibilidades. Vamos, hay hamburguesas hasta para los que no comen carne. De ahí que este platillo sea el paradigma del comfort food. Y qué se necesita más en los momentos difíciles: apapachos. Apapachos al corazón vía la panza. Cuando tengo la ansiedad de vida en su más alto nivel, una burger es el antídoto, aunque sea temporal, que me distrae y refugia ante los golpes de la crisis económica, el COVID-19, la inseguridad, las fake news, la política reaccionaria y todo lo que nos golpea. Todo esto es una explicación larga de por qué es importante hablar de hamburguesas. Hay una explicación corta también: son deliciosas, me encantan y me gusta mucho escribir sobre ellas. Bienvenidos a un nuevo rincón de expresión de un servidor, Burgerman. EP

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