Eugenio Garza Sada y su impacto en la educación

La historia de Tecnológico de Monterrey es también la de un hombre comprometido, que no impulsó un centro educativo cualquiera, sino uno de excelencia académica y sobre todo, uno que promoviera los valores humanos.

Texto de 07/09/20

La historia de Tecnológico de Monterrey es también la de un hombre comprometido, que no impulsó un centro educativo cualquiera, sino uno de excelencia académica y sobre todo, uno que promoviera los valores humanos.

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A principios y mediados del siglo pasado, las ofertas educativas en México eran escasas. Los jóvenes del norte del país que querían continuar sus estudios superiores debían buscar opciones en la capital o en el extranjero. Ante esta necesidad, en 1933 se creó la Universidad de Nuevo León (UNL), financiada en su mayor parte por el gobierno estatal. Esta iniciativa no prosperó, pues éste presionaba para que la universidad siguiera la línea ideológica gubernamental. Las protestas pronto se dejaron venir, y ante la presión de la sociedad, el Estado optó por clausurar el proyecto.

No satisfechos con esa resolución, un grupo de empresarios regiomontanos decidió hacerse cargo de una propuesta educativa y comenzar un proyecto independiente para los jóvenes de la localidad. A la cabeza de este grupo estaba el banquero Antonio L. Rodríguez, quien se acercó a personas con experiencia y conocimiento para conformar y estructurar la futura universidad. Rodríguez sabía que para hacerlo realidad, este proyecto requería de recursos. Para ello, planteó un patronato de hombres de negocios de la región que se encargaran de la administración y del financiamiento de la institución.

Eugenio Garza Sada detrás de su escritorio

Para 1940, el proyecto no se había logrado llevar a cabo por falta de recursos. Antonio L. Rodríguez, dispuesto a concretar un instituto tecnológico autónomo, pensó en Eugenio Garza Sada, director de la Cervecería Cuauhtémoc, como un hombre dispuesto a invertir en la educación. Garza Sada dirigía uno de los grupos empresariales más sólidos del país, se había graduado de una de las mejores universidades del mundo (MIT), tenía experiencia en la administración de escuelas privadas y destacaba por su apoyo a causas sociales. La elección fue acertada.

Al conocer el proyecto, el empresario cervecero se comprometió a aportar y reunir los recursos que se necesitaran y a defender la autonomía de la universidad; esto lo posicionó como el principal líder fundador. Él tenía claro las ventajas de contar con una escuela de calidad que formara a los jóvenes, y esta idea la transmitió entre los empresarios regiomontanos que estaban indecisos o que no conocían el proyecto.

Eugenio Garza Sada con alumno, ca. 1970

“Los grandes proyectos deben comenzar de la manera más sencilla”

El escenario no era el perfecto, pero Garza Sada estaba convencido de que debían arrancar y que poco a poco irían creciendo. Ante su insistencia, se acordó que en septiembre de 1943 iniciarían las clases del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

El empresario y principal fundador del Tecnológico de Monterrey, Garza Sada, dirigió el Consejo durante 30 años, al que asistió con toda rigurosidad. Él tenía muy claro que el instituto debía ofrecer una educación integral. Fomentó los ideales de la universidad: formar jóvenes con excelencia académica, capaces de competir internacionalmente, emprendedores y con cualidades de liderazgo, pero al mismo tiempo formar personas éticas y con valores, cuya responsabilidad fuera contribuir a su comunidad.

La labor de Eugenio Garza Sada, no sólo fue monetaria —cuando la institución pasaba por malos tiempos financieros, él siempre aportaba un donativo extra— sino también humana: transmitió muchos de los valores que hoy siguen vigentes. Fue un hombre generoso que impulsó una institución educativa también generosa con la sociedad.  

Una de las primeras generaciones del ITESM

Premio Eugenio Garza Sada 2020

FEMSA y el Tecnológico de Monterrey entregaron este 7 de septiembre el Premio Eugenio Garza Sada 2020, instituido en 1993 en homenaje a don Eugenio Garza Sada, con el objetivo de reconocer a personas y a proyectos sociales que han creado soluciones para fortalecer la calidad de vida y bienestar de las comunidades. Fueron reconocidos: don Enrique Terrazas Torre, en la Categoría Liderazgo empresarial humanista; la fundación COMUNIDAR, en la categoría Emprendimiento Social; y Prothesia, en la categoría Innovación social estudiantil.

De acuerdo con David Garza Salazar, Rector y Presidente Ejecutivo del Tecnológico de Monterrey, “este premio, que es uno de los más importantes para la Institución por estar inspirado en nuestro fundador, ha permitido mantener vigente el legado de Don Eugenio Garza Sada, pues desde su primera edición ha tenido un objetivo claro: motivar a una nueva generación de emprendedores que están contribuyendo decisivamente al desarrollo de nuestra sociedad y se han convertido en actores del cambio.” EP

Tecnológico de Monterrey en años 50

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